Categoría: Opiniones y Comentarios

El Evangelio y lo Intercultural

El evangelio y lo intercultural

Eliminamos la interculturalidad y nos convertimos en un gueto empobreciéndonos culturalmente. ¿Cómo puede afectar todo esto a la evangelización?

Juan Simarro

Hoy, en nuestras sociedades modernas vivimos más que nunca la interculturalidad. Cada vez tendemos a hacer menos guetos de las diferentes culturas que conviven en nuestras sociedades, potenciadas lógicamente, por el fenómeno migratorio y, día a día, avanzamos en una interrelación enriquecedora en la que estamos abiertos a la convivencia en igualdad con otras culturas, sabiendo que éstas siempre nos enriquecen. Si nos quedamos encerrados en nuestro círculo cultural, pensando que nuestra cultura es superior, le estamos haciendo un flaco favor a nuestra vida cultural. Eliminamos la interculturalidad y nos convertimos en un gueto empobreciéndonos culturalmente. ¿Cómo puede afectar todo esto a la evangelización?

Se ha hablado mucho de la inculturación del Evangelio, del Evangelio y la cultura, de cómo podemos evangelizar la cultura en la que nos desenvolvemos, pero, en el contexto intercultural de hoy, quizás podríamos agregar muchos matices, y ver si podemos llegar a captar lo que sería un Evangelio intercultural, el Evangelio y las sociedades interculturales, la interculturación del Evangelio. Los cristianos hoy vivimos interrelacionándonos con muchas culturas a las que hemos de estar abiertos. Nuestro contexto es intercultural creo que, en mayor o menos medida, en todos los lugares del mundo.

Los errores de no aceptar una sociedad intercultural, de no ser conscientes de que hemos de vivir en sociedades interculturales en donde las culturas se interrelacionan con el mismo nivel de importancia y riqueza, es que, en muchos casos, predicamos el Evangelio desde parámetros de cultura española o, en su caso de culturas eurocéntricas o centradas en los valores culturales de países que quieren imponer sus parámetros como los Estados Unidos u otros. Hay que valorar mucho las culturas, desde la igualdad y el reconocimiento de que todas las culturas son valiosísimas y que nos enriquecemos con ellas, para poder comenzar a entender una interculturación del Evangelio en donde se puedan asumir los valores de todas y cada una de las culturas, en una plano de total igualdad, que conviven en nuestros países, ciudades, sociedades o poblaciones.

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Profetas de Pacotilla y Señales de los Tiempos

Profetas de pacotilla y señales de los tiempos

¿Dónde publica el Mesías que lo que acontece en la vida son señales que anuncian al castigo divino? Jesús no era un charlatán, como tantos hay en nuestros días. Jesús anuncia la buena noticia

Pedro Álamo

En nuestros días, han salido a la palestra agoreros del fin del mundo, heraldos de juicios divinos, pregoneros de catástrofes, teólogos de mal agüero, profetas de pacotilla…, ante la pandemia provocada por el coronavirus. Todos tienen un denominador común: mercadear con la fe provocando miedo. ¡Qué lejos están del evangelio y de la intención de Jesús de Nazaret!

No he oído a esos charlatanes protestar contra el peor mal que azota a la humanidad, el hambre, ni denunciar la injusticia social que millones de personas están viviendo, ni levantar la voz ante la explotación y dominación que ejercen los poderes financieros sobre la población mundial, ni sobre la trata de personas… No, solo tienen voz para aprovecharse de la situación y proclamar a los cuatro vientos que la pandemia es un juicio divino, una especie de preparación de lo que está por llegar con la seguridad del que se cree en posesión de la verdad revelada de Dios…

Los males que denuncian los profetas de la Escritura están dirigidos al pueblo de Dios y son estructurales, culminando con los mensajes de Jeremías y Ezequiel cuando denunciaban a los pastores de Israel: “Vosotros dispersasteis mis ovejas, y las espantasteis, y no las habéis cuidado. He aquí que yo castigo la maldad de vuestras obras, dice Jehová” (Jer 23.2), “¡Ay de los pastores de Israel, que se apacientan a sí mismos!… No fortalecisteis las débiles, ni curasteis la enferma; no vendasteis la perniquebrada, ni volvisteis al redil la descarriada, ni buscasteis la perdida, sino que os habéis enseñoreado de ellas con dureza y con violencia… Yo estoy contra los pastores…” (Ez 34.2,ss.).

