Categoría: Secciones Varias

Te loamos, Oh Dios

teloamosohdios

Este es mi Dios,  y lo alabaré; Dios de mi padre,  y lo enalteceré”.

(Éxodo 15:1-2)

El médico escocés William Patton Mackay (1837-1885), fue el autor del himno «Te loamos, oh Dios», cuya letra la tradujo, del inglés al español Henry W Cragin (1885-1947). El músico John Jenkins Husband (1760-1825), de nacionalidad inglesa, fue quien compuso la tonada «Revive Us Again», con la que se interpreta este himno. John J. Husband fue músico de viola.

HIMNO

Te loamos, ¡Oh Dios!

Con unánime voz,

Pues en Cristo tu Hijo

Nos diste perdón.

Coro:

¡Aleluya Te alabamos!,

¡Cuán grande es tu amor!

¡Aleluya! Te adoramos,

Bendito Señor.

Te loamos, Jesús,

Pues tu trono de luz,

Tú dejaste por darnos

Salud en la cruz.

Te damos loor,

Santo Consolador,

Que nos llenas de gozo

Y santo valor.

Unidos load,

a la gran Trinidad,

Que es la fuente de gracia,

Poder y verdad.

CONTEXTO DEL TEXTO

Es lógico que después de semejante victoria sobre Egipto la alegría y el júbilo se hagan sentir. Por eso, las tradiciones más antiguas ponen en boca de Moisés este cántico que exalta no sólo el prodigio de la liberación de Egipto (1-11), sino también la compañía del Señor a través del desierto, el don de la tierra y su permanencia en ella (12-18). Los versículos 20 y siguientes corresponden a otra antigua tradición según la cual, después de la liberación, María, la hermana de Aarón, dirige a las mujeres en una especie de liturgia con panderetas y danzas para celebrar la victoria. Este cántico es el más antiguo que conocemos.

ENSEÑANZA

  1. Que Dios directamente hace milagros y los hemos visto
  2. Que como consecuencia y en gratitud a su amor por nosotros, le alabamos y glorificamos.
  3. Que la alabanza no se queda allí, en la boca y en el regocijo, se traduce en acción y servicio.

ORACIÓN

Gracias, Dios, por bendecir nuestras vidas a través de bendiciones extraordinarias, que están fuera de la lógica humana, gracias porque muchas veces has dicho sí a nuestras peticiones y congojas y otras veces no. Gracias por tu misericordia y tu amor. Te suplicamos que sigas trabajando por nosotros, para seguir dándote la honra y la gloria, porque aun quienes hemos conocido a Jesucristo, todavía somos orgullosos, traicioneros, egoístas, soberbios, convenencieros y odiosos, y yo soy el primero. Sigue transformando nuestras vidas, para que este mundo sea igualmente transformado. En el nombre de tu Hijo, amén.

juan_pluma

Editorial

Reciprocidad

El abogado cristianizado Tertuliano, fue uno de los más educados padres de la iglesia en el siglo II-III. El Apologeticum fue no sólo la más importante de sus apologías, sino también, en la opinión de muchos, la mejor de todas sus obras. Si consultamos allí el Capítulo 33, encontraremos la referencia a la constante oración de la iglesia en favor del césar romano, en virtud de haber sido puesto por Dios para gobernar, lo que lo hacía más de los cristianos que de los mismos romanos: “Venerámosle como a hombre a quien eligió Dios entre todos; y como le puso en aquel estado nuestro Señor, con razón decimos: el César es más nuestro, pues nuestro Dios lo hizo César. Siendo, pues, más mío que vuestro, más debo yo trabajar por su salud” (1). Este dato nos recuerda que la práctica de los cristianos desde su origen ha sido seguir la pauta establecida por el Apóstol Pablo, conforme a sus instrucciones a la iglesia de Roma (Ro. 13:1-6). Pablo veía en los gobernantes terrenales personas sobre quienes la autoridad de Dios descansaba para bien de los ciudadanos, y por esa certeza los cristianos habían de estarles sujetos respetuosamente y orar para que, gracias a su administración, “vivamos quieta y reposadamente” (1ª Tm. 2:2). Los cristianos para quienes la oración es una práctica real y constante, oran por el bien de nuestros gobernantes como cosa saludable y común.

