Belkis García Hernández
Resumen
El presente artículo intenta incursionar sobre los orígenes del protestantismo en Cuba, tema marcado por un contrapunteo entre los criterios de los historiadores cubanos y los informes redactados por misioneros norteamericanos, asentados en la isla después de la intervención militar de los Estados Unidos durante la Guerra del 95. Estos documentos resaltan un espíritu exaltado y la interpretación que realizaron estos ministros del evangelio sobre los hechos históricos ocurridos en Cuba a finales del siglo XIX. Algunos ocupaban cargos de secretarios de las juntas misioneras; su función al redactar estos documentos no era establecer una historia neutral, sino promocionar datos sobre una obra que necesitaba respaldo económico de sus contribuyentes, por lo cual la figura de los comisionados por sus Juntas de Misiones Domésticas era muy importante, sobre todo después de 1898. Todos estos reportes estaban cargados de un espíritu intervencionista y una interpretación teológica de los acontecimientos finiseculares muy a tono con la agenda política del gobierno de ocupación, en los que se alegaban que los misioneros estadounidenses habían llegado a una tierra virgen, donde nunca se había evangelizado. El objetivo principal de este artículo será reivindicar algunos de estos planteamientos, haciendo uso de los informes misioneros recopilados por el historiador Louis A. Perez, de origen estadounidense, y los estudios realizados por los historiadores cubanos Marco Antonio Ramos y Rafael Cepeda Clementes.
Palabras claves: metodismo, Iglesia Presbiteriana, Juntas Misioneras, protestantes, colportores bíblicos, misionado, guerra-hispano-cubano-americana, Iglesia Episcopal, Discípulos de Cristo, Sociedades Bíblicas, cuáqueros, unitarios.
Introducción
Cuba es más que un archipiélago en el mar Caribe, comúnmente se conoce como la mayor de las Antillas. El Rey Felipe II de España la denominó “La llave del Nuevo Mundo” (1). Descubierta por Cristóbal Colón en octubre de 1492 pero muy conocida por los habitantes de la isla, los aborígenes, distribuidos en todo el territorio y reconocidos por la historiografía cubana como guanahatabeyes, siboneyes y taínos, dedicados a la caza, pesca y recolección. Según afirma el historiador cubano Felipe Pichardo Moya, los primeros historiadores que trabajaron el siglo XVI y específicamente el tema de la población indocubana son Morell de Santa Cruz Arrate y Urrutia Valdés; para el estudio de las primeras comunidades indocubanas de la isla no dispusieron de muchas fuentes. Los archivos de las primeras villas sufrieron los embates del tiempo, asaltos múltiples, realizados por piratas, corsarios y bucaneros en los siglos XVI, XVII y XVIII. Otros documentos no menos importantes quedaron dormidos en el tiempo, compilados en los archivos españoles de los denominados documentos de indias. Por tanto, se hace difuso el panorama desde la historiografía en Cuba, sus formas de vida, su actividad económica y su religión.
La dominación española impuso la hegemonía de su cultura Ibérica. La Iglesia Católico Romana fue la primera en arribar al territorio cubano, luego de su poblamiento en 1511. El proceso de transculturación se produjo con el encuentro del hombre europeo y el aborigen (*); una de las consecuencias del violento impacto fue la desaparición de las religiones autóctonas. Otras formas de adoración hicieron su llegada, bajo prejuicios y discriminación, traídas por braceros negros, capturados en el continente africano para sustituir la diezmada población de la isla; entre estas encontramos la “Regla de Ocha”, conocida como santería; la “Regla Conga”, nombrada como “Palo Monte”; y las sociedades “Abakuá”, cofradía de hermandad y ayuda mutua. Todas se encuentran difundidas con fuerte arraigo entre la población cubana.
Seguir leyendo «Los albores del protestantismo en Cuba y el dilema por la primogenitura misionera 1883-1902 (I)» →