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Carlos Monsiváis, Profeta Laico

Carlos Monsiváis, profeta laico

En la mejor tradición protestante ejerció el sacerdocio de la lectura, puso sus hallazgos y análisis al servicio de la colectividad.

Nuestro mayor intelectual/profeta en México, Carlos Monsiváis, tiene casi una década de haber fallecido (19 de junio de 2010). Al decir que tenía dones de profeta no me refiero a que hiciera vaticinios sobre acontecimientos por venir, tampoco visiones vedadas a los demás y solamente asequibles a él. Más bien a su capacidad de saber leer los tiempos, sacar lecciones de esa lectura y anticipar posibles desenlaces.

Carlos leyó asiduamente la Biblia. Siempre aclaró que su traducción preferida era la Biblia del Oso, cuya primera edición es de septiembre de 1569. La tradujo al español, del hebreo y griego, Casiodoro de Reina, ex monje agustino convertido al protestantismo. Reina salió de España para huir de la Inquisición y tras doce años de exilio pudo completar la traducción bíblica. Monsiváis leyó desde la infancia la versión antigua, la revisión de 1909 que puso al día términos en desuso pero conservó la elegancia del trabajo hecho por el traductor original.

Desde que inició la carrera de escritor afirmó su procedencia religiosa/cultural protestante. Para 1965 ya era bien conocido en los círculos intelectuales de la capital mexicana porque había publicado en distintas revistas y ejercía en distintos espacios la crítica cultural. El citado año, 1965, Monsiváis pasó unos meses como becario en la Universidad de Harvard. Al regresar participó (4 de noviembre) en la primera serie de Los narradores ante el público, donde describió singulares rasgos identitarios: “De los participantes en este ciclo, soy el único que admira la labor del Ejército de Salvación. Esta declaración no pedida es la sutil manera de indicar que nací, me eduqué y me desenvuelvo en el seno de una familia tercamente protestante. Firmes y adelante huestes de la fe. Aprendí a leer sobre las rodillas de una Biblia, a cuya admirable versión castellana de Casiodoro de Reyna y Cipriano de Valera debo la revelación de la literatura que después me confirmarían la Institución de la vida cristiana de Juan Calvino (traducido por De Valera), El paraíso perdido de John Milton y las letras, no siempre felices, de la himnología presbiteriana […] Y la herejía, mi falta de solidaridad ante el edipismo nacional que rodea a la Virgen de Guadalupe, me inició en saber qué se siente vivir en la acera de enfrente, el unas veces codiciado y otras aborrecido don de pertenecer a las minorías” (Antonio Acevedo Escobedo (compilador), Los narradores ante el público, primera serie, segunda edición, Editorial Ficticia, 2012, p. 242).

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EDITORIAL

EDITORIAL
Otro virus por combatir

En algunos estados de la República ya se ha declarado el semáforo naranja, que permitirá reanudar parcialmente la actividad económica y comercial, después de casi 3 meses de políticas públicas de distanciamiento social que paralizaron muchas de las actividades sociales. La Iglesia Metodista de México ha sido obediente a dichas disposiciones, en todo el territorio nacional, manteniendo cerrados sus templos y evitando cualquier reunión que implique conglomerados humanos.

