Categoría: Secciones Varias

120 Aniversario La Trinidad Monterrey

latrinidad

Con una semana de cultos especiales, del 22 al 29 de noviembre de 2015, la IMMAR La Trinidad, de Monterrey, N. L., dentro de la CAO, celebró los 120 años de su fundación, y los 50 años de la construcción de su segundo templo. Los predicadores invitados fueron el Obispo Fernando Fuentes Amador, el Pbro. Pedro García Carlos, el Pastor Eleazar Cepeda Martínez, el Dr. Nelson Paredes y el Hno. Hugo Chapa.

12279033_1087918131248246_6298410021747471868_n

Aparte de los cultos en el templo, también hubo eventos extramuros como desayunos-conferencias.

12309710_10208032981800639_4173173302555296732_oEn el transcurso de los cultos dominicales principales, a las 10:00 hrs. y 12:00 hrs., hubo que hacer varios movimientos bien planeados para acomodar a alrededor de 400 personas en cada uno, para tomar las fotografías del recuerdo, para luego proseguir con el culto correspondiente.

La redondez de la Tierra

tierra

Drernestocontreras@hotmail.com

La geodesia es la disciplina científica que trata de la medida y la representación de la Tierra, de su campo gravitacional y los fenómenos geodinámicos (movimiento polar, mareas, movimiento de la corteza terrestre) en un espacio de tres dimensiones.

En algunas culturas antiguas (babilonia o Mesopotamia, los medo-persa, India, etc.), había el concepto de una Tierra plana, donde el mundo era visto como un disco plano flotando en el océano y rodeado por un cielo esférico. Esto formó la premisa de los mapamundis antiguos como los de Anaximandro y Hecateo de Mileto. Otras especulaciones sobre la forma del mundo incluyen: un zigurat de siete niveles o montaña mágica, al que se alude en el Avesta y otros escritos antiguos persas; una rueda, tazón o plano con cuatro esquinas mencionado en el Rig-veda; y los conceptos de que Atlas sostenía al mundo o que estaba soportado por unos elefantes sobre el caparazón de una tortuga.

Ha sido sugerido que probablemente los marineros proveyeron la primera evidencia observacional de que la Tierra no era plana, basados en observaciones del horizonte. Este argumento fue esgrimido por el geógrafo Estrabón (64–24 a.C.), quien sugirió que la forma esférica de la Tierra era probablemente conocida por los navegantes del Mar Mediterráneo al menos desde los tiempos de Homero.

El concepto de Tierra esférica se consolidó y difundió en todo el mundo conocido, gracias a la influencia de la cultura griega (la helenización), después de establecido el imperio griego por Alejandro el grande, entre el siglo IV y III a.C. Según Diógenes Laercio, «Pitágoras (s. VI a.C.), es el primer griego en afirmar que la Tierra es redonda», pero Teofrasto le atribuye este hecho a Parménides, y Zenón a Hesíodo; pero esto puede ser reflejo de la práctica de endilgar cada descubrimiento a uno u otro de los antiguos sabios. Platón (427–347 a. C.), también enseñaba que la Tierra era una esfera aunque no ofreció ninguna justificación. El hecho es que después del siglo V a.C., ningún escritor griego de renombre pensó que la Tierra era otra cosa que redonda. Aristóteles (384–322 a. C.) observó que «había estrellas visibles desde Egipto y […] Chipre que no se ven desde regiones del Norte.» Dado que esto solo puede suceder sobre una superficie curva, también creía que la Tierra era una esfera «de no gran tamaño, o de otro modo el efecto de tan pequeño cambio de lugar no sería rápidamente aparente» (De caelo, 298 a 2–10). Aristóteles escribió: La sombra de la Tierra sobre la Luna durante un eclipse lunar es redonda (De caelo, 297b31– 298 a 10).

Eratóstenes (276–194 a. C.) estimó la circunferencia de la Tierra hacia 240 a. C. En base de sus cálculos trigonométricos, estimó la circunferencia terrestre en 250 000 estadios. Se desconoce la longitud del ‘estadio’ usado por Eratóstenes, pero la estimación de Eratóstenes solo tiene un margen de error de entre cinco y quince por ciento del valor actual de la circunferencia terrestre que es de 40,068 km.

Alrededor de 830 a. C., el califa Mamun comisionó a un grupo de astrónomos y geógrafos musulmanes para que midiesen la distancia desde Tadmur (Palmira) hasta al-Raqqah, en lo que es hoy Siria. Encontraron que las ciudades estaban separadas por un grado de latitud y que la distancia del arco de meridiano entre ellas era de 56 2/3 de milla árabe (111.8 km) por grado, lo cual corresponde a una circunferencia de 40,248 km, muy cercano al valor conocido actualmente de 111.3 km por grado y 40,068 km de circunferencia, respectivamente.