No obstante, la sujeción silenciosa no es toda la enseñanza bíblica sobre este tema. El comentarista bíblico escocés William Barclay nos ha dejado una clave hermenéutica que nos ayuda a apreciar el todo de la voluntad de Dios respecto a las relaciones humana. En la ética bíblica, explicaba él, deben considerarse las relaciones reguladas por una línea bilateral (2). Las relaciones no se establecen sobre una senda unilateral, ni siquiera la relación entre Dios y sus criaturas, pues la soberanía y la gracia de Dios deben encontrarse en la respuesta responsable de cada ser humano. La reciprocidad es indispensable para entender la mente de Dios. Él jamás exige a una esposa que se sujete a su esposo sin pedirle a él que la ame con un amor dispuesto al sacrificio (Ef. 5:24,25). Él jamás pide a los hijos que honren a sus padres sin pedirles a éstos que traten a sus hijos con respeto y consideración (Col. 3:20,21). No impone sujeción de los siervos a sus amos sin señalarles a éstos que deben tratar a sus subordinados con rectitud y justicia (Col. 3:22; 4:1). Y no pide a las congregaciones que se sujeten a sus pastores sin exigirles a ellos por lo menos dominio propio (He. 13:17; 1ª Tm. 3:1-13). Sería un lamentable error ministrar la consejería pastoral o espiritual a una persona sin tomar en cuenta a la otra parte. ¿Cómo habría sensatez al aconsejar a una esposa a ser sumisa ante un esposo que la trata con violencia y la humilla, sin buscar la consejería para ese hombre insolente, y decir que a Dios glorifica esa sumisión?

Lo anterior nos lleva a otras preguntas, ¿es el plan de Dios que los ciudadanos le estemos sujetos a una autoridad cuando ésta ha perdido su vocación y, en lugar de cuidar a su pueblo, lo daña? ¿Incluso si comete acciones que insulten las normas divinas? Ro. 13:4 describe a cada gobernante como un “servidor de Dios”, pero ¿cuál debería ser el papel de los cristianos si su gobernante ya no está sirviendo a Dios? Y necesitamos poner estas preguntas en el contexto de los hechos del domingo 19 de junio de 2016. Lo que viene detrás de esos hechos que podrían repetirse si nuestro gobierno no cambia su actitud, es la presión injusta que se ha ejercido por años contra los maestros por la pretendida “Reforma Educativa”. Si la violencia del domingo 19 fue originada por la policía, o por los maestros, o por grupos radicales infiltrados, no es el punto; pudo ser un grupo o todos, lo determinante aquí es que fue un incidente (que ya se había tardado) que resulta de la falta de una voluntad de diálogo abierto por parte de nuestro gobierno que sólo ha reiterado su estribillo: “Dialogaremos con los maestros si éstos se apegan a la Reforma Educativa (¿cuál?) …etc.” Y luego viene el discurso demagógico que los canales de TV repiten y repiten, “Lo que importa es que se vuelva a dar clases por el bien de las niñas y los niños de México… etc.” Claro, un discurso para sembrar en los mexicanos la animadversión hacia los maestros paristas, pero que nos lleva a otra pregunta: Si para ti, Gobierno, es importante la educación de la niñez, ¿por qué entonces no reconoces con humildad que te equivocaste y regresas a maestros y niños a las aulas a través de una revisión de tus reformas volviendo así al principio para construir algo entre todos?

Este tiempo de desencuentro entre maestros y un gobierno impositivo ha servido para que en el sector magisterial se hayan descubierto maestros corruptos, y celebramos que se haya puesto orden y corregido esos desmanes. Pero este beneficio no compensa el terror que Estados sureños están viviendo. Y la iniciativa presidencial para transformar el Código Civil de la Federación para establecer el “matrimonio igualitario”, echando a perder, de paso, el modelo tradicional mexicano de la familia, y la consecución de la suspensión de visas canadienses para los mexicanos, no son compensatorios ante la carencia de un gobierno que muestre nobleza, justicia y amor a la verdad.

No es deseable una ruptura final entre gobierno y gobernados, y muchos cristianos estamos orando porque nuestra nación aunque en alguna proporción se sienta ofendida, se conserve en paz. Nuestra sujeción es necesaria para asegurar el orden social. Pero no será una sujeción que evite decir que nuestro gobierno actual está cometiendo pecados contra Dios y contra el pueblo mexicano (Ayotzinapa no está olvidado). Aunque el Rey Acab era una autoridad designada por Dios, Elías cumplió con su deber profético de avisarle que Dios estaba contrariado por su gobierno. Y Juan el Bautista hizo lo correcto al denunciar el pecado de Herodes ante las puertas de su palacio. También el Apóstol Pedro aclaró que no es viable obedecer a los hombres antes que a Dios.

En fin, miraremos con ojos de esperanza los actuales diálogos para reconciliar a las partes involucradas en nuestra actual crisis. Nos aferraremos llenos de fe a la seguridad de que el verdadero Rey y Señor es Jesucristo y que él hará algo nuevo a través de nosotros, sin nosotros o a pesar de nosotros. Seguiremos orando por los que nos gobiernan para que sus corazones cambien y se avoquen a armonizarnos a todos para ser colaboradores en pro de una tierra deseable.

En el entendido de que probablemente no toda la IMMAR comparte los criterios aquí expuestos, el autor de este Editorial se hace responsable único de lo expuesto.

Pbro. Bernabé Rendón M.

  1. http://www.tertullian.org/articles/manero/manero2_apologeticum.htm
  2. Barclay, William, Guía Ética para el Hombre de Hoy, Editorial Sal Terrae, Santander, 1975, pág. 81,82.