Nuestras iglesias han tenido que hacer, cada una en su contexto y circunstancia, una reflexión sobre su quehacer cotidiano. Al inicio, como muchas otras comunidades sociales, han tratado de replicar las actividades “normales”, pero ahora usando las múltiples bondades de las plataformas digitales de comunicación. Ello ha generado una reflexión genuina sobre lo primordial –o no- que representa reunirnos físicamente para cumplir con el propósito que nuestro Señor ha encargado a este pueblo llamado metodista como elemento actuante de su Iglesia en el mundo.

En pandemias pasadas, la humanidad ha pasado por diversas reacciones desde el estupor inicial ante la enfermedad, hasta la búsqueda de culpables. Y generalmente estos presuntos culpables se encuentran en las minorías, en los “raros” o en los más débiles: en la Edad Media en Europa, se acusó a los judíos; en la antigüedad se llegó a acusar de ciertas enfermedades a las mujeres; en siglos más recientes, a los “antihigiénicos pobres” y a los “negros”. Ahora, a los “chinos-come-ratas-y-murciélagos”. Y ya en sus formas más refinadas, a los científicos que son parte de una confabulación mundial para reducir la población mundial; o a miembros de “sectas iluminadas” que buscan crear un nuevo orden mundial, para mantener cerrados los templos como una obra del anticristo.

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Espiritualidad Barroca en Tiempos de Pandemia

Espiritualidad barroca en tiempos de pandemia

David Rodríguez Fuentealba

“Me siento tan tentado, tan tentado a perder las esperanzas. Estoy asustado. El silencio de tu espera es terrible. Rezo, pero estoy perdido. ¿O es que sólo estoy rezando al silencio? A la Nada”.

Sebastião Rodrigues, Silence (Martin Scorsese)

La pandemia del Covid-19 ha provocado que procesos de digitalización se hayan visto bruscamente acelerados. Sin duda, con mayor o menor resistencia, era una realidad imposible de eludir en el mediano y largo plazo (Harari, 2018). Lo que nunca imaginamos es que tendríamos que elaborar nuestros ministerios eclesiales a través de plataformas digitales. La cultura analógica de ser y hacer iglesia en Latinoamérica, con todo el elemento de la corporalidad y afectividad fraternal de nuestras comunidades, fue abruptamente interrumpida por una disyuntiva paradójica: en nuestra lejanía, está el amor.

Por tanto, lo que por mucho tiempo representó una amenaza para los fines disciplinarios y la moral doméstica de la iglesia, internet y redes sociales, hoy se transforma en los medios por los cuales aquello que sentimos decir, sale al mundo, quizás sin límites de resguardo.

En lo tocante al fenómeno religioso ha habido variados intentos por releer (vacíamente) la importancia de nuestros templos y de la liturgia. Aminorar la repercusión de la sacralidad de nuestros cultos, no ayuda a asumir que estamos entrando francamente en un proceso de desritualización [1].

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¿Por qué no estoy pidiendo que se abran los templos?

¿Por qué no estoy pidiendo que se abran los templos?

Isaí Rayas Linares *

“Veo una gran necesidad de Dios en nuestra sociedad. Veo familias que están colapsando, gente sumida en depresión, ansiedad, y sufriendo violencia intrafamiliar. Veo gente desesperada por no encontrar una solución a sus problemas gente enferma y con un gran dolor en sus vidas. Veo a hijos que se levantan contra los padres para arrebatarles la vida, y veo hogares devastados por el alcoholismo y la drogadicción. Veo a hombres con una gran carga por no poder suplir las necesidades de su familia, veo mujeres abandonadas y sin consuelo, veo empresarios arruinados por esta pandemia, veo mucha gente que perdió su trabajo y la está pasando muy mal… Y todavía me preguntan ¿Por qué es necesario abrir las iglesias?”

Yo también me lo he preguntado. ¿Por qué es necesario abrir los templos en estos tiempos? Pero cuando pienso como algunos creyentes “se necesitan abrir los templos porque la gente necesita de Dios para salir de sus problemas (problemas como los que ya describí)” me critico antes de responderme y, sabiendo que la crítica no nos gusta, a veces hasta decimos; criticarnos es ir contra Dios… Aun así, no puedo evitar cuestionármelo. De verdad, ¿si abrimos los templos todos esos problemas se van a solucionar? O, cuando menos, ¿empezarán a disminuir?