Claudio Ptolomeo (90–168 d.C.) vivió en Alejandría, centro intelectual del siglo II d.C. En su Almagesto, que fue el referente estándar sobre astronomía durante 1 400 años, avanza muchos argumentos para la esfericidad de la Tierra. Entre ellos, la observación de que, al navegar hacia las montañas, estas parecen elevarse del mar, indicando que estaban ocultas por la superficie curva del agua, determinada por la gravedad de la Tierra. Ptolomeo era consciente de que solo conocía alrededor de un cuarto del globo. Los trabajos de los astrónomos indios clásicos y el matemático Aryabhata (476–550 d.C.), tratan sobre la esfericidad de la Tierra y el movimiento de los planetas.

Las últimas dos partes de su magnus opus, el Aryabhatiya (en sánscrito), denominados Kalakriya («cómputo del tiempo») y Gola («esfera»), establecen que la Tierra es esférica y su circunferencia de 4,967 ióyanas, lo que en unidades modernas equivale a 39,968 km, cercano al valor ya calculado por Eratóstenes.

Abu Rayhan Biruni (973-1048) utilizó un nuevo método para computar la circunferencia terráquea, obteniendo un valor cercano a los valores modernos. Estimó el radio terrestre en 6,339.9 km, tan solo 16.8 km menos que el valor moderno de 6,356.7 km.

En el Timeo, obra accesible en latín en la Edad Media, se lee que «[el Creador] hizo el mundo en forma de globo, redondo como un torno, con sus extremos equidistantes del centro en todas direcciones, de por sí la más perfecta de todas las figuras.

La exploración portuguesa de África y Asia, el viaje de Cristóbal Colón a América (1492) y finalmente la circunnavegación del globo por Fernando de Magallanes y Juan Sebastián Elcano (del 10 de agosto de 1519 al 6 de septiembre de 1522) proveyeron pruebas prácticas de la forma global de la Tierra.

Lo interesante para el cristiano, es que por inspiración del Espíritu Santo, la Biblia dice desde los tiempos en que se escribió el libro de Job (1,500 a.C.): ¿No está Dios en la altura de los cielos? Mira lo encumbrado de las estrellas, cuán elevadas están. Y dirás tú: ¿Qué sabe Dios? ¿Cómo juzgará a través de la oscuridad? Las nubes le rodearon, y no ve, y por el circuito del cielo se pasea. Dios extiende el norte sobre vacío y cuelga la tierra sobre nada (Job 22:12-15; 26:7,8 y 13); y desde los tiempos de Isaías el profeta de Israel (700 años a.C.): ¿No sabes? ¿No has oído? ¿Nunca se los han dicho desde el principio? ¿No han sido enseñados desde que la tierra se fundó? Dios está sentado sobre el círculo (globo) de la tierra (Is 40:21-22). Esto es lo que descubrieron los marinos, al observar a lo lejos la superficie circular de la superficie del mar.

La Biblia nunca da a entender otra cosa que un mundo esférico, y cuando habla de los cuatro confines de la tierra (Is. 11:12), se refiere a los cuatro cuadrantes del compás, y no a los cuatro extremos o esquinas de la Tierra. Luego dice: No había aún hecho la tierra, ni los campos, ni el principio del polvo del mundo (la materia). Cuando formaba los cielos, allí estaba yo (la Sabiduría o Jesucristo, el Creador); cuando trazaba el círculo sobre la faz del abismo y cuando afirmaba los cielos arriba (Pr 8:26-28).

Esta es solo una de las revelaciones (conocimientos que nunca pudieron en su tiempo conocer los humanos por observación, experiencia o estudio), que nos dejó por escrito Dios en las Sagradas Escrituras, cientos de años antes de que lo descubrieran los científicos.

Otros ejemplos son: El origen sobrenatural de la materia, el universo, la innumerable cantidad de estrellas (astros), la Tierra, el mar, la atmósfera, el ciclo del agua, y la vida terrestres a partir del polvo y agua; la naturaleza bisexual de la mayoría de las plantas y animales; y que hay dimorfismo sexual (que el macho es diferente de la hembra); que hay un libro en el embrión (el ADN) que codifica y controla la formación de cada una de las partes del descendiente; que la vida depende de la sangre; y que el universo, el sistema solar y la Tierra tendrán un fin catastrófico, con la caída de astros. Pero hay muchos más.

Realmente debemos exclamar con el escritor sagrado: ¡Tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí! Alto es, no lo puedo comprender. ¡Cuán preciosos me son, oh Dios, tus pensamientos! ¡Cuán grande es la suma de ellos! Si los enumero, se multiplican más que la arena. ¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero? ¿O quién le dio a Él primero, para que le fuese recompensado? Porque de él, y por Él, y para Él, son todas las cosas. Por tanto, al Rey de los siglos, inmortal, invisible, al único y sabio Dios, sea honor y gloria por los siglos de los siglos. Que a Él sea la gloria por los siglos. Amén (Sal. 139:6-18; Ro 11:33-36; 1ª Tim. 1:17).

