Categoría: Historia

Aniversario de la Reforma 2016

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Este año cobró relevancia la celebración del aniversario 499 de la Reforma Protestante, dentro de la IMMAR. En las conferencias del centro de la República se organizaron conciertos de magnífica calidad, mientras en las conferencias norteñas las iglesias se concentraron por distritos para esta celebración, el domingo 30 de octubre por la tarde. La Conferencia Anual Oriental cuenta con 12 distritos, y fue notorio el ánimo que movió a los metodistas al participar de cultos de gratitud, convocados por los superintendentes de estas 12 zonas. Un ejemplo fue el Distrito Victoria, con el Pbro. Jesús H. Rojas Cano como Superintendente, concentrado en la IMMAR El Mesías de la Ciudad de Saltillo, Coah. El templo se vio lleno con las aproximadamente 300 personas que llegaron con mucha expectación por reflexionar mediante la Biblia y la historia, fortaleciendo valores y principios conseguidos mediante la lucha doctrinal del siglo XVI, y haciendo votos para participar responsablemente como cristianos en el mundo actual.

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500 Años de la Reforma

500-an%cc%83osComienzan celebraciones de la Reforma en Suecia con presencia del Papa

Por Romareports *
26 de octubre de 2016 

El Papa, en un gesto ecuménico celebrado y cuestionado, viajará el 31 de octubre a Suecia para conmemorar el 500 aniversario de la Reforma iniciada por Martín Lutero. “Su Santidad tiene el proyecto de participar en una ceremonia conjunta entre la Iglesia católica y la Federación Luterana Mundial para conmemorar el 500 aniversario de la Reforma, prevista en Lund, en Suecia”, anunció el Vaticano en un comunicado.

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Historia

hist.metodismo costa de marfil. 

Una breve historia del metodismo en Costa de Marfil
Por Tim Tanton

Las mujeres caminan más allá de la arquitectura colonial francesa desmenuza en Grand Bassam, Costa de Marfil, el lugar de nacimiento del metodismo en el país de África Occidental. 

UMN fotos por Mike DuBose.

20 de julio de 2009 | Abidjan, Costa de Marfil (UMNS)

Las raíces de la Iglesia Metodista Unida de Costa de Marfil datan de 1914, cuando William Wade Harris llegó al país desde la vecina Liberia, cumpliendo una condena de prisión por su participación en una revuelta política, Harris escuchó a Dios dirigirle a Costa de Marfil. Contando la historia hoy, el obispo metodista Benjamin Boni dice que la gente caminaba más de 100 millas para escuchar la predicación.

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Historia

Historia Metodista:

La controversia, la comunión

y el jugo de uva Welch

hist.welch-magazine

Joe Iovino */ Traducción y Adaptación por Michelle Maldonado**

Usted probablemente está familiarizado/a con el jugo de uva Welch, pero puede que no sepa que tiene conexión con la historia de la Iglesia Metodista Unida.

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Historia

ISRAEL  

La UNESCO ‘borra’ la tradición judía

del Muro de los Lamentos

Una resolución procura borrar la historicidad judía en el Monte del Templo.

Ante las protestas la directora general intenta calmar los ánimos.

PARÍS 13 DE MAYO DE 2016 18:51 h

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Judío orando en el Muro de los Lamentos

israel.unescoEl pasado 15 de abril la UNESCO publicó una resolución en la que desestima los vínculos religiosos e históricos del Muro de los Lamentos con la tradición judía. La resolución condena al gobierno de Israel por ocupar la zona oriental de Jerusalén, un lugar muy disputado por ser sede de los lugares sagrados tanto para musulmanes como para judíos. En este documento el Monte del Templo es denominado como la Mezquita de Al Aqsa. Cuando se hace mención al Kotel Hamarab (Muro de los Lamentos) se nombra entre comillas.

La resolución se acusa a Israel por “colocar tumbas judías falsas en cementerios musulmanes” y de “convertir continuamente restos arqueológicos islámicos y bizantinos en supuestos baños de rituales o en lugares de oración judíos”. A los pocos minutos de conocerse la resolución el Gobierno de Israel, la población judía en el mundo entero y a algunas personalidades políticas de varios países manifestaron su indignación.

El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, catalogó el hecho como una decisión “absurda» porque intenta ignorar una “parte fundamental de la historia de la humanidad”. “La UNESCO hace caso omiso de la relación histórica única entre el judaísmo y el Monte del Templo, donde se ubicaron dos templos por un período de mil años”, señaló Netanyahu.

El debate estuvo encendido en las redes sociales y muchos denunciaban que la ONU es un organismo propenso a emitir resoluciones antiisraelíes ya que los países árabes y sus partidarios superan por amplio margen a Israel y sus aliados.

Tras la polémica, dos días más tarde el brazo cultural de la ONU intentó calmar el debate con un comunicado firmado por su directora, Irina Bokova, en el que pide “respeto y diálogo”. “Jerusalén es la Tierra Santa de las tres religiones monoteístas, un lugar de diálogo para todos los judíos, cristianos y musulmanes. Nada debería llevarse a cabo para alterar su integridad y autenticidad”, señaló Bokova. “Sólo el respeto y el diálogo pueden construir la confianza que necesitamos para seguir adelante”, puntualizó

SOBRE EL MURO DE LOS LAMENTOS

El Muro de los Lamentos es el lugar más sagrado del judaísmo por ser el único vestigio actual del Templo de Jerusalén. Su nombre en hebreo, Kotel Hamarab, significa “muro occidental”. Según la tradición judía, cuando las legiones del emperador Tito destruyeron el Templo, sólo una parte del muro exterior quedó en pie. Tito dejó este muro para que los judíos tuvieran el recuerdo amargo de que Roma había vencido a Judea (de ahí el nombre de Muro de las Lamentaciones).

Sin embargo, el pueblo judío cree que su permanencia es una evidencia de una promesa hecha por Dios, según la cual siempre quedaría en pie al menos una parte del Templo, como señal alianza perpetua con el pueblo judío. Los judíos elevan oraciones a Dios frente al Kotel Hamarab pues consideran que este es el lugar más sagrado de la Tierra al que pueden acceder en la actualidad. Sin embargo el lugar más sagrado para ellos sería el Lugar Santísimo, al que no pueden llegar porque es donde está situada la Explanada de las Mezquitas.

Leer más: http://protestantedigital.com/internacional/39354/UNESCO_intenta_desligar_el_Muro_de_los_Lamentos_de_la_tradicion_judia

 

Historia

Manuel Aguas,

Sacerdote converso (I)  

En el 190 aniversario de su nacimiento

Un estudio sobre la carta de conversión y sermón histórico de Manuel Aguas, en abril-julio de 1871 en México.

KAIRóS Y CRONOS AUTOR Carlos Martínez García 01 DE NOVIEMBRE DE 2014 23:45 h

manuel aguasLa carta en la que Manuel Aguas, sacerdote dominico, da cuenta de su conversión al protestantismo causó una gran conmoción en la ciudad de México. El escrito de Manuel Aguas fue publicado en El Monitor Republicano, el 26 de abril de 1871. Se reprodujo en otros periódicos del país, en lugares tan lejanos como Yucatán,1 a donde lo manifestado por Aguas tardó en llegar varias semanas por las escasas vías de comunicación entonces existentes.

Francisco Aguas (soldado español) y Marcela N. procrearon dos hijos, uno del mismo nombre del padre y otro, Manuel, que nació en 1830, en Mapimí, Durango.2 Sobre su año de nacimiento, un amigo suyo y discípulo, afirma en una conmemoración de la muerte de Aguas, que el lugar del natalicio es el pueblo de Jocotitlán, estado de México en 1826.3 Consigno el dato, y a la vez subrayo que la versión sobre el nacimiento de Aguas en Mapimí, y en el año primeramente mencionado, proviene de 1900 y es de su hijo adoptivo, Primitivo A. Rodríguez.4

La familia se traslada a la ciudad de México, donde Manuel hace sus estudios universitarios y musicales. A la edad de veinte años ingresa a la orden de los dominicos. En 1857, debido a una orden del gobierno liberal, tiene lugar la exclaustración de monjas y frailes, por lo que Manuel Aguas se dedica a estudiar homeopatía. Como tesorero que era del convento entrega al gobierno civil 9 mil pesos “que era todo lo que obraba en su poder”.5

Por más de siete años había manejado los intereses del clero como procurador del Colegio de Porta Coeli.6 El Colegio fue fundado por los dominicos en 1603. En 1860 la institución es suprimida de acuerdo con las leyes de Reforma juarista, y la propiedad es dividida en lotes para ser vendidos. Lo que hoy queda es el templo, ubicado en Venustiano Carranza número 107, y a una calle de Correo Mayor, en el Centro Histórico de la capital mexicana. Actualmente el templo “está dedicado al culto del rito greco malaquita (o melvita)”.7

En 1863 las autoridades de su orden lo nombran para hacerse cargo del curato de Cuautla, Morelos, donde permanece dos años y el templo se atiborraba de feligreses para escuchar sus intensos sermones.8 Vuelve a la ciudad de México en 1865, se desempeña como capellán del Colegio Santa Isabel, donde la materia de historia la imparte el ya para entonces reconocido político y escritor Manuel Payno.9

Se involucra más en actividades docentes y el 16 de enero de 1865 abre cursos en el Colegio Guadalupano, funge como director del plantel que en poco tiempo alcanza alta reputación. A la par de sus tareas educativas, Aguas predica en el templo de San José de Gracia, donde la muchedumbre llena el lugar para seguir las enseñanzas del dominico. En el año escolar de 1867 deja la dirección del Colegio Guadalupano. La ceremonia de cursos de ese año lectivo la encabeza José María Rodríguez y Cos.10

En 1869 asume la dirección del Colegio Guadalupano José Fermín Meléndez.11 Durante el sitio de las fuerzas republicanas que comanda Porfirio Díaz contra los últimos reductos militares fieles al emperador Maximiliano (quien ya había sido apresado en Querétaro, en junio de 1867), Manuel Aguas compra con sus propios recursos alimentos y los reparte a los pobres.12 En ese mismo 1867 Benito Juárez entra victorioso a la capital del país (15 de julio13), de la que había salido cuatro años antes. En un manifiesto dado para la ocasión, Juárez comunica que: “Salió el gobierno para seguir sosteniendo la bandera de la patria por todo el tiempo que fuera necesario, hasta obtener el triunfo de la causa santa de la independencia y de las instituciones de la República”.14

Al inicio del segundo semestre de 1867, ante la insistencia de otros sacerdotes dominicos, muda su ministerio al curato de Azcapotzalco, en aquel entonces un poblado aledaño a la ciudad de México.15 Como párroco en el lugar, explica, “combatía al protestantismo con todas mis fuerzas, y aun hice que algunos protestantes se reconciliaran con la Iglesia Romana”.16 En una carta fechada en octubre de 1871, en la que Aguas da cuenta de su itinerario, que él llama del romanismo a la verdadera religión, escribe que entre sus tareas como párroco estaba enseñar sobre la “pestilencia [del protestantismo] que vendría a hacernos en México más desafortunados que nunca”.17

Manuel Aguas se daba tiempo para combatir una presencia que no era imaginaria, ya que desde los primeros años de la década de los sesentas del siglo XIX en la ciudad de México se fueron enraizando núcleos de creyentes evangélicos. En Azcapotzalco se presenta ante él un “individuo que dijo ser protestante, y después de una discusión que se prolongó hasta entrada la noche, el protestante se reconcilió con la Iglesia romana, dejó los folletos que llevaba y el cura se puso a leerlos”.18  

Esta lectura le lleva paulatinamente a replantearse sus creencias religiosas. Antes de proseguir con el proceso de cambio en Manuel Aguas, hacemos notar que su encuentro con protestantes en Azcapotzalco señala hacia la presencia de aquellos en una zona lejana, en ese entonces, del centro de la ciudad de México, donde se localizaba el núcleo de Sóstenes Juárez. El activismo de ese núcleo en el reparto de literatura protestante tiene alcances geográficos importantes, va más allá de las calles céntricas en la capital. Por meses Manuel Aguas se replantea si continuar, o no, ejerciendo el sacerdocio católico romano. Decide hacer un alto en los primeros meses de 1868.19

De Azcapotzalco es promovido para ser el confesor oficial de los canónigos de la Catedral Metropolitana, en la capital del país. Entre sus deberes estaba predicar con cierta regularidad ante el arzobispo y el capítulo catedralicio. Aguas entra crecientemente en una crisis de fe. Menciona que “no tenía paz en el alma, dudaba de mi salvación, y nunca creía que estaba haciendo suficientes obras para obtenerla”.20 Como otros sacerdotes católicos que en la historia han comenzado un proceso de acercamiento al protestantismo, Manuel Aguas sigue con su ministerio pero deja de enseñar ciertos dogmas peculiares del catolicismo para hacer predicaciones más bíblicas. Esto sucede mientras le corresponde predicar en la Catedral de México.

Es así que por dos años, mediados de 1868 a septiembre de 1870, atrae público interesado en sus predicaciones, a la vez que “durante este tiempo los canónigos estaban algo inquietos por los sermones de Aguas, pues se fijaban que nunca en ellos se refería a los santos e indulgencias”.21 El último sermón de Manuel Aguas en la Catedral Metropolitana tiene lugar el 4 de octubre de 1870, día de San Francisco de Asís. En la pieza oratoria “se limitó a tratar de la caridad. Cincuenta franciscanos que estaban presentes protestaron y lo denunciaron al Cabildo por no haber hecho el panegírico de regla”.22 Deja de oficiar misas, entra en un periodo de silencio y subsiste del ejercicio de la medicina homeopática. Por el tiempo de sus dudas llega a manos de Manuel Aguas un panfleto protestante titulado Verdadera libertad. Su primera reacción es combatir el tratado con lo que él llama “su arsenal romanista”.

Pero la voz de su conciencia le lleva a pensar que tal vez él estaba en el error. El todavía sacerdote decide ponerse a estudiar, dice, “todos los libros y panfletos protestantes que pudiese conseguir”. Subraya que con mucho cuidado se dedica a la tarea de leer la Historia de la Reforma del siglo XVI, de Merle D’Aubigné. Tras un proceso que le llevó cerca de tres años, Manuel Aguas refiere a quien fuera su antiguo superior en la orden religiosa fundada por Domingo de Guzmán a principios del siglo XIII, Nicolás Arias, que todavía en 1868 estaba convencido de las enseñanzas católico romanas y que difundía las mismas como párroco en Azcapotzalco, poblado entonces localizado a las afueras de la ciudad de México.

Es por medio de la lectura de algunos tratados protestantes que llegan a sus manos que se le despierta la inquietud por leer la Biblia. Se dio a la tarea de estudiar arduamente la Palabra hacia fines de 1869. Lo que encuentra en ese ejercicio le va llevando paulatinamente a criticar crecientemente varios de los dogmas sostenidos por la Iglesia católica romana. Hasta que decide hacer un alto, dejar de practicar sus deberes sacerdotales y dedicarse a ejercer la medicina homeopática, disciplina que había estudiado años antes.

manuel aguas. h c. rileyEn algún momento de 1870, con mayores probabilidades hacia finales de ese año, Manuel Aguas comienza a reunirse en la que llama en su misiva de octubre de 1871 la Iglesia protestante provisional. En ésta ministraba el misionero Henry C. Riley, nacido en Chile en 1835, educado en Estados Unidos e Inglaterra y ordenado como ministro de la Iglesia episcopal en 1866. Antes de llegar a México, a principios de 1869,23 Riley pastoreaba una iglesia de habla castellana en Nueva York. Este personaje arriba a nuestro país en continuidad con los primeros contactos establecidos por algunos de los Padres constitucionalistas con la Iglesia episcopal de Estados Unidos.24 Antes que él, y como resultado de la solicitud de ayuda a la Comisión Protestante Episcopal para Misiones Extranjeras, llega al país, en 1864, el reverendo E. G. Nicholson y tiene una estancia de seis meses. Nicholson ya había estado en México, en 1853, en Chihuahua, donde funda la “Sociedad Católica Apostólica Mexicana dando a sus miembros biblias en español y libros de oración anglicanos (escritos en inglés en 1789 y traducidos al español en 1851)”.25

En tanto que Manuel Aguas por su cuenta lee la Biblia e inicia un decidido caminar hacia el protestantismo, Henry C. Riley compra al gobierno mexicano, a través de Matías Romero, ministro de Hacienda, los templos de San Francisco y de San José de Gracia.26 Paulatinamente ambos lugares, pero sobre todo el segundo, se transforman en centros principales del cristianismo evangélico en la ciudad de México. Durante la temporada que deja de ejercer el sacerdocio y poco antes de hacer pública su adhesión al grupo de Riley que se reunía en San Juan de Letrán número 12, Aguas contrae matrimonio.27 Se casa con la viuda de un “militar que después llegó al grado de coronel en el ejército patriota, durante la guerra de la Intervención [francesa], sellando su devoción a la patria con su sangre mortal por los años de 1866 ó 1867”.28

Del matrimonio de este militar nace, en 1855, un hijo, Primitivo Abel Rodríguez, quien acompañaría a su padre adoptivo, Manuel Aguas, durante el tiempo en el ex dominico desarrolla su labor como ministro evangélico.29 El Monitor Republicano, periódico que se encontraba en la misma calle, San Juan de Letrán número 3, donde tenían lugar las reuniones de la congregación en la cual ministraba Riley, en el número 12, dio la siguiente noticia: “Se dice, no sabemos con qué fundamento, que este señor [Manuel Aguas] ha entrado al gremio protestante. Si esto es cierto, los evangélicos cuentan con un ilustre pastor”.30

Al día siguiente el superior de la orden dominica, Nicolás Arias, le hace llegar a Manuel Aguas una carta en la que le cuestiona sobre la veracidad, o no, de la información. Cuatro días después, el 16 de abril, Aguas le remite una extensa misiva al presbítero Nicolás Arias. En ella proporciona pormenores de su conversión. La carta está llena de citas bíblicas. Así deja ver que el año y medio anterior dedicado a estudiar “con cuidado y cariño la divina Palabra” ha dejado profundas huellas en él.

Su respuesta es un rotundo sí, a la pregunta de si se ha convertido al protestantismo. Pero antes de ello el ex sacerdote católico Manuel Aguas hace una descripción de dónde estaba en cuestiones de fe y comenta sobre su nueva creencia evangélica, cuyas características refiere a lo largo de la misiva.31  

(Ponencia presentada en el IV Congreso sobre Reforma Protestante Española: la Reforma en Hispanoamérica, Universidad Complutense de Madrid, 30-31 de octubre 2014).  

Referencias:

1 La Razón del Pueblo, Periódico oficial del Estado libre y soberano de Yucatán, 14 de junio de 1871, pp. 1-3; y 16 de junio de 1871, p. 2-3.  

2 L. J. Saucedo, “Homenaje al padre Aguas”, La Buena Lid, XII/1961, pp. 7-8.  

3 Jesús Medina, “El 38º aniversario de la muerte del reformador mexicano D. Manuel Aguas”, El Abogado Cristiano, 27/X/1916, p. 680.  

4 Alberto Rosales Pérez, Historia de la Iglesia nacional presbiteriana El Divino Salvador de la ciudad de México, 1869-1922, s/e, México, 1998, p. 27.  

5 Ibíd.  

6 Manuel Aguas, Contestación que el presbítero Don Manuel Aguas da a la excomunión que en su contra ha fulminado el Sr. Obispo Don Pelagio Antonio de Labastida y Dávalos, Imprenta de V. G. Torres, México, 1871, p. 62.  

7 Rafael Cal y Mayor Leach, Iglesias del Centro Histórico de la Ciudad de México, Fundación del Centro Histórico de la Ciudad de México, A.C.-Fundación Carlos Slim, México, 2011, p. 141; Jorge J. Jesús Carrillo, “El templo de Porta Coeli”: http://www.ritosyretos.com.mx/index.php?option=com_content&view=article&id=179:templo-de-porta-coeli&catid=10:iglesias-y-conventos&Itemid=22  

8 El Diario del Hogar, 10/VII/1900, p. 2 y L. J. Saucedo, op. cit., p. 8.  

9 La Sociedad, 2/I/1865, p. 3.  

10 La Iberia, 26/XII/1867, p. 2.  

11 El Constitucional, 16/I/1869, p. 4.  

12 Alberto Rosales Pérez, op. cit., p. 27.  

13 Raúl González Lezama, Reforma liberal, cronología (1854-1876), Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México, México, 2012, p. 201.  

14 Benito Juárez, “Manifiesto a los mexicanos”, en Silvestre Villegas Revueltas (Introducción y selección de textos), La Reforma y el Segundo Imperio (1853-1867), UNAM, México, 2008, p. 417.  

