Categoría: Secciones Varias

Pensamientos Episcopales

Los siguientes comentarios breves no fueron redactados para su publicación en este órgano informativo, sino localizados y rescatados de diferentes comunicados que el Obispo Fernando Fuentes Amador envió mediante las redes sociales a su área episcopal. Es iniciativa de este periódico su publicación, ya que su contenido tiene un valor pastoral aprovechable para todos nosotros.

NO ENCIENDAS ALGO QUE PROBABLEMENTE NO PUEDAS APAGAR.

Leyendo al Apóstol Pablo en Romanos 1:18-32, vemos cómo establece que todo pecado, extravío, todo mal o quebranto proviene de tres cosas: Primero, (25) cambian la verdad por la mentira; segundo, (27), encienden apetitos y pasiones que no pueden controlar; tercero (28), no aprobaron tener en cuenta a Dios. Las tres cosas -que no son limitativas, pues el pasaje enseña muchas cosas más- establece (y quiero hacer énfasis en esto), la palabra ENCENDIERON. Otra versión dice: «ardieron»…en el sentido de prender, iniciar un fuego.

Aquí la pregunta es: ¿cuántas veces hemos encendido cosas como pasiones, sentimientos, pecados, hábitos que no hemos podido apagar y controlar? Aquí el pasaje habla de encender su lascivia, su aspecto sexual y sensual de manera incorrecta; después, aunque quieran, es muy difícil de apagar, pues el cuerpo tiende a la adicción y nuestro cuerpo encuentra rutas fáciles para volver y conectarse con aquello que le suministra placer temporal y paliativo a una situación. No soy freudiano, creyendo e interpretando que el hombre y la mujer son seres sólo sexuados y toda su vida, felicidad, depresión, enojo, reprensión, su introyección, o proyección están ligados mera y absolutamente con el sexo; el hombre es más que libido; pero esta parte es importante y a donde Pablo nos quiere llevar al advertirnos «NO ENCIENDAS COSAS EN TU VIDA QUE NO PUEDAS APAGAR, CONTROLAR O DOMINAR». Pero si por azares del destino, o provocadas intencionalmente por ti, has encendido cosas no correctas, el Señor te dice: «Toda cosa que no sembró mi Padre será desarraigada» (Mateo 15:13). El Padre está aquí a través de Cristo para apagar y desarraigar. Sólo él lo puede hacer, no hay otro camino: sólo el camino de la Cruz.

LA VIDA EN ABUNDANCIA.

Jesús establece que él viene para que tengamos vida y VIDA EN ABUNDANCIA; por el contrario, el enemigo viene para hurtar, matar y destruir (Juan 10:10). Hay otras versiones que traducen que él ha venido para que «no nos falte nada», tener una «vida completa», una vida feliz; una vida «integra»; es decir que no sobra ni falta.

Leyendo a Thomas Hobbes en su libro El Leviatán, expresa de manera sucinta el sentimiento universal y general de nuestro mundo: «y lo que es peor de todo, existe continuo temor y peligro de muerte violenta; y la vida del hombre es solitaria, pobre, tosca, embrutecida y breve…” Y esto añade a causa de la competencia, la desconfianza y la vanagloria de la vida. Él está describiendo lo que el enemigo trae a la vida de la gente: la empobrece, la llena de temor y peligro, la hace violenta, difícil, solitaria, abigarrada y breve; si tienes este diagnóstico en tu vida, entonces estás en las manos equivocadas, en aquellas que hurtan, matan y destruyen.

Jesucristo ha venido para dar propósito y sentido a la vida, a salvar lo que se había perdido, a resucitar lo que ha muerto, a levantar lo caído, a sanar lo enfermo, a darle dirección a lo extraviado, a reconciliar lo peleado, a enriquecer lo empobrecido, a dar esperanza contra esperanza, a dar amor donde ha habido odio, a establecer fe donde ha existido incredulidad. Venid a mí, dice él hoy, los que estén cansados y cargados que YO LOS HARÉ DESCANSAR. La vida es bella, la vida es abundante en Dios.

«COMO SAETAS EN MANOS DEL VALIENTE, ASÍ SON LOS HIJOS HABIDOS EN LA JUVENTUD» (Salmos 127:4).

Las saetas no son lo que conocemos como flechas; hay una acepción de la palabra pecado -amartía- que significa errar el blanco (también significa hacer lo malo, quebrantar los mandamientos del Señor, etc.). Esto nos trae la imagen mental de un tirador dando en el medio de círculos concéntricos, entre más al centro das, eres más certero, es decir que no hierras, no pecas.

La Biblia establece que los PADRES son los valientes, que DIOS les ha dado a sus hijos ¿para qué?, para lanzarlos y guiarlos intencional y direccionalmente al blanco para el cual fueron creados. ¿Cuál es el blanco? Que sean a imagen y semejanza de Dios, de Cristo; que se cumpla en ellos el plan perfecto, su perfecta voluntad en ellos; y al LANZARLOS, da la enseñanza de que ellos deben llegar mucho más allá de donde nosotros hemos llegado, tienen que ser mejores, deben ir más alto, mucho mejor. No seremos avergonzados con esta clase de hijos que son UNA HERENCIA, UN TESORO, ESTIMADOS Y DIRECCIONADOS HACIA EL PLAN PERFERCTO DE DIOS.

«TUS HIJOS COMO PLANTAS DE OLIVO ALREDEDOR DE TU MESA» (Salmos 128:3b). Siguiendo la reflexión anterior, voy a hacer una alegoría al estilo Scoffield, que es válida como método de interpretación, siempre y cuando lo sepas y aclares… El aceite de olivo se utilizaba para cuatro cosas entre el pueblo de Dios, los hebreos; primero, como ungüento para sanar; segundo, como ungüento de perfumería; tercero, se utilizaba para ungir al rey y consagrar las cosas; y tercero, tenía fines culinarios altamente curativos.

