Categoría: Secciones Varias

Campamento Revolución 2017, CAO

Campamento Revolución

Magno Concierto

Magno concierto

Congreso Internacional sobre Libertad Religiosa

Congreso Internacional sobre Libertad Religiosa

Panorámica de la Biblia

panoramica de la biblia

Tertulia con el Amigo

Tertulia con el amigo Juan José Tamayo Acosta

Presentación del Libro Silvio Rodriguez

Presentación del libro Silvio Rodríguez - Pro damnificados

Editorial

LXXXVIII ANIVLXXXVII ANIVERSARIO

El Evangelista Mexicano ha llegado a sus 87 años de vida. Estamos colocando aquí el mismo editorial que escribimos en octubre de 2016, y sólo hemos cambiado las fechas desde el título, para actualizarlo.


 El cristianismo es sustancialmente una comunicación masiva de la verdad de Dios acerca de sus intenciones y planes para la humanidad. El Evangelio es buenas nuevas, buenas noticias que Cristo nos trajo, de modo que sus pies fueron los primeros en merecer el calificativo de  “hermosos”, si nos vamos con la referencia que hace San Pablo de Isaías, “¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!” (Ro. 10:15). Pero, Mortimer Arias nos hará la aclaración de que no son simplemente las buenas nuevas de una salvación tipo oferta, puesto que son noticias que nos comprometen, por lo que hay que observar que los evangelistas se refieren a las buenas nuevas “del reino” (ejem. Mt. 24:14) donde hay un Señor y siervos a su franca disposición. El reino no es cosa de un nuevo lugar, sino de un nuevo estado de cosas para el mundo. Hans Kung lo dirá así: “Será, por lo tanto, un reino, tal como los profetas lo anunciaron, de absoluta justicia, de intrépido amor, de reconciliación universal, de paz eterna. En este sentido, por consiguiente, será un tiempo de salvación, de plenitud, de consumación, de la presencia de Dios: el futuro absoluto.”(1)

De hecho, todas las Sagradas Escrituras son el documento de las buenas noticias, o, como dicen nuestros teólogos, del relato acerca del plan salvífico de Dios desarrollándose. El periodismo cristiano tiene algo que ver con esto. Se dedica a la difusión de los momentos en que Dios se mueve en la vida de la iglesia, cuando el Evangelio se traduce en ministerios; y a la participación de las ideas orientadoras que ayudan a que Cristo no nos deje conformándonos a este siglo, sino que nos transforme mediante la renovación de nuestro entendimiento. Este es el verdadero mérito de un periódico como El Evangelista Mexicano, Órgano Oficial de Comunicación de la Iglesia Metodista de México, A. R., comunicar no sólo noticias, y no sólo buenas noticias, sino las buenas nuevas del reino de Cristo. Y lo decimos al tiempo que agradecemos a Dios porque nos ha permitido llegar en octubre de 2017 al LXXXVII Aniversario de su fundación.

Para los metodistas el ejercicio periodístico es señal de su identidad peculiar, una preocupación porque su gente desee saber y comprender, que el intelecto sea involucrado en la conformación de la fe. Para Juan Wesley no bastaba el ardor espiritual que se vivió en medio de un avivamiento espiritual que hizo historia, sino que procuró hacer del conocimiento un componente de la profesión religiosa de los primeros metodistas en el siglo XVIII. Además de las obras que escribió, tradujo y recomendó, creó también un medio formativo e informativo como lo fue el Arminian Magazine que se publicaba mensualmente con más de 50 páginas de contenido.(2) Del mismo modo, cinco años después de la organización de la Iglesia Metodista Episcopal en la Unión Americana, en 1789 se fundó la primera casa editorial metodista, que hasta la fecha sigue activa produciendo distintos materiales impresos a la par que otras editoriales metodistas en ese país. 

Seguir leyendo «Editorial»

Condiciones en Alemania antes de la Reforma

condiciones almemania antes reformaCONDICIONES EN ALEMANIA Y EN LA IGLESIA CATÓLICA HASTA ANTES DE LA REFORMA.

RAMIRO JAIMES MARTÍNEZ

El objetivo del presente capítulo es analizar someramente los factores políticos-eclesiales en Alemania y el papado en los umbrales de la Reforma de Lutero. Según Lucien Febvre, en el siglo XVI no existía en Europa un territorio más ingrato para un reformador que Alemania, que presentaba un panorama que el historiador francés pinta como una combinación de miserias políticas e inquietudes sociales.[1] A pesar de tener una comunidad de costumbres, lengua y un nacionalismo cada vez más robusto, no era un estado nacional. Mientras otras monarquías europeas habían logrado formar uno, o estaban en vías de consolidarlo, como España, Francia e Inglaterra, los alemanes carecían de unidad política.

Si bien desde la elección de Conrado I en el año de 911 la parte oriental del Imperio de Carlomagno se separó de la autoridad carolingia franco-occidental y dos siglos más tarde tomó el nombre oficial de Imperio Romano, en realidad no constituyeron una unidad estable.[2] Ni siquiera tuvieron una monarquía hereditaria como los otros estados europeos, sino que retomaron la antigua costumbre de los pueblos germanos que entraron al Imperio Romano de la antigüedad: elegían a sus jefes y reyes por votación en una asamblea de guerreros y nobles.[3] Esta costumbre se mantuvo porque ningún monarca pudo prescindir ni someter totalmente a la nobleza, cuyo particularismo y regionalismo hubiera hecho imposible la cohesión del Imperio sin la presencia de la Iglesia. Desde los primeros emperadores, éstos se mantuvieron en el trono porque los obispos servían de contrapeso al particularismo de los duques.[4] Al igual que con el Imperio de Carlomagno, el papa concedía la legitimación religiosa, como la única institución imperial romana sobreviviente, a cambio de la protección temporal del Emperador.[5] Es por esa razón que desde el siglo X los emperadores permitieron a los obispos y abades una gran concentración de tierras y riqueza, pues eran la espina dorsal del imperio.[6]

Seguir leyendo «Condiciones en Alemania antes de la Reforma»