(Ver http://es.wikipedia.org/wiki/Tierra_esf%C3%A9rica). ernesto_contreras

El auto

elauto

Porque tú formaste mis entrañas; tú me hiciste en el vientre de mi madre”.
(Salmo 139:1-16)

En los primeros días del automóvil, un coche Ford, modelo T, se paró en el centro de la calle. El dueño no podía ponerlo en marcha de ninguna manera; él tocando y retocando, y el coche sin arrancar.  En ese momento apareció otro automóvil y paró detrás de él.  Un hombre bien vestido salió del asiento y ofreció su ayuda.  Después de tocar algunas partes del motor, en un momento el desconocido dijo: «Ahora pruébelo». Inmediatamente el motor rugió vivo.  El individuo, se identificó entonces como Henry Ford. Como él había diseñado y construido estos carros, sabía muy bien cómo arreglarlos.

De la misma manera, Dios, que ha creado y planeado tu cuerpo y el mío, Él sabe muy bien cómo ayudar a sus criaturas cuando necesitan un toque de su divina mano.  Debemos confiar en Dios con y sin necesidad.

CONTEXTO DEL TEXTO

Algunas veces no consentimos en que la gente nos llegue a conocer por completo porque tememos que descubran algo nuestro que no les guste. No obstante, Dios ya conoce todo acerca de nosotros, aun el número de los cabellos que tenemos en la cabeza (Mateo_10:30).

Él es el autor del último modelo, sabe dónde anda mal y tiene el conocimiento, el amor y el poder para arreglarlo. Sólo tienes que pedirlo y confiar en el dueño de tu vida. Está con nosotros en cada situación, en cada prueba, nos protege, ama, dirige. Nos conoce y ama a plenitud.

LO QUE ME ENSEÑA EL TEXTO BÍBLICO

  1. Que el Señor me conoce y sabe dónde anda mal mi carrocería, mi motor o incluso mi volante; a veces sólo es cuestión de gasolina o aceite, recordemos que el aceite es símbolo del Espíritu Santo.
  2. Que así como Él me conoce, sólo tengo que pedir para que venga y arregle el problema.
  3. Que igual Él es quien tiene el control de mi vida y de la vida de todos, sólo tenemos que confiar en Él.

ORACIÓN

Gracias Señor, porque a veces estoy tirado como cualquier auto, casi desvielado, pero tú me conoces y sabes dónde ando mal; ven, revisa y arregla mi vida y ponme por favor a caminar para bien. Gracias porque así lo has hecho siempre. Sólo te pido que lo sigas haciendo, que le pongas la gasolina de tu amor, el aceite de tu Espíritu y la guía de tu presencia; y de igual manera con mi país, que está casi deshecho por nosotros, pero sobre todo por nuestros gobernantes falsos, ladrones y avaros. En el nombre de tu Hijo. Amén.

juan_pluma

Pensamientos Episcopales

pen_episcopales

Los siguientes comentarios breves no fueron redactados para su publicación en este órgano informativo, sino localizados y rescatados de diferentes comunicados que el Obispo Fernando Fuentes Amador envió mediante las redes sociales a su área episcopal. Es iniciativa de este periódico su publicación, ya que su contenido tiene un valor pastoral aprovechable para todos nosotros.

NO ENCIENDAS ALGO QUE PROBABLEMENTE NO PUEDAS APAGAR.

Leyendo al Apóstol Pablo en Romanos 1:18-32, vemos cómo establece que todo pecado, extravío, todo mal o quebranto proviene de tres cosas: Primero, (25) cambian la verdad por la mentira; segundo, (27), encienden apetitos y pasiones que no pueden controlar; tercero (28), no aprobaron tener en cuenta a Dios. Las tres cosas -que no son limitativas, pues el pasaje enseña muchas cosas más- establece (y quiero hacer énfasis en esto), la palabra ENCENDIERON. Otra versión dice: «ardieron»…en el sentido de prender, iniciar un fuego.

Aquí la pregunta es: ¿cuántas veces hemos encendido cosas como pasiones, sentimientos, pecados, hábitos que no hemos podido apagar y controlar? Aquí el pasaje habla de encender su lascivia, su aspecto sexual y sensual de manera incorrecta; después, aunque quieran, es muy difícil de apagar, pues el cuerpo tiende a la adicción y nuestro cuerpo encuentra rutas fáciles para volver y conectarse con aquello que le suministra placer temporal y paliativo a una situación. No soy freudiano, creyendo e interpretando que el hombre y la mujer son seres sólo sexuados y toda su vida, felicidad, depresión, enojo, reprensión, su introyección, o proyección están ligados mera y absolutamente con el sexo; el hombre es más que libido; pero esta parte es importante y a donde Pablo nos quiere llevar al advertirnos «NO ENCIENDAS COSAS EN TU VIDA QUE NO PUEDAS APAGAR, CONTROLAR O DOMINAR». Pero si por azares del destino, o provocadas intencionalmente por ti, has encendido cosas no correctas, el Señor te dice: «Toda cosa que no sembró mi Padre será desarraigada» (Mateo 15:13). El Padre está aquí a través de Cristo para apagar y desarraigar. Sólo él lo puede hacer, no hay otro camino: sólo el camino de la Cruz.


 

LA VIDA EN ABUNDANCIA.