15 L. J. Saucedo, op. cit., p. 8 y “Contestación que el presbítero Manuel Aguas da a la carta en que le pregunta sobre su religión el presbítero Nicolás Arias”, El Monitor Republicano, 26/IV/1871, p. 2.  

16 “Contestación que el presbítero Manuel Aguas da a la carta en que le pregunta sobre su religión el presbítero Nicolás Arias”, El Monitor Republicano, 26/IV/1871, p. 2. En adelante Carta de conversión.  

17 Manuel Aguas, Letter from Manuel Aguas, T. Whittaker Publisher and Bookseller, No. 2, Bible House, New York, 1874, p. 3.  

18 Alberto Rosales Pérez, op., cit., p. 27.  

19 Carta de conversión, p. 2.  

20 Letter from Manuel Aguas, p. 3. En adelante Letter.  

21 El Diario del Hogar, 10/VII/1900, p. 2 y testimonio de Primitivo A. Rodríguez, en Alberto Rosales Pérez, op. cit., p. 28.  

22 Ibíd.

23 El periódico The Two Republics (23 de julio de 1870, p. 3), que se editaba en la ciudad de México, reproduce una nota de una publicación editada en Brownsville, Texas, llamada Ranchero, que a su vez la toma de “un periódico de Nueva York”. La información da cuenta de una conferencia en la cual participó Henry C. Riley como expositor sobre “el crecimiento del protestantismo en México”. El misionero declara que había llegado a México “dieciocho meses antes” del evento reportado por el diario neoyorquino. Lo anterior significa que Riley se establece en la capital mexicana entre diciembre de 1868 y enero de 1869.

24 Abraham Téllez menciona que “entre 1862 y 1863 los sacerdotes [Francisco] Domínguez, [Rafael] Díaz Martínez y [Juan Nepomuceno Enríquez] Orestes viajaron a Estados Unidos —a la ciudad de Nueva York—, para ponerse en contacto con las autoridades de la Iglesia Episcopal”, Proceso de introducción del protestantismo desde la Independencia hasta 1884, tesis de licenciatura, UNAM, Facultad de Filosofía y Letras-Colegio de Historia, México, 1989, p. 163; por su parte Daniel Kirk Crane sostiene que “al final de 1864 el movimiento reformista manda a tres de sus miembros a Nueva York con las instrucciones de establecer contacto con un cuerpo protestante. En mayo de 1865 una vez en el país del norte, se empieza a negociar una alianza entre los Padres constitucionalistas y la Iglesia Episcopal”, La formación de una Iglesia mexicana, 1859-1872, tesis de maestría en Estudios Latinoamericanos, UNAM, 1999, p. 87. ¿Los tres realizaron dos viajes a Nueva York, uno antes de la llegada de Nicholson, y otro posterior para fortalecer las relaciones entre las partes?  

 25 Daniel Kirk Crane, op. cit., p. 87.  

26 Jean-Pierre Bastian menciona que la iglesia de San Francisco la compra Riley en 4 mil pesos, Los disidentes: sociedades protestantes y Revolución en México, 1872-1911, México, Fondo de Cultura Económica-El Colegio de México, 1989, p. 38. San Francisco está frente al famoso Sanborn´s de Los Azulejos, en la calle de Madero; y San José de Gracia es la Catedral Anglicana de México, se localiza en Mesones 139. Ambos lugares están situados en el Centro Histórico de la ciudad de México.  

27 Daniel Kirk, op, cit., p. 66.  

28 G. B. Winton, “El reverendo Primitivo A. Rodríguez”, El Abogado Cristiano, 11/III/1909, p. 154.  

29 Arcadio Morales, “Reverendo Primitivo A. Rodríguez”, El Faro, 12/III/1909, p. 167.  

30 El Monitor Republicano, 11 de abril de 1871, p. 2.  

31 Acerca del alegato Crane asienta que se imprimió “bajo el nombre Viniendo a la luz, fue publicado varias veces, incluso hasta finales de este siglo”, p. 98

Leer más: http://protestantedigital.com/magacin/34356/En_la_senda_de_Lutero

Núcleos Protestantes, Ciudad de México

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Esta valiosa conferencia fue rescatada y nos fue proporcionada por la Dra. Betty Flores Garza. Asiste con su familia a la IMMAR Bethel de la Colonia Portales, en la Ciudad de México. Pertenece a la CAM.

 

Esta ponencia, que es muy extensa, fue presentada en la Ciudad de México en el Primer Coloquio hacia los 500 Años de la Reforma Protestante, por Carlos Martínez-García. Él es sociólogo, escritor e investigador del Centro de Estudios del Protestantismo Mexicano.

Me parece un documento que, a pesar de ser extenso, es muy interesante, muy bien documentado y de gran importancia. (Hna. Betty).

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Núcleos protestantes en el centro histórico de la ciudad de México,  1861-1873 (I)

AUTOR: Carlos Martínez- García

El Templo de la Merced, en el XIX. Antes de la llegada denominacional organizada de los misioneros protestantes extranjeros (finales de 1872) se fue gestando en la ciudad de México un protestantismo endógeno. Este tuvo lugares donde se efectuaban sus reuniones, tanto en templos expropiados a la Iglesia Católica Romana por los gobiernos que encabezó Benito Juárez, como en salones rentados y en domicilios particulares. El presente es un intento de ubicar algunos de esos lugares, los cuales deberían ser rescatados del olvido por parte de los herederos confesionales de la generación precursora del protestantismo en la capital mexicana. Aunque no con la misma fuerza que el liberalismo político, también se fue gestando en México un liberalismo religioso en la década de los cincuenta del siglo XIX. Una manifestación clara de este último fue el grupo de los Padres Constitucionalistas, un grupo de sacerdotes católicos que se organizaron en 1854, y cuyo movimiento se caracterizó por ser “reformista intracatólico, nacionalista y antirromanista”.1

Estos sacerdotes radicados en la ciudad de México hicieron activismo a favor de la Constitución liberal de 1857, en cuyas sesiones se deliberó acaloradamente sobre la libertad de cultos, aunque finalmente no fue aprobada como pugnaban los liberales radicales.2

Desde sus primeros escritos se dieron a conocer como “padres constitucionales reformistas”,3 el nombre de Padres Constitucionalistas les fue dado desde fuera del movimiento. Los sacerdotes a favor de la Constitución liberal progresan en su organización sobre todo a partir de que el 15 de agosto de 1859. En la ciudad de México dan a conocer un documento en el cual manifiestan que su objetivo es “la observación verdadera de la santa y justa doctrina de Jesucristo”, y no reproducir “la costumbre del clero y su disciplina [que] parece más bien una secta errónea”.4

Denuncian que el arzobispo ha tenido conductas farisaicas, al infundir odio en el clero hacia las reformas liberales, y ello a causa de que las altas autoridades eclesiásticas “no respetan ni las Santas Escrituras, ni los Cánones, ni los Concilios, que por su sórdido interés a los bienes temporales, son la causa del desorden y la revolución social”. Mediante su delegado el grupo solicita ser apoyado “para promover las reformas [y] convocar sacerdotes pacíficos, que reconociendo en todo al supremo gobierno, sometiéndose a la Constitución y leyes que de ella emanen, nos ayuden alarmadas por las predicaciones sediciosas de los falsos ministros, y de esta manera cooperemos al reconocimiento del gobierno nacional, al establecimiento de la paz y al Jesucristo, que fue pobre, humilde, indulgente y amable, no cruel, tiránico, rico y vengativo como lo representan los prelados de México”.5

El grupo confía su representación en el presbítero Rafael Díaz Martínez, quien es enviado hacia Veracruz, donde se encontraba el gobierno del presidente Benito Juárez, para comunicar a éste pleno respaldo contra el conservadurismo de la cúpula clerical romana. Juárez había promulgado, pocas semanas antes (12 de julio) del manifiesto de los Padres Constitucionalistas, la Ley de nacionalización de los bienes eclesiásticos.6

Lázaro de la Garza y Ballesteros, arzobispo de México, expide el 29 de julio, una carta pastoral para criticar y rechazar en todos sus términos la legislación juarista.7

El prelado expone que Juárez “hace al clero mexicano las mismas imputaciones que en todos países y en todos tiempos han hechos los enemigos de la Iglesia a sus ministros”. Considera que “las calumnias contra la verdad y contra quien la anuncie han sido siempre los artificios que han abierto el camino a la persecución”. El arzobispo sostiene que las nuevas leyes son un “desahogo [de Juárez] a sus sentimientos contra la Iglesia católica y sus ministros”.8

La reacción del arzobispo de México y obispos de otras entidades del país en contra de los Padres Constitucionalistas fue pronta y contundente. Tachan a estos de cismáticos, “sinagoga de Satanás, iglesia protestante e invención del jansenismo”. Además acusan a “los liberales de romper la unidad del país y de buscar la introducción de nuevas sectas”.9

Y mientras los padres reformistas se organizan y difunden sus postulados para crear una alternativa religiosa, en la ciudad de México, en 1860, en un local “contiguo al templo de la Santísima [donde] vivía un zapatero francés, éste los domingos reunía a ocho o doce personas a quienes leía y explicaba las Escrituras en castellano”.10

El mencionado templo se localiza en las actuales calles de la Santísima y Emiliano Zapata, en el Centro Histórico. El 11 de enero de 1861 Benito Juárez entró triunfante a la capital del país, luego de tres años de cruento enfrentamiento armado con los conservadores.11

Solamente cuatro días después, los Padres Constitucionalistas firman una declaración de principios y posteriormente la hacen pública en la prensa. Manifiestan que están ejerciendo un sacerdocio distinto al católico romano predominante, y solicitan un espacio en que puedan desarrollar libremente su ministerio: República Mexicana. Agencia general del supremo gobierno para los negocios del clero constitucional. Exmo. Sr. Los que suscribimos, presbíteros mexicanos, ante V. E. respetuosamente exponemos: que deseando cumplir con nuestra misión apostólica, hemos procurado la paz de la República, tranquilizando la conciencia de nuestros ciudadanos, bendiciendo más de cuatrocientos matrimonios civiles, sepultando y bautizando a cuantos lo han solicitado, sin más recompensa que las voluntarias donaciones de las personas acomodadas, como consta del adjunto documento y otros muchos que no presentamos por haberlos interceptado los enemigos del progreso y de la verdadera religión. Esta conducta que ha escandalizado a los fariseos, nos pone en el caso para seguir desempeñando nuestro ministerio, de solicitar de V. E. un templo de los dedicados al culto católico, para que los fieles tengan quienes les ministren todos los sacramentos, sin más retribución que las donaciones voluntarias, y que con estos sientan los beneficios de la ley, los que por ignorancia no los pueden comprender. Contamos con que V. E. accederá a nuestra solicitud por ser de justicia. México, enero 15 de 1861. Rafael Díaz Martínez, Juan N. Enríquez, Atanasio Ocariz, José M. Arvide, Manuel Aguilar Bermúdez, Vicente Hernández, José M. Campos, Ausensio Torres, Juan Malpica, Anastasio Brizuela. Exmo. Sr. gobernador del Distrito.12

El Monitor Republicano consideró que la solicitud de los firmantes debía ser atendida, dado el contraste de la “conducta de esos sacerdotes virtuosos y verdaderamente evangélicos, que saben cumplir con la misión de paz y de caridad que les impuso el Salvador del mundo, y la de los otros, que hacen esfuerzos por continuar una guerra civil que ha asolado a la República, y no vacilan en derramar la sangre del pueblo por continuar formando un poder abusivo y ajeno de su ministerio”.13

Tres de estos sacerdotes desempeñarían actividades importantes para el posterior fortalecimiento del cristianismo no católico: Rafael Díaz Martínez, Manuel Aguilar Bermúdez, quien era masón,14 y Juan Nepomuceno Enríquez Orestes. Éste último destaca por ser el más prolífico del grupo, y sus escritos en defensa del movimiento ven la luz en distintas publicaciones de la época. En el templo de la Merced comienza a oficiar misa e impartir sacramentos uno de los Padres Constitucionalistas, la nota periodística no proporciona su nombre, “pero se celebran sin el permiso de la autoridad eclesiástica [católica]”.15

Con anterioridad al personaje le había sido negada por el arzobispo “la licencia que solicitó para administrar en la Iglesia de Regina”.16

El periódico contrario a los Padres Constitucionalistas solicita a las autoridades eclesiásticas “se dignen aclarar qué es lo que hay respecto del templo de la Merced, sobre el que en el público tantas especies se vierten”. Es necesario hacerlo porque en el mencionado templo ofician “sacerdotes y eclesiásticos que se han separado de la Iglesia Católica Romana, para, sin duda, abrazar otra comunión”.17

La publicación considera que se hace indispensable orientar a “los verdaderos fieles”, con el fin de que “sepan a qué lugares no deben asistir, y a qué ministros deban o no ocurrir para la administración de los Santos Sacramentos y recibir el pasto espiritual”. Concluye la nota con la mención de “cuatro religiosos […] que existen en la Merced”, quienes por desobedecer las directrices del arzobispo “están suspensos”.18

El Pájaro Verde sigue de cerca las actividades de los sacerdotes cismáticos, y decididamente los critica, actitud en la que sigue principios con los cuales se identificaba: la defensa de la Iglesia Católica y su oposición a la política juarista. Desde que apareció el periódico (5 de enero de 1861), “a los liberales [radicales] se les conoció con el mote de ‘rojos’, y en contraposición se les decía ‘verdes’ a los conservadores”.19

Los primeros dijeron que el nombre del periódico era el anagrama de “arde plebe roja”, lo que negó Mariano Villanueva, su director.20

El ministro de relaciones de Juárez, Melchor Ocampo, dirige una misiva (22 de febrero) a Rafael Díaz Martínez, en la cual lo nombra “agente del gobierno para comenzar la reforma religiosa de la Iglesia Católica en México”. Además le asegura que “el gobierno cuidará de recompensar los trabajos suyos en proporción de la utilidad que de ellos espera sacar la República y a la vez procurará la recompensa de todos los buenos sacerdotes que vayan creyendo en su misión de paz”.21

A la solicitud del grupo de sacerdotes disidentes, las autoridades civiles responden otorgándoles en la capital de la nación el templo de la Merced, pocos días después los Padres Constitucionalistas reciben del gobierno la Iglesia de la Santísima Trinidad.22

Además de los actos eclesiásticos en estos lugares, “el grupo cismático no tuvo más actividad que las frecuentes reuniones en la casa del padre [Manuel] Aguilar [Bermúdez], con la presencia de una docena de sacerdotes cismáticos, a las que se unían el diputado Manuel Rojo y el artesano textil enriquecido, Prudencio G. Hernández, entre otros”.23

El domicilio de Aguilar Bermúdez estaba localizado en el número 4 de la calle de la Hermandad de San Pablo, renombrada después “1ª de Cuevas”,24 actualmente es la calle de Jesús María en el tramo comprendido entre Fray Servando (antes Cuauhtemotzin) y San Pablo.25

En casa de Aguilar Bermúdez se reúne una veintena de personas de distintas edades, incluso menores de edad e infantes. Hay lecturas bíblicas, intercambio de opiniones y esporádicamente Aguilar oficia de forma sencilla la Santa Cena, la cual imparte bajo las dos especies, el pan y el vino, elementos que “distribuía de rodillas”.26

Esto acontece antes de la Intervención francesa en México, es decir entre 1861 y principios de 1862. Sobre ciertas características de los Padres Constitucionalistas contamos con el testimonio de Arcadio Morales, quien menciona que se destacaron por “1) Desconocer al Papa. 2) Celebrar la misa en español. 3) Dejarse crecer la barba y montar a caballo, vistiéndose de charro en lugar de llevar ropa talar”.27

El respaldo del gobierno juarista a los sacerdotes liberales no crea la disidencia religiosa de estos con Roma y la jerarquía que la representaba en México, sino que le otorga mejores condiciones para que se expresara. Sería un error concluir que es el anticlericalismo juarista el único factor que hace posible el surgimiento de los Padres Constitucionalistas. Más bien estos ven fortalecidos sus esfuerzos por construir un catolicismo diferente (que terminará rompiendo con el tradicional) a la llegada de un régimen favorable a sus ideas. Rafael Díaz Martínez desempeña el papel de liderazgo entre los Padres Constitucionalistas, pero el más activo en cuanto a dejar de forma escrita los postulados del grupo es Juan Nepomuceno Enríquez Orestes. Es considerable el cúmulo de colaboraciones periodísticas en las cuales desarrolla la idea de que los verdaderos sacerdotes cristianos son quienes apoyan las Leyes de Reforma. No vacila en calificar a los integrantes del alto clero como contrarios al Evangelio de Jesucristo. Sobre Juan N. Enríquez Orestes se sabe que fue “un misionero paulino y trabajó en Tulancingo, Zimapán, Alfajayucan, Mineral del Monte y Jacala. En Jacala y Tlaltizapán fue párroco. Venía de Monterrey y tuvo problemas con el obispo [Francisco de Paula] Verea, como también más tarde con los paulinos y el arzobispo [José Lázaro de la] Garza por sus ideas liberales”.28

En sus artículos de prensa, Orestes delinea una separación entre el que llama clero cristiano y los fariseos (prelados católicos conservadores). Del primero escribe que su “único delito consiste en dar oídos a sus deberes, en seguir dóciles los preceptos del Evangelio, en hacer brotar de sus labios palabras de consuelo y reconciliación, repartiendo el pan de la doctrina, los bienes espirituales de los Sacramentos, sin esperar lucro ni recompensa”. En contraparte, denuncia Orestes, los altos dignatarios desatan “maquinaciones sordas” contra aquellos al etiquetarlos de sacerdotes ilegítimos y envían personas a los lugares donde ofician los disidentes para desacreditar su ministerio: ¿Qué objeto tienen esos hipócritas agentes colocados a la puerta de los templos que sirven, para decir en voz baja al pueblo ignorante que no entre allí porque quedará excomulgado, que aquellas iglesias están profanadas, que los sacerdotes que funcionan en ellas son unos apóstatas? ¿A qué vienen esas especies ridículas de los papeles reaccionarios de suponer que celebran la misa en traje secular, como si dado caso que fuera cierto semejante embuste, se seguiría algo en contra de la validez del Sacramento, como si su verdad dogmática pendiera de la vestimenta y demás accesorios? ¡Cuánta miseria! ¡Cuánta calumnia! ¡Cuánta infamia!29

En su afán de clarificar las posiciones de los clérigos que se ciñen a la Constitución y las Leyes de Reforma, Juan N. Enríquez publica en distintos periódicos y siempre señala a los altos funcionarios eclesiásticos católicos como adversarios del cristianismo primitivo, al que han distorsionado anteponiendo dogmas y tradiciones ajenos a su espíritu original. Lo mismo llama a defender la patria ante los intentos conservadores por revertir las conquistas liberales –denuncia el apoyo clerical a matanzas como la de Tacubaya (11 de abril de 1859)– que a deshacerse del celibato obligatorio para los sacerdotes y aboga por el derecho que tienen estos a la luz del Evangelio.30

Dos artículos de Enríquez Orestes merecen una extensa réplica por parte del connotado presbítero y teólogo católico Javier Aguilar de Bustamante. Son los publicados en El Monitor Republicano el 22 y 26 de mayo de 1862, titulados “Los sacerdotes cristianos y los fariseos”. En ellos el autor vuelve a la tipología antes utilizada por él para reiterar que los sacerdotes constitucionalistas reformistas son fieles al Evangelio, mientras que los fariseos, los altos clérigos católicos que combaten a Juárez y los liberales que le acompañan, en realidad traicionan las enseñanzas de Jesucristo.31

Para Orestes los abusos, desaciertos e infamias del clero romano son evidentes y van “contra los principios evangélicos y humanitarios de Jesucristo […] nadie ha sido más liberal ni más demócrata [que él]”.32

Contrasta las enseñanzas que procuran seguir los sacerdotes constitucionalistas, basadas en la Biblia, la que cita reiteradamente, con los desvaríos de la cúpula clerical que “trastorna la sana doctrina del Evangelio”. A la eclesiología vertical de los que él llama fariseos, Enríquez Orestes antepone una más abierta y horizontal, sostiene que se equivocan los teólogos que tienen por “Iglesia […] al pontífice y a los obispos, y la Iglesia, señores, es notorio que la forman todos los fieles; y si a esta hubiera reservado Cristo nombrar súbditos a los sacerdotes, todos los creyentes tendrían que intervenir en este nombramiento”.33

Además de ser implacable en su crítica a dogmas carentes de sustento bíblico, Orestes no deja pasar el disoluto estilo de vida de algunos integrantes de la cúpula eclesiástica católica. Recuerda que “el Concilio prohíbe que se consientan en la Iglesia ministros de costumbres impuras y escandalosas: y en el clero de la República, pero principalmente en el metropolitano y en el de Puebla, hay eclesiásticos tan relajados, que podrían dar lecciones de inmoralidad a los más viciosos presidiarios”.34