El amor en familia: conocer, confiar y exigir

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Por Francisco Castañera

Formar a nuestros hijos en la afectividad es ayudarlos a desarrollar su capacidad de amar. El amor se transmite principalmente en la familia. LA FAMILIA “La familia es una íntima comunidad de vida y amor” cuya misión es “custodiar, revelar y comunicar el amor” con cuatro cometidos generales. *Formación de una comunidad de personas: *Servicio a la vida *Participación en el desarrollo de la sociedad *Participación en la vida y misión de la iglesia Aprender a Amar La capacidad de amar es resultado del desarrollo afectivo del ser humano durante los primeros años de su vida.

El desarrollo afectivo es un proceso continuo y secuencial, desde la infancia hasta la edad adulta. La madurez afectiva es un largo proceso por el que el ser humano se prepara para la comunicación íntima y personal con sus semejantes como un Yo único e irrepetible; y que debe desencadenarse al primer contacto del niño con el adulto perpetuándose a lo largo de su existencia. A pesar de que el hombre fue creado por Dios con (una necesidad de amar y ser amado, y), una capacidad innata para amar, el crecimiento y la vivencia del amor se realiza a través de la experiencia que el hombre va adquiriendo a lo largo de toda su vida. En el contexto individual de cada persona, esta experiencia se ubica en su familia. En la familia es donde se hace posible el amor, el amor sin condiciones; los padres que inician la familia con una promesa de amor quieren a sus hijos porque son sus hijos, no en razón de sus cualidades. “La familia es un centro de intimidad y apertura”.

Es en el seno familiar donde cultivamos lo humano del hombre, que es el enseñarlo a pensar, a profundizar, a reflexionar. Es en el ámbito de la familia donde el hombre aprende el cultivo de las virtudes, el respeto que es el guardián del amor, la honradez, la generosidad, la responsabilidad, el amor al trabajo, la gratitud, etc. La familia nos invita a ser creativos en el cultivo de la inteligencia, la voluntad y el corazón, para poder contribuir y abrirnos a la sociedad, preparados e íntegros. El amor de la familia debe trasmitirse a la sociedad. La familia es el primer ambiente vital que encuentra el hombre al venir a este mundo y su experiencia es decisiva para siempre. La familia, es la primera y más importante escuela de amor. La grandeza y la responsabilidad de la familia están en ser la primera comunidad de vida y amor, el primer ambiente en donde el hombre puede aprender a amar y a sentirse amado, no sólo por otras personas, sino también y ante todo por Dios. Todo se relaciona con el misterio del Buen Padre Celestial que nos ha creado por amor y para que amemos. Nos ha hecho a su imagen y semejanza, todos somos creaturas suyas, iguales en dignidad. Para revelarnos su paternidad de amor “nos hace nacer del amor” de un hombre y de una mujer, e instituye la familia; ella es el lugar del amor y de la vida, o dicho de una mejor manera: “el lugar donde el amor engendra la vida”. Amor conyugal, modelo de amor para los hijos.

La familia es la primera y fundamental escuela de sociabilidad, como comunidad de amor encuentra en el don de sí misma la ley que le rige y le hace crecer. El don de sí que inspira el amor mutuo de los esposos, se pone como modelo y norma del don de sí que debe haber en las relaciones entre hermanos y hermanas y entre las diversas generaciones que conviven en la familia. La comunión y la participación vivida cotidianamente en la casa, en los momentos de alegría y de dificultad representan la pedagogía más concreta y eficaz para la inserción activa, responsable y fecunda de los hijos en el horizonte más amplio de la sociedad. Alguien dijo que “se puede procrear fuera de la familia, pero sólo en familia se puede educar”, y educar para amar sólo se puede en el ámbito de la familia: amando. El ejemplo es el mejor método para educar; hay una frase que dice “Lo que eres y haces habla tan fuerte, que no oigo lo que me dices con tus palabras”.

Qué nos ganamos con decir, o pretender demostrar, amor a nuestros hijos, lo que importa es lo que ellos ven en la forma como tratamos a nuestro cónyuge. Tenemos que entender claramente que no hay nada que eduque más y mejor a los hijos que el ejemplo de amor que ven en sus padres como pareja. Para realmente poder amar a nuestros hijos tenemos primero que amar a nuestro cónyuge. El amor, factor de desarrollo de los hijos El otro aspecto fundamental de la influencia del amor, dentro de la familia lo encontramos en el desarrollo de la persona, más particularmente, de los hijos. Cada familia, aun sin pretenderlo crea un ambiente (de amor o de despego y egoísmo, de rigidez o de ternura, de orden o de anarquía, de trabajo o de pereza, de ostentación o de sencillez, etc.) que influye en todos sus miembros, pero especialmente en los niños y en los más jóvenes.