Jesús establece que él viene para que tengamos vida y VIDA EN ABUNDANCIA; por el contrario, el enemigo viene para hurtar, matar y destruir (Juan 10:10). Hay otras versiones que traducen que él ha venido para que «no nos falte nada», tener una «vida completa», una vida feliz; una vida «integra»; es decir que no sobra ni falta.

Leyendo a Thomas Hobbes en su libro El Leviatán, expresa de manera sucinta el sentimiento universal y general de nuestro mundo: «y lo que es peor de todo, existe continuo temor y peligro de muerte violenta; y la vida del hombre es solitaria, pobre, tosca, embrutecida y breve…” Y esto añade a causa de la competencia, la desconfianza y la vanagloria de la vida. Él está describiendo lo que el enemigo trae a la vida de la gente: la empobrece, la llena de temor y peligro, la hace violenta, difícil, solitaria, abigarrada y breve; si tienes este diagnóstico en tu vida, entonces estás en las manos equivocadas, en aquellas que hurtan, matan y destruyen.

Jesucristo ha venido para dar propósito y sentido a la vida, a salvar lo que se había perdido, a resucitar lo que ha muerto, a levantar lo caído, a sanar lo enfermo, a darle dirección a lo extraviado, a reconciliar lo peleado, a enriquecer lo empobrecido, a dar esperanza contra esperanza, a dar amor donde ha habido odio, a establecer fe donde ha existido incredulidad. Venid a mí, dice él hoy, los que estén cansados y cargados que YO LOS HARÉ DESCANSAR. La vida es bella, la vida es abundante en Dios.


 

«COMO SAETAS EN MANOS DEL VALIENTE, ASÍ SON LOS HIJOS HABIDOS EN LA JUVENTUD» (Salmos 127:4).

Las saetas no son lo que conocemos como flechas; hay una acepción de la palabra pecado -amartía- que significa errar el blanco (también significa hacer lo malo, quebrantar los mandamientos del Señor, etc.). Esto nos trae la imagen mental de un tirador dando en el medio de círculos concéntricos, entre más al centro das, eres más certero, es decir que no hierras, no pecas.

La Biblia establece que los PADRES son los valientes, que DIOS les ha dado a sus hijos ¿para qué?, para lanzarlos y guiarlos intencional y direccionalmente al blanco para el cual fueron creados. ¿Cuál es el blanco? Que sean a imagen y semejanza de Dios, de Cristo; que se cumpla en ellos el plan perfecto, su perfecta voluntad en ellos; y al LANZARLOS, da la enseñanza de que ellos deben llegar mucho más allá de donde nosotros hemos llegado, tienen que ser mejores, deben ir más alto, mucho mejor. No seremos avergonzados con esta clase de hijos que son UNA HERENCIA, UN TESORO, ESTIMADOS Y DIRECCIONADOS HACIA EL PLAN PERFERCTO DE DIOS.

«TUS HIJOS COMO PLANTAS DE OLIVO ALREDEDOR DE TU MESA» (Salmos 128:3b). Siguiendo la reflexión anterior, voy a hacer una alegoría al estilo Scoffield, que es válida como método de interpretación, siempre y cuando lo sepas y aclares… El aceite de olivo se utilizaba para cuatro cosas entre el pueblo de Dios, los hebreos; primero, como ungüento para sanar; segundo, como ungüento de perfumería; tercero, se utilizaba para ungir al rey y consagrar las cosas; y tercero, tenía fines culinarios altamente curativos.

De manera analógica y alegórica, Dios quiere que tus hijos sean sanos e irradien e impartan sanidad en lo que hablan y hacen; que donde quiera que vayan, haya un olor agradable, aceptable, deseable a través de su vida y carácter, que lleven en si el poder y la unción del Espíritu Santo, la salvación a los que los rodean predicando a Cristo; que den a las relaciones que tienen y a la gente que los rodea ese sazón de salud física, mental y espiritual que poseen en el Señor y por la dirección que tú les has dado (saetas en tus manos). Esta será la bendición del hombre y la mujer que temen a Jehová.


 

Volviendo a leer el libro El Príncipe, del Italiano Nicolás Maquiavelo, expresa una gran verdad; «La única manera de librarte de la adulación y la lisonjearía es permitir a los que te rodean una confianza hacia ti de tal manera que te digan la verdad, aunque no sea de tu agrado» (que por cierto no todos sus consejos en este libro son buenos, pues establece el ejercicio del poder sin ética y moral, pero la verdad es la verdad no importa en labios de quien se exprese).