De manera analógica y alegórica, Dios quiere que tus hijos sean sanos e irradien e impartan sanidad en lo que hablan y hacen; que donde quiera que vayan, haya un olor agradable, aceptable, deseable a través de su vida y carácter, que lleven en si el poder y la unción del Espíritu Santo, la salvación a los que los rodean predicando a Cristo; que den a las relaciones que tienen y a la gente que los rodea ese sazón de salud física, mental y espiritual que poseen en el Señor y por la dirección que tú les has dado (saetas en tus manos). Esta será la bendición del hombre y la mujer que temen a Jehová.

Volviendo a leer el libro El Príncipe, del Italiano Nicolás Maquiavelo, expresa una gran verdad; «La única manera de librarte de la adulación y la lisonjearía es permitir a los que te rodean una confianza hacia ti de tal manera que te digan la verdad, aunque no sea de tu agrado» (que por cierto no todos sus consejos en este libro son buenos, pues establece el ejercicio del poder sin ética y moral, pero la verdad es la verdad no importa en labios de quien se exprese).

La Palabra de Dios nos dice a través de David en el Salmo 12:2-4, «Falsedad habla cada uno a su prójimo; hablan con labios lisonjeros y con doblez de corazón. (3) Corte el SEÑOR todo labio lisonjero, la lengua que habla con exageración; (4) a los que han dicho: Con nuestra lengua prevaleceremos, nuestros labios nos defienden; ¿quién es señor sobre nosotros?» La lisonjería, según este pasaje, es hablar con doblez y con exageración. También SANTIAGO 3:5 dice: » Así también la lengua es un miembro pequeño, y sin embargo, se jacta de grandes cosas. Mirad, ¡qué gran bosque se incendia con tan pequeño fuego!» La lisonjera es jactarse de grandes cosas o expresarlas, cuando no lo son, podemos desencadenar situaciones de peligro para nosotros y los demás. Por eso no hay como amar, decir y establecer la verdad en amor; y permitir que otros hacia nosotros mismos nos amen, nos digan y nos establezcan la verdad. Más valor tiene una persona que es sincera contigo que aquel que sólo quiere quedar bien contigo, no siendo honesto.

XXV Aniversario IMMAR Camino de Paz

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Apodaca, NL

El domingo 25 de octubre de 2015, por la tarde-noche, la IMMAR Camino de Paz, ubicada en Apodaca, N. L. (dentro del área metropolitana de Monterrey), celebró un Culto de Acción de Gracias por cumplir el XXV Aniversario de su fundación.

La obra comenzó en 1990, cuando el entonces director del Seminario Metodista Juan Wesley decidió ocupar sus fines de semana en un trabajo evangelístico, apoyado por tres jóvenes seminaristas. La idea era no fundar una iglesia nueva a partir de algún grupo base de familias provenientes de alguna otra iglesia, sino iniciar desde el principio, a través de la obra directa tocando puertas en una colonia. El Superintendente de Distrito respaldó el plan señalando el hogar de una familia de la IMMAR El Divino Redentor para disponer de su casa como lugar de reunión inicial, y se trató de la casa de la Fam. Martínez García.

Así se hizo, todos los sábados y domingos se visitó la colonia llamando a la puerta de cada casa, presentando el mensaje de salvación. Cuando el director fue llamado a pastorear los fines de semana una congregación que había quedado sin pastor a mitad de año, vigiló que nuevos grupos de seminaristas continuaran con el proyecto. Aparte de los Martínez García, pronto acudieron a añadirse las primeras dos personas evangelizadas: La Sra. Juana María y la Sra. Rocío. Las tres familias tenían niños pequeños en aquel entonces, así que se impartían clases bíblicas los domingos en la sala de la casa de la familia anfitriona y se daban clases para niños en una de las recámaras.

camino_1Cuando el grupo comenzó a crecer, se asignó a un pastor de tiempo completo, y así prosiguió el desarrollo de lo que sería la IMMAR Camino de Paz, hoy una iglesia bien establecido de sostenimiento propio. Prevalece allí una atmósfera de fraternidad y de celo por los asuntos del reino de Cristo. Les emociona cantar de vez en vez un himno que compuso uno de los miembros de la iglesia, cuya letra dice:

CAMINO DE PAZ

Estamos en Camino de Paz,

Buscamos a tu presencia llegar;

Estamos en Camino de Paz,

Queremos tu nombre glorificar.

Oh, ven, Señor Jesús,

A morar aquí,

Bendice hoy tu santo lugar.

Santo Espíritu, llénanos hoy de ti.

Somos tu pueblo escogido,

Somos tu pueblo adquirido.

Camino de Paz siempre hallaré

En ti, Jesús; siempre estaré en ti.

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El precio de la gracia (Parte 22)

 

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Dietrich Bonhoeffer, fue un pastor y teólogo luterano, quien predicó también con el ejemplo. Mientras las iglesias de Alemania guardaron silencio y se sometieron al nazismo de Hitler, él lo confrontó en forma escrita y verbal.

Su resistencia al régimen resultó en su captura, encarcelamiento y ejecución el 9 de abril de 1945, apenas 21 días antes del suicidio de Hitler, y 28 días antes de la rendición de Alemania. El día anterior de su muerte había dirigido un culto con los presos. Antes de ser ahorcado, de rodillas elevó su última oración. Tenía apenas 39 años de edad.

Continuamos con la publicación de su obra más difundida, El Precio de la Gracia. Vamos en la Segunda Parte de la obra, La Iglesia de Jesucristo y el Seguimiento, de donde entregamos ahora la cuarta fracción del Capítulo 4, La Iglesia Visible.

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  1. La Iglesia Visible (cuarta y última fracción)

Por eso también resulta claro ahora que la vida en una profesión secular posee para el cristiano unas fronteras muy delimitadas y que, por consiguiente, a la llamada que le exige entrar en una situación secular puede suceder, llegado el caso, la llamada que le exija salir de ella. Esta forma de pensar es paulina, y también luterana. Los límites son impuestos por la pertenencia a la Iglesia visible de Cristo. El límite se alcanza allí donde el espacio del culto, de los ministerios de la Iglesia y de la vida civil, reivindicado y ocupado por el cuerpo de Cristo en este mundo, entra en conflicto con la pretensión del mundo a tener un espacio propio.