CONOCER Amar es buscar el bien integral del otro. El que ama y sólo el que ama, conoce bien a la persona amada, porque la conoce no sólo como aparece sino como es por dentro, y más aún conoce “su potencial”, aquello que puede y “debe” llegar a ser. Como dice Paul Valéry “lo que es más verdadero de un individuo, lo más de él mismo, es su posible, lo que puede llegar a ser”. Partiendo del hecho de que el hombre “es un ser en proceso” pensemos que es en la familia donde más va a avanzar dentro de este proceso. Así podremos valorar la trascendencia de nuestro amor a los hijos. Nuestro amor será responsable de que ellos alcancen la estatura que deben llegar a tener, en todos los aspectos de su persona. El que ama no sólo conoce lo que la persona amada puede llegar a ser, sino que “le ayuda a alcanzarlo”, le ayuda a que desarrolle todas las potencialidades que tiene y que muchas veces ignora, le ayuda a que sea lo que puede llegar a ser.

CONFIAR La psicología afirma que el afecto estimula el aprendizaje y desarrolla la inteligencia gracias a la sensación de seguridad y confianza que otorga y que se desarrolla lentamente a través de la infancia, la niñez y la adolescencia. La persona humana que está siempre en proceso de irse haciendo, es un ser con cierta dosis de inseguridad. El que se siente amado experimenta dentro de sí una fuerza que incrementa su seguridad. Sentir la confianza de las personas queridas es, no sólo de gran ayuda, sino en muchas ocasiones “vital”. Confiar no significa hacerse de la vista gorda, consentir, ceder. Confiar significa creer en la persona a pesar de que los hechos estén en su contra. Confiar en alguien implica ser paciente, saber esperar. ¿Cómo podemos infundir confianza en nuestros hijos? Ayudándoles a que descubran sus cualidades, limitaciones y defectos. Ayudándoles a que desarrollen cualidades, animándoles y aplaudiendo sus logros por pequeños que sean, ayudándoles a que descubran a dónde pueden llevarles sus inclinaciones si no las dominan y sobre todo, haciéndoles sentir nuestro cariño. Para esto necesitamos no sólo paciencia, sino también tiempo. Lo contrario de la confianza es descargar sobre nuestros hijos nuestro coraje e impaciencia, echar en cara sus torpezas, fallas y malas acciones, sin transmitirles la seguridad que tenemos de que pueden cambiar. El decirles “eres malo” en lugar de “lo que hiciste” es una acción mala.

EXIGIR es un ingrediente esencial del amor. Sólo quién en nombre del amor sabe ser exigente consigo mismo puede exigir por amor a los demás; porque el amor es exigente. Lo es en cada situación humana. El amor, al que Pablo dedicó un himno en la Carta a los Corintios, es ciertamente exigente “amor paciente, servicial, comprensivo…”. Amar a los hijos no significa evitarles todo sufrimiento. Amar es buscar el bien para el ser amado en última instancia y no la complacencia momentánea. Es posible que algunas veces por amor a un hijo le generemos una frustración momentánea que en realidad lo prepara para un bien más grande. El amor necesita disciplina. Citamos a Ignace Lepp. En su libro Psicoanálisis del amor, nos dice: “El amor auténtico es el más eficaz creador y promotor de la existencia. Si tantas personas – bien o mejor dotadas – siguen siendo tan mediocres, se debe a menudo, a que nunca han sido amadas con un amor tierno y exigente.” Trascendencia del amor El amor auténtico vivido en la familia debe alcanzar a la sociedad, la familia debe salir de sí misma y compartir esta vivencia profunda del amor entre ellos, que es un reflejo del amor de Dios Padre. Los Apóstoles comprendieron que el matrimonio y la familia es una verdadera vocación que proviene de Dios, un apostolado, Estos ayudan a la transformación de la tierra y a la renovación del mundo, de la creación y de toda la humanidad. A este respecto se nos dice: “Queridas Familias: ustedes deben ser también valientes, dispuestas siempre a ser testimonio de la esperanza que tienen y que ha sido depositada en sus corazones por el Buen Pastor, mediante el Evangelio. Deben estar dispuestas a seguir a Cristo, hacia aquellos pastos que dan la vida, y que Él mismo ha preparado con el misterio pascual de su muerte y resurrección.”

El amor en la familia tiene dos cometidos fundamentales: 1. Enseñar el amor, aprender a amar. Revelar, custodiar y comunicar el amor, y proyectarlo a la sociedad. 2. Ayudar a cada uno de sus miembros, especialmente a los hijos, a que desarrollen todas sus potencialidades, que lleguen lo más cerca posible, a lo que deben llegar a ser; que alcancen la vocación a la que han sido llamados por su Creador.

  • Artículo seleccionado y enviado por el Dr. Ernesto Contreras Pulido

Un padre y su hijo

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No se preocupe, su hijo va a soltar el chupón.

Va a dejar de usar pañales, va a salir de su cama.

Su hijo se va a destetar, del pecho y/o de la mamila.

Su hijo va a dejar de querer «dormir» en la noche con usted.

Él va a aprender a hacer su propio pan con mantequilla.

Va a dejar de llorar cuando usted lo deje en la escuela.

Su hijo va a querer que usted lo deje en paz, así como muchas veces usted desea silencio.

Su hijo va a dejar de hablar como bebé y usted va a dejar de corregirlo.