La verdad es que siempre ha habido necesidad de Dios y la creación tiene milenios reclamando la manifestación de los hijos de Dios para suplir esa hambre espiritual que el mundo experimenta: los divorcios van en aumento desde hace décadas, y es algo tan notorio para todos, al grado que la misma autoridad civil desde hace más de un lustro –al menos aquí en Durango- implementó platicas prematrimoniales, hablando con sinceridad con ayuda de algunos pocos ministros, sobre la vida matrimonial; con sus altas y sus bajas, cosa que en muchas iglesias se ha dejado de lado por temas tabúes, como que “no son propios para hablarse en la iglesia”, pero no se tratan ni en consejerías personales y se ha limitado a enseñar “la mujer sométase a su marido”, “el varón sea hombre de una mujer”… y listo. Todos los demás problemas, si se presentan en la iglesia en muchos casos se hace “de la vista gorda”

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Evangelio de la Conspiración

‘Evangelio de la conspiración’ en tiempos de coronavirus

Sin dudas, las teorías de conspiración están en nuestros púlpitos. Los profetas del desastre harán su agosto.

Tomás Gómez Bueno

Las teorías de conspiración, hoy en boga por los estragos que está causando la pandemia del coronavirus, se están convirtiendo en unos de los insumos de mayor uso de parte de los predicadores extremos y sensacionalistas. La oferta de abundancia, poder, seguridad y bienestar sin límites que nos trajeron con su manida teología de la prosperidad, parece no tendrá mucha acogida en medio y después de la pandemia.

Estos profetas, al margen de la Biblia, tomarán la ofensiva, se desmontarán del carro de la abundancia y se montarán en el carro del desastre y el miedo. Los que antes se montaron en la abundancia creada en la sociedad del consumo, ignorando las injusticias, los mismos que crearon la teología de la prosperidad al servicio de la vanidad y el lujo, ahora nos traerán su versión del COVID-19, y por lo que se percibe, viene envasada en las especulaciones más fantasiosas de la llamada teoría de la conspiración.

Así como los predicadores de la prosperidad sustituyeron a Dios por el dinero y nos señalaban la ruta a la prosperidad, pero también nos cobraban el peaje; estos promotores de teorías de conspiración ponen el destino final de la humanidad en manos de grupos y personas superpoderosas que, según ellos, son los dueños y señores de los fines últimos y supremos de la vida y de la historia.

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EDITORIAL

EDITORIAL
Normalidad anormal

Martin Larios

“¿Entienden lo que les he hecho? Ustedes me llaman Maestro y Señor y dicen bien, porque lo soy. Pues bien, si yo, el Señor y el Maestro, lavé sus pies, también ustedes deben lavarse los pies los unos a los otros”.

Juan 13:12b-14 (RVA-2015)

El 15 de mayo es el Día del Maestro en México. La fecha es significativa y altamente simbólica, porque fue el día en que México logró su segunda independencia, al triunfar la República en 1867. El Congreso de la Unión lo decretó así en 1918, porque entendía que el maestro era el artífice de la Nación y que sería el verdadero formador de las generaciones de mexicanos libres, patriotas y comprometidos con las más nobles causas de pueblo.

La educación es parte del ADN metodista. El metodismo nació en los salones de clase de la Universidad de Oxford en Inglaterra, cuando John Wesley y su hermano, Carlos Wesley, iniciaron su ministerio en el campus universitario con el Club Santo. En esa iniciativa, combinaron el anhelo del conocimiento con el desarrollo espiritual y la santificación; conectaron la fe y la razón; vincularon la piedad vital y el conocimiento; y estudiaron la ciencia y la Escritura.