La Palabra de Dios nos dice a través de David en el Salmo 12:2-4, «Falsedad habla cada uno a su prójimo; hablan con labios lisonjeros y con doblez de corazón. (3) Corte el SEÑOR todo labio lisonjero, la lengua que habla con exageración; (4) a los que han dicho: Con nuestra lengua prevaleceremos, nuestros labios nos defienden; ¿quién es señor sobre nosotros?» La lisonjería, según este pasaje, es hablar con doblez y con exageración. También SANTIAGO 3:5 dice: » Así también la lengua es un miembro pequeño, y sin embargo, se jacta de grandes cosas. Mirad, ¡qué gran bosque se incendia con tan pequeño fuego!» La lisonjera es jactarse de grandes cosas o expresarlas, cuando no lo son, podemos desencadenar situaciones de peligro para nosotros y los demás. Por eso no hay como amar, decir y establecer la verdad en amor; y permitir que otros hacia nosotros mismos nos amen, nos digan y nos establezcan la verdad. Más valor tiene una persona que es sincera contigo que aquel que sólo quiere quedar bien contigo, no siendo honesto.

obispo_fuentes

El Cristianismo Evangélico durante la Revolución de 1910

evangelicos_1910

(Tomado de “Cristianos en Victoria”)

(Marzo de 2014. Revista electrónica del Centro Elim, Hermosillo, Sonora)

Los ideales revolucionarios de Madero tenían fuerte influencia del cristianismo evangélico de la época, a la vez que las intenciones de la revolución maderista hacían eco entre los cristianos evangélicos. José Rumbia (foto) y Benigno Zenteno, ambos pastores evangélicos (metodistas), participaron activamente en los inicios de la Revolución. Un periódico de la época, La Nueva República, reseña:

“Este discurso protestante que siempre había luchado contra el ocio y la borrachera se unía al del gobierno y del capital extranjero cuando subrayaba: ‘No hay que hacerse ilusiones. La ley ineludible es que cada quien tiene que labrar su propia fortuna. El gobierno puede hacer algo en el sentido de facilitar medios de educación y de marcar el alto a los opresores; pero no puede hacer prosperar a nadie que no lo merezca por su carácter y por sus trabajos. Bien se dice que no hay tiranía tan opresiva y fatal como la de los vicios y de la ignorancia. El día que se expatrien éstos, habrá felicidad y bienestar, pero no se alcanza sino por esfuerzos individuales'».

Esta fe en el esfuerzo individual surgía de su propia experiencia de ex-campesinos transformados en obreros y redimidos por la escuela protestante. Por eso también esperaban del gobierno de Madero un apoyo a la educación popular. Para ellos la educación popular protestante había producido en México ‘un creciente número de jóvenes de rectas y firmes convicciones, de despejada y activa inteligencia, de inquebrantable resolución y denodado patriotismo; un grupo que esparcido en todas partes de la república no puede menos que producir efectos sobre el progreso del país’.

Sin embargo ante todo, los misioneros y los pastores protestantes esperaban de Madero a alguien que pusiera en vigor las leyes de Reforma en cuanto a la separación de la Iglesia y del Estado. Atacaban duramente tanto la política de conciliación de Porfirio Díaz como la aparición de ‘rugientes y terribles enemigos que con sus amenazas anublan el brillante porvenir de nuestra república’, el partido católico, ‘enemigo del progreso, del naciente gobierno, del partido liberal y del pueblo evangélico’.

En julio de 1911, el órgano de la Iglesia congregacional en el norte llamaba la atención sobre ‘el nuevo derramamiento de sangre que hoy se deja entrever’. Invitaba al pueblo evangélico a no quedar pasivo y pedía que ‘antes que el fusil, el cañón y la metralla hagan que se vierte la primera gota de sangre, salgan los evangélicos al campo de batalla, no para esgrimir el acero sino el arma poderosa del amor. La justicia antes que por el acero, debe triunfar por la razón y el amor’. En vista de preparar la lucha sobre el terreno político ellos proponían crear ‘ligas de patriotas que pongan en práctica medidas para educar al pueblo sobre sus deberes como ciudadanos’.

En noviembre de 1911, Francisco I. Madero visitaba el colegio inglés (metodista) de Saltillo prometiendo libertad de conciencia y el desarrollo de la enseñanza gratuita ‘porque antes se tenía hambre y sed de justicia, ahora se tiene hambre y sed de instrucción'».

Estos ideales cristianos se vieron realizados cuando Carranza nombró a Andrés Osuna como Director de Educación Pública en 1916, y este varón de la iglesia metodista creó el sistema de educación nacional bajo la óptica de los principios cristianos, aunque laica en su ejecución, es decir, no dependería de religión alguna, sino del gobierno, lo cual era una ventaja, ya que el clero católico quedaba acotado de esta manera en sus sistemas de educación.

Estos principios rigen hasta hoy la educación en México, ya que durante el carrancismo, los maestros y directores cristianos abundaron en las escuelas a nivel nacional. Uno de ellos fue Moisés Sáenz que llegó a ser director de la Escuela Nacional Preparatoria y Ministro de Instrucción Pública en sucesión de Vasconcelos, e influyó en la creación de un sistema basado en la ética de educación cristiana.

La Constitución declaró a la educación laica, gratuita y obligatoria, y la influencia de tantos cristianos en el sistema educativo mexicano, eliminó para siempre el monopolio de la educación católica y permitió la expansión de la educación bajo los principios del cristianismo evangélico; aunque bajo Cárdenas penetró el modelo de educación socialista, poco después se reinstauró la educación laica.