Va a dejar de garabatear las paredes.

Va a hacer acciones que usted no cree correctas,

Y usted no va a poder ponerlo en el rincón del pensamiento por eso.

Su hijo va a parar de llorar en público, de hacer berrinche por el juguete de la tienda.

Su hijo va a amar a otras personas en la vida, y tal vez usted sienta celos.

Un día él va a lavar calcetines más grandes que los suyos,

Un día la falta de sueño tendrá otro significado para usted.

Un día verá que la universidad es más cara que los pañales, aunque sean de tela.

Un día será usted quién necesitará un abrazo.

No tenga tanta prisa de que crezca.

Puede ser que un día extrañe todo eso.

Disfruten del amor recíproco entre ustedes,

En todas sus formas de demostración, en todas sus fases.

Disfrute de la vida.

Disfrute de sus hijos.

Adaptación del Pbro. Bernabé Morán Barrios a un poema anónimo.

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El cuidado de los hijos

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Fernando Pascual, L.C.

No sabían que llegarían a ser “importantes”. Dos palomas pusieron su nido en un rincón aparentemente seguro, junto a una superficie brillante y tranquila. Pero ese rincón era un alféizar: la ventana podía ser abierta o cerrada en cualquier momento, cualquiera podría ver lo que allí pasaba.

El nido, un día, fue descubierto por unos ojos llenos de curiosidad y asombro. Habían nacido dos polluelos. La mamá paloma los protegía con su cuerpo durante horas. Quien abrió la ventana y contempló a aquella pequeña “familia”, llamó a varios niños, entusiasmados al poder ver un nido, al contemplar cómo una paloma daba su cuerpo y su vida para el cuidado de sus pequeñuelos…

Si la escena del nido de palomas conmueve, mucho más debería llenarnos de alegría el descubrir tantos miles de familias donde el padre y la madre se prodigan por cada uno de sus hijos. Es cierto que no están físicamente “sobre” ellos, horas y horas, para calentarlos con su cuerpo. Pero sí lo están de mil maneras, con el cuerpo y con el alma, para cuidarlos, para lavarlos, para nutrirlos, para mantenerlos bien calentitos, para evitarles los mil peligros de la vida.

Ante el nido de palomas de la ventana, un adulto explicaba a una niña de 8 años. “¿Ves esa paloma? Vive continuamente atenta a sus polluelos. Así son todas las mamás: están volcadas sobre sus hijos. Así fue tu mamá contigo, cuando eras más pequeña: te cuidaba, te amaba, estaba dispuesta a todo por ti. No pensaba en sí misma, sino en protegerte a ti y a tus hermanos. Por eso hemos de ser muy agradecidos con nuestros padres, por todo lo que nos han cuidado, por todo lo que nos han dado, por todo lo que han hecho y hacen por nosotros”.

Los padres, especialmente las madres, que han pasado días y noches ante un hijo débil, ante un hijo enfermo, saben muy bien que sus sacrificios eran tan naturales como es natural el amor. Porque lo propio del amor es ese darse completamente para el bien del otro, especialmente del hijo, sobre todo cuando está necesitado, cuando es más indigente, cuando se encuentra desprotegido; sobre todo cuando es una pequeña creatura que respira ansiosamente si nota un vacío a su alrededor, y que se serena plácidamente cuando siente sobre su cara el aliento de la madre que lo ama.

Dar gracias a nuestros padres por todo lo que hicieron cuando éramos niños es no sólo un deber, sino simplemente una respuesta de amor a quienes tanto nos amaron. Gracias a ellos la vida apareció ante nuestros ojos como algo sumamente bello. Porque fuimos amados, porque fuimos acogidos, porque fuimos cuidados, porque fuimos guiados en los primeros pasos.

La vida es bella. Sobre todo, porque encontramos en nuestros padres ese amor que lleva a un hombre y a una mujer a olvidarse de sí mismos para darse por entero al nuevo hijo, fruto de un amor fecundo. Así aprendimos cuál es el camino más hermoso para vivir la aventura humana: darnos, entregarnos a los demás con alegría y sin límites, por el bien del otro, porque lo queremos, porque vale la pena cualquier sacrificio para que pueda crecer y empezar a amar un día, también él, a quienes vivan a su lado.

— Artículo seleccionado y publicado por el Dr. Ernesto Contreras P.  

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He decidido seguir a Cristo

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Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí,  no puede ser mi discípulo” (Lucas 14:25-33)

Este es el título de un himno cristiano originado en la India. Sus letras están basadas en las últimas palabras de un hombre en Assan (nordeste de la India), quien junto a su familia –por la predicación de un misionero– fueron a Jesucristo con arrepentimiento y confiando en él como Salvador y Señor (se convirtieron a Dios).

Cuando el jefe de la aldea se enteró de esto, llamó al hombre que se había convertido junto a su familia, a renunciar a su fe; si no, él y su familia morirían. La respuesta de aquel hombre creyente fue comenzar a cantar: “He decidido seguir a Cristo”.

