Categoría: Opiniones y Comentarios

La Teología como Pedagogía

La teología como pedagogía, frente a la magia, el dogmatismo y la superficialidad

Jaume Triginé

FRENTE A LA MAGIA
La magia es una técnica ritual a través de la cual el individuo intenta imponer su propio deseo a la realidad mediante la utilización de poderes ocultos o trascendentes. La actitud mágica remite a tendencias conscientes o inconscientes de la persona. En el fondo se halla el impulso narcisista que le conduce a una pretensión de omnipotencia. Sigmund Freud, padre del psicoanálisis, definía el narcisismo como la omnipotencia del deseo.

Parecería que tras las etapas de la evolución humana descritas por el antropólogo escocés Jamen Frazer y por el padre de la sociología Auguste Compte, magia, religión y ciencia se irían sucediendo cronológicamente. Pero los estudios antropológicos, sociológicos… han puesto de manifiesto la simultaneidad de las tres modalidades de pensamiento; por cuanto vienen a satisfacer necesidades individuales diferentes.

Si bien nos hallamos en un predominio del pensamiento científico, las personas acuden a la religiosidad o a diferentes formas de espiritualidad para dar sentido a la vida y a la muerte y, en casos de desesperación, se continúa buscando en la magia resultados contrarios a las leyes naturales a través de la intervención de seres imaginados por la invocación del “chamán” de turno.

Parece difícil sustraerse completamente del ritual mágico. También entre quienes se confiesan creyentes. Exorcismos, sanidades, promesas de prosperidad económica, felicidad en medio de las circunstancias adversas…, son el márquetin habitual en determinados círculos.

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Protestantes, Católicos y la Justificación

Protestantes, católicos y la justificación

¿Quién lleva la razón? ¿Roma o Wittenberg?

Will Graham

La reforma protestante surgió debido a la doctrina de la justificación. Martín Lutero se dio cuenta de que el pecador es justificado solo por la fe en Cristo, en contraste con la perspectiva católico-romana, la cual convirtió la justificación en un asunto de fe, buenas obras, y sacramentos.

A pesar de que el Vaticano haya pretendido consolidar su enseñanza a lo largo de los últimos cinco siglos en el Concilio de Trento (1545-63), el primer y el segundo Concilio Vaticano (1869-70 y 1962-65, respectivamente) y en la “Declaración Conjunta sobre la Doctrina de la Justificación” entre la Federación Luterana Mundial y la Iglesia Católica Romana en 1999, la enseñanza católica con respecto a la justificación no ha cambiado en lo más mínimo.

Hasta el día de hoy, Roma sigue sosteniendo una visión defectuosa de esta doctrina.

Examinemos diez enseñanzas que el Vaticano continúa promoviendo en el “Catecismo de la Iglesia Católica”, para poner de manifiesto que los protestantes y los católicos no pueden estar de acuerdo respecto a la justificación.

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La Iglesia en Línea

La Iglesia En Línea

Después de esta crisis la iglesia no puede seguir siendo la misma. Esta pandemia nos debe ayudar a redefinir nuestras prioridades, a ser los pies y las manos de Cristo, a ser una comunidad “Cristo-céntrica” y no “Templo-céntrica”. Nuevos ministerios y áreas de servicio pueden empezar a existir para resolver los problemas sociales existentes. Es tiempo de dar, de intentar cosas nuevas, de interceder, de orar y de actuar.

Hugo Almanza

Soy Hugo Almanza, pastor metodista en Reynosa Tamaulipas. Escribo estas líneas desde la mesa de mi casa, el día 6 de abril de 2020, después de tres domingos que recibimos la instrucción de suspender nuestras celebraciones dominicales y toda clase de reunión en la que se congreguen más de 20 personas. Quiero tratar de resumir como han sido las últimas tres semanas desde mi trinchera pastoral, así como proponer una palabra de esperanza para este tiempo de pandemia.