Al mismo tiempo aparece claramente que este límite ha sido alcanzado por la obligación que tiene el miembro de la Iglesia de confesar visible y públicamente a Cristo, y por el hecho de que el mundo se bate prudentemente en retirada o usa de la fuerza. Entonces el cristiano entra en el dominio del sufrimiento público. Él, que ha muerto con Cristo en el bautismo, al que el mundo no reconoce el sufrimiento secreto con Cristo, se ve excluido públicamente de su situación en el mundo. Penetra visiblemente en la comunidad de sufrimiento con su Señor. Ahora más que nunca tiene necesidad de la comunión plena y de la ayuda fraternal de la Iglesia.

Pero no siempre es el mundo quien excluye al cristiano de la vida profesional. Desde los primeros siglos de la Iglesia hubo profesiones que fueron consideradas incompatibles con la pertenencia a la Iglesia cristiana. El actor, que debía representar a los dioses y héroes paganos; el profesor, que debía enseñar en las escuelas paganas la mitología pagana; el gladiador, que debía matar por juego; el soldado, que llevaba la espada; el policía, el juez… todos debían renunciar a su profesión si querían recibir el bautismo. Posteriormente, la Iglesia, o más bien el mundo, permitió a los cristianos el ejercicio de la mayor parte de estas profesiones. En adelante, la resistencia vino cada vez más del mundo, y no de la Iglesia.

Pero cuanto más envejece el mundo, cuanto más se agudiza el combate entre Cristo y el anticristo, tanto más intenta el mundo desembarazarse completamente de los cristianos. A los primeros cristianos el mundo les reconocía el derecho a un espacio en el que podían alimentarse y vestirse con el trabajo de sus manos. Pero un mundo que se ha vuelto totalmente anticristiano no puede dejar a los seguidores de Cristo esta esfera privada del trabajo profesional destinada a procurarles el pan cotidiano. Por todo trozo de pan que quieran comer debe exigírseles que renieguen de su Señor. Así, sólo quedarán a los cristianos dos posibilidades: huir del mundo o ir a la cárcel. Pero cuando se quite a la cristiandad este último espacio sobre la tierra, el fin estará cerca.

El cuerpo de Cristo penetra así profundamente en las esferas de la vida del mundo; sin embargo, en otros lugares la separación sigue siendo radical y visible, y deberá serlo cada vez más. Pero, en el mundo o separados del mundo, las dos actitudes sólo tienen lugar en la obediencia a esta palabra: «No os acomodéis al mundo presente, antes bien transformaos mediante la renovación de vuestra mente, de forma que podáis distinguir cuál es la voluntad de Dios» (Rom 12, 2).

Hay una forma de acomodarse al mundo en el mundo, pero también existe el «mundo» espiritual del claustro. Hay una forma prohibida de quedar en el mundo y una forma prohibida de huir del mundo. En ambos casos nos acomodamos a él. Pero la Iglesia de Cristo tiene una forma distinta a la del mundo. Debe transformarse cada vez más para conseguir esta forma, la forma misma de Cristo que vino al mundo y, en su misericordia infinita, tomó a la humanidad, la acogió, pero sin conformarse al mundo; al contrario, fue rechazado y excluido por este. No era del mundo. En el encuentro auténtico con el mundo, la Iglesia visible se volverá cada vez más semejante a la forma de su Señor sufriente. Los hermanos deben saber que el tiempo es corto. Por tanto, los que tienen mujer vivan como si no la tuviesen. Los que lloran, como si no llorasen. Los que están alegres, como si no 10 estuviesen. Los que compran, como si no poseyesen. Los que disfrutan del mundo, como si no disfrutasen. Porque la apariencia de este mundo pasa. Yo os quisiera libres de preocupaciones (1 Cor 7, 29-32a).

Tal es la vida de la Iglesia de Cristo en el mundo. Los cristianos viven como los otros hombres. Se casan, lloran, se alegran, compran, usan del mundo para vivir cada día.

Pero 10 que tienen sólo lo tienen por Cristo, en Cristo, a causa de Cristo, y así no quedan atados a estas cosas. Las poseen como si no las poseyesen. No ponen en ellas su corazón. Son plenamente libres. Por serlo, pueden usar del mundo y no están obligados a retirarse de él (l Cor 5, 13). Por ser libres, también pueden abandonar el mundo cuando constituye un obstáculo para seguir a su Señor. Se casan; evidentemente, la opinión del apóstol es que es mejor permanecer libre en la medida en que esto es posible en la fe (l Cor 7, 7.33-40). Compran, comercian, pero sólo para socorrer a las necesidades de la vida cotidiana. No acumulan tesoros a los que esté apegado su corazón. Trabajan porque no deben permanecer ociosos. Pero el trabajo nunca es para ellos un fin en sí mismo. El Nuevo Testamento ignora el trabajo por amor al trabajo. Cada uno debe ganar con su trabajo lo que necesita. También debe tener algo con que ayudar a sus hermanos (l Tes 4, lIs; 2 Tes 3, lIs; Ef4,28).

Debe ser independiente de «los de fuera», los paganos (l Tes 4, 12), como Pablo mismo, que se enorgullecía de ganar su pan con el trabajo de sus manos, y de ser independiente incluso con respecto a las iglesias (2 Tes 3, 8; 1 Cor 9, 15). Al predicador del Evangelio esta independencia le sirve para demostrar con especial fuerza que los motivos de su predicación no son lucrativos. Se encuentra al servicio pleno de la Iglesia. Junto al mandamiento de trabajar se halla el otro:

No os inquietéis por cosa alguna; antes bien, en toda ocasión presentad a Dios vuestras peticiones, mediante la oración y la súplica, acompañadas de la acción de gracias (Flp 4, 6).