Entonces el jefe de la aldea ordenó a sus arqueros que mataran a los dos hijos del hombre creyente y después (el jefe de la aldea) amenazó con matar a la esposa de aquel creyente. Aquel hombre, aun después de haber perdido a sus dos hijos y estando a punto de perder a su esposa, continuo cantando: “Aun nadie uniéndose, yo seguiré”.

Después de eso, los arqueros mataron también a la esposa de aquel creyente. Finalmente, el jefe de la aldea le había dado una última oportunidad para que aquel hombre salvara su vida física al renunciar a su fe; pero éste no renunció, sino que prosiguió cantando: “La cruz delante, el mundo atrás” –y así fue ejecutado. La historia dice que después de un tiempo, el jefe de la aldea dijo –considerando la fe del hombre creyente: “¡Yo también pertenezco a Jesucristo!”. Así él y toda la aldea se convirtieron a Dios.

¿Los pastores y hermanos, realmente estamos dispuestos a pagar el precio, o estamos en el ministerio y en la fe por comodidad?  El cruel listado de tantos hermanos, la mayoría de ellos anónimos, que aparece en Hebreos 11, y otros muchos, que hoy día son perseguidos sin piedad, y ni siquiera tenemos constancia en las noticias de interés general, es lo que podemos sufrir cualquiera de nosotros, en el momento que menos nos esperamos. Los cristianos en la India, junto a muchos cristianos alrededor del mundo, continúan cantando:

He decidido seguir a Cristo (3 veces)… No vuelvo atrás, no vuelvo atrás.

La vida vieja ya he dejado (3 veces)… No vuelvo atrás, no vuelvo atrás.

Si otros vuelven, yo sigo a Cristo (3 veces)… No vuelvo atrás, no vuelvo atrás.

La Cruz delante, el mundo atrás (3 veces)… No vuelvo atrás, no vuelvo atrás.

El Rey de Gloria me ha transformado (3 veces)… No vuelvo atrás, no vuelvo atrás.

CONTEXTO DEL TEXTO BÍBLICO

En este capítulo leemos palabras de Jesús en contra de los que buscan rango social y favor del trabajo arduo y aun sufrido. No perdamos de vista el propósito de nuestra humildad y auto sacrificio, ¡un banquete lleno de gozo con nuestro Señor! Dios nunca nos pide padecer por amor al sufrimiento. Nunca nos pide dejar algo bueno a menos que planee reemplazarlo con algo mucho mejor. Así es nuestro Señor.

ENSEÑANZA

  1. Jesús me enseña que mi amor por él debe ser genuino y sincero, o si no, no vale.
  2. Que seguirle, o ser cristiano, no es fácil; es darlo todo y renunciar a lo más valioso.
  3. Que Seguir a Cristo es parecerme a Cristo, es darlo todo por él y por quienes él ama.

ORACIÓN

Señor, gracias por amarnos como lo has hecho y como lo sigues haciendo, pero ayúdanos a hacer lo mismo, que eso es tu voluntad, dar todo y renunciar a lo más valioso que tengo. Sé que no es fácil, pero tú puedes ayudarme a hacerlo. Si los cristianos hiciéramos esto, en lugar de crear guerras en tu nombre, otro mundo tendríamos. Bendice a tus hijos verdaderos y sigue trabajando en nosotros para crear un mundo mejor en tu nombre, mediante tu Hijo, amén.

juan_pluma

Las mentiras más comunes de la pornografía

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Los límites morales se están corriendo cada vez más hacia un mundo de sensualidad y erotismo que no respeta edad ni desarrollo y que, por supuesto, no se preocupa de las consecuencias sociales que pueda generar. A continuación, algunas mentiras de la industria pornográfica y sus nefastas consecuencias:

Mentira 1. Mirar películas ‘subidas de tono’ es una ‘travesura inocente’. 

Hay quienes afirman que la pornografía es simplemente una ‘válvula de escape’, una forma agradable de disipar los impulsos sexuales, un derecho personal privado que no daña. Si bien es cierto que muchas personas luego de la repetición de las mismas imágenes pierden el interés, otras, caerán en el terreno de las adicciones sexuales.

Mentira 2. Mirar pornografía agrega una chispa de pasión al matrimonio.

Muy por el contrario, el consumo de pornografía a menudo roba espontaneidad y agrega problemas. Este tipo de películas muestra a mujeres, casi siempre jóvenes, que realizan cualquier tipo de práctica en cualquier clase de situación o lugar y con cualquier número de compañeros. Los hombres terminan pretendiendo que sus esposas se parezcan en algo a las actrices fogosas y desinhibidas que ven en dichas películas. Además, el mirar pornografía despierta fantasías por nuevos comportamientos y, cuando el cónyuge es reticente a participar, es agredido/a; enojos, insultos y amenazas surgen con frecuencia.

Mentira 3. Los hombres van directo al grano… ¡y a las mujeres les gusta! 