Mientras el gobierno toleraba la existencia de escuelas católicas y cristianas, los programas educativos estaban bajo la estricta tutela del Estado. No obstante esta laicidad, el 28 de septiembre de 1921, el presidente participa en una acción de gracias por los 100 años de la independencia nacional junto a 4 mil evangélicos reunidos en el teatro Esperanza Iris del Distrito Federal.

Carranza, Obregón y Elías Calles consolidaron el sistema de educación en México dejando su diseño en manos de cristianos. La Revolución Mexicana fue clave para la predicación del Evangelio, ya que muchos cristianos evangélicos participaron en este movimiento y predicaban a las tropas donde estuvieran.

La inclusión de líderes y maestros cristianos entre el grupo que había alcanzado el poder, influyó para que México no abrazara el socialismo radical tipo ruso.

Después del triunfo de la Revolución, Elías Calles trató de implementar los artículos de las Leyes de Reforma, que dio como resultado “la rebelión cristera” o «cristiada» y la consiguiente persecución religiosa; esto allanó el camino para la propagación del Evangelio por todo el territorio nacional durante las primeras décadas del siglo XX, favoreciendo indirectamente al cristianismo evangélico, a pesar de que también fueron afectados.

Aunque Obregón y Calles eran de ideas anti-religiosas, se enfocaban principalmente contra el clero católico, ya que acotó a la religión católica y la mantuvo circunscrita a los templos, pero había una mayor tolerancia del Estado hacia las congregaciones evangélicas. La excepción fue la citada rebelión cristera enfrentada por Elías Calles, y atenuada hasta los tiempos de Miguel Alemán y Ávila Camacho, cuando el clero nuevamente alentó la persecución contra los cristianos desde el púlpito al sentir la simpatía de estos presidentes.


Este artículo fue encontrado por el Hno. J. Donato Rodríguez Romero, quien nos lo envió. Él es un periodista cristiano quien dirigió este periódico de 2010 a 2014. Vive con su esposa Margarita Velasco en la Ciudad de Puebla, y asisten a la IMMAR El Buen Pastor. Pertenece a la CASE.

donato

Reporte de la Sociedad Misionera Metodista, 1972

Este reporte sobre los preparativos que se hacían en la Iglesia Metodista Episcopal de los Estados Unidos, muestra las apreciaciones conmovedoras que aquella iglesia hermana tenían sobre nuestra patria en 1872. Eran evidentes tanto la valoración del estado político de México, como también el amor que sentían por esta tierra sumida en oacuridad. Presentamos a nusetros lectores este documento que nos fue enviado por la Hna. Susy Zapata S.

reporte1 reporte2 reporte3

susana_z

La Revolución Mexicana, Edición Especial

Instrucciones: Haz clic en la imagen para descargar el archivo PDF con el ejemplar de «El Evangelista Mexicano, Edición Especial».

portada_2010

betty

El precio de la gracia (Parte 23)

 

precio_23

Dietrich Bonhoeffer, fue un pastor y teólogo luterano, quien predicó también con el ejemplo. Mientras las iglesias de Alemania guardaron silencio y se sometieron al nazismo de Hitler, él lo confrontó en forma escrita y verbal.

Su resistencia al régimen resultó en su captura, encarcelamiento y ejecución el 9 de abril de 1945, apenas 21 días antes del suicidio de Hitler, y 28 días antes de la rendición de Alemania. El día anterior de su muerte había dirigido un culto con los presos. Antes de ser ahorcado, de rodillas elevó su última oración. Tenía apenas 39 años de edad.

Continuamos con la publicación de su obra más difundida, El Precio de la Gracia. Vamos en la Segunda Parte de la obra, La Iglesia de Jesucristo y el Seguimiento, de donde entregamos ahora la primera fracción del Capítulo 5, Los Santos.


  1. Los Santos (primera fracción)

La ekklesía de Cristo, la comunidad de los discípulos, está sustraída a la soberanía del mundo. Vive en medio del mundo, pero ha sido transformada en un único cuerpo, constituye una esfera de soberanía autónoma, un espacio propio. Es la Iglesia santa (Ef 5, 27), la comunidad de los santos (l Cor 14, 33), sus miembros son los llamados a ser santos (Rom 1, 7), que han sido santificados en Jesucristo (l Cor 1, 2), elegidos y segregados antes de la fundación del mundo (Ef 1, 4). El fin de su vocación en Jesucristo, de su elección antes de la fundación del mundo, es que sean santos e irreprensibles (Ef 1,4); Cristo ofreció su cuerpo a la muerte para que los suyos apareciesen ante él santos, inmaculados e irreprensibles (Coll, 22); el fruto de la liberación del pecado por la muerte de Cristo consiste en que, los que antes entregaban sus miembros a la iniquidad, los pongan ahora al servicio de la justicia para la santificación (Rom 6, 19-22).

