¿El ser mujer limita nuestros ministerios?
Cuando comencé a asistir a una iglesia metodista, allá por los años 80, llamó mi atención la cantidad de mujeres que participaban del trabajo activo en la iglesia local; y esto no es novedad, pues ocurre en iglesias de otras denominaciones: es sabido que quien sostiene el trabajo en las congregaciones somos principalmente mujeres. Pero aquí lo notable para mí fue constatar que había damas en puestos administrativos y de responsabilidad pastoral, e incluso en diferentes tiempos hemos tenido mujeres obispo. Eso da una idea de tres aspectos que se han considerado al hablar de la situación del trabajo de la mujer:
Nancy Fraser, una feminista estadounidense, estima en tres dimensiones el concepto de igualdad: redistribución, reconocimiento y representación. Una investigación de Sandra Villalobos Nájera sobre estas tres dimensiones en cuanto al ministerio religioso de la mujer en México estima que en general las mujeres tienen acceso a ciertas áreas de trabajo en la iglesia, como el cuidado de niños, atención a los enfermos y otros, pero poco acceso a puestos jerárquicos. Sin embargo, al referirse a la situación de las mujeres ministro en la Iglesia Metodista de México, la autora afirma: Cabe decir que la Iglesia Metodista de México y la Iglesia luterana son las únicas que cuenta [sic] con una normatividad que, de manera general, contempla procedimientos menos discrecionales para mujeres y hombres en cuanto al proceso que las personas que quieren llegar al pastorado deben seguir . El mismo estudio reconoce que Iglesia Metodista es la única de las que se revisaron que cuenta con canales institucionales para la inclusión de la mujer en el trabajo ministerial (Nájera, 2021).
Personalmente, en la IMMAR he encontrado diversas oportunidades de desarrollo para servir, no me he sentido “limitada” por ser mujer. He visto también -sin embargo- casos de laicos (hombres y mujeres) o pastores quienes piensan que las mujeres, por el hecho de serlo, son menos capaces que los hombres en su trabajo ministerial y no quieren tener “pastoras” como líderes en una congregación; pero luego el mismo trabajo de esas mujeres en esas congregaciones les hace cambiar de opinión. Las pastoras, superintendentes y obispas han dado muestras de que verdaderamente en Cristo, “no hay varón ni mujer, porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” (Gálatas 3:28).
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