La pornografía no considera los sentimientos de las personas. No valora el amor, la dulzura o el romance. Nunca se ven besos, caricias, ternura y afecto. No existen mujeres con celulitis ni estrías producto de un embarazo o el paso de los años. Al contrario, lo único que se ve es genitalidad en personas jóvenes, desinhibidas y aparentemente felices. El cine ‘porno’ nunca muestra el tiempo que tardan los actores en excitarse para la ‘función’, por lo que las personas creen que en la vida las cosas funcionan así. Sin embargo, la importancia del tiempo previo y del amor romántico es totalmente indispensable no sólo para que la mujer no experimente dolor durante o después de la penetración, sino también para el propio hombre, pues mejora el placer durante el orgasmo.

En definitiva, la pornografía es, por sobre todas las cosas, una gran mentira. Todo lo que ofrece es un estimulante sexual, por lo que además de ser una gran mentira es una forma reducida y empobrecida de la sexualidad. Pero lo que es peor, va dejando imágenes acumuladas en el cerebro que llevan a rememorar lo visto y creer que eso puede ocurrir en algún momento de la vida. Como consecuencia surge la frustración por lo cotidiano, el deseo por experiencias similares a las vistas y la pérdida de tabúes sexuales en un mar de lascivia y excitación.

Las mentiras más comunes de la pornografía II

A las mujeres les gusta el sexo fuerte. Mentira.

Las películas pornográficas presentan a las mujeres como objetos que desean ser penetradas, tratadas con rudeza, sometidas y dominadas. Esta es una peligrosa mentira. No sólo las mujeres sino la inmensa mayoría de los hombres no comparten la idea de violencia en el acto sexual. La relación podrá ser más fogosa e intensa algunas veces, pero nunca violenta. La pornografía intenta naturalizar la violencia hacia la mujer.

Las 1001 posiciones para hacer el amor. Mentira.

Las películas XXX presentan tantas posiciones para practicar el sexo como días tiene el año. Por supuesto que algunas requieren de verdaderos acróbatas, pues son un gran desafío a las posibilidades del cuerpo humano.

Todo espectáculo termina con estrellitas de colores. Mentira.

Los encuentros sexuales terminan con un orgasmo a ‘gran escala’. La medida habitual de eyaculado en la población en general es de apenas 1.5 a 4 ml, algo tan poco interesante que ha obligado a la industria pornográfica a maximizarlo con distintos ingredientes: desde leche condensada a otros con similitud visual al semen. Por su parte, si bien es cierto que la mujer puede tener varios orgasmos en una misma relación sexual, no es lo más frecuente, y sólo se presenta en una proporción ínfima del total de relaciones.

La pornografía no es adictiva. Mentira.

Varios estudios han demostrado que muchas personas que ven pornografía desarrollan el deseo de ver material cada vez más perverso. A raíz de ello comienzan a emplear métodos cada vez más violentos en sus relaciones sexuales. Los psiquiatras británicos Martin Roth y Edward Nelson han declarado que “lejos de tener un efecto catártico, el ver pornografía produce un mayor interés en la desviación sexual”. Una de las más poderosas adicciones hoy en día es la pornografía. Hace desear más y más, como el alcohol o las drogas. Nunca es suficiente. La adicción paraliza la espiritualidad, pervierte la forma de ver el mundo, deforma la vida social y destruye cualquier posibilidad de ser efectivos en el ministerio. Si tienes problemas con el consumo de pornografía, escríbenos. Nuestro deseo es que puedas superar esta dependencia con la ayuda de Dios.

Tomado de:

nexo_cristiano_mexico@googlegroups.com / boletinplaceresperfectos@gmail.com

Una Experiencia de Pascua

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María Teresa Martínez

Aquella mañana, el sol lucía especialmente brillante, parecía que adivinaba la intensidad de nuestra fiesta; el mundo cristiano y evidentemente la Iglesia Getsemaní (IMMAR en la Ciudad de México, de la CAM), se vistieron de gala para celebrar el inicio de la Pascua.

Emotivo, como siempre, nuestro pastor inició el mensaje y reiteró “Cristo Vive”; el Presbítero Moisés Morales Granados compartió su mensaje “La Fiesta de la Pascua”, y nuestras mentes viajaron con su relato.

Entristecimos, al imaginar ese momento de desolación, de las mujeres que fueron al sepulcro del salvador y no encontraron su cuerpo. Las lágrimas de María Magdalena y su desesperado reclamo dónde se han llevado al Señor?

La imagen me remitió a situaciones ríspidas, de antaño, cuando mi muy frágil fe de entonces me llevaba a clamar, ¿dónde estás Señor?, y paradójicamente, a encontrar la misma respuesta que dio el amoroso Resucitado a María Magdalena, ¿por qué lloras si estoy junto a ti?

Si bien todos tenemos pruebas, en ocasiones provocan llanto, hoy sabemos perfectamente bien, el único Dios y rey está con nosotros de noche y de día, hoy, mañana y siempre. Esa es la pequeña gran diferencia, nada más y nada menos.