Los cristianos saben que ciertamente es un gran negocio la piedad, con tal de que se contente con lo que tiene. Porque nosotros no hemos traído nada al mundo y nada podemos llevarnos de él. Mientras tengamos comida y vestido, estemos contentos con eso. Los que quieren enriquecerse, caen en la tentación, en el lazo y en muchas codicias insensatas y perniciosas que hunden a los hombres en la ruina y en la perdición (1 Tim 6, 6-9).

Los cristianos usan de las cosas de este mundo sabiendo que «todas ellas están destinadas a perecer con el uso» (Col 2, 22). Lo hacen con acciones de gracias y oraciones al Creador de toda criatura buena (l Tim 4, 4). Y sin embargo, son libres. Pueden estar satisfechos y tener hambre, hallarse en la abundancia y en la miseria. «Todo lo puedo en aquel que me conforta» (Flp 4, 12s). Los cristianos están en el mundo, usan del mundo, porque son de carne y a causa de su carne vino Cristo al mundo. Realizan cosas mundanas. Se casan, pero su matrimonio tendrá una apariencia distinta a la de los del mundo. Será un matrimonio «en el Señor» (1 Cor 7,39). Estará santificado al servicio del cuerpo de Cristo y se situará .e~ la disciplina de la oración y de la continencia (1 Cor 7, 5). Sera Imagen del amor desinteresado de Cristo a su Iglesia. Formará parte del cuerpo de Cristo. Será Iglesia (Ef 5,32). Los cristianos compran y venden, comercian y ejercen la industria, pero lo harán de forma distinta a los paganos. No sólo no se aprovecharán de los otros (1 Tes 4, 6), sino que harán algo inconcebible al mundo: preferirán dejarse engañar y sufrir la injusticia antes que pedir justicia a un tribunal pagano para que defienda sus «bienes de este mundo». Si resulta necesario, arreglarán sus conflictos dentro de la Iglesia, en sus propios tribunales (l Cor 6, 1-8).

De este modo, la Iglesia cristiana vive en medio del mundo y con todo su ser, con toda su actividad, da testimonio en cada instante de que «la figura de este mundo pasa» (l Cor 7, 31), de que el tiempo es breve (1 Cor 7,23) Y el Señor está cerca (Flp 4, 5). Esto la llena de la alegría más intensa (Flp 4, 4). El mundo se vuelve muy pequeño para ella, la vuelta del Señor lo es todo. Camina aún en la carne, pero su mirada está puesta en los cielos, de donde volverá aquel a quien espera.

Aquí, en tierra extraña, es como una colonia lejos de su patria, una comunidad de exiliados que goza de la hospitalidad del país en el que vive, que obedece sus leyes y respeta a la autoridad. Utiliza agradecida las cosas necesarias para el cuerpo y para la vida; en todo se mostrará honrada, justa, pura, dulce, tranquila y dispuesta a servir. Manifiesta a todos los hombres, «especialmente a los hermanos en la fe» (GaI6, 10; 2 Pe 1, 7), el amor de su Señor. Es paciente y alegre en el sufrimiento, se gloria en la aflicción. Vive su propia vida bajo una autoridad y una jurisdicción extranjeras. Ruega por toda autoridad y, con esto, le hace el mayor servicio (1 Tim 2, 1). Pero sólo se encuentra como de paso. En cualquier instante puede sonar la señal que manda proseguir la marcha. Entonces rompe y abandona toda amistad, todo parentesco de este mundo y sigue únicamente la voz que la ha llamado. Abandona el país extranjero y marcha hacia su patria, que está en el cielo.

Son pobres, sufren, padecen hambre y sed, son misericordiosos, pacíficos, son perseguidos y ultrajados por el mundo y, sin embargo, este sólo se mantiene a causa de ellos. Preservan al mundo del juicio de la cólera de Dios. Sufren para que el mundo pueda seguir viviendo bajo el régimen de la paciencia divina. Son extranjeros y peregrinos por la tierra (Heb 11, 13; 13, 14; 1 Pe 2,11). Buscan las cosas de arriba, no las de la tierra (Col 3, 2). Porque su verdadera vida aún no se ha manifestado, está oculta con Cristo en Dios. Tienen ante sus ojos el reflejo de lo que serán. Aquí sólo es visible su muerte, su morir diario y secreto al hombre viejo y su muerte pública ante el mundo. También están ocultos a sus propios ojos. La mano izquierda no sabe lo que hace la derecha. Precisamente en cuanto Iglesia visible se desconocen completamente a sí mismos. Sólo miran a su Señor, que está en el cielo y en el que se encuentra la vida que esperan. Pero cuando Cristo, su vida, aparezca, también ellos aparecerán gloriosos con él (Col 3, 4).

Caminan por la tierra y viven en el cielo,

carecen de poder y protegen al mundo;

saborean la paz en medio de tumultos;

son pobres, pero tienen lo que quieren.

Sufren, pero están alegres,

parecen muertos a los sentidos externos

y viven interiormente la vida de la fe.

Cuando Cristo, su vida, se manifieste,

cuando se presente un día en su gloria,

también ellos aparecerán como príncipes de la tierra,

llenos de gloría para admiración del mundo.

Reinarán y triunfarán con él,

adornarán los cielos como suntuosas luminarias.

Entonces gozarán de la alegría plena.

(Chr. F. Richter, Es gliinzet der Christen inwendiges Leben).

Es la Iglesia de los que han sido llamados, la ekklesía, el cuerpo de Cristo en la tierra, los seguidores y discípulos de Jesús.

Himno «Firmes y Adelante»

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Y dijeron a Moisés: ¿No había sepulcros en Egipto, que nos has sacado para que muramos en el desierto? ¿Por qué has hecho así con nosotros, que nos has sacado de Egipto? ¿No es esto lo que te hablamos en Egipto, diciendo: Déjanos servir a los egipcios? Porque mejor nos fuera servir a los egipcios, que morir nosotros en el desierto.  Y Moisés dijo al pueblo: No temáis; estad firmes, y ved la salvación que Jehová hará hoy con vosotros; porque los egipcios que hoy habéis visto, nunca más para siempre los veréis, Jehová peleará por vosotros, y vosotros estaréis tranquilos.  Entonces Jehová dijo a Moisés: ¿Por qué clamas a mí? Di a los hijos de Israel que marchen” (Éxodo 14:11-15).