Las primeras dos semanas consideramos que era prudente congregarnos en células, por lo que nuestra iglesia simplemente cambió la dinámica dominical en el templo por nuestros grupos en casa; y uno a uno fueron llegando a su lugar de reunión semanal para adorar, cantar, escuchar la exposición de la Escritura, ofrendar y agradecer al Señor. En aquellos días el ambiente social era bastante más tranquilo; escuchábamos las noticias de China y España, pero no estábamos alarmados. Recuerdo que el primer domingo fui obediente a la instrucción episcopal y, aunque mi familia se trasladó a su célula, yo opté por permanecer en el templo en oración y a la expectativa de si algún hermano asistía allí, para atenderle y orar con él. Sin embargo, nadie asistió. Al medio día tomé una fotografía con el templo vacío. En un día normal a esa hora nuestro edificio está lleno: todos están cantando, celebrando, la música está sonando fuerte, las manos están levantadas, la atmósfera de adoración emana de ese lugar y, quien entra, lo distingue.

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El Pecado de la Indiferencia

El pecado de la indiferencia. Fraternidad en tiempos de virus

La “modernidad” ha ido gestando un tipo de egoísmo demoledor que comienza parcelando el espacio geográfico, levantando barreras no sólo ideológicas sino físicas que nos aíslan “del otro”. En cualquier caso, se trata de no permitir que “el otro” nos invada con sus problemas.

Máximo García Ruiz

Una de las afirmaciones de mayor contundencia que han formulado sociólogos contemporáneos para describir nuestro mundo actual es que el mayor pecado de nuestro tiempo no es la maldad, sino la indiferencia. A la maldad se la ve venir y se pueden crear anticuerpos para combatirla; la indiferencia convierte “al otro” en un ser invisible del que no sólo se ignora todo, sino que se rehúye cualquier conocimiento que pudiera conducir a adquirir algún tipo de compromiso.

Los efectos de tres guerras devastadoras, dos de alcance mundial y una fraterna en España, en la primera mitad del siglo XX, fueron un acicate para que los líderes occidentales se plantearan crear otro tipo de sociedad mejor que la anterior bajo el paraguas de dos conceptos fundamentales: democracia y derechos humanos. Ambos conceptos impulsaron la creación de una sociedad más solidaria, más inclusiva, fomentando lo que se ha conocido como el Estado de bienestar. La modernidad dio paso a la posmodernidad y ésta configuró la falacia de la posverdad para disfrazar sus grandes mentiras y, al tiempo que las nuevas generaciones han ido olvidando las consecuencias de las guerras que ni conocieron ni sufrieron, se ha ido gestando un tipo de egoísmo demoledor que comienza parcelando el espacio geográfico, bien sea por razones étnicas, económicas, culturales, idiomáticas o de cualquier otra índole, para terminar levantando barreras no sólo ideológicas sino físicas, que le aísle “del otro”, que ha dejado de ser hermano para convertirse en enemigo; en el mejor de los casos, se trata de hacer al otro invisible. En cualquier caso, se trata de no permitir que, “el otro”, nos invada con sus problemas.

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El Amor en Tiempos del COVID-19

El amor en tiempos del COVID-19

Emmanuel Vargas Alavez

La crisis de salud que estamos viviendo a nivel mundial está haciendo al menos tres cosas: primero, ha promovido el “distanciamiento social” como una forma para evitar el contagio. Es decir, la gente no deberá saludarse de mano, de beso en la mejilla, ni abrazarse; y deberá mantener la separación de un metro de distancia entre personas. Además, debe evitar asistir a lugares donde se reúnan más de diez personas. También sería bueno, y si le fuera posible, recluirse en su casa mientras pasa esta crisis sanitaria.

Segundo, la gente que está entrando en pánico, se vuelve egoísta, rara y violenta. Va a los comercios y compra “todo” lo que cree que necesita para “sobrevivir”. Incluso está dispuesta a pelear para conservarlo. Algunos comercios están “aprovechando” la situación para obtener mayores ganancias; otros están saqueando «aprovechando el río revuelto», y es escandaloso el ejemplo de Trump ofreciendo millones de dólares para obtener exclusividad de alguna vacuna contra el virus.

Tercero, esta crisis nos está obligando a permanecer en casa (a quienes les es posible). Las escuelas, universidades y compañías que puedan hacerlo, implementarán medidas para seguir su enseñanza o trabajo, pero lejos de las aulas u oficinas. Deberán aprovechar la tecnología o algún otro medio creativo para continuar con su aprendizaje y trabajo.

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Egocentrismo y Propósito

Egocentrismo y propósito

Bajo la queja de no tener propósito en nuestra vida, se esconde demasiadas veces un enfoque mucho más egoísta de lo que nos gusta reconocer.

