Crónica de la Conferencia General realizada en Ciudad Juárez, Chihuahua, del 15 al 22 de mayo, en el Hotel Fiesta Inn.
Durante ocho días, el sol abrazador de la ciudad antes conocida como el “Paso del Norte” recibió con calidez a quienes llegaron para participar en los trabajos de la XXV Conferencia General de la Iglesia Metodista. Poco a poco comenzaron a arribar las distintas conferencias, entre saludos, abrazos y la alegría del reencuentro entre pastores, y líderes que, aunque provenientes de contextos distintos, compartían una misma fe y un mismo compromiso con la iglesia.
El Obispo, los representantes laicos de conferencia, delegados ministeriales y delegados laicos de cada conferencia dijeron “presente” a este importante encuentro nacional. Como en toda Conferencia General, las expectativas eran muchas: conocer el estado actual de la iglesia, dialogar sobre los desafíos del presente y discernir, juntos, el rumbo hacia el futuro, buscando siempre reflejar la imagen de Cristo caminando con su pueblo.
La conferencia dio inicio con un culto solemne y fraterno, en el que se contó con la presencia de autoridades gubernamentales, representantes del municipio y encargados de asuntos religiosos de la ciudad. Asimismo, se recibió con alegría a los hermanos de la Iglesia Metodista Unida, quienes, por concordato, forman parte oficial de nuestra conferencia.
Nos acompañaron la Obispa del área de California, Dottie Escobedo, y el hermano laico Paul Gómez. También estuvo presente durante toda la semana el pastor y misionero Cristian Schlick, representante regional de la IMU para México, Centroamérica y el Caribe. De igual manera, el presidente de CIEMAL, el Obispo Juan de Dios Peña, enriqueció la conferencia con extraordinarias plenarias que marcaron profundamente las reflexiones de la semana.
La liturgia de cada culto fue especialmente significativa, al combinar elementos históricos y contemporáneos que recuerdan la identidad y herencia del metodismo. El Obispo Rodolfo Rivera expuso la Palabra, exhortando a la iglesia a perseverar en el servicio y mantenerse firme en medio de tiempos difíciles. Posteriormente, el comité organizador brindó las indicaciones necesarias para dar inicio formal a la sesión de organización, donde se eligieron secretarios y comisiones de trabajo. Con orden y entusiasmo, comenzaron a presentarse los informes episcopales de las seis conferencias.
Al concluir las jornadas de trabajo, el hotel esperaba a los asistentes con cenas cálidas y abundantes. Cada comida se convirtió también en un espacio de convivencia, conversación y descanso, donde las diferencias regionales parecían desaparecer alrededor de una misma mesa.
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