Obispos y arzobispos, puntualiza Orestes, protegen y estimulan a los clérigos que “andan con los invasores” franceses, censuran a los “eclesiásticos liberales” y le niegan validez a sus oficios religiosos. Con osadía señala quiénes son los que se obstinan en el error y la rebeldía a las verdades evangélicas: Ellos sí, son herejes, porque niegan la Escritura y la interpretan a su modo: cismáticos, porque se han separado de la misión del Evangelio, para formar una secta errónea que llaman romana: impíos, porque no tienen más religión que la del becerro de oro: irregulares, porque están manchados con la sangre de tantos asesinatos a que han cooperado públicamente de cuantos modos han podido, en la guerra intestina y en la invasión presente, cuya sangre está corriendo sobre sus coronas: excomulgados, porque la Iglesia verdadera del Mártir del Gólgota, aleja de su seno a los ministros indignos, cubiertos de tantas maldades.35

Con razón en su respuesta a Orestes el abogado y teólogo Javier Aguilar de Bustamante inicia afirmando que en los treinta años que lleva de servir en la sagrada Mitra “no había visto que apareciese un solo eclesiástico mexicano que atacara el dogma de la Iglesia; ni sé que en el presente siglo ni en los anteriores, existiese un miembro del clero de nuestra República que agitara los ánimos y las creencias de un pueblo, esencialmente católico”.36

Al referirse a los Padres Constitucionalistas Aguilar de Bustamante considera que ellos, en el siglo XIX, “quieren seguir el ejemplo de los [protestantes] del XVI”. El teólogo católico tiene en claro que Orestes abriga el plan de cultivar el protestantismo “entre los ilusos, sembrando doctrinas anti-católicas, ataca la unidad católica y la unidad del pueblo que a todo trance debemos conservar los mexicanos, como la principal garantía de nuestra existencia desgraciada”.37

Bustamante subraya que los esfuerzos de Orestes y demás curas constitucionales son cismáticos, “porque promueven la separación o división de la Iglesia universal”; además son heréticos ya que “se oponen a la verdad católica propuesta por la Iglesia y revelada por Dios”. No sin antes hacer largas disquisiciones basadas en el pensamiento de teólogos católicos y concilios, así como en defender la supremacía del Papa en turno, Aguilar de Bustamante expresa a Orestes que sus “esfuerzos impotentes forman su sepulcro, y que fuera de la Iglesia no hay salvación, ni en el tiempo ni en la eternidad”.38

Como en México se ha decretado la libertad de cultos y la abstención del Estado para proteger a la confesión religiosa histórica del país, el catolicismo, lamenta Bustamante, entonces por ello es posible que Orestes pueda difundir libremente sus errores: “si las más ilustres familias de Egipto, de Grecia y Roma, que componían los colegios pontificios, hubieran tenido un sacerdote que hubiese profanado el honor de sus compañeros, los tribunales de la República hubieran abierto sus salas para fallar sobre el tránsfuga que los hubiese ofendido”.39

El conjunto de lo que llegó a ser el templo y convento de la Merced inició su construcción en 1602. Un templo más amplio al inicial comenzó a ser edificado en marzo de 1634 y concluida la construcción el 30 de agosto de 1654. En 1862, “como resultado de la extinción de las órdenes monásticas, se dio principio a la demolición del convento y de la iglesia”.40

En el sitio donde estuvo el templo se acondicionó una “plaza que sirve de mercado”.41 En la siguiente cita se describe cómo era el templo en el que oficiaron por unos meses servicios religiosos no católicos los Padres Constitucionalistas: Espaciosa y de tres naves, resguardada por un techo de dos aguas, formado exteriormente de láminas de zinc y cubierto interiormente por un bello artesonado, sustituyendo a la cúpula una pirámide hueca hexagonal con una ventanilla en cada faz y con los detalles del techo en general. El templo estaba construido de norte a sur, a éste rumbo la ábside y a aquel las tres puertas correspondientes a las naves. El atrio era cuadrado, y limitado al sur y al este por las portadas del templo mayor y de la Santa Escuela por el norte y oeste por dos tapias con sus correspondientes entradas.42

Lo que hoy permanece del majestuoso conjunto es el claustro del convento de la Merced, el templo fue derruido en 1862. El Instituto Nacional de Antropología e Historia se hizo cargo en 2011 de la restauración del claustro y concluyó a finales del 2013.43

Imágenes del proceso restaurativo reflejan algo de la belleza que tuvo el conjunto original.44 El templo de la Merced albergó por unos cuantos meses el movimiento de los Padres Constitucionalistas, que dirigieron servicios libres del control de la Iglesia Católica Romana, y con ello fueron precursores en la gestación del protestantismo en la ciudad de México.


Notas

1 Daniel Kirk Crane, La formación de una Iglesia mexicana, 1859-1872, tesis de maestría en Estudios Latinoamericanos, UNAM, México, 1999, p. 47.

2Los pros y contras en la discusión en Los debates sobre la libertad de creencias, Facultad de Derecho-UNAM, México, 1994.

3Por ejemplo en La Unidad Católica, 26/IX/1861, p. 2; El Constitucional, 17/XII/1861, pp. 1-2; 28/XII/1861, p. 1 y 29/XII/1861, p. 2.

4 Kirk Crane, op. cit., p. 48.

5Ibíd.

6 Documento reproducido por Tena Ramírez, op. cit., pp. 638-641.

7Carta pastoral del Ilmo. Sr. Arzobispo de México Dr. D. Lázaro de la Garza y Ballesteros, dirigida al V. Clero y fieles de este arzobispado con motivo de los proyectos contra la Iglesia publicados en Veracruz por D. Benito Juárez, antiguo presidente del Supremo Tribunal de la Nación, Imprenta de José Mariano Lara, Calle de la Palma núm. 4, México, 1859, 15 pp.

8Ibíd., pp. 13 y 15.

9 Citado por Jean-Pierre Bastian, op. cit., p. 33.

10Arcadio Morales, “Asunto histórico”, El Faro, 1/VI/1906, p. 97.

11Raúl González Lezama, Reforma liberal, cronología (1854-1876), Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México, México, 2012, p. 79.

12Monitor Republicano, 19/I/1861, p. 4. Al siguiente día el documento es reproducido por La Reforma, p. 2. Cuatro décadas y media más tarde la proclama es retomada por El Faro, órgano de la Iglesia Nacional Presbiteriana de México, que la publica bajo el título “Documento histórico”, 15/VII/1906, p. 120.

13Monitor Republicano, 19/I/1861, p. 4.

14La Patria, 18/XII/1891, p. 3.

15El Pájaro Verde, 24/I/1861, p. 2.

16Ibíd.

17Ibíd.

18Ibíd.

19 Lilia Vieyra Sánchez, “El Pájaro Verde”, en Miguel Castro y Guadalupe Curiel (coordinación y asesoría), Publicaciones periódicas mexicanas del siglo XIX, 1856-1876 (parte I), UNAM, México, 2003, p. 426.

20 Ibíd., p. 425 y Vicente Quirarte, Elogio de la calle. Biografía literaria de la Ciudad de México, 1850-1922, Ediciones Cal y Arena, México, 2010, p. 12.

21 Jean-Pierre Bastian, op. cit., p 33.

22El Pájaro Verde, 9/II/1861, p. 2.

23 Jean-Pierre Bastian, op. cit., pp. 33-34.

24 Daniel Kirk Crane, op. cit., p. 91; Alberto Rosales Pérez, Historia de la Iglesia nacional presbiteriana El Divino Salvador de la ciudad de México, 1869-1922, s/e, México, 1998, p. 13.

25Agradezco esta información a Juan Merlos Estrada.

26Arcadio Morales, “Asunto histórico”, El Faro, 1/VI/1906, p. 97.

27 Arcadio Morales, “Historia del Evangelio en la República Mexicana”, en Joel Martínez López, Orígenes del presbiterianismo en México, s/e, Matamoros, Tamaulipas, 1991, p. 70.

28Daniel Kirk Crane, op. cit., p. 58.

29 El Monitor Republicano, 11/III/1861, p. 1.

30El Constitucional, 17/XII/1861, p. 1-2; 28/XII/1861, p. 1; 29/XII/1861, p. 2; El Monitor Republicano, 14/IV/1862, pp. 2-3; 22/IV/1862, pp. 1-2; El Siglo Diez y Nueve, 29/IV/1862, p. 3.

31Aguilar de Bustamante reproduce los artículos en su obra Ensayo político, literario, teológico, dogmático, Tipografía de Sixto Casillas, México, 1862, pp. 227-254. Los mismos han sido incluidos en Carmen Rovira (compiladora), Pensamiento filosófico mexicano, del siglo XIX a primeros años del XX, tomo II, México, UNAM, pp. 61-81. Es de esta obra de donde citaremos los artículos de Orestes.

32 Carmen Rovira, op. cit., pp. 62 y 64.

33Ibíd., p. 68.

34 Ibíd., p. 73.

35Ibíd., p. 79.

36 Javier Aguilar de Bustamante, op. cit., p. 219.

37Ibíd., p. 225.

38Ibíd., p. 314.

39Ibíd. pp. 314-315.

40Antonio García Cubas, El libro de mis recuerdos, Imprenta de Arturo García Cubas, Hermanos Sucesores, México, 1904, p. 107.

41Manuel Rivera Cambas, México pintoresco, artístico y monumental, tomo segundo, Imprenta de la Reforma, México, 1882, p. 167.

42 Antonio García Cubas, op. cit., p. 107.

43http://www.jornada.unam.mx/2013/02/15/cultura/a05n1cul

44https://pasatiempoenblog.wordpress.com/ex-convento-de-la-merced-de-la-ciudad-de-mexico/
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Núcleos protestantes en el centro histórico de la ciudad de México, 1861-1873 (II)

Un personaje que haría contribuciones importantes para fortalecer al inicial protestantismo mexicano fue John William Butler, quien era cuáquero y trabajó para la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera. KAIRóS Y CRONOS AUTOR Carlos Martínez García 24 DE ENERO DE 2016 09:30 h

Los precursores del protestantismo en la ciudad de México primero tuvieron reuniones en templos católicos expropiados por el gobierno liberal de Benito Juárez. Cuando la condición ruinosa de los templos hizo imposible continuar servicios en ellos, las células se concentraron en casas de los líderes, como el domicilio de Manuel Aguilar Bermúdez, situado en el número 4 de la calle de la Hermandad de San Pablo, renombrada después “1ª de Cuevas”.1

En el artículo anterior mencioné que dicha arteria es actualmente la calle de Jesús María en el tramo comprendido entre Fray Servando (antes Cuauhtemotzin) y San Pablo.2

Con el fin de solicitar apoyo externo a los esfuerzos internos que los Padres Constitucionalistas realizaban para impulsar núcleos no católico romanos, en 1862 y 1863 viajan a Nueva York “los sacerdotes [Francisco] Domínguez, [Rafael] Díaz Martínez y [Juan N. Enríquez] Orestes […] para ponerse en contacto con las autoridades de la Iglesia Episcopal”.

3 En los primeros meses de 1865, Juan Francisco Domínguez y Enríquez Orestes, destacados integrantes de los Padres constitucionales reformistas, y que llevan con ellos cartas de recomendación de Melinda Rankin,4 cabildean en Nueva York a favor de su causa, se reúnen con líderes eclesiásticos protestantes y en varias actos públicos describen lo que sucede en México respecto del movimiento a favor de la reforma política y religiosa. Entre 1864 y los primeros meses de 1867, el capellán moravo del ejército francés, Emile Guión, realiza servicios protestantes en San Ildefonso, Manuel Aguilar Bermúdez asiste en varias ocasiones.

5 Sóstenes Juárez también tiene contacto con Guión y toma de él la liturgia que pondría en práctica al interior del grupo con el que se vincula.6

Mencionamos que Juárez dominaba el idioma francés, prueba de ello es que años antes tradujo la obra El evangelio del pueblo, de Alfonso Esquiros.7

Un personaje que haría contribuciones importantes para fortalecer al inicial protestantismo mexicano fue John William Butler, quien era cuáquero8 y trabajó para la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera. Por recomendación de él, Westrup le escribe a Santiago Hickey (afincado en Matamoros, Tamaulipas) con la solicitud de que se traslade a Monterrey, lo que acepta y llega a la capital de Nuevo León en noviembre de 1862.9

Entonces Butler ya tenía algún tiempo de realizar trabajos de distribución bíblica por el país, difundiendo materiales en Monterrey pero sobre todo en la ciudad de México y alrededores. Su labor concluyó en 1871.10

Manuel Aguilar Bermúdez era masón y fue el primero de los Padres Constitucionalistas en ser capellán de las fuerzas que combatieron la Intervención francesa.11

En 1864 el sacerdote Aguilar Bermúdez y el representante de la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera, John W. Butler, entre otros, tienen reuniones de carácter evangélico en la ciudad de México, inicialmente “en los bajos de la casa núm. 21 de la calle de San José del Real” y después en el tercer piso.12

Entre los asistentes se encuentran José Parra y Álvarez, Prudencio G. Hernández y Sóstenes Juárez.13

Otra fuente menciona al padre Aguilar Bermúdez como quien consigue, en la dirección mencionada, “un espacioso salón […] y allí se celebraron las primeras reuniones públicas bastante concurridas”.14

Quien facilita el lugar, que era de su propiedad, es el señor Verduzco, “arquitecto y maestro de obras”. Él formaba parte de la congregación, y permite usar las instalaciones sin recibir retribución alguna hasta que el grupo se consolida y tiene fondos para cubrir alguna suma como pago de renta.15

Acerca del espacio donde se reunía la Sociedad de Amigos Cristianos/Sociedad Evangélica por lo menos a partir de 1864, San José el Real número 21, este se ubicaba en parte del conjunto que había “pertenecido al convento de los jesuitas de la Profesa, que por virtud de las Leyes de Reforma había sido secularizado”.16

Cuando en 1861 “se ampliaron plazas y se abrieron calles […] uno de los conventos que para abrir la [actual] calle de Cinco de Mayo sufrió ruptura fue el edificio que había servido de colegio de jesuitas, llamado La Profesa […]”.17

Para conmemorar la victoria “de las armas republicanas en Puebla el 5 de mayo de 1862, el Ayuntamiento de la ciudad acordó ese año dar el nombre de Cinco de Mayo a la calle que dividió la Profesa”.18

Esta quedó partida por la nueva vialidad, y al caminar por ella desde el Zócalo hasta dar vuelta a la izquierda en San José el Real (hoy Isabel la Católica), estaba una parte del convento y junto la Iglesia de la Profesa. Otra sección del convento quedó cruzando Cinco de Mayo. Cabe la posibilidad de que el sitio de las reuniones haya estado en el lugar que hoy ocupa el Hotel Gillow (inaugurado el 16 de junio de 1872,19 y que sigue abierto en Isabel la Católica 17), o en la parte que desapareció al ser abierta la calle Cinco de Mayo. También es factible que el antiguo número 21 de San José el Real corresponda al presente número 13 de Isabel la Católica. Lo cierto es que en la vieja calle de San José el Real floreció la Sociedad Evangélica de Manuel Aguilar Bermúdez, la cual después presidió Sóstenes Juárez. Como resultado de las gestiones de la delegación de los Padres Constitucionalistas que viaja a Nueva York, llega a la ciudad de México en diciembre de 1864 E. C. Nicholson, enviado por el Foreign Comittee of the Board of Missions of the American Episcopal Church.20

Durante su estancia de algunos meses en la capital del país, Nicholson coadyuva para conformar la Sociedad Católica Apostólica Mexicana. Al regresar a Nueva York, Nicholson informa entusiastamente de la vitalidad del núcleo liderado por Aguilar Bermúdez: La causa de la Iglesia reformada ha penetrado profundamente en las mentes y corazones de mucha gente, y si es dirigida con inteligencia será un éxito. Todos los hombres buenos e inteligentes nos tratan con respeto y alegría al conocer nuestros trabajos y propósitos. El trabajo abierto por nuestra iglesia es muy prometedor… Nosotros creemos que una adoración espiritual y racional de nuestro Salvador suplantará definitivamente las formas paganas de adoración que están en boga en México, y que una verdadera Iglesia Católica Apostólica y Mexicana se moldeará frente a nosotros compensando los sacrificios de los trabajadores y será bendición para toda la gente de esta tierra.21

El reporte de Nicholson describió a Manuel Aguilar Bermúdez como “representante de una multitud de sacerdotes devotos y buena gente en México, quienes han roto con el Papa y el papismo, se llaman a sí mismos verdaderos católicos, pero no romanistas”.22

El documento incluyó un pronunciamiento del grupo de creyentes que se reunía en San José el Real 21, los cuales se presentaban como “leales a Cristo, evangélicos en fe y esperanza, […] unidos para cuidarse unos a otros en amor, y para trabajar juntos con el fin de introducir en cada parte de México una fe más simple y racional, y un culto más puro y benevolente, como la fe y culto de Jesús y los apóstoles”.23

La contribución de Nicholson al grupo que encabezaba Manuel Aguilar Bermúdez fue brindarle orientación teológica y materiales educativos. No mucho después del decreto de tolerancia de cultos promulgado por el emperador Maximiliano (26 de febrero de 1865),24 Butler, Sóstenes Juárez y algunos Padres Constitucionalistas forman la Sociedad de Amigos Cristianos. Al triunfo de la República sobre los conservadores y Maximiliano, dicha Sociedad trasmuta su nombre por el de Comité de la Sociedad Evangélica, y sus integrantes abren al público sus reuniones que continúan desarrollándose en San José el Real.25

Junto con los trabajos que realiza para la agrupación evangélica, Sóstenes Juárez se da tiempo para manifestar su férrea oposición a la invasión francesa. Es el principal protagonista de una demostración de rechazo al imperio de Maximiliano cuando frente al cortejo fúnebre del coronel francés Tourre grita reiteradamente consignas. Mientras el contingente camina silencioso por la calle de Plateros (hoy avenida Madero, en el centro de la ciudad), “se oyó un grito que salía de entre la multitud diciendo: ‘Mueran los franceses. No basta con estos tres ataúdes. Es necesario que perezcan todos’. Estos gritos odiosos, sobre todo en aquella sazón, fueron seguidos de provocaciones más odiosas todavía”. La información periodística añade que “aprehendido infraganti el individuo que las hacía, declaró llamarse Sóstenes Juárez y ejercer la profesión de maestro en México”.26

El episodio le vale a Juárez ser declarado “culpable de provocación al crimen no seguido de efecto”. Por ello se le condena a cinco años de prisión y multa de mil francos. Sóstenes recibe el indulto de la pena, junto con sentenciados por otras causas, por parte del emperador Maximiliano.27

Las reuniones iniciadas en San José el Real a partir de 1864 alcanzan más organización y el 18 de noviembre de 1865 tiene lugar un culto más formal, en el que participan, entre otros, Manuel Aguilar, John W. Butler, Sóstenes Juárez, José Parra y Álvarez, Julián Rodríguez Peña, Eusebio Trejo Meza y Antonio Hinojosa.28

Tienen reuniones a las que los interesados llegan mediante invitación de alguno de los integrantes de la célula. Es decir, no propagandizan abiertamente la existencia del núcleo, aunque tampoco es un grupo cerrado y secreto. Más bien mantienen un perfil bajo, en espera de fortalecerse para proyectarse hacia afuera. Manuel Aguilar Bermúdez escribe una carta en 1866 a la Sociedad Bíblica de Londres, la que inicia refiriendo que lucha “en la República mexicana por la fe que una vez fue entregada a los santos”, eco de una cita bíblica localizada en el Nuevo Testamento (Judas 1:3). Notifica que “ha sido necesario combatir con las preocupaciones del fanatismo que ha existido aquí hace más de 300 años y también con la indiferencia religiosa de muchas almas extraviadas”.29