Lidia Martin

Uno de los elementos que está tras buena parte de los problemas depresivos y de ansiedad que la gente trae a consulta es la sensación -si no convicción- de falta de propósito en la vida. Dicho en sus palabras, “Creo que mi vida no vale para nada”, “No encuentro propósito en lo que hago”, “No sé a qué aspirar” y una infinidad de sentencias similares. Todos en algún momento, quizá, hemos podido sentir algo parecido en momentos oscuros de nuestra vida. Pero cuando una sensación como esta se arraiga fuerte dentro de nosotros, la cosa puede complicarse sobremanera.

No es en ese momento, sino mucho antes, en que hemos de ocuparnos en el asunto del propósito de vida. De hecho, deberíamos aprender desde niños (y en eso tenemos mucho que hacer y decir los padres) a vivir con esa visión de utilidad, propósito, destino… que tantas veces echamos en falta porque estamos subidos a una vorágine ya desde pequeños en que parece que nuestro sino en la vida es acumular, pagar facturas y mantenernos lo suficientemente distraídos como para no darnos mucha cuenta del tipo de existencia que estamos llevando.

Darse a los demás es también una forma de adoración
Sin embargo, esa es la que estamos alimentando, pretendiendo que deje de ensanchar sus tentáculos cuando no dejamos de lanzarle comida. No vamos a menos en esta locura de sobrevivir sin vivir: vamos a más. Y por mucho que intentamos autoengañarnos y opacarnos esa realidad, algo dentro de nosotros se revuelve como diciendo a gritos “No me engañas, una vida así no merece la pena”. Efectivamente, así es, y por eso nuestras emociones, coherentemente con lo que perciben, reaccionan llamándonos a un cambio urgente que casi nunca interpretamos como tal. En esos casos nos peleamos con la tristeza o la ansiedad, nos pegamos con el mensajero, en cierta manera, pero posponemos lo que desde el principio el mensaje nos llamaba a hacer: detenernos, mirar con atención a nuestra vida y descubrir propósito donde no lo ha habido, quizá, durante mucho tiempo.

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COVID y Cierre de Templos

COVID-19 y cierre de templos

La imagen de un templo cerrado choca en nuestra mente

Carlos A. Muro Flores

Antiguamente, tanto en templos como en sanatorios los religiosos se dedicaban a cuidar enfermos en tiempos de necesidad (leprosos, la peste negra en el medievo, hambruna, guerra, etc.). Esa era parte de los servicios que el Cuerpo de Cristo prestaba o presta a la comunidad y su nombre y obra era glorificado.

La situación actual es diferente y con otros alcances: hoy, la iglesia tiene la oportunidad de ayudar a su comunidad evitando que esta enfermedad se propague.

No tenemos los medios para curarla hasta que Dios lo permita. La forma de ayudar es NO reuniéndonos por un espacio de tiempo el cual será señalado en cada país según su necesidad.

¡A nadie se le va a “caer” su fe por unos domingos! Es más, es una oportunidad de volver a los tiempos antiguos, estudio y adoración en casa, sin reflectores.

El verdadero creyente seguirá su estudio y comunión con Dios esté donde esté y guiará a los que tenga alrededor.

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¿Castigo Divino?

¿Castigo divino?

Alexander Cabezas

Desde la cultura popular se continúa atribuyendo –al igual que en el medievo– la creencia de que todas las calamidades o desastres naturales y humanos son dadas por Dios, incluyendo esta actual pandemia de espectro mundial que estamos atravesando.

Aunque suene inverosímil creerlo, en el año 2007 el senador de Nebraska, en Estados Unidos, Ernie Chambers, literalmente sentó a Dios en un banquillo de acusados y lo demandó por permitir las inundaciones, los terremotos, los huracanes y otras calamidades. Su conclusión fue: «el demandado (Dios), no ha mostrado ni compasión ni remordimiento», argumentó Chambers. (¡Supongo más de uno estarán acusando a Dios por esta actual pandemia!).

En el fondo de estos argumentos está la idea que favorece la concepción de un Dios indolente, listo a ejecutar su justa ira o castigo y para ello se vale de cualquier instrumento para advertirlo incluyendo la Biblia. Se recurre a ciertos a ciertos pasajes bíblicos, al igual que las profecías de Nostradamus, sobre todo con matices apocalípticas fuera de contexto, para argumentar que estos acontecimientos estaban previamente escritos o profetizados y obedecen a ese juicio.