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Salmo 91 en Tiempos del Coronavirus

El salmo 91 en tiempos del coronavirus

Juan Ramón Junqueras Vitas

Es curioso el apego que le tenemos los creyentes cristianos y judíos al Salmo 91. Ha sido invocado en el pasado por millones de fieles, lo es ahora y seguirá siéndolo en el futuro, sobre todo en momentos de angustia, miedo a lo que está por venir, y aflicción. Hasta a aquellos que no consultan su Biblia, o a los que ni siquiera la tienen, les sonará su comienzo:

“El que habita al abrigo del Altísimo se acoge a la sombra del Todopoderoso. Yo le digo al Señor: «Tú eres mi refugio, mi fortaleza, el Dios en quien confío»”.

Salmo 91:1-2

Ha sido utilizado en novelas, series de televisión y películas. Muchos soldados lo han rezado antes de salir a la batalla. Infinidad de enfermos lo han invocado buscando curación. Por supuesto, también desde los estrados de iglesias y sinagogas se ha oído, a veces con estrépito. Mi madre nos lo leía en el coche antes de salir de viaje, con voz suave pero repleta de confianza y de fe. Era uno de sus favoritos.

Todos los seres humanos, incluidos los creyentes, necesitamos sentirnos seguros, protegidos. Esta sensación aparece en el segundo lugar de la pirámide de necesidades humanas de Maslow. Según él, solo las prioridades fisiológicas —respirar, comer, etcétera— son más básicas que el sentimiento de seguridad. Orar con el Salmo 91, efectivamente, puede proporcionarlo.

Sin embargo, ¿qué ocurre cuando, después de invocar la protección de Dios con este salmo, el soldado muere, el enfermo expira su último aliento pronunciando sus palabras, o el coche se estrella? ¿En las manos de quién confiaron sus vidas? ¿Falló de nuevo el sortilegio, como tantas veces parece fallar? Da miedo hasta siquiera plantear esta última pregunta.

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No Podemos Congregarnos

No podemos congregarnos
¿Qué podemos hacer? ¿El Internet es una solución definitiva?

Mientras la incertidumbre sobre una pandemia inesperada crece, los desafíos tecnológicos de la iglesia aumentan y generan cada vez más preguntas.

J. Amill Santiago *

Durante las últimas semanas hemos estado viviendo en un mundo de apariencia distópica. Virtualmente todos los países del mundo han aplicado medidas de cuarentena, cerrando escuelas y negocios, así como cancelando eventos de gran y pequeña escala, incluyendo los cultos de la iglesia. A la luz de esta tragedia global, muchas iglesias han despertado a su nueva realidad: deben renovarse.

Este ha sido un duro golpe para las iglesias, particularmente para aquellas cuyos ministerios no cuentan con herramientas en línea. Si bien todas las iglesias se están viendo afectadas de una manera u otra a causa de la pandemia producida por el COVID-19, las iglesias sin una ‘presencia’ en línea han experimentado aún más desafíos que aquellas que sí la tienen. “En esa categoría, cae alrededor del cincuenta por ciento de nuestras iglesias, y eso es un número conservador”, opinó Jesse Contreras, asociado de la Convención Bautista del Sur de Texas.

La realidad de la iglesia presencial
¿Es una transmisión en vivo exactamente lo mismo que asistir al culto presencial? ¿Deberíamos tomar la Cena del Señor virtualmente? Incluso un rápido vistazo a las verdades del Nuevo Testamento dejaría claro que la respuesta a estas preguntas es que nada puede sustituir la naturaleza presencial de la iglesia.

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La Teología como Pedagogía

La teología como pedagogía, frente a la magia, el dogmatismo y la superficialidad

Jaume Triginé

FRENTE A LA MAGIA
La magia es una técnica ritual a través de la cual el individuo intenta imponer su propio deseo a la realidad mediante la utilización de poderes ocultos o trascendentes. La actitud mágica remite a tendencias conscientes o inconscientes de la persona. En el fondo se halla el impulso narcisista que le conduce a una pretensión de omnipotencia. Sigmund Freud, padre del psicoanálisis, definía el narcisismo como la omnipotencia del deseo.