A pesar de los grandes obstáculos, dice Aguilar, la Biblia es distribuida y en muchos casos bien recibida por gente identificada con el partido liberal, obreros que la llevan a sus hogares y la comparten con sus familias. Percibe un futuro prometedor para la causa evangélica: Ya hallamos personas que examinan las Escrituras diariamente con espíritu de humildad y devoción; que las estudian bajo la influencia de fervientes oraciones y llenos de fe, que predican la verdad con celo apostólico, que se apropian sus saludables preceptos y se consagran a Cristo nuestro divino Salvador para vivir sólo para él. La buena semilla del Evangelio está cayendo sobre terreno sediento del agua de la gracia, el pan de la vida se toma con avidez por los hambrientos hijos, muchas ovejas descarriadas están oyendo la voz misericordiosa del divino Pastor que las llama; muchas sintiendo la bienhechora influencia de la gracia del Espíritu Santo, practican la caridad. Todo esto robustece nuestras esperanzas y, nos hace confiar en que Dios, en su infinita misericordia, está visitando este pueblo para el bien. Orad con nosotros para que nuestro padre celestial se digne bendecir nuestros esfuerzos, nos dé fuerzas en nuestras debilidades y nos llene de su Espíritu para que la obra que se hace en México, sea hecha para honra y alabanza de Cristo nuestro Señor.   Lo descrito por Manuel Aguilar Bermúdez a la Sociedad Bíblica londinense es de alguna manera confirmado por una fuente adversa a la implantación del cristianismo evangélico en México. En los primeros días de febrero de 1866, una publicación editorializa sobre la existencia de biblias sin comentarios que circulan en la capital del país. Sostiene que de acuerdo a su tradición de “haber sido siempre firmes paladines de la Iglesia católica […] hoy nuestra pugna es contra el protestantismo”.30

El periódico menciona que “en México nos habíamos visto a cubierto de los ataques de las sectas, pero comienza la lucha, y no queremos ser los últimos en saltar a la arena”. Interpreta que la lucha comienza debido a las “biblias sin notas que regalan los protestantes, y que está prohibida su adquisición, aunque no se lean, serán despreciadas por los buenos cristianos y resulte burlada la propaganda protestante”. Además de animar a sus lectores a rechazar las biblias antes mencionadas, denuncia que en unas partes se regala y en otras se vende “un almanaque protestante muy distinto del nuestro”. En él, según el editorial, se ataca a la religión y a la civilización de la raza mexicana. Es por ello que demanda “su autor salte a la arena; tenemos un arsenal abundante para armarnos y defendernos; hay plumas en México muy bien cortadas para combatirlo”. Confía en que “un pueblo tan católico, tan bien educado en su moral como el nuestro, deseche la propaganda protestante que se ha formado para descatolizarnos, y que gasten su dinero nuestros adversarios sin lograr su intento”.31

Retornamos a Manuel Aguilar Bermúdez y el papel que desempeña en la propagación del cristianismo no católico, así como lo que sucederá más tarde con el grupo que él contribuye a formar. Henry C. Riley, quien llegó a México en diciembre de 1868 o enero de 1869, informa que Aguilar Bermúdez “en compañía de un sr. Ocádiz tradujo el librito titulado El hombre y la Biblia, librito que es muy conocido de todos los evangélicos del país”. Además proporciona el dato de que “una vez muerto el sr. Manuel Aguilar, su congregación se dividió en dos: una siguió al sr. [Gabriel] Ponce de León, y otra al sr. Sóstenes Juárez”.32

Aguilar Bermúdez muere en el último trimestre de 1867, bajo el rumor de que fue “envenenado por los frailes”.33 Es sustituido en el liderazgo por Rafael Díaz Martínez y Sóstenes Juárez, sobre todo por éste último. Mediante el testimonio de Juan Magaña, uno de los asistentes a las reuniones en San José del Real número 21, conocemos que todavía en vida de Manuel Aguilar el liderazgo ya estaba en manos de Sóstenes Juárez.34

En el domicilio citado confluyeron varios esfuerzos y personas para consolidar la presencia protestante en la capital mexicana. En la tarea fue valiosa la asesoría de John William Butler para el fortalecimiento de la que se hizo llamar Sociedad Evangélica. Con su experiencia para distribuir la Biblia e interesar a distintas personas en asistir a sesiones de estudio bíblico, el representante de la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera prestó un servicio clave a la causa protestante. Compiló y escribió materiales para conformar el Calendario protestante de los amigos cristianos para el año de 1866, y 1867.35 Este último contiene, entre otros escritos, “La lectura de las sagradas Escrituras” y “Las tradiciones de los judíos impugnadas por nuestro Señor Jesucristo”.36

Butler inserta anuncios en los periódicos, tanto en inglés como en español, para dar a conocer el objetivo de la organización que representa: El que suscribe, agente de la Sociedad Bíblica de Londres, establecida con la mira de propagar las Sagradas Escrituras en todo el mundo, y en todos los idiomas, sin adulteración, interpretación o comentario alguno, y a costa de cualquier sacrificio pecuniario, como lo comprueba la pérdida sufrida en las ya repartidas en México; invita a todas las personas que se interesen en la propagación del Evangelio, a que ocurran al expendio de Biblias en la calle de San José el Real núm. 21, y establezcan las relaciones que se desean, a fin de facilitar su reparto en la mayor posible cantidad.37

Junto al templo de la Profesa, en lo que fue casa y convento de los padres felipenses estuvo de 1864 a 1869 la Sociedad Evangélica presidida por Sóstenes Juárez. Desde 1862 solo queda de todo el conjunto el templo. En 1868 la agrupación se anuncia en los periódicos con el fin hacer más conocida la existencia de sus actividades. Es así que, por ejemplo, en uno de los diarios más importantes aparece el siguiente aviso: “El Comité de la Sociedad Evangélica invita a sus amigos, a que concurran al culto reformado, que todos los domingos se practicará en la casa núm. 21, calle de San José el Real”.38

A partir de entonces el núcleo gana presencia pública y se agregan a él conversos y simpatizantes. Paulatinamente se acrecienta el liderazgo de Sóstenes Juárez, liberal y masón, integrante de la Sociedad Lancasteriana39 decidido partidario de Benito Juárez y su férrea lucha contra la intervención francesa. Sóstenes fue combatiente contra esa intervención y alcanzó el grado de mayor en el ejército juarista.40

Pocos años después se articularía al trabajo de los misioneros metodistas del sur, conectando a estos con la red de congregaciones que le reconocían a él como líder. Es Sóstenes Juárez quien hace llegar a La Opinión Nacional un comunicado en el que deja clara la existencia de la Sociedad Evangélica de México. Informa que “ya es un hecho práctico la libertad de cultos entre nosotros, y que está operándose entre nosotros, por este medio, el alejamiento de la antipatías nacionales que tantos males ha producido en lo social”.41

Informado lo anterior, reproduce el acta donde queda asentado que el 15 de agosto de 1868 en el seno del grupo “fue presentado ante la Sociedad Evangélica, por el Sr. D. Alberto Kienast y la Sra. Da. Sofía Landwchz un niño, hijo del Sr. D. Geo. M. Zinser y de la Sra. Da. Luisa Zinser, nata en Klockenbring, pidiendo a su nombre que en el seno de esta iglesia cristiana sea bautizado conforme a lo instituido por Nuestro Señor Jesucristo”. Acto continuo, después de haber leído la “Sagrada Escritura para instrucción de los presentes, en la parte referente al acto fue bautizado el niño en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, recibiendo en la frente agua pura, y llevando los nombres de Jorge Alberto, habiendo sido registrado antes, según las leyes de Reforma, en el juzgado civil número 1; ceremonia que se practicó por el C. Sóstenes Juárez, comisionado para este acto […]”. Firman el documento, además de Juárez, Alberto Kienast, G. M. Zinser y Lauro González. A los diecinueve años acudió Arcadio Morales al grupo encabezado por Sóstenes Juárez. El testimonio del primero nos proporciona algunas características del espacio de las reuniones y sus asistentes: El templo quedaba en el fondo de unos callejones tortuosos, oscuros, en el tercer piso de la casa mencionada […] me acompañaban el señor Luis Ortega, amigo mío y el señor Julián Rodríguez, que en paz goce, y que era el que se había empeñado en llevarme a su culto. Por fin llegamos a la capilla, y cual no sería mi sorpresa al encontrarme en una sala casi hermosa, limpia y bien alumbrada, como que era nada menos que la biblioteca de los padres filipinos, pues todo aquel edificio había pertenecido al convento de los jesuitas de la Profesa,42 que por virtud de las Leyes de Reforma había sido secularizado. Allí se hallaban reunidos como unos veinte individuos pertenecientes a la clase humilde del pueblo; campesinos y obreros todos; no había ni una sola señora ni un niño; pero, los hombres que se hallaban allí era muy devotos y reverentes. El señor Sóstenes Juárez, profesor, era el pastor de aquel rebaño, y en aquella noche tenía como ayudante al señor Coronel Lauro González, quien leía la fórmula bautismal. Cuando el señor González leyó el capítulo tercero del Evangelio de San Mateo, me pareció al momento reconocer a un antiguo amigo mío, un viejo conocido que, al oírlo me llenaba de placer. Al concluir el culto fuimos presentados al pastor y su ayudante, quienes nos invitaron a volver. Al salir de la capilla pregunté al señor Rodríguez: “Este es el culto protestante. Sí, señor, me contestó. ¿Nada más? Nada más leer las Escrituras sagradas, hacer oración y explicar sencillamente el Evangelio. Entonces, dije para mí, yo he sido protestante hace mucho tiempo. ¡Qué equivocado estaba!”43

Los detalles que describe Arcadio Morales acerca de la congregación de San José el Real núm. 21 nos ayudan para darnos una idea de cómo funcionaba la misma. Sabemos que las reuniones eran en un salón interior del convento de la Profesa, “no tenía más ajuar que una tribuna en forma de pozuelo al frente y unas cuantas sillas de morillo”.44

Las reuniones tenían lugar los domingos a las 11 de la mañana, con 70 asistentes, y los martes a las 7 de la noche, con entre 16 y 22 congregantes. Sóstenes Juárez “aparecía en el púlpito con su traje civil, y dirigía el culto con una liturgia especial que había formado tomando la idea, según decía él, de otra en francés que un ministro protestante que había venido con la Intervención francesa, le había proporcionado”. Lo usual era que Juárez leyera “sus sermones, y generalmente tomaba sus asuntos del Nuevo Testamento”.45 Hacia mediados de 1869 la prensa consigna el papel preponderante que tenía Sóstenes Juárez en la propagación del naciente protestantismo mexicano. Una nota periodística menciona que el credo “gana terreno aquí, que hay congregaciones evangélicas en Miraflores, Amecameca, Zoyatzingo, Ozumba, Ayapango y Cuautla; que todas estas congregaciones se han organizado por los esfuerzos de D. Sóstenes Juárez, conforme al plan de la que existe en la calle de San José el Real núm. 21, y de la cual es presidente dicho señor; y que hay todavía en esta capital otras congregaciones protestantes, además de estas”.46

Representantes de las comunidades evangélicas mencionadas tienen un encuentro en San José el Real, para coordinar los trabajos y apoyarse mutuamente. Dado el liderazgo de Sóstenes Juárez en ese lugar es muy probable que él haya presidido las deliberaciones. La primera reunión general de las comunidades evangélicas en la ciudad de México y entidades aledañas, “viene a mostrar la incipiente organización de los protestantes, que aun antes de la llegada oficial de las misiones [extranjeras] ya había dado algunos pasos firmes en la construcción de la nueva religión en México”.47

El grupo encabezado por Sóstenes Juárez tuvo comentarios adversos en la prensa católica. Una de estas publicaciones advirtió a sus lectores sobre “una que se llama Sociedad evangélica”, la que andaba “esparciendo sus desacreditadas y adulteradas biblias, y adoptando los folletos metodistas que se imprimen y publican en Nueva York por la Sociedad Hispano-Americana de Tratados”. Señalaba que los integrantes de la Sociedad Evangélica diseminaban su “propaganda contra el catolicismo” en forma similar a como las serpientes atacaban a sus víctimas: “para asegurar mejor su tiro se esconden entre las hierbas y flores, para seducir a los incautos, halagar a los crédulos y hacerse recibir por los ignorantes”.48 La Sociedad Evangélica de San José el Real muda el domicilio de sus actividades en la ciudad de México al callejón de Betlemitas hacia principios del último tercio de 1869, según publica un importante diario.49

El nuevo lugar era más amplio, y por ello representaba un avance en el ensanchamiento del grupo, que, como hemos visto, se estaba expandiendo a poblaciones en otras zonas de la República mexicana. Para cuando tiene lugar el traslado del grupo a Betlemitas, dos de los principales Padres Constitucionalistas que habían contribuido en los inicios y fortalecimiento de la Sociedad Evangélica de San José el Real (Rafel Díaz Martínez y Francisco Domíguez), ya no estaban en la ciudad de México. Se encontraban en Brownsville, Texas, “donde habían reunido a una congregación de aproximadamente 300 familias mexicanas, convertidas del papismo” al protestantismo.50

Notas

1 Daniel Kirk Crane, op. cit., p. 91; Alberto Rosales Pérez, Historia de la Iglesia nacional presbiteriana El Divino Salvador de la ciudad de México, 1869-1922, s/e, México, 1998, p. 13.

2Agradezco esta información a Juan Merlos Estrada.

3Abraham Téllez Aguilar, Proceso de introducción del protestantismo desde la Independencia hasta 1884, Tesis de licenciatura, UNAM, Facultad de Filosofía y Letras-Colegio de Historia, México, 1989, p. 163.

4Christian World, 16/IV/1865, p. 123. 5 Alberto Rosales Pérez, Historia de la Iglesia nacional presbiteriana El Divino Salvador de la ciudad de México bajo el pastorado del pbro. y dr. Arcadio Morales Escalona, 1869-1922, s/e, México, 1998, p. 40 y Daniel Kirk, op. cit., p. 91.

6 Arcadio Morales, “Datos para la historia”, El Faro, 1/XI/1893, p.165.

7 La Reforma, 29/XII/1860, p. 4.

8 John Wesley Butler, History of the Methodist Episcopal Church in Mexico, The Methodist Book Concern, New York-Cincinnati, 1918, p. 130.

9 Tomás Martín Westrup, op. cit., p. 11 y Cosme G. Montemayor, op. cit., p. 5.

10 Abraham Téllez, op. cit., p. 165 y Alberto Rosales, op. cit., p. 10-11.

11La Patria, 18/XII/1891, p. 3; El Monitor Republicano, 9/VI/1862, p. 1.

12 La Buena Lid, X/1896, p. 4; Arcadio Morales, “Memorias”, El Faro, 15 de junio de 1947, en Alberto Rosales Pérez, op. cit., p. 23. El lugar mencionado se encontraba en el conjunto de lo que fue el convento y la casa de la Profesa, del que hoy queda el templo localizado en las actuales calles de Madero e Isabel la Católica en el Centro Histórico de la ciudad de México.

13Ibíd.

14 Alberto Rosales, op. cit., p. 14.

15Arcadio Morales, “Asunto histórico”, 1/VI/1906, p. 97.

16 Arcadio Morales, “Memorias”, El Faro, 15 de junio de 1947, en Alberto Rosales Pérez, op. cit., p. 23.

17Clementina Díaz y de Ovando, “El Gran Teatro Nacional baja el telón (1901)”, Revista de la Universidad,http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/ojs_rum/index.php/rum/article/viewFile/13009/14247, p. 9. Información sobre la apertura de la calle y sus efectos en el conjunto de la Profesa en Manuel Rivera Cambas, México pintoresco, artístico y monumental, tomo 1º, Imprenta de la Reforma, México, 1880, p. 211.

18 Clementina Díaz y Ovando, op. cit., p. 9.

19 El Siglo XIX, 18/VI/1872, p. 4.

20 The Spirit of Missions, IV/1865, p. 141; Joel Morales Cruz, The Mexican Reformation: Catholic Pluralism, Enlightenment Religion and the Iglesia de Jesús Movement in Benito Juarez´s Mexico (1859-1872), Pickwick Publications, Eugene, Oregon, 2011, posición 3865; Abraham Téllez, op. cit., p. 163.

21 The Spirit of Missions, VII/1865, p. 261, traducción de Abraham Téllez, op. cit., p. 164.

22The Spirit of Missions, VII/1865, p. 257.

23 Ibíd, p. 259.

24http://www.biblioteca.tv/artman2/publish/1865_160/Decreto_de_tolerancia_de_cultos_275.shtml

25 Abraham Téllez, op. cit., p. 169.

26La Sociedad, 7/VI/1865, p. 3.

27La Sociedad, 7/VII/1865. p. 1.

28Arcadio Morales, “Datos para la historia”, El Faro, 15/IV/1897, p. 61. El autor menciona que a casi todos ellos los conoció bien y que, por ejemplo, Julián Rodríguez fue quien le invitó a las reuniones de San José del Real; Eusebio Trejo llegó a ser su suegro, y, al tiempo en que escribe menciona que Juan Butler reside en Toluca y Antonio Hinojosa es un anciano de 80 años, sastre, fundador e integrante de la Iglesia El Mesías en la ciudad de México. Manuel Aguilar Bermúdez muere en 1867, antes de que Arcadio Morales se integrara al grupo, razón por la cual no lo conoce personalmente, años después incluso pondrá en duda su papel como precursor del protestantismo en México. Al respecto ver El Abogado Cristiano Ilustrado, 22/VIII/1901, p 369.

29 Texto completo de la carta reproducido por el misionero Henry C. Riley, El Abogado Cristiano Ilustrado, 20/VI/1901, pp. 198-199.

30El Pájaro Verde, 5/II/1866, p. 1

31Ibíd.

32El Abogado Cristiano Ilustrado, 20/VI/1901, p. 199.

33 La Patria, 31/VIII/1894, p. 1. Sobre la muerte de Aguilar Bermúdez no he podido precisar la fecha, sin embargo existe en el archivo de la Iglesia Episcopal, en Austin, Texas, una carta de Aguilar al reverendo Dennison, fechada en la ciudad de México el 8 agosto de 1867. Este dato lo brinda Joel Morales Cruz, op. cit., posición 4469.

34Arcadio Morales, “Rectificación: el padre Aguilar”, El Abogado Cristiano Ilustrado, 22/VIII/1901, p. 369.

35Noticia, y crítica, sobre el calendario en Agustín de la Rosa, “Un calendario protestante en México para 1866”, La Religión y la Sociedad, 3/III/1866, pp. 284-288.

36 Editado en México, Imprenta de Manuel Castro, 1866, Laura Suárez de la Torre, “La producción de libros, revistas, periódicos y folletos en el siglo XIX”, en Belem Clark de Lara y Elisa Speckman Guerra (editoras), La República de las letras. Asomos a la cultura escrita del México decimonónico. Publicaciones periódicas y otros impresos, vol. II, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2005, p. 20; Andrés Kirk, op. cit., p 89.

37 El Boletín Republicano, 29/IX/1867 p. 4 y 20/X/1867 p. 4; The Two Republics, 3/VI/1868, p. 4.

38El Monitor Republicano, 3/IV/1868, p. 3.

39 El Siglo Diez y Nueve, 8/I/1869, p. 3. El sistema pedagógico promocionado por Joseph Lancaster consistía en el uso de los alumnos más avanzados para servir de monitores a sus compañeros de clase, aquellos, a su vez eran capacitados por un maestro para que los monitores reprodujeran en los grupos lo aprendido. Así, con pocos recursos humanos y materiales, podían ser escolarizados amplios números de niños y niñas. Para enseñar a leer a los infantes se hacía uso de cartillas preparadas ex profeso y basadas en la Biblia, a la que se tenía como libro de texto. Después los materiales de enseñanza sustituyen a la Biblia, pero el método de aprovechar a los estudiantes más avanzados continúa en uso en distintos países. La Sociedad Lancasteriana se origina en Inglaterra, en 1789. Es fundada en México en 1822, ver Dorothy T. Estrada, “Las escuelas lancasterianas en la ciudad de México: 1822-1842”, Josefina Zoraida Vázquez (Introducción y selección), La educación en la historia de México. Lecturas de Historia Mexicana, núm. 7, El Colegio de México, México, 1992, p. 49.

40 Jean-Pierre Bastian, op. cit., pp. 36 y 57.

41El comunicado es reproducido por El Monitor Republicano, 23/VIII/1868, p. 2; y El Constitucional, 25/VIII/1868, p. 2.

42El claustro y el convento de los jesuitas comenzaron a ser demolidos en 1846, para abrir la calle hacia la Alameda Central. En septiembre de 1862 el presidente Benito Juárez decretó que “las calles de la Acequia, donde vivió el general [Ignacio Zaragoza], y la recientemente abierta en el ex convento de la Profesa, se llame en lo sucesivo de Zaragoza la primera y del 5 de Mayo la segunda”. Verónica Zárate Toscano, “La patria en las paredes o los nombres de las calles en la conformación de la memoria de la ciudad de México en el siglo XIX”, Nuevo Mundo Mundos Nuevos, materiales de seminarios, 2005, p. 8.

43 Arcadio Morales, “Memorias”, El Faro, 15 de junio de 1947, en Alberto Rosales Pérez, op. cit., p. 23

44Arcadio Morales, “Datos para la historia”, El Faro, 1/XI/1893, p. 165.