El autor de este himno marcial, el reverendo Sabino Baring-Gould, fue miembro prominente de la Iglesia Romana en Inglaterra, y se distinguió mucho por el gran número de poesías religiosas que preparó y dio a la circulación. Su fecundidad imaginativa y su estilo poético se manifestaron en esas poesías, algunas de las cuales eran magnificas por todos conceptos, dando a su autor fama y renombre. De entre todas ellas ninguna llegó a tener la aceptación de su marcha «Firmes y Adelante». Esta poesía, que con el tiempo ha llegado a ser famosa en todo el mundo, y muy principalmente en el mundo evangélico, originalmente fue una «marcha procesal», y como es natural, tenía un sabor marcadamente romanista. Al ser castellanizado el himno, se ha evangelizado también, en gran manera.

La música marcial con que es generalmente conocido, y la que ha contribuido en gran parte a hacerlo tan famoso, fue preparada por Sir Arturo Seymour Sullivan, eminente músico inglés a quien, por sus relevantes servicios en este arte, la reina Victoria dio título de nobleza. Esta música es tan marcial, que si la letra inspira y alienta, ella inflama el entusiasmo en el corazón, haciéndonos sentir realmente que nos encontramos «en marcha hacia la victoria», cada vez que lo cantamos.

CONTEXTO DEL TEXTO

Aunque no fue el texto lo que motivó al autor a escribir el himno, pero nos recuerda uno de los momentos más difíciles del pueblo de Israel, cuando se encontraba en proceso de formación, y huía de un enemigo cruel que se proponía destruirlo, tropieza en su camino con una barrera que le detiene y llena de terror, el miedo a morir. Es entonces, cuando más angustiado se encuentra el pueblo, sin saber qué camino tomar, cuando Dios dice a Moisés: «Manda a los hijos de Israel que marchen”. El pueblo, obediente al mandato divino, siguió adelante y aquella barrera que parecía infranqueable, el mar Rojo, abrió paso al pueblo que iba a la conquista de Canaán.

Sin duda, como el pueblo de Israel, en ocasiones nosotros nos encontramos con miedo, con gran temor y angustia por el peligro que corre nuestra vida. Es en ese momento cuando Dios el Señor nos dice que marchemos, que caminemos, que continuemos, El pelea por nosotros la batalla, cuando obedecemos, entonces Él toma el control de todo y nos bendecirá, ese es nuestro Dios y esa es la fe que nos sostiene. Amén

ENSEÑANZA

  1. Que en varias ocasiones nos hemos encontrado en riesgo y peligro de muerte.
  2. Que Dios está allí a nuestro lado y nos dice que él pelea por nosotros.
  3. Que no importa lo que pase, estamos en sus manos poderosas y en completa seguridad.

ORACIÓN

Señor, en muchas ocasiones hemos estado en peligro, pero tu amor incomparable nos ha salvado, no lo merecemos pero gracias por tu bondad, danos ahora el valor para compartirlo. Nuestra oración es también por quienes sufren por vivir en maldad en su familia, en su trabajo, en sí mismos, e igualmente oramos por todos aquellos que sufren por causa de la injusticia, por la avaricia y por la voracidad de otros, y lloran por haber perdido su trabajo, sus recursos, su familia, pelea por ellos y dales tranquilidad. Permíteles marchar firmes y adelante. En el nombre de tu Hijo. Amén.

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Enfrentando la muerte

 

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El salmista nos anima diciendo: El que habita al abrigo del Altísimo, morará bajo la sombra del Omnipotente. Diré yo al Señor: Esperanza mía, y castillo mío, mi Dios, en quien confiaré. Él te librará del lazo del cazador, de la peste destructora. Con sus plumas te cubrirá y debajo de sus alas estarás seguro. Escudo y defensa es su verdad. No temerás el terror nocturno, ni saeta que vuele de día, ni pestilencia que ande en oscuridad, ni mortandad que en medio del día destruya. Caerán a tu lado mil y diez mil a tu diestra, mas a ti no llegará.

Ciertamente con tus ojos mirarás y verás la recompensa de los impíos. Porque has puesto a Dios, que es mi esperanza, al Altísimo por tu habitación, no te sobrevendrá mal, ni plaga tocará tu morada; pues a sus ángeles mandará acerca de ti, que te guarden en todos tus caminos. En las manos te llevarán para que tu pie no tropiece en piedra. Sobre el león y la víbora pisarás, hollarás al cachorro del león y al dragón. Por cuanto en mí ha puesto su amor, yo también lo libraré; le pondré en alto, por cuanto ha conocido mi nombre.

Me invocará, y yo le responderé; con él estaré yo en la angustia; lo libraré y le glorificaré), en la primera resurrección, (la de los salvos). Lo saciaré de larga vida (la vida eterna) y le mostraré mi salvación (Salmo 91).

Los que profesionalmente nos hemos enfrentado por más de 45 años a la muerte, dado que miles de nuestros pacientes han llegado a nuestro consultorio y hospital en estadios muy avanzados de cáncer, nos hemos percatado más que la mayoría de las personas, de lo importante y trascendental que puede ser, al estar amenazados de muerte inminente, el concepto que tengamos sobre la muerte y la eternidad.

Muchos que durante toda su vida de adultos habían presumido de ateos, ante la espantosa noticia de que están desahuciados, rápidamente nos solicitan que les orientemos sobre lo que les espera en el periodo de agonía, y que les comentemos sobre nuestra fe en la esperanza de la vida en el más allá.

Además, cuando la muerte en forma despiadada y frecuentemente cruel, termina con la vida de un ser amado, que muchas veces, hasta hace unos pocos meses gozaba de excelente salud, felicidad y prosperidad, y era considerado una verdadera bendición para la sociedad, gente decente, útil, necesaria, productiva y ejemplar, los familiares cuya fe no está firmemente fundamentada en la persona de Jesucristo y sus fieles promesas, entran fácilmente en la desesperación y en un doloroso estado de angustia y pérdida irremediable.

