
La teología como pedagogía, frente a la magia, el dogmatismo y la superficialidad
Jaume Triginé
FRENTE A LA MAGIA
La magia es una técnica ritual a través de la cual el individuo intenta imponer su propio deseo a la realidad mediante la utilización de poderes ocultos o trascendentes. La actitud mágica remite a tendencias conscientes o inconscientes de la persona. En el fondo se halla el impulso narcisista que le conduce a una pretensión de omnipotencia. Sigmund Freud, padre del psicoanálisis, definía el narcisismo como la omnipotencia del deseo.
Parecería que tras las etapas de la evolución humana descritas por el antropólogo escocés Jamen Frazer y por el padre de la sociología Auguste Compte, magia, religión y ciencia se irían sucediendo cronológicamente. Pero los estudios antropológicos, sociológicos… han puesto de manifiesto la simultaneidad de las tres modalidades de pensamiento; por cuanto vienen a satisfacer necesidades individuales diferentes.
Si bien nos hallamos en un predominio del pensamiento científico, las personas acuden a la religiosidad o a diferentes formas de espiritualidad para dar sentido a la vida y a la muerte y, en casos de desesperación, se continúa buscando en la magia resultados contrarios a las leyes naturales a través de la intervención de seres imaginados por la invocación del “chamán” de turno.
Parece difícil sustraerse completamente del ritual mágico. También entre quienes se confiesan creyentes. Exorcismos, sanidades, promesas de prosperidad económica, felicidad en medio de las circunstancias adversas…, son el márquetin habitual en determinados círculos.
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