45Ibíd.

46La Iberia, 20/VI/1869, p. 3.

47 Abraham Téllez, op. cit., p. 170.

48 “Breve reseña de los cultos, o con más propiedad de las ‘sectas’ tituladas religiosas, invitadas a establecerse en la República”, Semanario Católico, 4/IX/1869, p. 4.

49 El Monitor Republicano, 9/X/1869, p. 2. 50The Spirit of Missions, IX/1869, p. 553.

Leer más: http://protestantedigital.com/magacin/38417/Nucleos_protestantes_en_el_centro_historico_de_la_ciudad_de_Mexico_18611873_II

https://www.youtube.com/watch?v=tbjzmocaZEA

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Núcleos protestantes en el centro histórico de la ciudad de México, 1861-1873 (III)

La Sociedad Evangélica de San José el Real muda el domicilio de sus actividades en la ciudad de México al antiguo convento ubicado en el callejón de Betlemitas (actual calle Filomeno Mata) hacia principios del último tercio de 1869, según publicaron periódicos de la capital.1 Al respecto La Iberia hizo un pequeño anuncio: “Templo Evangélico. El que estaba en la calle de San José el Real ha sido trasladado al exconvento de Betlemitas”.2 El nuevo lugar era más amplio, y por ello representaba un avance en el ensanchamiento del grupo, que, como hemos visto, se estaba expandiendo a poblaciones en otras zonas de la República Mexicana. La nota periodística no menciona el número de Betlemitas en el cual tienen lugar los servicios evangélicos. En 1871 un crítico de los núcleos protestantes caracterizó al grupo de Sóstenes Juárez de la siguiente forma: “celebran en Bethlemitas un culto demasiado sencillo: más político que cristiano, más racionalista que protestante, muy parecido al de los humildes, industriosos y benéficos cuáqueros”.3

En abril de 1870 el grupo evangélico de Chimalhuacán, estado de México, vinculado a la Sociedad Evangélica presidida por Sóstenes Juárez en la capital del país, fue víctima de ataques de pobladores católicos. Los perseguidos señalaron al sacerdote católico romano Bernardo de Villageliú como el instigador de las acciones en su contra.4 Del caso se ocupó ampliamente Ignacio Manuel Altamirano, para entonces en la cima de su carrera como escritor, periodista y firme defensor de las leyes de Reforma juaristas.

El cura Bernardo de Villageliú hizo llegar al gobernador del estado de México una relación de hechos que, según él, tuvieron lugar en Chimalhuacán. Ratificaba que los problemas en el pueblo eran ocasionados por “un grupo como de cien hombres que pretenden formar parte de la secta protestante, llamada Sociedad Evangélica”.5 Villageliú menciona que los protestantes de Chimalhuacán formaban parte de la red de iglesias lideradas por Sóstenes Juárez. Aporta el dato que Juárez había bautizado al hijo de un protestante, quien “arrepentido de su disidencia del catolicismo” se presentó ante él de forma espontánea para solicitarle impartiera el sacramento al niño, “porque no estaba conforme con el bautismo que dice le había conferido el que se titula ministro evangélico, C. Sóstenes Juárez”.6

Incapaz de mostrar con pruebas y argumentos que los señalamientos hechos en su contra en los atropellos de que fueron víctimas los protestantes, subraya Altamirano, el periódico que defiende al cura Villageliú (La Voz de México) reacciona como partidario fanático del Santo Oficio. A quienes “tienen el cinismo de defender la conducta de Villageliú y de recriminar a los protestantes”, les pregunta:

¿Qué tiene de extraño, pues, que un escritor independiente, que no está vendido a los intereses clericales y que se burla de los anatemas, al ver que jueces, prefectos, gobernadores, diputados católicos y todo el mundo abandonan a los desgraciados indios sumidos en la cárcel de un pueblo fanático, tenga la osadía, fiel a sus principios reformistas, de revelar esa violación de las leyes, ese inicuo atentado contra la libertad humana, esa arbitrariedad de los que cuentan aquí con recomendaciones y protectores?7

A la acusación de ser anticatólico, Altamirano señala que si una injusticia como la padecida por los indios de Chimalhuacán la sufrieran católicos, él no vacilaría en defenderlos de las arbitrariedades. Informa que los indígenas evangélicos han sido liberados, luego entonces no eran culpables de lo que fueron acusados por Villageliú. Finalmente reproduce una carta de los protestantes de Chimalhuacán, en la cual se aportan más datos que refuerzan los señalamientos realizados por Altamirano contra Bernardo de Villageliú.

En el verano de 1872, en agosto, más de treinta congregaciones evangélicas independientes del estado de México convocaron a lo que la prensa denominó un “Concilio protestante” a tener lugar en Chalco, cuyo fin sería subrayar que sus fundadores y quienes ahora las integran “no admiten clero alguno ni cooperarán a formar otro cuerpo teocrático de esa especie, pues creen, que al hacerlo así, no harían mas que cambiar de yugo, y que para ser cristianos les basta estudiar y practicar el Evangelio”.8 El diario agregaba que tales “protestantes puritanos no reciben subvención alguna del pueblo americano ni de ninguna persona o sociedad extranjera, como se asegura y se sabe que pasa con las congregaciones episcopales de San Francisco y San José de Gracia”, que formban parte de la Iglesia de Jesús, cuyo líder más visible era Manuel Aguas. A la convocatoria no fueron ajenas congregaciones que reconocían el liderazgo de Sóstenes Juárez, y posiblemente éste fue uno de sus principales impulsores.

Durante 1872 Sóstenes Juárez se mantuvo ministrando en el callejón de Betlemitas, por su parte Arcadio Morales a veces colaboraba con Juárez pero también tenía nexos con líderes protestantes para iniciar obra en otros lugares de la ciudad. Arcadio Morales y Agustín Palacios, a disgusto con la orientación eclesiástica episcopal que estaba tomando la Iglesia de Jesús, salieron de esta en octubre de 1872 e iniciaron una nueva congregación evangélica en “la 1ª calle del Cinco de Mayo” (corresponde hoy al tramo de esa calle ubicado entre Isabel la Católica y Motolinía).9

Al vincularse a principios de 1873 con los trabajos misioneros exógenos, Sóstenes Juárez tenía casi una década de haber iniciado su compromiso con la creación de núcleos cristianos de perfil protestante/evangélico. El desarrollado con el obispo John C. Keener no fue el primer contacto de Juárez con personajes extranjeros llegados al país con el objetivo de difundir el protestantismo.

A partir de 1864 Juárez tuvo contacto y relaciones de mutua colaboración con John William Butler, el representante de la Sociedad Bíblica de Londres. Desde enero de 1869 y durante algunos meses, quizá poco más de un año, Sóstenes fue respaldado por el misionero Henry C. Riley, quien de enero a octubre de 1869 contribuyó con el grupo que lideraba Sóstenes Juárez en San José el Real 21. Al mudarse el núcleo de Sóstenes Juárez a Betlemitas la participación de Riley continúó pero en menor intensidad, ya que el misionero decidió dedicar mayor esfuerzo a la tarea de hacer preparativos para publicar un periódico (La Estrella de Belén, que aparecería en marzo de 18970) y abrir un lugar para las reuniones de la Iglesia de Jesús.

Sóstenes Juárez estaba desarrollando su ministerio en la casona del callejón de Betlemitas, distante a pocas calles de la principal plaza pública de la ciudad de México, el Zócalo, cuando a principios de 1873 el recién llegado obispo John C. Keener le invita para unirse a los trabajos iniciales de la Iglesia Metodista Episcopal del Sur. En ese tiempo Juárez tenía su domicilio en “la calle Nueva o de la Independencia (hoy 16 de Septiembre). Era viudo y no tenía hijos”.10

Antes de proporcionar mayores antecedente del obispo Keener considero pertinente tratar de dilucidar en qué parte del callejón de Betlemitas se reunía el núcleo evangélico de Juárez. Es probable que el domicilio de Betlemitas consignado en octubre de 1869 por El Monitor Republicano, y en el que Sóstenes Juárez ejercía liderazgo, fuese el mismo que más tarde, a partir de 1873, albergó una Iglesia presbiteriana en el número 8 del callejón de Betlemitas, con Arcadio Morales como su pastor.11 Por otra parte tampoco debe descartarse que los dos núcleos hayan ocupado números distintos en la misma calle.

Un anuncio hace que me incline por delinear que la congregación presbiteriana de Betlemitas 8 inició actividades en un lugar contiguo al de la célula encabezada, en la misma vialidad, por Sóstenes Juárez a partir de octubre de 1869 y hasta enero de 1873. El mencionado anuncio informaba: “Desde el domingo 27 [de julio de 1873] habrá cultos cristianos en el gran salón de Betlemitas número 8, los domingos a las diez y media de la mañana y a las cuatro de la tarde en el Dominical, y en la noche a las siete será el último culto del domingo. Los jueves también habrá un culto a las siete de la noche”.12 Según esta información, antes del 27 de julio de 1873 no hubo reuniones evangélicas en el callejón de Betlemitas 8 (esquina de las actuales Filomeno Mata y Tacuba, donde se ubica el monumento al primero). Las actividades de la congregación que pastoreaba Juárez habrían tenido lugar en Betlemitas 7, en algún salón del edificio que ocupaba la Sociedad Lancasteriana. Entonces la numeración de las propiedades era continua de un mismo lado de la calle.

Es importante retomar al personaje que logró la colaboración de Juárez para la causa de la Iglesia Metodista Episcopal del Sur en México. John C. Keener nació el 7 de febrero de 1819 en Baltimore, Maryland. Estudió en la Universidad Wesleyana de Texas. Su elección como obispo tuvo lugar en la Conferencia General de Memphis en 1870.13 En los días finales de 1872, el obispo Keener hizo el viaje de Nueva Orleáns a Veracruz en el “buque Tabasco”.14 Llegó al puerto mexicano el primero de enero de 1873 y a la ciudad de México el día 6 del mismo mes. Sobre la urbe a la que arribaba escribió: “El estilo de la arquitectura y la solidez de los edificios de la capital de México me asombraron. Al ir en coche de la estación [de ferrocarril] al hotel Iturbide [hoy Centro Cultural Banamex, en la calle Francisco I. Madero, Centro Histórico], me parecía una visión oriental, esa ciudad edificada en el interior del país, me traía a la memoria la ciudad de Florencia y la arquitectura de Miguel Ángel”.15

Antes que Keener había llegado el obispo Gilbert Haven, de la Iglesia Metodista Episcopal, quien desembarcó en Veracruz el 28 de diciembre de 1872 y para el 4 de enero del año siguiente estaba instalado en la capital mexicana, en el Hotel Gillow.16 Haven permaneció en el país tres meses, tras los cuales regresó a los Estados Unidos. Mes y medio después que John C. Keener, el 23 de febrero, arribó a la capital del país el obispó William Butler, quien al igual que Haven pertenecía a la Iglesia Metodista Episcopal.

En el buque Tabasco, Keener conoció a George W. Clarke, editor del semanario en inglés The Two Republics, que publicaba en la capital del país y cuyas oficinas estaban ubicadas en el número 5 de la primera calle de Plateros.17 Clarke puso en contacto a Keener con Christian Amadeus Breme (o Boheme), quien a su vez le presentó a Sóstenes Juárez.

Durante su primera visita el obispo John C. Keener dedicó sus esfuerzos a establecer un lugar para las actividades de la Iglesia Metodista Episcopal del Sur entre la población mexicana. También apoyó a las congregaciones de habla inglesa existentes en la capital. Keener predicó en la recién organizada Iglesia anglo-sajona de México, cuyo pastor electo era el reverendo William H. Cooper, y que se reunía en el “salón de San Juan de Letrán”.18 El salón citado era el del número 12, primera sede de la Iglesia de Jesús, que abrió cultos en ese lugar a fines de marzo de 1870.19 También Keener encabezó un servicio unido de oración de los distintos grupos protestantes de habla inglesa que fue convocado para efectuarse el 2 de febrero en el “salón de la calle San José el Real, cerca de Cinco de Mayo”.20

El lugar al que acudió Keener habría sido el mismo en que se reunió la Sociedad de Amigos Cristianos/Sociedad Evangélica de Sóstenes Juárez por cinco años, de 1864 a 1869. En febrero de 1873 el obispo Keener asistió al salón que estaba en una planta alta de San José el Real 21. En la planta baja del domicilio hubo diversos giros comerciales, como la Librería e Imprenta J. F. Jens, que ocupaba los números 21 y 22 (entonces, como antes mencioné, la numeración era continua en un mismo lado de la calle).21 Una década después de la presencia de Keener en el antiguo lugar donde ministró Sóstenes Juárez, continuaba en los bajos del edificio la Librería e Imprenta J. F. Jens.22 La edificación fue ocupada, al menos a partir de 1888, por el Hotel Colón.23

El obispo Keener no hablaba adecuadamente español y para comunicarse fue importante la ayuda de Sóstenes Juárez, quien dominaba el francés y posiblemente comprendía algo de inglés. John C. Keener muy pronto tuvo buenos resultados en su búsqueda de comprar una propiedad que fuera destinada a las actividades eclesiásticas metodistas del sur. Adquirió la capilla de San Andrés, que formó parte del Convento Capuchino, y lugar donde fue “depositado el cuerpo de Maximiliano de Austria una vez traído de Querétaro, antes de embarcarlo para Europa”.24 El 27 de febrero de 1873 informaba los detalles de la operación:

Ayer pagué en efectivo y firmé los documentos para comprar la capilla [de San Andrés], con lo que ésta se constituye en el primer baluarte de la Iglesia Metodista Episcopal del Sur en el corazón de México. Tiene toda la apariencia de un Gibraltar cubierto de ceniza; acanterado y gótico que puede convertirse en un santuario para los tiempos de prueba […] Está situado en una esquina en la sección soleada de la calle […] Su costo real es lo doble de lo que pagué por la capilla y el lote adyacente juntos […] El terreno tiene paredes por los cuatro lados. Tan altos como la capilla, de modo que con una inversión mínima se techa, se pone piso y se anexa al santuario. La superficie total es de 55 por 66 varas [46 por 55 metros]. Desde que fue confiscada la propiedad ha estado a prueba. Su belleza se opacó un tanto, aunque conserva el mérito arquitectónico […] Ahora tendrá que repararse, se pintarán las paredes, se le pondrá piso nuevo, se arreglará el altar y se pondrá un púlpito adecuado. Todo de acuerdo con la fe de quienes vengan allí a adorar y a escuchar. Ahora sólo se necesita un predicador.25

La capilla estaba en la conocida como puerta falsa de San Andrés y el callejón de 1857. Hoy en ese lugar confluyen la calle de Donceles, Xicoténcatl y la cerrada del 57. San Andrés sirvió como lugar de reuniones tanto para la misión de la Iglesia Metodista Episcopal del Sur, la de Keener y Sóstenes Juárez, como de la Iglesia Metodista Episcopal, la de los obispos Gilbert Haven y William Butler, hasta que esta última tuvo su propio lugar, a partir del 25 de diciembre de 1873, para la realización de sus servicios en Gante número 5.

Tras un rápido acondicionamiento en la capilla de San Andrés iniciaron cultos metodistas el 30 de marzo de 1873. En el acto participaron líderes y feligresía de las dos denominaciones, las que después tendrían en el lugar servicios dominicales matutinos para los de la Iglesia Metodista Episcopal del Sur, y vespertinos para los de la Iglesia Metodista Episcopal.26

En 1912 el presidente Francisco I. Madero inauguró el Palacio de Comunicaciones, construido en donde estuvo la mayor parte del conjunto de San Andrés. El edificio es desde 1982 el Museo Naconal de Arte.

Poco antes de salir del país, el obispo Keener escribió (28 de marzo de 1873) algunas de sus impresiones acerca de los pobladores de la capital e hizo una comparación de la misma con urbes estadounidenses: “Me hallo a mí mismo, al abandonar esta tierra y gente, con ideas inmensamente corregidas y diferentes de aquellas con las que llegué”. Al adentrarse en el país imaginaba que “la gente sería ruda, pendenciera, mitad negra, turbulenta, incapaz de desarrollarse excepto lo más rudimentario a menos que fuera ayudada por medio de un proceso cristiano, y que el territorio estaría envuelto en incesantes revoluciones”.27

Al salir estimó que “en cuanto a la gente, 7 de cada diez personas tienen sangre indígena, uno de cada diez son de pura sangre española y no encontré un solo mulato o negro en la capital a no ser dos sirvientes importados por el cónsul americano, ni tampoco en el camino, excepto unos pocos en el puerto de Veracruz”. Y sobre la ciudad de México observaba que “en cuanto a capacidad y civilización, las cuales en muchos aspectos son altamente valoradas, esta gente puede sobrepasar a Boston en música, a Filadelfia en librerías y a Nueva York en bellas artes. Me duelo decirlo, pero es la verdad”.28

Al dejar el país, John C. Keener confió la obra en Sóstenes Juárez, pero unos meses más tarde enviaría para que estuviese al frente del trabajo a un personaje que había conocido en diciembre de 1872 en la Conferencia Anual del Oeste de Texas, y de quien líderes metodistas norteamericanos daban muy buenas referencias.

La persona recomendada fue Alejo Hernández, liberal que se enlistó en las filas combatientes contra la Intervención Francesa y el Imperio de Maximiliano de Habsburgo. Tras ser encarcelado por su oposición a la invasión extranjera, iniciar la lectura de literatura protestante durante su cautiverio y salir de este, Alejo Hernández viajó a Estados Unidos. En Brownsville, Texas, leyó la Biblia y tuvo nexos con una Iglesia presbiteriana. Ya converso al cristianismo evangélico, Hernández regresó a México por poco tiempo. De nueva cuenta volvió a Texas, y en Corpus Christi comenzó a congregarse en una Iglesia metodista.29

En 1871 la Conferencia Anual del Oeste de Texas, de la Iglesia Metodista Episcopal del Sur, ordenó diácono a Hernández. Después fue nombrado pastor asociado para ministrar en Laredo. Al año siguiente recibió la encomienda de ampliar sus trabajos entre la población texana de habla española. En la Conferencia eclesiástica metodista del oriente texano de 1872, Alejo Hernández conoció al obispo John C. Keener, quien estaba ultimando detalles para viajar a México.

Comisionado por Keener, Alejó Hernández se hizo cargo de la capilla de San Andrés a partir del 29 de junio de 1873.30 El pastor Hernández predicó en el cuarto (28 de diciembre de 1873) de los seis servicios especiales que con motivo de la apertura del templo metodista la Santísima Trinidad se realizaron a partir del 25 de diciembre de aquel año.31 En un nuevo viaje a México el obispo John C. Keener, de cuyo arribo dio noticia el periódico en francés editado en la capital,32 ordenó presbítero a Alejo Hernández el domingo 8 de febrero de 1874, en un servicio programado para iniciar a las tres de la tarde.33 Acerca de otro culto dominical, realizado una semana después de la ordenación de Hernández, Keener escribió que:

Esta tarde celebramos la Cena del Señor en la Capilla de San Andrés. Había presentes una buena compañía de mexicanos y personas de habla inglesa. El hermano [Alejo] Hernández predicó un sermón basado en Marcos [14:24]: “Esta es la copa del nuevo pacto en mi sangre”. Todos los ministros de las diferentes misiones (de la ciudad) estuvieron presentes. El señor Parkes, el señor Carter, el doctor Cooper, el doctor Butler, el hermano Daves, el hermano [Sóstenes] Juárez y el obispo Simpson se acercaron a la mesa. Yo consagré los elementos en inglés. Fueron administrados en español y la oración final fue en español, así como la alabanza congregacional. Muchos de los mexicanos se arrodillaron muy devotos en el altar y recibieron los sacramentos con mucha emoción, fue una ocasión quieta y bonita. Yo estaba gozoso de ver a los protestantes puestos de pie uno junto a otro en unidad […] Ellos están haciendo una buena obra, tienen largas audiencias para gente pobre, yo creo, la más pobre que haya visto en una iglesia en cualquier país.34

Alejo Hernández era el pastor de la capilla de San Andrés y Joel T. Daves el superintendente de la misión en México de la Iglesia Metodista Episcopal de Sur.35 Daves también apoyaba a las congregaciones de habla inglesa, como la que se reunía en el número 12 de San Juan de Letrán.36 Entre tanto Sóstenes Juárez continuaba colaborando para fortalecer la obra de los metodistas del sur, facilitando contacto con la red que lideraba desde los tiempos de la Sociedad Evangélica primero domiciliada en San José el Real 21, y después en el callejón de Betlemitas.