Las escenas de dolor y llanto de tantas amorosas madres que están dispuestas no solo a dar su médula ósea y un riñón para salvar a sus hijos, sino su vida a cambio, son verdaderamente conmovedoras, sobre todo cuando no están seguras de lo que les espera a sus amados, al terminar su vida aquí.

Al respecto, Alfonso Aguiló, comenta: Todos hemos visto pasar cerca –cuando no nos ha dado ya de lleno alguna vez– ese dolor tremendo que produce la pérdida de un ser querido. La mayoría de las veces casi no sabemos cómo consolar a esas personas. Les decimos unas palabras, procuramos darles ánimo, pero, al final, casi solo queda acompañarles con nuestro silencio. Pensamos en su sufrimiento, en el vértigo que quizá sientan. A veces te dicen que su vida ha perdido ya todo su sentido, que no entienden, que no encuentran respuesta, que chocan contra ese misterio de la muerte, que nada les puede consolar.

Es que a veces no es fácil darles una respuesta. No es fácil, pero desde la fe hay algunas respuestas. Para quienes tenemos fe, la muerte es una despedida, a un tiempo doloroso y alegre. Un cambio de casa, de esta de la tierra a la del cielo. No es que la fe haga desaparecer esa herida como por encanto, sino que la cicatriza por medio de la esperanza, porque sabemos que los muertos no se mueren del todo.

¿Y los que no creen en nada? Para quienes la muerte no es más que la ruina biológica definitiva, sin nada detrás, efectivamente la respuesta es mucho más difícil. Quizá pudiera ser este un motivo más de credibilidad: la vida sin fe es como una broma cruel que termina un día casi sin avisar. La vida sin Dios no sabe qué hacer con la muerte, no tiene respuesta al miedo a morir, no cuenta con ninguna palabra de esperanza que atraviese el temible silencio de la muerte.

A quienes no tienen fe, la muerte les recuerda desafiante que su forma de entender la vida no tiene para la muerte una explicación satisfactoria. Sin Dios, sin un más allá, ¿qué auxilio puedo esperar para la oculta herida abierta en mi corazón por la muerte, por mi egoísmo y el egoísmo de los demás?

Una criatura, antes de nacer, no sabe absolutamente nada de lo que le espera. Les sucede lo mismo a los no creyentes en relación con la muerte: no saben qué les espera. Sin embargo, la madre, como los que tienen fe, ante los dolores –tanto los del parto como los de la muerte– pone su esperanza en la nueva vida.

El humano no puede atesorar su vida. No puede retenerla. La vida es una hemorragia. La vida se va. ¿Hacia dónde? ¿Hacia el vacío? ¿Hacia la nada? Es inevitable que el hombre se plantee la cuestión de su salvación. De lo contrario, la vida sería como un torrente que inevitablemente nos conduce al abismo. Creer en la salvación es creer que en alguna parte nuestra vida queda recogida.

Si todo se acabara con la muerte, es difícil encontrar sentido incluso al esfuerzo por ser buena persona. Algunos cifran sus afanes en trabajar por un mundo mejor, por lograr que fuera menos malo. Eso está bien, pero sería muy corto reducir nuestras esperanzas a un arreglo más satisfactorio de esta tierra. Todo ese sufrimiento, todo el esfuerzo de una vida, todas esas lágrimas –comenta André Frossard–, toda la sangre que empapa y desborda nuestra historia, ¿no habrían servido entonces más que para construir una ciudad terrena ideal, cuya inauguración se iría aplazando indefinidamente para una fecha posterior?

Pero ¡Gloria a Dios! Que la Biblia dice: El cuerpo hecho polvo se vuelve a la tierra, como era, y el espíritu vuelve a Dios que lo dio; pues está establecido para los humanos que mueran una sola vez, y después de esto el juicio. Así También Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan.

Así, todos los que hemos puesto nuestra fe en Jesucristo y sus fieles promesas bíblicas, podemos confiar en que cuando Jesucristo nuestro Salvador regrese, todos seremos transformados, y que en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados. Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?

Por tanto, no queremos, hermanos, que ignoren acerca de los que duermen (en el sepulcro), para que no se entristezcan como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron (murieron) en Él. Por lo cual les decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la (segunda) venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero, incorruptibles, inmortales, perfectos y gloriosos.

Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, cuando el mismo Dios de paz nos santifique por completo, y todo nuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea presentado irreprensible en la segunda venida de nuestro Señor Jesucristo, y así estaremos siempre con el Señor. Porque Fiel es el que nos llama, el cual también lo hará. Porque no nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salvación integral (en espíritu, alma y cuerpo), en la resurrección, por medio de nuestro Señor Jesucristo, quien murió por nosotros para que ya sea que velemos, o que durmamos (muramos), vivamos juntamente con Él. Por tanto, aliéntense, anímense y edifíquense unos a otros con estas palabras.

¡Qué bueno que la Biblia dice: Esta es la palabra de fe que predicamos: que si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor (gran Dios y Salvador), y crees en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo! Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. Pues la Escritura dice: Todo aquel que en Él cree, no será avergonzado. Porque no hay diferencia entre judíos y gentiles, pues el mismo que es Señor (Dios) de todos, es rico para con todos los que le invocan; porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.

Jesucristo, al invocarlo con su último aliento, le dijo al pecador que estaba crucificado a su lado: Hoy estarás conmigo en el Paraíso (el seno de Abraham, donde reposan los espíritus de los salvos, mientras llega la primera resurrección), a pesar de que nunca se bautizó, nuca puso un pié en un templo, y nunca tuvo la oportunidad de hacer obras dignas de arrepentimiento. Y digo qué bueno, porque aunque no es lo ideal, ni el perfecto plan de Dios para nuestras vidas terrenales, aún en el lecho de muerte, podemos invitar a las personas a que con una sencilla oración, invoquen el nombre de Jesucristo, crean en Él, y le acepten, reciban y le confiesen como su único y suficiente Salvador.