Volvamos a tocar el desconsuelo de Magdalena, que al mismísimo Jesús de Nazaret cuestionaba, ¿tú te lo llevaste? Y ahora, felices, regresemos a ese sublime instante de la historia cuando reconoce María Magdalena al nazareno y seguramente, con toda la dicha del mundo, intentó abrazarlo y exclamó, ¡raboni!, cuyo significado es, ¡maestro!

El Domingo de Resurrección da inicio al periodo de cincuenta días, denominado La Pascua; Jesús, nuestro camino, verdad y vida,  ese día, pidió a María Magdalena no le tocase; aún no había subido al Padre y también le pidió avisar a sus discípulos, ¡Jesús había resucitado!

Según el relato de Juan, llegó la noche y visitó a sus amados discípulos para decirles: “Recibid el Espíritu Santo” y ellos se regocijaron inmensamente por verlo; recordaron, dicho estaba, resucitaría al tercer día y lo ratificaron, su fe no fue en vano.

La semana siguiente, entre sus discípulos se encontraba Dídimo, mejor conocido como Tomás, quien no daba crédito a la dimensión del evento y ante su sorpresa afirmó: Si metiere mi dedo en el lugar de los clavos y mi mano en su costado, entonces creeré.

Lejos de enojarse, paciente y misericordioso, ante la precaria fe de Tomás y la barbarie de sus palabras, el rey de reyes permitió le tocase, y le dijo: Porque me has visto, creíste; bienaventurados, los que no vieron, y creyeron.

Este fragmento bíblico y Tomás trajeron a mi memoria circunstancias del tiempo pasado, cuando me preguntaba si Jesús existía;  de repente, me sentí profundamente contenta. Emocionadísima me dije, ¡Cristo Vive!, y sabemos no es una frase, es nuestra más importante y amorosa realidad.

Jesús me levantó

jesusmelevanto

Salmo 113:1-9

Este himno fue escrito por Carlos Hutchinson Gabriel, quien nació en Iowa, E.U.A., en el año de 1856, y murió en 1932. Creció en un ambiente evangélico, y desde muy pequeño tuvo la habilidad de tocar el órgano de la familia. A los 16 años se inició como maestro de escuela de canto y llegó a ser el compositor más conocido. Fue director de canto en Iglesia Metodista Episcopal de San Francisco, California. Más tarde se cambió a Chicago, Illinois. Editó 43 libros de cantos, 7 himnos para coros, 23 cantatas, entre otras obras.

Aunque este himno no fue inspirado en el Salmo 113, éste nos dice que Dios se humilla para levantarnos, como en nuestro caso, Jesús se humilló y nos levantó para ser sus hijos y darnos la salvación. Es uno de mis himnos favoritos, así como el Salmo, porque describe mi situación.

HIMNO

Mi Salvador en su bondad

Al mundo malo descendió,

Y de hondo abismo de maldad,

Él mi alma levantó.

CORO

Seguridad me dio Jesús

Cuando su mano me tendió;

Estando en sombra, a plena luz,

En su bondad me levantó.

Su voz constante resistí,

Aunque Él amante me llamó,

Más su palabra recibí

Y fiel me levantó.

Tortura cruel sufrió por mí,

Cuando la cruz Él escaló,

Tan sólo así salvado fui,

Y así me levantó.

Que soy feliz, yo bien lo sé,

Con esta vida que Él me dio;

Más no comprendo aún por qué

Jesús me levantó.

CONTEXTO DEL TEXTO

Salmo 113. Con este salmo comienza una colección de seis himnos (113–118) que la tradición rabínica llama Halel, palabra vinculada con la exclamación litúrgica Aleluya, ¡Alabado sea el Señor! Estos salmos se cantaban en las principales fiestas litúrgicas de Israel, especialmente en la celebración de la cena pascual (Mt. 26.30).

Dios sobrepasa los órdenes sociales de este mundo, eligiendo a menudo a sus líderes y embajadores futuros de entre los desechos sociales. ¿Trata usted a los despreciados por la sociedad como si tuvieran algún valor? Demuestre mediante sus acciones que todas las personas son valiosas y útiles ante los ojos de Dios.

ENSEÑANZA

  1. Que Dios en su amor nos envió a su Hijo quien se humilló y así nos dio un gran valor.
  2. Que nosotros, siendo nadie, Jesús en su bondad nos levantó y nos hizo semejantes a él.
  3. Que ahora nosotros, en gratitud, tenemos qué publicar su bondad a fin de que otros sean bendecidos.

ORACIÓN

Señor, gracias por darnos himnos como este, nos recuerdan de tu Amor y el Amor de Jesús  para darnos un lugar en tu Reino, y un lugar en la sociedad donde vivimos. Gracias porque en ti nos movemos y somos. En este mundo con una crisis de valores y lleno de violencia, danos el gozo de proclamar tu bondad y tu amor de modo que sean erradicadas la violencia y la maldad. Danos la bendición de ver un mundo nuevo, en el nombre de tu Hijo. Amén.

juan_pluma