Parecería que tras las etapas de la evolución humana descritas por el antropólogo escocés Jamen Frazer y por el padre de la sociología Auguste Compte, magia, religión y ciencia se irían sucediendo cronológicamente. Pero los estudios antropológicos, sociológicos… han puesto de manifiesto la simultaneidad de las tres modalidades de pensamiento; por cuanto vienen a satisfacer necesidades individuales diferentes.

Si bien nos hallamos en un predominio del pensamiento científico, las personas acuden a la religiosidad o a diferentes formas de espiritualidad para dar sentido a la vida y a la muerte y, en casos de desesperación, se continúa buscando en la magia resultados contrarios a las leyes naturales a través de la intervención de seres imaginados por la invocación del “chamán” de turno.

Parece difícil sustraerse completamente del ritual mágico. También entre quienes se confiesan creyentes. Exorcismos, sanidades, promesas de prosperidad económica, felicidad en medio de las circunstancias adversas…, son el márquetin habitual en determinados círculos.

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Protestantes, Católicos y la Justificación

Protestantes, católicos y la justificación

¿Quién lleva la razón? ¿Roma o Wittenberg?

Will Graham

La reforma protestante surgió debido a la doctrina de la justificación. Martín Lutero se dio cuenta de que el pecador es justificado solo por la fe en Cristo, en contraste con la perspectiva católico-romana, la cual convirtió la justificación en un asunto de fe, buenas obras, y sacramentos.

A pesar de que el Vaticano haya pretendido consolidar su enseñanza a lo largo de los últimos cinco siglos en el Concilio de Trento (1545-63), el primer y el segundo Concilio Vaticano (1869-70 y 1962-65, respectivamente) y en la “Declaración Conjunta sobre la Doctrina de la Justificación” entre la Federación Luterana Mundial y la Iglesia Católica Romana en 1999, la enseñanza católica con respecto a la justificación no ha cambiado en lo más mínimo.

Hasta el día de hoy, Roma sigue sosteniendo una visión defectuosa de esta doctrina.

Examinemos diez enseñanzas que el Vaticano continúa promoviendo en el “Catecismo de la Iglesia Católica”, para poner de manifiesto que los protestantes y los católicos no pueden estar de acuerdo respecto a la justificación.

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La Iglesia en Línea

La Iglesia En Línea

Después de esta crisis la iglesia no puede seguir siendo la misma. Esta pandemia nos debe ayudar a redefinir nuestras prioridades, a ser los pies y las manos de Cristo, a ser una comunidad “Cristo-céntrica” y no “Templo-céntrica”. Nuevos ministerios y áreas de servicio pueden empezar a existir para resolver los problemas sociales existentes. Es tiempo de dar, de intentar cosas nuevas, de interceder, de orar y de actuar.

Hugo Almanza

Soy Hugo Almanza, pastor metodista en Reynosa Tamaulipas. Escribo estas líneas desde la mesa de mi casa, el día 6 de abril de 2020, después de tres domingos que recibimos la instrucción de suspender nuestras celebraciones dominicales y toda clase de reunión en la que se congreguen más de 20 personas. Quiero tratar de resumir como han sido las últimas tres semanas desde mi trinchera pastoral, así como proponer una palabra de esperanza para este tiempo de pandemia.

Las primeras dos semanas consideramos que era prudente congregarnos en células, por lo que nuestra iglesia simplemente cambió la dinámica dominical en el templo por nuestros grupos en casa; y uno a uno fueron llegando a su lugar de reunión semanal para adorar, cantar, escuchar la exposición de la Escritura, ofrendar y agradecer al Señor. En aquellos días el ambiente social era bastante más tranquilo; escuchábamos las noticias de China y España, pero no estábamos alarmados. Recuerdo que el primer domingo fui obediente a la instrucción episcopal y, aunque mi familia se trasladó a su célula, yo opté por permanecer en el templo en oración y a la expectativa de si algún hermano asistía allí, para atenderle y orar con él. Sin embargo, nadie asistió. Al medio día tomé una fotografía con el templo vacío. En un día normal a esa hora nuestro edificio está lleno: todos están cantando, celebrando, la música está sonando fuerte, las manos están levantadas, la atmósfera de adoración emana de ese lugar y, quien entra, lo distingue.