¡Qué bueno que aún al que nosotros por las apariencias y sus frutos de iniquidad, juzgamos como el más vil, despiadado y condenado de los pecadores, mientras tenga aliento y conciencia, tiene la oportunidad de ser salvo! Dijo Jesucristo: De cierto les digo, que los publicanos y las rameras que se arrepintieron y creyeron, irán delante de nosotros al reino de Dios.

Por todo esto, es que solo el cristiano puede decir confiadamente: Tengo por cierto que, siendo que por la gracia y la fe en Jesucristo, hemos sido hechos hijos de Dios y coherederos con Jesucristo del reino de los cielos, las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse. ¡Aleluya! Por tanto: No nos cansemos pues de predicarle el evangelio a toda criatura, porque la promesa

 

ernesto_contreras

Lectura y protestantismo

 

lectura

La fe y la lectura son buenas amigas. Siempre van de la mano. El Protestantismo trajo una nueva manera de vivir la fe. También trajo un cambio de vida, es decir una manera distinta de vivir.

Hoy hablaremos de la importancia de la lectura para la fe. Notaremos dos problemas. El primero es que el Catolicismo Romano no impulsa el estudio de la Biblia porque el Magisterio es el único capacitado para su interpretación. Mientras que en el Protestantismo el estudio de la Biblia por los fieles es necesario y alentado para su desarrollo espiritual. El segundo es que las estadísticas de lectura en México no son del todo favorables. Tristemente, México no tiene el hábito de la lectura.

Todo esto nos lleva a experimentar dos escenarios. En el primero encontramos nuevos convertidos, y dado que la mayoría llegan del Catolicismo Romano, no cuentan con la costumbre de leer la Biblia. En el segundo tenemos a creyentes que han crecido en la Iglesia toda su vida pero lastimosamente no cuentan con el hábito de la lectura. En ambos escenarios parece que ser mexicano pesa y lastima al propio creyente en muchos sentidos.

Entiendo que estos escenarios no son la regla pero tampoco son la excepción. Desafortunadamente vivimos en un país que no aprecia la cultura, el desarrollo intelectual ni la educación formal. Vivimos en un país donde leer todavía es un privilegio para muchos. Un país con libros caros. Un país que, tal y como lo manifiesta el antiguo proverbio egipcio, vive en la peor de las oscuridades… la ignorancia. La paciencia de muchas personas para leer escritos sin dibujitos suele ser heroica. La lectura es una virtud olvidada.

No lo pienso aburrir, asustar ni deprimir, con estadísticas oficiales. Mi sola intención es mostrarle el triste panorama que muchas congregaciones, familias y creyentes viven cada día. Creyentes que carecen del hábito de la lectura son malos creyentes. Inútiles para toda buena obra. Es imposible que un creyente tenga una vida fructífera si carece del hábito de la lectura. Es muy difícil que una congregación se desarrolle y que la Iglesia crezca, ahora sí que como Dios manda, si tiene fieles que no leen… ni siquiera por obligación. Ahora, otro es el problema de la comprensión de la lectura, pero ese asunto lo analizaremos en un artículo posterior.

Teóricamente hablando, ningún protestante, independiente de su nacionalidad o hábitos culturales, debería de tener problema alguno al estudiar la Biblia. La razón es muy sencilla. Dado que el Espíritu Santo habita en el creyente, guiándole a toda verdad, además del hambre de crecer más y más en su vida cristiana, esto le impulsaría de manera natural a leer y a estudiar el texto bíblico. Esa ética protestante de preparación y desarrollo personal debería guiar a todo creyente a la lectura y estudio de las Sagradas Escrituras. Por si eso fuera poco, en el Metodismo contamos con claros ejemplos de personas que cultivaron el hábito de la lectura.

Por lo tanto me parece inexcusable que el creyente no cultive el hábito de la lectura. Si la persona es salva y desea caminar en el Espíritu leer y estudiar la Biblia debería de ser de lo más natural en su vida. Los antecedentes sobrarían. Recuerde mi amable lector aquellos momentos de su primer amor. Donde los deseos de leer y estudiar el texto bíblico vorazmente eran comunes. Las ansías de conocer su fe y vivirla era vital para usted.

Dígame, ¿qué sucedió? ¿Es usted de aquellos que se dejaron vencer por las estadísticas y por la cultura circundante? ¿O acaso es de aquellos que alimentaron su fe y se inspiraron en su herencia protestante y wesleyana? Espero esto le inspire a crecer, avanzar y a desarrollarse espiritual, personal, cultural, académica e intelectualmente.

Que Dios bendiga a la Iglesia a desarrollar el Metodismo, cristianismo de verdad.

daniel_mendoza

Pensamientos episcopales

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Los siguientes párrafos no fueron escritos exprofeso para su publicación en este periódico, sino encontrados en las redes sociales, y dirigidos a pastores y congregantes de la CAO.

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LA VERDAD TAMBIÉN ES PELIGROSA.

Leyendo a José de Ingenieros, en su libro «Las fuerzas morales», dice… «Verdad es la más temida de las fuerzas revolucionarias; los pequeños motines se fraguan con armas de soldados, las grandes revoluciones se hacen con doctrinas de pensadores. Todos los que han pretendido eternizar una injusticia, en cualquier tiempo y lugar, han temido menos contra los conspiradores políticos que a los heraldos de la verdad, porque ésta, pensada, hablada, escrita, contagiada, produce en los pueblos cambios más profundos que la violencia. Ella –siempre perseguida, siempre invencible- es el más eficaz instrumento de redención moral que se ha conocido en la historia de la humanidad».

Jesús estableció: «Yo soy la Verdad». Y esta «verdad te hace libre». Esta verdad destruye primero la mentira, rompe las esclavitudes, los yugos, disipa las ignorancias, quita lo inconsistente, establece lo firme y el fundamento… Cristo la verdad eterna, absoluta, el autor y consumador de la Fe. Creamos en él, crezcamos en él, confiemos en él.

