EDITORIAL

EDITORIAL

Lo digital y lo real

Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina,
sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros
conforme a sus propias concupiscencias
2 Timoteos 4:3

Estamos sufriendo el asedio de lo digital: el scroll infinito, ese mecanismo producto de la tecnología, que nos lleva a fijar la vista en un montón de imágenes salidas de nuestro teléfono celular sin apenas pedirlo nosotros, puede cautivar nuestra mente con un simple movimiento de nuestros dedos.

La gran cantidad de personas que «predican» en redes sociales, todas tienen algo que decir, algún consejo que dar, alguna estrategia milagrosa para conseguir cuantos deseos surjan de la imaginación. Para todo hay respuestas. Los contenidos “saltan” a la vista de cualquiera que tiene un teléfono celular, dando recetas y soluciones para cuanto problema se puede uno imaginar.

Esa “red” invisible, y a la vez muy visible, atrapa nuestra imaginación y nos invita a seguirla, como si estuviéramos hipnotizados, llevándonos a un mundo surrealista, donde no hay nada firme.

La Biblia lo ha dicho ya: vemos maestros que se amontonan para “enseñar” siguiendo sus propias concupiscencias, su propio apetito de placer, su deseo de gratificación y reconocimiento en forma de “likes”, comentarios o donativos. Pero si leemos la Biblia, nos daremos cuenta de que esto ha sido constante ya desde entonces, y mucho más atrás. La naturaleza humana no se sacia de consumir contenidos, antes reales, y ahora reales y digitales.

Frente a este panorama de exceso visual y auditivo, pudiéramos recordar el consejo de Pablo a Timoteo: Pero tú sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio (2 Timoteo 4:4). Y frente al asedio de lo digital sigue firme el mandato de Jesús a ir al lugar secreto, el entrar a nuestra habitación para buscar la comunión íntima con el Padre. Sobriedad, prédica del evangelio, búsqueda en secreto de Dios: esas son las sendas antiguas por donde Dios anhela que andemos, porque hemos sido hechos para eso: no para lo digital, sino para lo real, lo eterno. 

Enviamos un saludo afectuoso a todos los lectores de El Evangelista Mexicano, y ofrecemos a ustedes la edición del 30 de septiembre, agradeciendo como siempre su lectura y comentarios a cada una de las publicaciones aquí presentadas.

María Elena Silva Olivares
Directora de El Evangelista Mexicano.

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