En el verano de 1874, solamente seis meses después de haber sido ordenado presbítero, Alejo Hernández tuvo un ataque de parálisis. Salió del país hacia Texas, donde murió el 27 de septiembre de 1875, “sus restos descansan en el cementerio de Corpus Christi”.37 A la salida de Hernández se hicieron cargo de las responsabilidades pastorales el misionero Joel T. Daves y Sóstenes Juárez.

En junio de 1874 surgió un punto a dirimir entre líderes protestantes mexicanos y los representantes de las misiones extranjeras. “Sóstenes Juárez y sus colegas decidieron formar una junta para ejercer control general sobre los intereses de las misiones”. Su objetivo “era proteger a los predicadores mexicanos de sus empleadores, de tal manera que éstos no pudieran seleccionar ni despedir a nadie sin antes presentar el caso a la junta, que sería la que decidiera en última instancia”.38 Por lo menos hubo una reunión para tratar el asunto:

Los misioneros William Butler [metodista episcopal], James [Joel] T. Daves [metodista episcopal del sur] y Merril N. Hutchinson [presbiteriano], encargados de las tres sociedades misioneras con sede en la ciudad de México, se presentaron puntualmente cuando fueron convocados por la junta encabezada por Sóstenes Juárez […] No obstante, Daves y Hutchinson, atemorizados por la confrontación, dejaron que Butler, que había adquirido una larga experiencia [misionera] en la India, dirigiera el debate. Éste contraatacó duramente el proyecto, subrayando que, a su juicio, era absurdo e impracticable desde el punto de vista de los intereses particulares de cada empresa misionera, ya que, por ser independientes unas de las otras, se encontraban en imposibilidad de aceptar el que cualquier institución decidiera por todas ellas. Al parecer, Juárez y sus colegas no tuvieron respuesta para oponerla al argumento y, así, propusieron sustituir la junta por una reunión periódica de todos en la que se buscara la edificación mutua.39

El obispo Butler, cita Bastian, consideró que con su intervención puso fin “al intento de [Sóstenes] Juárez de habilitarse como arzobispo de las misiones evangélicas en México”. Es oportuno señalar que hubo otros líderes protestantes mexicanos que manifestaron incomodidad con algunos pareceres de los misioneros. Fue el caso de Benjamín Pascal, ministro de la Iglesia de Jesús, quien señaló a Joel T. Daves desatinos en carta remitida al Christian Advocate y reproducida en parte en La Voz de México.40

En la misiva mencionada, Daves alegó que porciones y expresiones de su escrito fueron mal interpretadas, al reproducirlas fuera del contexto general de lo expresado por él.41 Por su parte Pascal arguyó que al hacer las aclaraciones, “debo decirle que no trato de elevarme a mí mismo y a lo que llama mi partido, porque no tengo pretensiones de ninguna clase ni existe antagonismo alguno entre nosotros, puesto que somos hermanos en una misma religión; también le diré que debí rechazar sus apreciaciones, porque tendían nada menos que a poner en duda nuestra sinceridad como protestantes, y nuestra dignidad como mexicanos”.42

Sóstenes Juárez combinaba labores eclesiásticas con las de su profesión como educador. Decidió darle más tiempo a las primeras, ya que problemas físicos le impedían continuar con ambas tareas. En junio de 1875 la Sociedad Lancasteriana le concedió una licencia de seis meses como director de su biblioteca, “con objeto de atender a su quebrantada salud”.43

Es importante aquilatar el peso educativo y cultural que tenía en México la Sociedad Lancasteriana en el tiempo que Sóstenes Juárez fungía como bibliotecario de la institución. La sede del organismo estuvo en una parte del ex convento de Betlemitas.44 Este ocupaba un área actualmente delimitada por las calles Cinco de Mayo, Filomeno Mata, Tacuba y Bolivar, en el Centro Histórico de la capital mexicana.

La extensa propiedad tuvo distintos usos después del decreto de las Cortes Españolas de 1820, cuando la orden de los Betemitas fue suprimida, “en 1829 sirvió el edificio de Escuela Militar, y hasta el 13 de febrero de 1861 de convento de monjas de la Enseñanza Nueva. El 9 de marzo del mismo año, se destinó una parte a escuela modelo de primeras letras y otra para la Compañía Lancasteriana”.45

Los logros del método lancasteriano de enseñanza fueron reconocidos de tal manera, que “veinte años después de su fundación, en 1842, el gobierno nacional entregó a la Compañía Lancasteriana la dirección de instrucción primaria de toda la República Mexicana”.46 El organismo tuvo la responsabilidad de enseñar las primeras letras y operaciones aritméticas a varias generaciones de estudiantes del país.47

Tras el triunfo de los liberales sobre el Imperio de Maximiliano, Benito Juárez entró victorioso a la ciudad de México, el 15 de julio de 1867, aquellos se dieron a la tarea de construir instituciones que reflejasen sus anhelos de transformar radicalmente al país. Una de sus prioridades estuvo en el terreno educativo, y pocos meses después, el 2 de diciembre, fue promulgada “la ley orgánica de Instrucción Pública”.48 Al iniciar el gobierno el plan de tomar en sus manos los distintos niveles escolares, los planteles lancasterianos comenzaron a declinar.

Todavía en 1870 la ceremonia de premiación a los estudiantes de las escuelas lancasterianas en la ciudad de México tuvo repercusión en la prensa. Ignacio Manuel Altamirano, él mismo integrante de la Sociedad Lancasteriana, reseñó lo que llamó “magnífico acto”, que se realizó en el Gran Teatro Nacional.49 Este fue construido en terrenos que fueron del convento y hospital de Betlemitas, y “se colocó la primera piedra el 18 de febrero de 1842”.50

La Biblioteca Popular del Cinco de Mayo, localizada en “la iglesia” del ex convento,51 en el callejón de Betlemitas número 7 (como la ubicaba todavía en 1883 un plano comercial),52 y patrocinada por la Sociedad Lancasteriana, conformó su acervó con varias donaciones, entre ellas “cien cajones de libros” duplicados procedentes de la Biblioteca Nacional.53 La Biblioteca Popular fue inaugurada el 16 de septiembre de 1870 por el presidente Benito Juárez, “a las cuatro de la tarde”.54 Daba servicio en días hábiles, “hasta las diez de la noche. El local está alumbrado con gas hidrógeno”.55

Un editorial periodístico describía la Biblioteca Popular como “excelente establecimiento […] un local amplio y gozando de buena luz, se presta de una manera satisfactoria a llenar su objeto. Vimos a varios ciudadanos ocupados en leer y aprovechando ya la proporción de instruirse que les suministra esta nueva biblioteca”.56

En la también conocida como Biblioteca del Cinco de Mayo tenían lugar otras actividades además del fomento a la lectura. Un ciclo de conferencias muy concurrido fue el de Historia política de México, en el que se anunciaba Ignacio Ramírez tendría a su cargo el “período comprendido desde antes de la Conquista hasta 1810. El señor [Ignacio Manuel] Altamirano desde la guerra de Independencia hasta 1853, y de la guerra de la Intervención y presidencia del señor [Benito] Juárez. Al señor Guillermo Prieto le toca el período que comprende la revolución de Ayutla y la guerra de Reforma, desde 1853 hasta 1861”.57 En cuanto a número de personas que usaban sus instalaciones, la Biblioteca Popular recibió en mayo de 1873 a 6 mil 356 visitantes que consultaron su catálogo y libros.58

La Sociedad Lancasteriana quedó disuelta en 1890, por decreto del presidente Porfirio Díaz.59 La Biblioteca Popular fue cerrada, “trasladándose los libros a la Biblioteca Nacional”.60 La dirección de la institución que tan efectivamente proveyó acceso bibliográfico a un gran número de lectores estuvo en sus primeros años, los de mayor esplendor, bajo la dirección de Sóstenes Juárez. Él dejó la Biblioteca del Cinco de Mayo, como se ha visto, en junio de 1875 para dedicarse de lleno a los trabajos de la Iglesia Metodista Episcopal del Sur.

En el tiempo de Joel T. Daves como superintendente de la misión fue remozada la ex capilla de San Andrés, y se hizo una nueva dedicación del lugar el 22 de agosto de 1875.61 Asistieron al acto 400 personas, mexicanas en su gran mayoría. Un buen grupo de asistentes debió quedarse fuera del recinto porque ya no había cupo dentro. El sermón fue predicado por Santiago Pascoe, “quien fue asistido en el servicio por el reverendo Sóstenes Juárez y el reverendo [José Elías] Mota”.62 La dedicación de la renovada capilla la realizó el pastor Joel T. Daves, que “predicó su primer sermón en español”.63 Sóstenes Juárez y J. E. Mota quedaron nombrados como pastores de la capilla, a la que desde entonces se le llamó El Mesías.64 Otra versión sostiene que fue tres años después cuando le pusieron al templo el nombre antes citado.65 El misionero Joel T. Daves debió regresar con todo y familia a Estados Unidos a finales de 1875, “porque en especial su esposa no pudo adaptarse a las condiciones climáticas del Valle de Anáhuac”.66

El obispo John C. Keener visitó por tercera ocasión la capital del país en febrero de 1876.67 Los pastores de la capilla de San Andrés/templo El Mesías, Sóstenes Juárez y Elías Mota informaron a Keener sobre el estado de la obra: “70 miembros, 30 discípulos en la Escuela Dominical y 65 educandos en las dos escuelas de niños y niñas establecidas en la ciudad de México”.68

Sin tener superintendente general propio, la supervisión de los trabajos de la Iglesia Metodista Episcopal del Sur quedó provisionalmente en manos del obispo William Butler, de la Iglesia Metodista Episcopal. Sóstenes Juárez continuó su pastorado en condiciones difíciles, y los resultados que de la obra había presentado en febrero de 1876 se modificaron dos años después.

La Iglesia Metodista Episcopal del Sur envió a un nuevo superintendente general, “el reverendo William M. Patterson, de la Conferencia de Memphis, arribó a la capital con su esposa y tres niñitas el siete de febrero de 1878”.69 Las “revoluciones políticas que azotaban al país, el fanatismo y la escasez de elementos dispuestos para el servicio mermaron seriamente a la obra durante esos veinticinco meses [sin superintendente propio]. De los halagüeños datos reportados en 1876 [por Sóstenes Juárez y José Elías Mota], sólo quedaban: siete miembros, dos ministros mexicanos (los antes mencionados) y las dos escuelas con muy poca población”.70

Por la reorganización de la misión Metodista Episcopal del Sur, Sóstenes Juárez fue enviado a León, Guanajuato; Elías Mota a Cuernavaca, Morelos, y quedó Francisco Escobar y Villegas como pastor en la ciudad de México. El primero de enero de 1879 vio la luz la publicación oficial creada por Patterson, El Evangelista Mexicano.71

A Sóstenes Juárez se debe la fundación o consolidación de congregaciones protestantes en diversos lugares del país. Por casi tres décadas —desde sus años de liderazgo en San José el Real, el traslado del grupo al callejón de Betlemitas y su vinculación con la Iglesia Metodista Episcopal del Sur a partir de enero de 1873 y hasta mayo de 1891— Sóstenes Juárez fue un personaje central para los inicios del cristianismo evangélico en, por ejemplo, la capital del país y distintas poblaciones del estado de México, Morelos, Puebla, Guanajuato y Aguascalientes.72 Su deceso tuvo lugar el 25 de mayo de 1891, en Aguascalientes, donde era pastor.73

Arcadio Morales, quien conoció a Sóstenes Juárez el 26 de enero de 1869 (la noche que aquel consideró la de su conversión), como líder de la Sociedad Evangélica de San José del Real, escribió una semblanza sobre su compañero de labores. En ella precisó información acerca de Juárez y su importancia como pionero del protestantismo mexicano. En la parte final quiso “hacer constar tres cosas”:

1ª. Que los primeros años que [Sóstenes Juárez] trabajó en plantar en México el culto evangélico, no percibía ninguna remuneración, se sostenía de su trabajo, aunque muy pobre, pero con suma honradez. 2ª. Que la piedad cristiana del señor Juárez se fue evidenciando más y más, a medida que se acercaba el final de su carrera, perdiéndose enteramente en él aquellos arranques de incredulidad que algunas veces nos disgustaron. 3ª. Que Juárez fue fiel hasta el fin, según dicen los testigos oculares de sus últimos momentos, y descendió al sepulcro en los brazos de Jesús, el único Salvador que por tantos años había predicado. La muerte sólo pudo bajarlo del púlpito para sentarlo en el lugar que Cristo le había ido a preparar diez y nueve siglos antes, y allí esperamos encontrarlo cuando entremos a la Jerusalén celestial.74

La capilla de San Andrés fue templo de la Iglesia Metodista del Sur de 1873 a 1899, año en que debió abandonar la antigua construcción debido a los planes urbanísticos modernizadores del régimen presidencial de Porfirio Díaz. La capilla era parte de un gran conjunto que incluía el Hospital de San Andrés, sobre la calle del mismo nombre (hoy Tacuba) y frente al majestuoso Palacio de Minería. El conjunto aludido “se ubicaba en el ángulo noreste de la capital […] tenía como límites: las calles de San Andrés (Tacuba), tercera del Factor (Allende), Puerta Falsa de San Andrés (Donceles) y Puente de la Mariscala (Aquiles Serdán)”.75

Cuando en febrero 1872 quedó cercenado el conjunto de San Andrés, el escritor Juan A. Mateos celebró que hubiese tenido lugar “la ceremonia patriótica que inauguró la apertura de la calle donde se levantaba la iglesia de San Andrés”.76 Un año después la nueva arteria cambia su nombre al de Xicoténcatl (que hasta el día de hoy mantiene), “en honor de Felipe Santiago Xicoténcatl, teniente del batallón de San Blas que defendió Chapultepec y falleció en la falda de dicho cerro protegiendo la bandera mexicana en el ataque norteamericano”.77 De un lado de Xicoténcatl quedó el edificio que años después fue sede de la Cámara de Senadores (de 1931 al 2011), del otro los restos del conjunto de San Andrés que paulatinamente iba decayendo.

El Hospital de San Andrés fue demolido en 1902, en pleno auge de la dictadura de Porfirio Díaz, para levantar en su lugar el Palacio de Comunicaciones y Obras Públicas, inaugurado el 25 de mayo de 1912 por el presidente Francisco I. Madero.78 La Iglesia Metodista El Mesías tuvo que cambiarse en 1899 de la que fuera capilla de San Andrés a una sección del Convento de San Diego, ubicado en la calle del mismo nombre (que hoy es José María Luis Mora), donde permaneció cerca de dos años.79 La Iglesia El Mesías inauguró su templo en el número 47 de Balderas el 11 de febrero de 1901, lugar en el que se encuentra en la actualidad.


Notas

1 El Monitor Republicano, 9/X/1869, p. 2; The Two Republics, 16/X/1869, p. 3.

2 La Iberia, 12/X/1869, p. 3.

3 Juan N. Enríquez Orestes, Juicio sobre la carta y conversión del P. Aguas, Imprenta F. Díaz y Santiago White, México, 1871, p. 21.

4 El Monitor Republicano, 22/IV/1870, p. 3.

5 La Voz de México, 30/IV/1870, p. 2.

6 Ídem.

7 El Siglo Diez y Nueve, 10/VII/1870, p. 1.

8 El Monitor Republicano, 22/VIII/1872, p. 3.

9 El Monitor Republicano, 22/X/1872, p. 3, Arcadio Morales, “Memorias”, El Faro, 15/VI/1947, reproducidas en Alberto Rosales Pérez, op. cit., p. 36.

10 Carlos Suárez Ruiz (coordinador), Libro histórico de la Iglesia Metodista “El Mesías”, conmemoración del centenario de su templo actual, Iglesia Metodista de México-Ediciones y Gráficos Eón, México, 2003, p. 19.

11 El Faro, 15/I/1899, p. 9.

12 El Siglo XIX, 25/VII/1873, p. 4.

13 Gustavo A. Velasco, op. cit., pp. 43-44.

14 Carlos Suárez Ruiz, op. cit., p. 18.

15 Ídem.

16 Gustavo A. Velasco, op. cit., p. 37; Gilbert Haven, Our Next-Door Neighbor: A Winter in Mexico, New York, Nelson and Phillips, 1875, p. 89.

17 The Two Republics, 4/I/1873, p. 1.

18 The Two Republics, 1/II/1873, p. 3.

19 La Estrella de Belén, 8/IV/1870, p. 6.

20 The Two Republics, 1/II/1873, p. 3.

21 La Iberia, 1/I/1875, p. 3.

22 http://www.davidrumsey.com/luna/servlet/detail/RUMSEY~8~1~3380~330033:Plano-del-perimetro-central,-direct#

23 El Diario del Hogar, 13/I/1888, p. 3.

24 Gustavo A. Velasco, op. cit., p. 54.

25 Carlos Suárez Ruiz, op. cit., pp. 20-21.

26 Ibíd., p. 21

27 The Two Republics, 24/V/1873, p. 1.

28 Ídem.

29 Gustavo A. Velasco, op. cit., pp. 51-54.

30 Ibíd., p. 53; Carlos Suárez Ruiz, op. cit., p. 21.

31 El Siglo XIX, 21/XII/1873, p. 4 y 29/XII/1873, p. 4.

32 Le Trait d’Union, 27/I/1874, p. 2. En la edición del 22 de febrero de 1874, p. 3, La Voz de México notificó la salida del país por parte de Keener.

33 The Two Republics, 8/II/1874, p. 3.

34 Carlos Suárez Ruiz, op. cit., p. 22.

35 El Monitor Republicano, 3/VI/1874, p. 3.

36 The Two Republics, 12/IV/1874, p. 3.

37 Gustavo A. Velasco, op. cit., p. 54.

38 Jean-Pierre Bastian, op. cit., p. 59.

39 Ibíd.

40 La Voz de México, 24/V/1874, p. 3.

41El Monitor Republicano, 3/VI/1874, p. 3.

42 El Monitor Republicano, 6/VI/1874, p. 3.

43 El Siglo Diez y Nueve, 8/VII/1875, p. 3.

44 El Águila Mexicana, 19/VIII/1825, p. 2.

45 Luis González Obregón, México viejo, época colonial. Noticias históricas, tradiciones, leyendas y costumbres, Alianza Editorial, México, 1992, p. 375.

46 Dorothy T. Estrada, op. cit., p. 50.

47 María Isabel Vega Muytoy, “La cartilla lancasterianas”, Tiempo de educar, vol. 1, núm. 2, julio-diciembre 1999, pp. 166-167.

48 Josefina Zoraida Vázquez, “La República Restaurada y la educación, un intento de victoria definitiva”, en Josefina Zoraida Vázquez (Introducción y selección), La educación en la historia de México. Lecturas de Historia Mexicana, núm. 7, El Colegio de México, México, 1992, p. 95.

49 El Siglo XIX, 30/I/1870, p. 1.

50 Clementina Díaz y de Ovando, op. cit., p. 9.

51 Luis González Obregón, op. cit., p. 375.

52 http://www.davidrumsey.com/luna/servlet/detail/RUMSEY~8~1~3380~330033:Plano-del-perimetro-central,-direct#

53 El Ferrocarril, 13/IX/1870, p. 3.

54 La Iberia, 16/IX/1870, p. 3.

55 La Voz de México, 8/X/1870, p. 3; El Ferrocarril, 1/XI/1870, p. 3.56 El Ferrocarril, 1/XI/1870, p. 1.

57 La Iberia, 1/III/1871, p. 3.

58 El Siglo XIX, 20/VI/1873, p. 3.

59 http://www.quadernsdigitals.net/datos_web/hemeroteca/r_47/nr_526/a_7343/7343.html

60 Luis González Obregón, op. cit., p. 375.

61 El Monitor Republicano, 21/VIII/1875, p. 4.

62 The Two Republics, 1/IX/1875, p. 3.

63 Ibíd.

64 The Two Republics, 8/IX/1875, p. 3; Carlos Suárez Ruiz, op. cit., p. 22.

65 Carlos Suárez Ruiz, op. cit., pp. 22-23.

66 Carlos Suárez Ruiz, op. cit., p. 23.

67 El Monitor Republicano, 23/VI/1876, p. 2.

68 Carlos Suárez Ruiz, op. cit., p. 23.

69 Ibíd., p. 24.

70 Ibíd.

71 Ibíd.

72 El Faro, 1/XI/1893, p. 166; El Abogado Cristiano Ilustrado, 1/VI/1887, p. 87.

73 El Faro, 1/VII/1891, p. 104; Carlos Suárez Ruiz, op. cit., p. 27.

74 Arcadio Morales, “Datos para la historia”, El Faro, 1/XI/1893, p. 166.

75 Felipe Villela Dïaz, “Los templos de la Congregación El Mesías, 1873-2001”, en Carlos Suárez Ruiz, op. cit., p. 115.

76 El Monitor Republicano, 15/II/1872, p. 1.

77 Verónica Zárate Toscano, “La patria en las paredes o los nombres de las calles en la conformación de la memoria de la ciudad de México en el siglo XIX”, Nuevo Mundo Mundos Nuevos, materiales de seminarios, 2005. p. 10.