Una vez alguien me decía:
–¡Es mejor que las personas, aunque impulsadas por el temor, se acerquen a Dios antes de que se pierdan!

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No Temas, No te Burles

No temas, no te burles: una respuesta cristiana saludable a COVID-19

Mirjam Schilling*, Joel Gamble y Nathan Gamble

“Escucho muchos susurros: ‘¡Terror por todas partes!’” (Salmo 31:13). En tiempos de crisis, a menudo nos resulta más fácil identificarse con el salmista. Nosotros también escuchamos el «terror en todos lados», el nuevo coronavirus (SARS-CoV-2) ahora oficialmente declarado una pandemia. Los millones de virus esparcidos por la tos y los estornudos son enemigos «que nos persiguen», roban nuestros hogares y pulmones y hacen que los que infectan sean «objetos de temor» para nuestros amigos más cercanos: «Los que nos ven en la calle huyen de nosotros». » Pero el salmista quiere que superemos el terror para decir: «Confío en ti, Señor … Mis tiempos están en tus manos; líbrame de las manos de mis enemigos «.

¿Cómo efectuamos esa transición? Ver al SARS-CoV-2 como «el enemigo» es cómo el pueblo chino de las primeras etapas de la epidemia de Wuhan ha unido sus esfuerzos, y un antiguo dicho chino explica la clave de la victoria contra cualquier enemigo: «Si conoces al enemigo y conócete a ti mismo, no debes temer el resultado de cien batallas «. Conocer a nuestro enemigo y conocernos a nosotros mismos como cristianos: con los dos juntos, podemos responder de manera inteligente y apropiada como cristianos.

Ante el miedo, la incertidumbre y las preguntas abiertas, haríamos bien en revisar el estado actual de la investigación sobre el coronavirus y reflexionar sobre lo que hace que una respuesta cristiana saludable a esta amenaza.

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Oremos por la Paz en la Ciudad

Oremos por la paz de la ciudad

¿Qué hacemos los creyentes cuando somos víctimas de la violencia y de la delincuencia organizada?
“[…] trabajen por la paz y prosperidad de la ciudad donde los envié al destierro. Pidan al Señor por la ciudad, porque del bienestar de la ciudad dependerá el bienestar de ustedes” (Jeremias 29:7).

Hugo Almanza

Llevo alrededor de cinco años y medio viviendo en la que en inicios del 2019, el INEGI consideró la ciudad de mayor percepción de inseguridad de México. Cuando, en el 2014, mi familia y yo llegamos a Reynosa, la violencia de la ciudad estaba en uno de sus puntos mas altos. En casi 6 años, hemos identificado alrededor de tres momentos en que la situación de la ciudad ha sido de alerta; el motivo de escribir estas líneas es compartir contigo algunos de los retos que la iglesia enfrenta en el proceso de cumplir la Misión de Dios en la frontera de México con Estados Unidos, en el contexto de la violencia y los estragos que genera la delincuencia organizada.

Cuando la violencia es externa
Al principio de nuestro peregrinar de ministerio en la ciudad, lo primero que tuvimos que hacer fue aprender cómo se vive en nuestra ciudad cuando “se pone violenta”. Hay una frase que es parte del vocabulario común aquí: “hay situación”. Eso significa que bandas de delincuentes se están enfrentando entre ellos o contra la policía y el ejercito, en alguna parte de la ciudad; estas “situaciones” con frecuencia ocurren en las calles o zonas mas frecuentadas por la población, por lo que al escuchar detonaciones, casi inmediatamente revisamos redes sociales para identificar el área donde esta ocurriendo, y evitar movernos hacia esos lugares; cuando las situaciones ocurren cerca de donde nos encontramos, buscamos refugio, y esperamos. Los enfrentamientos normalmente duran unos cuantos minutos, de manera que a la media hora la gente puede volver a sus actividades normales. Narrarlo así es demasiado simple; me costó mucho entender esa dinámica, pero nos acostumbramos. Ese es el problema justamente: Nos Acostumbramos. La gente esta acostumbrada a la violencia. Es “normal” escuchar detonaciones; es “normal” que haya situaciones; es “normal” que en cerca de tu casa haya enfrentamientos durante la noche o madrugada… Los miembros de mi congregación (y yo mismo) tenemos historia tras historia de como estuvimos en alguna “situación”, y Dios nos libró de ella.

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