Sólo Dios es santo. Lo es por su separación total del mundo pecador y por el establecimiento de su santuario en medio del mundo. Así lo dice el cántico de alabanza entonado por Moisés y los hijos de Israel, después del desastre de los egipcios, al Señor que los liberó de la esclavitud del mundo:

¿Quién como tú, Yahvé, entre los dioses? ¿Quién como tú, glorioso en santidad, terrible en prodigios, autor de maravillas? Tendiste tu diestra y los tragó la tierra. Guiaste en tu bondad al pueblo rescatado. Tu poder los condujo a tu santa morada… Tú le llevas y le plantas en el monte de tu herencia, hasta el lugar que tú te has preparado para tu sede, ¡oh, Yahvé! (Ex 15, 11-13.17).

La santidad de Dios consiste en establecer su morada, su santuario, en medio del mundo, y en hacer brotar de este santuario el juicio y la redención (Sal 99 y passim). Pero en el santuario, el Dios santo se une a su pueblo, por medio de la reconciliación que sólo es obtenida en el santuario (Lv 16, 16s).

Dios pacta una alianza con su pueblo. Lo segrega, lo convierte en propiedad suya y se da a sí mismo en garantía de esta alianza. «Sed santos porque yo, Yahvé, vuestro Dios, soy santo» (Lv 19,2), Y «santo soy yo, Yahvé, el que os santifico» (Lv 21, 8). Tal es el fundamento sobre el que se basa esta alianza. Todas las otras leyes dadas al pueblo, y que este debe observar en la justicia, tienen por presupuesto y fin la santidad de Dios y de su Iglesia.

Igual que Dios, por ser santo, está separado de lo que es malo, del pecado, también lo está la Iglesia en su santuario. Él la ha escogido. La ha convertido en la Iglesia de su alianza. La ha reconciliado y purificado en el santuario. Ahora bien, el santuario es el templo, y el templo es el cuerpo de Cristo. En el cuerpo de Cristo se cumple la voluntad de Dios de tener una Iglesia santa. Separado del mundo y del pecado, convertido en propiedad de Dios, el cuerpo de Cristo es el santuario de Dios en el mundo. Dios habita en él por el Espíritu santo.

¿Cómo es esto? ¿Cómo puede convertir Dios a unos hombres pecadores en una Iglesia de santos, totalmente separada del pecado? ¿Cómo puede Dios alejar de sí la acusación de ser injusto cuando se une a los pecadores? ¿Cómo puede ser justo el pecador sin que Dios deje de ser justo?

Dios se justifica a sí mismo, establece la prueba de su justicia. En la cruz de Jesucristo se produce el milagro de la autojustificación de Dios ante sí mismo y ante los hombres (Rom 3, 21s). El pecador debe ser separado del pecado y vivir ante Dios. Ahora bien, para el pecador no hay separación del pecado fuera de la muerte. Su vida es pecado hasta tal punto que, para verse libre de él, debe morir. Dios sólo puede ser justo matando al pecador. Sin embargo, es preciso que el pecador viva y sea santo ante Dios. ¿Cómo es esto posible?

Dios mismo se hace hombre; toma nuestra carne en Jesucristo, su Hijo, y en su cuerpo carga con nuestra carne hasta la muerte de cruz. Dios mata a su Hijo, cargado con nuestra carne, y con su Hijo mata también a todo lo que es carne sobre la tierra. Desde entonces resulta evidente que nadie es bueno sino sólo Dios, que nadie es justo sino sólo Dios. Con la muerte de su Hijo, Dios ha dado la prueba terrible de su propia justicia (Rom 3, 26). Dios debía entregar a la muerte a toda la humanidad en el juicio de su cólera en la cruz para demostrar que sólo él es justo. La justicia de Dios se revela en la muerte de Jesucristo. La muerte de Jesucristo es el lugar en que Dios da prueba de su justicia, el único lugar donde reside la justicia divina. Quien pudiese participar de esta muerte, participaría con ello de la justicia de Dios. Ahora bien, Cristo tomó nuestra carne y en su cuerpo llevó nuestros pecados en el madero (l Pe 2, 24).

Lo que sucedió en él, sucedió en todos nosotros. Participó de nuestra vida y de nuestra muerte y, con ello, nosotros podemos participar de su vida y de su muerte. Si era preciso que la justicia de Dios se manifestase en la muerte de Cristo, nosotros estamos con él allí donde reside la justicia de Dios, en la cruz, porque él llevó nuestra carne. De forma que, habiendo muerto, conseguimos participar de la justicia divina en la muerte de Jesús. La justicia propia de Dios, que nos mata a nosotros, los pecadores, es en la muerte de Jesús su justicia para nosotros. La justicia de Dios, por hallarse establecida en la muerte de Jesús, se halla también establecida para nosotros, que estamos incluidos en la muerte de Jesús.

Dios muestra su justicia «para ser él justo y justificador del que cree en Jesús» (Rom 3, 26). La justificación del pecador consiste, pues, en el hecho de que sólo Dios es justo y él, el pecador, completamente injusto, no en el hecho de que el pecador sea justo igual que Dios. Todo deseo de ser justos por nosotros mismos nos separa radicalmente de ser justificados por la justificación exclusiva de Dios. Sólo Dios es justo. Esto es reconocido en la cruz como un juicio que ha sido pronunciado sobre nosotros, los pecadores.