78 http://culturacolectiva.com/historia-del-museo-nacional-de-arte/

79 FelipeVillela Díaz, op. cit., pp. 121-122.

http://protestantedigital.com/magacin/38357/Nucleos_protestantes_en_el_centro_historico_de_la_ciudad_de_Mexico_18611873_I

http://protestantedigital.com/magacin/38417/Nucleos_protestantes_en_el_centro_historico_de_la_ciudad_de_Mexico_18611873_II

http://protestantedigital.com/magacin/38474/Nucleos_protestantes_en_el_centro_historico_de_la_ciudad_de_Mexico_18611873_III

Historia

Notas biográficas con motivo del 95 aniversario del fallecimiento del Doctor Ciro Ingerson Scofield (*) 1843 – 1921

Por Wayne Gute

Sin menospreciar el valioso trabajo de los editores consultivos, quienes ayudaron grandemente en la producción de la Biblia Anotada de Scofield, es necesario reconocer que ésta edición de Las Escrituras, es en su esencia Palabra de un solo hombre. Entonces para entender sus elementos distintivos, inclusive su sistema de interpretación que ha contribuido a su influencia tan marcada en los círculos evangélicos, se hace necesario conocer algo del hombre cuyo nombre ésta Biblia lleva.

Ciro I. Scofield
Ciro I. Scofield

Ciro Ingerson Scofield, nació el 19 de agosto del año de 1843, en el Condado de Lénawee, Estado de Michigan, en los Estados Unidos (y falleció el 24 julio 1921).   Sus padres eran miembros piadosos de la Iglesia Episcopal Protestante. Su mamá, falleció después del nacimiento de Ciro y como consecuencia del parto; pero antes de su muerte, y con el infante en sus brazos, ella oró al Señor rogándole hacer de su niño un ministro del Señor Jesu-Cristo. El papá amonestó a sus cuatro hijas a no decirle nada a Ciro, acerca de la oración de su mamá, para que él no entrara al Ministerio impresionado por ese hecho. Después de que Ciro había entrado al Ministerio de la Palabra de Dios, sí se lo contaron.

Ciro era niño todavía al trasladarse su familia al norte de los Estados Unidos, de su estado natal, Michigan, al Estado de Tennessee, sur de la misma República. Al estallar la guerra entre los estados, Scofield, tenía 17 años cumplidos. Se enroló en el ejército de los Estados de la Confederación y durante todo el servicio militar, Scofield, se destacó por su valentía. Por su valor demostrado en las batallas de Antietam, fue condecorado con la Cruz de Honor, por los Estados Confederados.

Después de su servicio en el ejército, Ciro Scofield se dedicó al estudio del Derecho, en la Ciudad de San Luis Missouri. Al terminar sus estudios se recibió de Abogado en el Estado vecino de Kansas. Después de servir un período de dos años como Diputado ante el Cuerpo Legislativo de Kansas, el presidente de la República, Ulisses S. Grant, le nombró fiscal del mismo Estado.

Estuvo dos años de Fiscal del Estado de Kansas. Entonces renunció a dicho puesto y volvió nuevamente a San Luis, para dedicarse al ejercicio de su profesión de Abogado, y a la política. En aquel entonces no era cristiano. Además de esto, era muy dado a las bebidas alcohólicas. Pero un amigo, el Sr. Tomás Mc Pheeters, hijo de un Pastor Presbiteriano y hombre de negocios, procuró ganarlo para Cristo. Pero Scofield se detuvo mucho. Un día, el Sr. Mc Pheeters, vino al despacho de Scofield para consultarle respecto de un asunto legal. Encontró a Scofield a solas y terminado el negocio, Mc Pheeters le preguntó a Scofield por qué no era cristiano. En la plática que siguió, Mc Pheeters sacó un Nuevo Testamento y leyó otra vez para su amigo ciertos grandes pasajes relacionados con el Evangelio de Cristo. El resultado fue que los dos se arrodillaron, y Scofield se convirtió a la edad de 36 años cumplidos.

Su conversión fue muy revolucionaria, o sea muy radical. El Licenciado Scofield, quien ni tuvo el menor interés en la Biblia; ahora se dedicó de lleno al estudio de las Escrituras y a la Obra Cristiana. En e plan divino llegó a conocer al Dr. James H. Brookes, Pastor de una de las grandes Iglesias Presbiterianas de San Luis. El Dr. Brooks era reconocido como el más destacado de los expositores de La Biblia de aquel entonces, y bajo la dirección de tal maestro, Scofield inició su estudio de La Biblia. Al mismo tiempo dedicó algo de su tiempo a una obra evangelística y pastoral entre los hombres trabajadores en las líneas ferroviarias de San Luis. Ese trabajo fue coronado de éxito. El Superintendente de las Misiones Nacionales de las Iglesias Congregacionales, lo invitó a tomar el Pastorado de una nueva Iglesia Congregacional en la Ciudad de Dallas, Texas.

Scofield1Así fue que en el año de 1882 Scofield se trasladó a Dallas, donde empezó a pastorear la Primera Iglesia Congregacional, la cual fue un pequeño grupo de doce miembros, once mujeres y un solo hombre.

Desde el principio de su ministerio en Dallas, el Dr. Scofield, hizo énfasis en el evangelismo y en la enseñanza de la Palabra de Dios. Como resultado de haber hincapié en esos dos aspectos, la membresía de su iglesia creció tanto en el conocimiento del Señor, como también en número. En el año de 1895, trece años después de su llegada, la membresía ya no era solamente de doce miembros, como en principio, sino de más de 550 miembros.

Durante su primer pastorado, el Dr. Scofield escribió el libro titulado “Trazando bien la Palabra de Verdad”. Lo que mandó a publicar en el año 1888. Este estudio breve, tuvo su origen en los estudios bíblicos semanales que el autor desarrolló en su Iglesia. Este libro es notable, no solamente porque contiene en forma concisa interpretaciones que más tarde fueron incorporadas en la Biblia Anotada.

Fue durante esa misma época, cuando el Dr. Scofield, empezó a preparar un “Curso por Correspondencia” para el estudio de toda la Biblia. Centenares de personas en todas partes del mundo, han estudiado ese curso. Por muchos años el Instituto Bíblico Moody, ha sido el responsable de la promoción y asesoría de ese Curso.

Fue también durante la primera estancia de Scofield en Dallas, cuando llegó a entender la gran necesidad espiritual de los países de América Central. Hizo varias investigaciones y comprendió que ninguna denominación Protestante y Evangélica tuvo planes para abrir obra en aquellos pequeños países, cuyos pueblos se encuentran esclavizados en cuanto a su religión bajo el espantoso yugo de la Iglesia de Roma.

Una pasión por las almas perdidas nació en el corazón de Scofield como resultado de su estudio y aplicación de la Biblia. Su corazón se inclinó a Centroamérica, porque el corazón de su Padre Celestial, se inclinó también a esa dirección. Y el Señor halló en Ciro I. Scofield, el instrumento humano para fundar una Misión Interdenominacional con la meta de predicar el evangelio en toda Centroamérica y establecer Iglesias Independientes en todos aquellos países. Fue así como en el año de 1890, se organizó en la Ciudad de Dallas, Texas, la Misión Centroamericana, que ahora tiene obra en las cinco Repúblicas del Istmo y en los países vecinos de México y Panamá.

hist.biblia scofieldPoco después de su conversión Scofield tuvo el privilegio de conocer a Dwight L. Moody, quien había venido a la Ciudad de San Luis Missouri, con el fin de llevar a cabo una campaña evangelística. Durante su pastorado en Dallas, Scofield, invitó a Moody para una campaña evangelística en aquella ciudad. Además de predicar el evangelio en Dallas, Moody tuvo la oportunidad de observar la vida y ministerio de Ciro Scofield. Y Moody vio en ese ex abogado, las cualidades extraordinarias que el Señor le había concedido. Entonces Moody invitó a Scofield a dar conferencias en el famoso Centro Bíblico de Northfield, Massachuset. Y no solamente eso, sino que, por insistencia de Moody, Scofield reununció del Pastorado en Dallas, para llegar a ser el Pastor de la Iglesia Congregacional de East Northfield, Massachuset. Esa fue la iglesia donde asistía el mismo Moody. También fue esa la Iglesia a la cual asistían los estudiantes de las Escuelas Bíblicas de Northfield y Monte Hermón. El Pastorado de esa Iglesia llevó consigo la Presidencia de la Escuela de Entrenamiento Bíblico de Northfield.

Scofield permaneció en Northfield por siete años y durante ese tiempo logró terminar el “Curso Bíblico por Correspondencia” que lleva su nombre. Su ministerio como expositor de la Biblia le llevó a muchas partes de la República.

En el año de 1902, Scofield, regresó a Dallas, volviendo al Pastorado de la Primera Iglesia Congregacional. Solamente sirvió un año de Pastor activo en dicha Iglesia antes de renunciar al Pastorado, para dedicar todo su tiempo a la preparación de las notas que se encuentran en la Biblia Anotada que lleva su nombre.

(*) Nota del compilador:

Estas notas corresponden a una copia manuscrita que tenía en mi archivo desde hace muchos años y del cual no recuerdo su procedencia. Se publican con motivo del 95 Aniversario de su fallecimiento en este año.

Scofield fue abogado, teólogo, pastor y escritor que logró una gran venta de la Biblia Anotada. Cuando su Biblia de Referencia fue publicada en 1909, rápidamente se hizo la declaración más influyente de premilenialismo dispensacional, y la popularidad de Scofield como conferencista Biblico aumentó a medida que su salud siguió disminuyendo.

Investigando en internet el nombre del autor de estas notas, Wayne Gute, nos enteramos que él y su esposa trabajaron muchos años con la Misión Internacional Centro Americana en Guatemala, entre los indígenas maya en el norte del país. Hace años estaba jubilado y vivía en los Estados Unidos.

donato

Reseña IMMAR Amishadai

amish

Monclova, Coahuila 29 de noviembre de 2015.

Todo comenzó así: En el año de 1987, Dios dispuso en el corazón de la familia Riojas Amador ceder el bien de un terreno a la Iglesia Metodista de México. Tal donación venía acompañada de una solicitud indispensable de nuestros hermanos: que se construyera un templo en donde se glorificara a Dios.

En el primer periodo de tiempo, el terreno fue utilizado para diversos negocios. Fue levantado provisionalmente un pequeño cuarto para usarse como miscelánea para venderse productos a los estudiantes. Posteriormente, este periodo de negocios cerró.

Ya donado el terreno y pasados un par de años, un grupo de hermanos de la Fraternidad de Hombres Metodistas de la iglesia “El Buen Pastor” de esta misma ciudad, se dieron a la tarea de empezar a asistir cada lunes al terreno, con la finalidad de darle mantenimiento y celebrar reuniones de adoración ahí.

Fue hasta entonces, en el año 1997, cuando el pastor de dicha congregación, el Presbítero Lorenzo Reséndiz, abraza el reto de comenzar aquí una misión de predicar el evangelio. Entendemos que Dios dispuso esto en su corazón. En sus inicios, familias de la iglesia El Buen Pastor apoyarían esta ardua labor y al mismo tiempo extenderían con esperanza la invitación a aquellos que vivían alrededor de este sector. (Aquellas familias del Buen Pastor fueron: Fam. García Campuzano, Fam. Leija Ríos, Fam. Sánchez Arechiga, Fam. Medrano Suarez y Fam. García Hernández. Se invitó también a la Fam. Riojas Amador y a la Fam. García de otra misión llamada “Príncipe de Paz”.)

Entonces, en ese mismo año, 1997, queda como encargado de la misión el pastor Daniel García Arévalo, organizando y presidiendo cultos en aquel pequeño cuarto al inicio construido. Mientras tanto, en ese mismo año el presbítero Lorenzo Reséndiz comienza a realizar gestiones y solicitudes a un grupo de hermanos norteamericanos para encontrar la posibilidad de ser apoyados materialmente en la construcción de un templo.

Dios es “Rey grande sobre toda la tierra” (Sal.47:2) pues hasta el estado de Carolina del Norte en E.U.A. fue en donde Dios dispuso en el corazón de hermanos el apoyar económicamente y laboralmente esta misión de Dios. La confirmación de esta ayuda no se tardó, sino que dio forma concreta un año después, en 1998. Así que, cuando nuestros hermanos de Carolina llegaron a este lugar, trabajaron arduamente toda una semana juntamente con el grupo de varones de la iglesia, lográndose construir un templo de madera con techo de lámina. Al mismo tiempo, las hermanas preparaban alimentos en casa de la Fam. Sánchez Arechiga para cada uno de estos varones que trabajaban en la construcción. Fue así que Dios nos proveyó ese primer templo de madera, en aquella semana de Julio de 1998, llevándose a cabo un hermoso culto en donde se consagraba el templo para glorificar a Dios. En ese culto se aseguró contar con la presencia de nuestros hermanos norteamericanos y con los miembros de la iglesia “El Buen Pastor”.

Poco tiempo después, en el mismo años de 1997, mientras se celebrada un culto al Señor juntamente con el presbítero Reséndiz, se decide ponerle al templo un nombre, “Amishadai”, que significa “Pueblo de Dios Todopoderoso”.

El tiempo transcurrió y así llegamos al año 2000, año en donde se añadieron familias y jóvenes a la congregación, entre ellos nuestro hermano Jorge Valdez, a quien Dios dispuso en su corazón el colaborar en el ministerio de la alabanza.

En el año 2002 hubo un fresco mover de nuestro Dios. Disponiendo Él en el corazón de la congregación el construir otro templo al lado del de madera siendo éste de concreto para que resistiera el paso del tiempo. Al acuerdo de este sentir unánime, se celebró un culto para dar por confirmado el compromiso de la construcción de un nuevo templo de concreto y así dar inicio a éste.

En los años alrededores del 2002 se lograron levantar los muros y cimientos del templo. Pero una vez terminados los muros y cimientos la obra de construcción lamentablemente es detenida por falta de recursos económicos.

Pasando un largo periodo de tiempo así, detenida la obra de construcción y el sentir de construir débil por falta de recursos y membresía, en el año conferencial 2012, hubo cambio de pastor, llegando a la iglesia Amishadai el pastor Samuel Jiménez.

Al principio se empezaba una vez más a promover el proyecto o la idea de reconstruir el templo. Dios una vez más dispuso esto en el corazón del pastor Samuel y en el resto de la actual congregación de ese momento. En una serie de predicaciones, un domingo compartiendo el pastor recordamos estas palabras de su predicación:

“Si Dios a través de Cristo Jesús ya nos ha rescatado del mayor riesgo, es decir, del infierno… ahora Cristo llama a Su pueblo a riesgos temporales en esta vida para el avance y propósitos de Su Reino.”

Y nos predicaba que Dios nos podía estar llamando a experimentar un riesgo por amor a Su nombre, ¿cuál riesgo? aquel de la viuda de Lucas 21. Ella de su pobreza echó todo lo que tenía para vivir. El fariseo rico no arriesgó su dinero por la causa de Dios, la viuda sí. Algunas veces Jesús quiere que Su pueblo arriesgue su dinero por la causa de Dios. Mostrar que nuestro tesoro está allá en los cielos, no en nuestros bolsillos. ¡Mostrar con nuestro dinero que Dios es más bello que la vida misma!

Llegando esa predicación a nuestros corazones, orando y movidos en fe, volvió a renacer y se volvió a abrazar una vez más el reto de proseguir con la reconstrucción del templo hasta el momento, siendo uno de los actuales coordinadores el hno. Rene Riojas. La congregación Amishadai había resuelto depositar su confianza en un Dios Soberano.

Desde este periodo hasta ahora hemos visto el inaudible y majestuoso respaldo de Dios un Dios soberano y su santa provisión de muchas maneras. Un Dios Soberano que abre y cierra puertas; un Dios Soberano que está por nosotros y no contra nosotros. Un Dios Soberano que mueve corazones y circunstancias para lograr sus propósitos para su gloria y bienestar de su pueblo. ¡Ese es nuestro Dios!

Como iglesia, todos por igual, nos propusimos en dar, trabajar para obtener fondos y orar para seguir reconstruyendo. Esto fue a través de actividades de comida por parte de las hermanas de la iglesia, en otros casos Dios dispuso en corazones el dar ofrendas especiales por parte de los congregantes de Amishadai como de personas externas.

En este mismo tiempo, cuando la iglesia abrazaba de nuevo este proyecto de reconstrucción, en Junio de 2014 la hna. Rosa Adán Contreras junto con el ingeniero Andrés Osuna nos visitaron al templo para asesorarnos y hacer un presupuesto de la loza del mismo.

Recordamos que en una de las entrevistas con el Ingeniero Osuna para expresarle nuestra gratitud por tal asesoramiento, Dios puso en el corazón del ingeniero paciencia para apoyarnos en la construcción de la loza, sabiendo él que la causa por la cual no proseguíamos con la loza era por falta de presupuesto. Se echó la loza y Dios proveyó para liquidar al tiempo asignado.

Siendo Agosto del 2014 que se terminó dicha loza, posteriormente, entrando este año 2015 los trabajos continuaron con el yeso, ventanas, protecciones, piso, alumbrado y demás.

Agradecimiento.

En esta breve reseña queremos reconocer a Dios. En todo ha estado Él. En todo ha obrado Él.

En especial agradecemos a Dios por la vida de los varones de Amishadai que han trabajado mucho. Ustedes nos han ahorrado miles y miles en mano de obra poniendo a disposición del Señor Jesucristo sus dones y talentos, como tiempo y esfuerzo. (Instalación eléctrica y aparatos, ventanas y protecciones, albañilería, por mencionar algunas.) ¡Dios les recompensará hermanos!

Gracias hermanas de la Femenil por sus oraciones.

Hoy en esta noche damos gracias a Dios porque nos permite ya estar congregados en la 1a. Etapa de la construcción de nuestro templo y así formalmente consagrarlo para dar culto y alabanza a nuestro amado Dios, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.

“Porque de Él, y por Él, y para Él, son todas las cosas. A Él sea la gloria por los siglos. Amén” (Romanos 11:36)

¡Ebenezer! Hasta aquí nos ayudó Jehová, en estos 18 años. Nuestra confianza seguirá estando en un Dios Soberano.

Azucena García Campuzano

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Historia

Referencias históricas: Culto de Renovación del Pacto

renovacion del pacto metodista

Identidad wesleyana: Culto de Renovación del Pacto

Una de las tradiciones más antiguas y distintivas de la liturgia metodista en todo el mundo es el Culto de Renovación del Pacto; un servicio especial que, por lo general, se celebra el primer domingo del año o incluso en las vigilias del 1 de enero.

Con algunas ligeras variaciones, la Oración del Pacto es la siguiente:

«Ya no soy mío, sino tuyo.

Empléame para lo que Tú quieras, en el lugar en que tú quieras;

sea para cumplir alguna tarea o para sobrellevar algún sufrimiento;

permíteme ser utilizado por ti, o dejado de lado por ti;

exaltado por ti o humillado por ti;

déjame tener abundancia o padecer necesidad;

tenerlo todo o no tener nada;

libremente y de todo corazón

someto todas las cosas a lo que a ti te plazca

y a lo que tú dispongas”. 

Esa es la versión que se mantiene desde 1780 y fue escrita por John Wesley. Pero ¿cuál es el origen de este texto y del servicio mismo?

En 1663 un puritano inglés llamado Richard Alleine publicó la obra Vindiciae Pietatis: Or, A Vindication of Godliness con algunas instrucciones para la renovación de un Pacto con el Señor; el texto fue elaborado originalmente por su yerno, Joseph Alleine. Casi cien años más tarde, en 1753, John Wesley publicó una nueva edición del libro en su conocida Biblioteca Cristiana.

Dos años más tarde, el 11 de agosto de 1755, Wesley adapta uno de los capítulos del libro de Alleine para realizar oficialmente el primer servicio de Renovación del Pacto. Aunque la Dra. Karen B. Westerfield, profesora de Duke University Divinity School, sostiene en su libro  American Methodist Worship que se tiene referencia de que entre los años 1747 y 1748, John Wesley ya había celebrado los servicios del Pacto, pero de una manera más sencilla.

Transcurrieron los años y el Servicio del Pacto se fue extendiendo por diversas regiones y se hizo parte de la identidad wesleyana. Alrededor de 1778, uno de los himnos de Charles Wesley fue usado en estos servicios y empezó a ser llamado el Himno del Pacto y es cantado hasta hoy.