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ORAR ES PELIGROSO.

Puedes terminar cambiando tú, tu familia, y se puede transformar tu iglesia y tu nación, ORAR ES COSAS SERIA, muy seria. Terminarás recibiendo lo que ores, por eso ten cuidado… mucho cuidado. De no hacerlo también, pues toda acción, trae una reacción, toda omisión una consecuencia. Se nos insta a «Orar sin cesar»; y tú cuando ores, «Entra en tu aposento». Se pide: «Enséñanos a orar… Vosotros pues orareis así… Padre nuestro…» «El que pide, recibe…» «Todo lo que pidiereis en mi nombre yo os lo haré».

ORAR es un mandamiento y recompensa de mandamiento se recibirá. Se ora al PADRE, a través y dirigido por el Espíritu Santo, en el nombre de JESÚS. Nombre que es sobre todo nombre, sobre toda situación, todo problema; ante él; el hombre, los problemas, la enfermedad y los demonios, doblarán su rodilla y confesarán QUE ES EL SEÑOR.

obispo_fuentes

 

Poética

Poesía Biblica

a porrasEn el año 1968 Sociedades Bíblicas en América Latina editaron una obra como parte de la producción literaria y poética de don Luis D. Salem, cuyo nombre real fue Aristómeno Porras Maynes, con el tema de la Biblia, como guía de las más antiguas de la humanidad. Pequeñas obras de teatro y poesía con base en los libros de la Biblia.

Estamos publicando en nuestro periódico El Evangelista Mexicano, desde el número 19, una poesía de su autoría, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamentobarra

Reyes

poética.reyesUn monarca que se va, otro que llega,

desde el reino feliz de Salomón

a Sedequías que el país entrega

de Nabuco al ejército invasor…

Salomón muere… La unidad se rompe.

El pueblo marcha a voluntad del rey:

Ya con Acab que el corazón corrompe,

ya de Ezequías tras la ardiente fe.

Vemos así que éxito es seguro

si el pueblo, lejos del pecado impuro,

vive en estrecha comunión con Dios.

Más ¡ay!, la ruina, maldición y muerte

sobre los pueblos el pecado vierte

cuando se alejan del divino sol…

barrapoetica.filipensesFilipenses

Ante Pablo, cargado de cadenas,

pasan las horas de la edad primera:

horas de lujo, de riqueza plenas,

como la tierra es rubia primavera.

Y luego pasan las presentes horas,

horas de apóstol, de enemigos llenas,

horas que el fuego de un amor devora:

pobres, oscuras, al placer ajenas.

Alza los ojos del indigno suelo

y al engarzarlos del azul del cielo,

su prisión besa; luego exclama así:

De mi pasado los brillantes días:

la ciencia, ¡oh Cristo! para el alma mía

hoy es basura… ¡Te prefiero a ti!

donato_rdz

 

¡He decidido seguir a Cristo! –vs- ¡Renuncio!

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La vida cristiana encuentra su dimensión suprema en el servicio.

Reconocemos, con gratitud, la gran misericordia que Dios ha tenido hacia nosotros el darnos a Su Hijo Jesucristo para pagar el precio de nuestro pecado y adoptarnos como sus hijos y “si hijos, también herederos con Cristo”. Dios nos da “Así el querer como el hacer su voluntad” que se nutre en el servicio.

Al servir nos encontramos que somos en la Iglesia un equipo de personas de muy variadas características y condiciones, cada una de esas personas son sagradas delante de Dios, cada una ha sido comprada por la sangre de Cristo, el reto es adecuarnos en amor unos con otros y así, en armonía logremos la misión que Dios nos ha encomendado.

Complementamos la tarea con capacidades, talentos, conocimientos, experiencias, en sí personalidades muy diversas.

El riesgo es que nos fascinamos con la satisfacción de experimentar la ayuda de Dios, que logramos con éxito las metas, alcanzamos los objetivos: “aún más de lo que pedimos o entendemos” y llegamos a pensar que es por nuestra habilidad, nuestro ego se engrandece, nos sentimos dueños del proyecto y llegamos a sentirnos indispensables.

En muchas ocasiones lo anterior lo manifiesta algún miembro de la familia de la fe y nos sentimos lastimados, heridos en nuestro orgullo y se debilita nuestro gozo en el servicio, llegamos a perder de vista a Quién y por qué invertimos nuestro tiempo, recursos y devoción.

Nos enojamos y padecemos los síntomas de la “locura”: perdemos consciencia de realidad, no somos objetivos al manejar nuestras decisiones y nuestra capacidad de controlar nuestra voluntad disminuye o desaparece.

Jugamos con la idea de renunciar y lamentablemente algunas o muchas veces lo hacemos.

Las ciencias de la conducta nos afirman que tanto el enojo y la locura, como la renuncia y el suicidio son hermanos gemelos.

En el suicidio el sujeto pierde la valoración de sí mismo y de quienes le rodean, en su frustración, lo que predomina es la agresión: “me voy para que sufran”. Su aguda necesidad es fortalecer su autoestima que se le desmorona, espera que le rueguen y si esto no se satisface, se incrementa su coraje y deseo de agredir. Si se le hace el juego de rogarle, se desarrolla más su soberbia y daña más su persona y su entorno.

Nuestro Dios nos ha afirmado que lo esencial en la vida y nuestro servicio es el AMOR. Así hagamos lo más sublime, si no tenemos amor, de nada sirve (1°. Cor. 13).

Todo es por amor: Por amor Dios envió a Su Hijo para darnos vida plena; por amor nos ha dado una familia espiritual que nos ayuda a crecer en fe y nos apoya en el servicio. Por amor lograremos el proyecto de Dios para nuestra vida personal, los que amamos, los que nos es difícil aceptar y los que se unirán al equipo.

Dios nos dé la entereza de perseverar, ser fieles hasta la muerte y recibir la corona de la vida.

rafael_m