Pero quien se sitúa junto a la cruz por la fe en la muerte de Jesús recibe, en el mismo lugar en que es condenado a muerte como pecador, la justicia de Dios que triunfa en la cruz. Al no querer ni poder ser justo por sí mismo, admitiendo que sólo Dios lo es, recibe su justificación. Porque el hombre no puede ser justificado ante Dios más que reconociendo que sólo él es justo, y que el hombre es totalmente pecador. El problema de saber cómo nosotros, pecadores, podemos ser justos ante Dios es, en el fondo, el problema de saber cómo Dios es hacia nosotros sólo justo. Nuestra justificación sólo se funda en la justificación de Dios «para que seas (Dios) justificado en tus palabras y triunfes al ser juzgado» (Rom 3, 4).

No se trata más que de la victoria de Dios sobre nuestra injusticia, para que sólo Dios sea justo ante sí mismo. Esta victoria de Dios fue conseguida en la cruz. Y esta cruz no es sólo el juicio, sino también la reconciliación (Rom 3, 25) para todos los que creen que, en la muerte de Jesús, sólo Dios es justo y reconocen su pecado. La justicia de Dios crea la reconciliación (Rom 3, 25). «Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo» (2 Cor 5, 19s). «No tomando en cuenta sus transgresiones», las llevó sobre sí mismo y sufrió por esto la muerte del pecador. «Puso en nuestros labios la palabra de la reconciliación».

Esta palabra quiere encontrar la fe, la fe en que sólo Dios es justo y que en Jesucristo se ha convertido en nuestra justicia. Pero entre la muerte de Jesús y el mensaje de la cruz está su resurrección. Sólo en calidad de resucitado es aquel cuya cruz tiene poder sobre nosotros. El mensaje del crucificado es ya para siempre el mensaje de aquel que no permaneció prisionero de la muerte. «Somos, pues, embajadores de Cristo, como si Dios exhortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo os suplicamos: ¡reconciliaos con Dios!» (2 Cor 5, 20).

Este mensaje de la reconciliación es la palabra propia de Cristo. Él es el resucitado que se nos muestra como el crucificado en la palabra del apóstol: Encontraos por la muerte de Jesucristo en la justicia de Dios que nos ha sido dada. Quien se encuentra en la muerte de Jesús, se encuentra en la justicia exclusiva de Dios. «A quien no conoció el pecado, le hizo pecado por nosotros, para que viniésemos a ser justicia de Dios en él» (2 Cor 5, 21). El inocente es muerto porque lleva nuestra carne pecadora, es odiado y maldecido por Dios y por el mundo, es hecho pecado a causa de nuestra carne. Pero nosotros, en su muerte, encontramos la justicia de Dios.

Estamos en él en virtud de su encarnación. Murió por nosotros, a fin de que nosotros, los pecadores, viniésemos a ser justicia de Dios en él, en cuanto pecadores absueltos de sus pecados por la justicia exclusiva de Dios. Si Cristo es ante Dios nuestro pecado, que debe ser condenado, nosotros somos en él justicia, pero no nuestra propia justicia (Rom 10, 3; Flp 3, 9) sino, en sentido estricto, la justicia única de Dios. La justicia de Dios consiste, pues, en que nosotros, pecadores, llegamos a ser su justicia; y nuestra justicia, es decir, la suya (Is 54, 7) consiste en que sólo Dios es justo, y nosotros los pecadores acogidos por él. La justicia de Dios es Cristo mismo (l Cor 1, 30). Ahora bien, Cristo es «Dios con nosotros», «Emmanuel» (Is 7, 4), el Dios de nuestra justicia (Jr 33, 16).

(Continuaremos con la segunda fracción de este Capítulo 5 sobre Los Santos).

CXX Aniversario Colegio Palmore

palmore

TODO UN ÉXITO LA EXPOSICION DEL COLEGIO PALMORE

BOLETIN DE PRENSA 008; Chihuahua, Chihuahua 11 Noviembre del 2015

Con un auditorio lleno y la familia palmorense y amigos del Palmore como invitados especiales quedó formalmente inaugurado el primer evento de conmemoración del 125 Aniversario del Colegio Palmore.

Alumnos de varias generaciones mostraron su talento en diferentes técnicas pictóricas mientras recibían la felicitación de los asistentes y el reconocimiento de las autoridades académicas del Colegio.

“El arte es un medio que nos permite enriquecer la vida del ser humano, es por ello que el Palmore cumple con su misión al resaltar los valores mas sublimes de los alumnos en eventos como este”, expresó el Profesor Roberto Cervantes académico de la institución al declarar formalmente inaugurada la Exposición de Arte del 125 Aniversario.

El Colegio Palmore invita al público en general a admirar la exposición los días 11 y 12 de las 8:00 am a las 16:00 Hrs en el Auditorio del tercer piso en Calle 12 No.1620.


palomore1 palomore2 palomore3 palomore4