“Vengamos ya en unidad,

la gracia a recibir;

el Pacto eterno con Jesús,

Mesías, Redentor.

Señor Jesús, por tu poder,

alzamos nuestra voz;

una promesa hacemos hoy,

vivir por nuestro Dios.

Al Pacto que hacemos hoy,

demos fidelidad;

siguiendo siempre al Señor,

viviendo en su amor.

A ti, Señor, cantamos hoy,

el Pacto al renovar;

Señor Jesús, escúchanos

y con nosotros ven. Amén.”

(Cántico del Pacto. Tomado de Festejamos juntos al Señor. Libro de Celebraciones de la Iglesia Evangélica Metodista en América Latina).

En 1780, John Wesley publica la segunda edición del documento Direcciones para la renovación de nuestro pacto con Dios, en el que instruye a los hermanos acerca de los pasos que debe seguir un cristiano para renovar su pacto con el Señor (Tomo IX de las Obras de Wesley, editadas por Wesley Heritage Foundation; puede descargarlas gratuitamente desde aquí).

Las palabras finales de Wesley en este texto son: “Aconsejo que este pacto sea hecho no únicamente en el corazón, sino de palabra; no únicamente de palabra, sino por escrito y que, con toda la reverencia posible, presenten el escrito delante de Dios como su testamento. Cuando hayan hecho esto, pónganlo en lugar seguro, consérvenlo como un memorial del solemne acuerdo que se ha sellado entre Dios y ustedes, para que puedan tener un auxilio en momento de dudas y tentación”.

Reconocimiento:

Artículo tomado del Blog del Instituto de Estudios Wesleyanos – Latinoamérica Sandro Izaguirre S. Periodista. Comunicaciones IEW-LA

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El precio de la Gracia (Parte 25)

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Continuamos con la publicación de su obra más difundida, El Precio de la Gracia. Vamos en la Segunda Parte de la obra, La Iglesia de Jesucristo y el Seguimiento, de donde entregamos ahora la tercera (penúltima) fracción del Capítulo 5, Los Santos.

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  1. Los Santos (tercera o penúltima fracción)

Quien roba su cuerpo a Cristo para entregarlo al pecado, se aleja de Cristo. La fornicación constituye un pecado contra el propio cuerpo. Pero el cristiano debe saber que su cuerpo también es templo del Espíritu santo, que habita en él (l Cor 6, l3s). La comunión del cuerpo del cristiano con Cristo es tan estrecha que simultáneamente no puede pertenecer al mundo. La comunión del cuerpo de Cristo prohíbe pecar contra el propio cuerpo. La cólera de Dios castigará inevitablemente al fornicador (Rom 1,29; 1 Cor 1, 5s;7, 2; 10, 7; 2 Cor 12,21; Heb 12, 16; 13,4). El cristiano es casto, sólo consagra su cuerpo al servicio del cuerpo de Cristo. Sabe que su cuerpo ha sido entregado a la muerte por el sufrimiento y la muerte del cuerpo de Cristo en la cruz. La comunión con el cuerpo martirizado y glorificado de Cristo libera al cristiano del desorden de la vida física. Los deseos físicos desenfrenados mueren diariamente en esta comunión. En la disciplina y la continencia el cristiano, con su cuerpo, está exclusivamente al servicio de la edificación del cuerpo de Cristo, la Iglesia. Lo mismo hace en el matrimonio, convirtiéndolo así en parte del cuerpo de Cristo.

A la fornicación está ligada la codicia. La insatisfacción del deseo es común a ambas, y hace caer al codicioso en manos del mundo. «No codiciarás», dice el mandamiento de Dios. El fornicador como el codicioso, son todo codicia. El fornicador desea la posesión de otro ser; el codicioso, la de los bienes de este mundo. El codicioso desea dominar y regir, pero se convierte en esclavo del mundo al que ha apegado su corazón. Fornicación y codicia ponen al hombre en una relación con el mundo que le mancha y le vuelve impuro. La fornicación y la codicia son idolatría, porque el corazón del hombre no pertenece ya a Dios ni a Cristo, sino a los bienes de este mundo que desea.

Quien se crea a sí mismo su Dios y su mundo, aquel a quien su pasión personal se le convierte en Dios, se ve conducido a odiar al hermano que se atraviesa en su camino y constituye un obstáculo para su voluntad. Las discusiones, los odios, la envidia, el asesinato, provienen de la fuente de la codicia personal. «¿De dónde proceden las guerras y las contiendas entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones que luchan en vuestros miembros?» (Sant 4,l s). El fornicador y el codicioso no pueden conocer el amor fraterno. Viven de las tinieblas de su propio corazón. Al cometer un pecado contra el cuerpo de Cristo, lo cometen contra su hermano. La fornicación y el amor fraterno se excluyen mutuamente a causa del cuerpo de Cristo.

El cuerpo que sustraigo a la comunión del cuerpo de Cristo no puede estar ya al servicio del prójimo. A la inversa, la falta de consideración con el propio cuerpo y con el del prójimo es acompañada necesariamente de una glotonería licenciosa e impía en la comida y la bebida. Quien desprecia su cuerpo cae en poder de la carne, «sirve a su vientre como a un Dios» (Rom 16, 18). El carácter horrible de este pecado reside en el hecho de que la carne muerta quiere cuidarse de sí misma, manchando al hombre hasta en su aspecto exterior. El glotón no tiene cabida en el cuerpo de Cristo. El mundo de los vicios es para la Iglesia algo pasado. Ella se separó de los que viven en tales vicios y debe seguir separándose de ellos continuamente (1 Cor 5, 9s), porque «¿qué hay de común entre la luz y las tinieblas?» (2 Cor 6, 14). En estas se encuentran las «obras de la carne», en aquella el «fruto del Espíritu» (Gal 5,19 s; Ef 5,9).

¿Qué significa el fruto? Hay muchas «obras» de la carne, pero un solo «fruto» del Espíritu. Las obras son resultado del trabajo humano, el fruto nace y crece sin que el árbol lo sepa. Las obras están muertas, el fruto vive y lleva una semilla que producirá nuevos frutos. Las obras pueden existir por sí mismas, pero nunca hay fruto sin árbol. El fruto es siempre algo absolutamente admirable, producido; no es algo querido, sino algo que brota. El fruto del Espíritu es un don producido sólo por Dios. Quien lo lleva sabe tan poco de él como el árbol de su fruto. Sólo conoce el poder de aquel por quien vive. No hay nada de que gloriarse, a no ser de la unión íntima con el origen, Cristo. Los mismos santos no saben nada del fruto de santificación que llevan. La mano izquierda ignora lo que hace la derecha. Si deseasen saber algo de esto, si quisiesen caer en la contemplación de sí mismos, se desprenderían de la raíz y se habría acabado para ellos el tiempo de llevar fruto. «El fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, templanza» (Gal 5,22).

Junto a la santidad de la Iglesia aparece aquí, con la luz más intensa, la santificación del individuo. Pero la fuente es la misma, la comunión con Cristo, la comunión con el mismo cuerpo. Igual que la separación del mundo sólo se realiza de forma visible en un combate continuo, también la santificación personal consiste en la lucha del espíritu contra la carne. Los santos no ven en su vida más que lucha, miseria, debilidad y pecado; y cuanto más avanzados están en la santificación, más se reconocen como los que sucumben, como los que mueren según la carne. «Pues los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y apetencias» (Gal 5, 24). Viven todavía en la carne, pero precisamente por eso deben vivir plenamente de la fe en el Hijo de Dios, que ha comenzado a morar en ellos (GaI2, 20). El cristiano sufre cada día (l Cor 15, 31), pero aunque su carne sufra y se desmorone con esta muerte, el hombre interior se renueva de día en día (2 Cor 4, 16). La muerte de los santos según la carne se funda únicamente en el hecho de que Cristo, por el Espíritu santo, ha comenzado a vivir en ellos. Los santos mueren en Cristo y en su vida. Ya no necesitan buscarse sufrimientos propios, con los que únicamente conseguirían afirmarse una vez más en la carne. Cristo es su muerte diaria, su vida diaria.

Por eso pueden proclamar gozosos que el que ha nacido de Dios no puede pecar, que el pecado no tiene poder sobre ellos, que han muerto al pecado y viven en el Espíritu. «Ninguna condenación pesa ya sobre los que están en Cristo Jesús» (Rom 8, 1). Dios se complace en sus santos; él mismo es quien actúa en sus combates y su muerte, haciendo brotar con ello el fruto de la santificación, del que los santos deben estar completamente ciertos, aunque a veces permanezca oculto.

Naturalmente, no es que la fornicación, la codicia, el asesinato, el odio, puedan seguir reinando en la Iglesia, refugiándose en el mensaje del perdón; ni tampoco se trata de que el fruto de la santificación pueda permanecer invisible. Pero precisamente cuando es visible, cuando a la vista de la Iglesia cristiana el mundo se ve obligado a decir, como en los primeros siglos, «ved cómo se aman>, los santos sólo se fijan en aquel a quien pertenecen e, ignorando el bien que hacen, imploran el perdón de sus pecados. Los mismos cristianos que se aplican la frase: «El pecado no reina ya sobre nosotros y el creyente no peca», confesarán:

“Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos y la verdad no está en nosotros. Si reconocemos nuestros pecados, fiel y justo es él para perdonamos los pecados y purificamos de toda injusticia. Si decimos que no hemos pecado, le hacemos mentiroso y su palabra no está en nosotros. Hijos míos, os escribo esto para que no pequéis. Pero si alguno peca, tenemos a uno que abogue ante el Padre: a Jesucristo, el Justo” (1 Jn 1, 8-2, 1).

El Señor les ha enseñado a rezar: Perdónanos nuestras deudas. Les ha ordenado que se perdonen mutuamente sin cesar (Ef 4, 32; Mt 18, 21 s). Los cristianos, al perdonarse unos a otros fraternalmente, dan un puesto en la comunidad al perdón de Jesús. Ven en el otro no a quien les ha ofendido, sino a aquel para quien Jesús ha conseguido el perdón en la cruz. Sus relaciones mutuas son las de hombres santificados por la cruz de Jesús. Bajo ella, por una muerte diaria, son santificados su pensamiento, su palabra, su cuerpo. Bajo esta cruz crece el fruto de la santificación.

La Iglesia de los santos no es la Iglesia «ideal» de los que carecen de pecado, de los perfectos. No es la comunidad de los puros, que no dejaría lugar al pecador para arrepentirse. Es más bien la Iglesia que se muestra digna del Evangelio del perdón de los pecados, en la medida en que anuncia verdaderamente el perdón de Dios, que no tiene nada que ver con el perdón que uno se concede a sí mismo; es la Iglesia de los que han experimentado la gracia cara de Dios, y obran de forma digna del Evangelio, sin malbaratarlo ni rechazarlo.

Esto significa que en la Iglesia de los santos sólo se puede predicar el perdón predicando también el arrepentimiento, no desproveyendo al Evangelio de la predicación de la ley, no perdonando los pecados pura y simplemente, incondicionalmente, sino reteniéndolos también en caso necesario. La voluntad del Señor es que no se eche a los perros el santo Evangelio; desea que sólo se lo predique cuando va garantizado por la exhortación al arrepentimiento. Una Iglesia que no llama pecado al pecado no puede encontrar la fe cuando quiere perdonar el pecado. Comete un pecado contra lo santo, camina de forma indigna del Evangelio. Es una Iglesia impía porque malbarata el perdón de Dios, que es muy caro. No basta con lamentarse de la pecabilidad general de los hombres incluso en sus obras buenas; así no se predica el arrepentimiento; hay que nombrar, castigar y juzgar el pecado concreto.

Este es el uso correcto de! poder de las llaves (Mt 16, 19; 18, 18; Jn 20,23), dado por el Señor a la Iglesia y del que los reformadores hablaban aún con tanta energía. Por amor a las cosas santas, a los pecadores y a la Iglesia, hay obligación de utilizar la llave que permite atar, retener el pecado. El ejercicio del control eclesiástico [o disciplina eclesiástica, Gemeindezucht; N. del T.] es necesario para que la Iglesia camine de forma digna del Evangelio. Igual que la santificación implica la separación de la Iglesia con respecto al mundo, también debe implicar la separación de! mundo con respecto a la Iglesia. Sin la segunda, la primera es inauténtica y engañosa. La comunidad separada del mundo debe ejercer en su seno el control eclesiástico.

Este no sirve para edificar una comunidad de hombres perfectos, sino para construir la comunidad de los que viven realmente bajo la misericordia divina que perdona. El control eclesiástico está al servicio de la gracia cara de Dios. El pecador que se encuentra en la Iglesia debe ser exhortado y castigado para que no se condene ni haga mal uso del Evangelio. Por eso, sólo puede recibir la gracia del bautismo el que hace penitencia y confiesa su fe en Jesucristo. Del mismo modo, sólo puede recibir la gracia de la eucaristía el que «sabe discernir» (1 Cor 11, 29) entre el verdadero cuerpo y la verdadera sangre de Cristo, dados para e! perdón de los pecados, y cualquier otra comida de tipo simbólico o de la clase que sea. Para ello conviene que pueda justificar sus conocimientos en materia de fe, que «se examine» o se someta al examen de los hermanos, para saber si es realmente el cuerpo y la sangre de Cristo lo que desea. Al interrogatorio en materia de fe se añade la confesión, por la que el cristiano busca y recibe la certeza del perdón de sus pecados. Es Dios quien viene aquí en ayuda del pecador para liberarlo del peligro de engañarse y de perdonarse a sí mismo. Al confesar el pecado delante del hermano, muere la carne con su orgullo.

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Editorial

necesidaddisciplina

Esta quincena tenemos la eventualidad de que tanto nuestro web-master como un servidor, traemos cargas especiales de trabajo, circunstancia que limita la posibilidad de escribir el Editorial para el presente número. Por esa razón, estamos incorporando aquí una reflexión que el que suscribe redactó para la valiosísima obra que publicó la Sociedad de Estudios Históricos del Metodismo en México (SEHIMM), como parte de los festejos por el LXXV Aniversario de la IMMAR (*).

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Necesidad de una Disciplina

Contamos con un manual que expresa lo que los metodistas mexicanos queremos juntos. Es un testimonio de nuestro deseo de convivir en armonía, expresión de nuestra voluntad hacia la unidad. En ocasiones no estaremos de acuerdo con alguna de sus cláusulas, pero sabremos que representa el criterio de la mayoría, lo cual nos hará aceptarla dejando de lado la inconformidad. Por madurez cristiana y por simple principio lógico, sabemos que la parte no es más que el todo; así que optamos individualmente por el todo, logrando de este modo convivir con el resto según el consenso, dando lugar a la tolerancia.

Este manual recibió originalmente (en 1930) el nombre de Disciplina, nombre tomado del libro correspondiente de la Iglesia Metodista de los Estados Unidos de Norteamérica. No fue Juan Wesley, sino los metodistas norteamericanos quienes le dieron ese nombre. En 1938, sin embargo, la Iglesia Metodista de México le cambió el nombre por el de Constitución; para luego, en la Conferencia General de 1946, volver de nuevo al nombre de Disciplina, tal como permanece hasta hoy.

Contar con un recurso así es asunto indispensable en toda organización humana saludable. Una agrupación religiosa donde no haya alguna especie de manual de procedimientos, con la pretensión de que sólo así se dará lugar a la dirección directa del Espíritu Santo, estará condenada al liderazgo unilateral y frecuentemente arbitrario de una a dos personas al frente de ese grupo. Otros peligros que le amenazarían son la improvisación, y la falta de congruencia en el tratamiento de los asuntos cuando éstos se repitieran, lo que desembocaría normalmente en desacuerdos y discordias.

La iglesia cristiana misma, desde su nacimiento, necesitó de un orden básico que estuvo representado por el grupo apostólico que Jesucristo dejó, para dar paso luego a un aumento en el esquema organizacional con la selección de los siete administradores para las mesas en Jerusalén (Hch. 6:1-7). Este pasaje bíblico nos mostrará que ya para entonces debían contar con diáconos para las mesas (v. 2), como con diáconos para la palabra (v. 4). Más tarde, la organización de la iglesia se volvería más compleja (1ª Tm. 3:1-13; 5:1-22) y necesaria (Tit. 1:5). La vida debe ser canalizada ordenadamente para que sea benéfica. La vida sin causes se podría tornar destructiva. De hecho, la vida misma demanda organización. Si hay vida, hay movimiento, y éste exigirá orden. Nuestra Disciplina es la respuesta a esa demanda.

Recordemos, para no tener que ofrecer algunos de los muchos ejemplos que hay, que el Antiguo Testamento también nos presenta la provisión que Dios reveló para la organización de la nación de Israel, incluso con muchos detalles y especificaciones, consistente en normas tanto para el ámbito civil como el religioso y familiar. Así, mediante un proyecto teocrático, el Señor intentaba evitar un desorden como el referido en Jue. 17:6; 21:25, “Cada uno hacía lo que bien le parecía”. Para cualquier agrupación humana sería una maldición tener que convivir del modo que este pasaje describe. En cambio, un Dios sabio y previsor como el nuestro, no podía enviar a su pueblo a poseer el territorio que les había dado, dejando los aspectos de su organización a la suerte de la espontaneidad, sino que le entregó una guía de conducta mejor que la subjetiva tradición oral, una debidamente escrita por mano de Moisés, como lo menciona Dt. 12:1, “Estos son los estatutos y decretos que cuidaréis de poner por obra en la tierra que Jehová el Dios de tus padres te ha dado para que tomes posesión de ella…”

Los metodistas mexicanos no pretendemos equiparar la Disciplina con la Biblia, pues sería no más que una ridícula ocurrencia. La Biblia es la Palabra inmutable de Dios, donde los asuntos eternos nos son revelados mediante la inspiración que un Dios también inmutable concedió a los escritores de ella. Pero la Disciplina, que tiene que ver con el aspecto temporal del Reino de Dios, es perfectible porque es mutable. Desde el año 1930, no hemos celebrado una Conferencia General que no modifique la Disciplina, y estamos seguros que en el futuro no habrá una asamblea legislativa donde no se le hagan todavía más cambios. La razón de esto no es sólo porque la Disciplina sea perfectible, sino por una razón todavía más grande: Porque Dios está con nosotros en cada Conferencia General, pues es invocado sincera e intensamente buscando su guía para que podamos adaptar la Disciplina a las necesidades y realidades cambiantes de la iglesia y del mundo. Así pues, el motivo principal de los cambios constantes no es la búsqueda de la perfección, sino la adaptación. Los cambios no obedecen a un desacuerdo entre un Dios inmutable y nosotros, sino a los acuerdos que intentamos ir tomando con el Espíritu Santo para que se dé “la remoción de las cosas movibles, como cosas hechas, para que queden las inconmovibles” (He. 12:27). Estamos de acuerdo con esto, y por eso, después de cada reunión legislativa, podemos decir con mucha confianza: “Ha parecido bien al Espíritu Santo y a nosotros…” (Hch. 15:28).

La historia del metodismo original nos da consciencia de que una de las cualidades más importantes de aquel movimiento de renovación inglés fue su genio organizativo. Esta cualidad explica por qué otros movimientos de renovación de la misma época, igualmente genuinos y ardientes, no subsistieron. Nuestra Disciplina actual es una señal de que no hemos perdido ese genio.

Inclusive, recientemente nos sorprendió que cuando el Estado Mexicano, como parte de su plan de modernización, publicó en 1992 la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público, estableció como requisitos para que una agrupación religiosa obtenga el registro constitutivo de Asociación Religiosa, aspectos considerados en nuestra Disciplina desde mucho antes. Por ejemplo, se pidió demostrar el arraigo, cosa prevista en nuestra Síntesis Histórica. Se pidió la enunciación de las bases fundamentales de la doctrina, también previstas en nuestros XXV Artículos de Religión. Se pidió una descripción de los órganos de gobierno, organización interna y normas de disciplina interna; cosas todas previstas y bien explicadas en la Disciplina para esa fecha. Parecía como si el H. Congreso de la Unión estuviera definiendo los requisitos para las A. R. tomando como modelo la Disciplina metodista. No sabemos si fue así; pero si no, por lo menos aceptaremos indiscutiblemente que se trató de una coincidencia. Pero entonces tendremos que decir que para que se diera semejante coincidencia, se necesitó que hayamos trabajado administrativamente bastante bien durante todos los años previos a 1992. Esto significa que para la fecha de la publicación de la citada Ley, teníamos ya los metodistas un libro de lo mejor en su género.

Pbro. Bernabé Rendón M.

(*) Libro Conmemorativo, Iglesia Metodista de México, A. R., 75 Años de Vida Autónoma 1930-2005. Casa Unida de Publicaciones, México, 2005, pág. 252-254.