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El Pecado de la Indiferencia

El pecado de la indiferencia. Fraternidad en tiempos de virus

La “modernidad” ha ido gestando un tipo de egoísmo demoledor que comienza parcelando el espacio geográfico, levantando barreras no sólo ideológicas sino físicas que nos aíslan “del otro”. En cualquier caso, se trata de no permitir que “el otro” nos invada con sus problemas.

Máximo García Ruiz

Una de las afirmaciones de mayor contundencia que han formulado sociólogos contemporáneos para describir nuestro mundo actual es que el mayor pecado de nuestro tiempo no es la maldad, sino la indiferencia. A la maldad se la ve venir y se pueden crear anticuerpos para combatirla; la indiferencia convierte “al otro” en un ser invisible del que no sólo se ignora todo, sino que se rehúye cualquier conocimiento que pudiera conducir a adquirir algún tipo de compromiso.

Los efectos de tres guerras devastadoras, dos de alcance mundial y una fraterna en España, en la primera mitad del siglo XX, fueron un acicate para que los líderes occidentales se plantearan crear otro tipo de sociedad mejor que la anterior bajo el paraguas de dos conceptos fundamentales: democracia y derechos humanos. Ambos conceptos impulsaron la creación de una sociedad más solidaria, más inclusiva, fomentando lo que se ha conocido como el Estado de bienestar. La modernidad dio paso a la posmodernidad y ésta configuró la falacia de la posverdad para disfrazar sus grandes mentiras y, al tiempo que las nuevas generaciones han ido olvidando las consecuencias de las guerras que ni conocieron ni sufrieron, se ha ido gestando un tipo de egoísmo demoledor que comienza parcelando el espacio geográfico, bien sea por razones étnicas, económicas, culturales, idiomáticas o de cualquier otra índole, para terminar levantando barreras no sólo ideológicas sino físicas, que le aísle “del otro”, que ha dejado de ser hermano para convertirse en enemigo; en el mejor de los casos, se trata de hacer al otro invisible. En cualquier caso, se trata de no permitir que, “el otro”, nos invada con sus problemas.

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El Amor en Tiempos del COVID-19

El amor en tiempos del COVID-19

Emmanuel Vargas Alavez

La crisis de salud que estamos viviendo a nivel mundial está haciendo al menos tres cosas: primero, ha promovido el “distanciamiento social” como una forma para evitar el contagio. Es decir, la gente no deberá saludarse de mano, de beso en la mejilla, ni abrazarse; y deberá mantener la separación de un metro de distancia entre personas. Además, debe evitar asistir a lugares donde se reúnan más de diez personas. También sería bueno, y si le fuera posible, recluirse en su casa mientras pasa esta crisis sanitaria.

Segundo, la gente que está entrando en pánico, se vuelve egoísta, rara y violenta. Va a los comercios y compra “todo” lo que cree que necesita para “sobrevivir”. Incluso está dispuesta a pelear para conservarlo. Algunos comercios están “aprovechando” la situación para obtener mayores ganancias; otros están saqueando “aprovechando el río revuelto”, y es escandaloso el ejemplo de Trump ofreciendo millones de dólares para obtener exclusividad de alguna vacuna contra el virus.

Tercero, esta crisis nos está obligando a permanecer en casa (a quienes les es posible). Las escuelas, universidades y compañías que puedan hacerlo, implementarán medidas para seguir su enseñanza o trabajo, pero lejos de las aulas u oficinas. Deberán aprovechar la tecnología o algún otro medio creativo para continuar con su aprendizaje y trabajo.

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