
Oremos por la paz de la ciudad
¿Qué hacemos los creyentes cuando somos víctimas de la violencia y de la delincuencia organizada?
“[…] trabajen por la paz y prosperidad de la ciudad donde los envié al destierro. Pidan al Señor por la ciudad, porque del bienestar de la ciudad dependerá el bienestar de ustedes” (Jeremias 29:7).
Hugo Almanza
Llevo alrededor de cinco años y medio viviendo en la que en inicios del 2019, el INEGI consideró la ciudad de mayor percepción de inseguridad de México. Cuando, en el 2014, mi familia y yo llegamos a Reynosa, la violencia de la ciudad estaba en uno de sus puntos mas altos. En casi 6 años, hemos identificado alrededor de tres momentos en que la situación de la ciudad ha sido de alerta; el motivo de escribir estas líneas es compartir contigo algunos de los retos que la iglesia enfrenta en el proceso de cumplir la Misión de Dios en la frontera de México con Estados Unidos, en el contexto de la violencia y los estragos que genera la delincuencia organizada.
Cuando la violencia es externa
Al principio de nuestro peregrinar de ministerio en la ciudad, lo primero que tuvimos que hacer fue aprender cómo se vive en nuestra ciudad cuando “se pone violenta”. Hay una frase que es parte del vocabulario común aquí: “hay situación”. Eso significa que bandas de delincuentes se están enfrentando entre ellos o contra la policía y el ejercito, en alguna parte de la ciudad; estas “situaciones” con frecuencia ocurren en las calles o zonas mas frecuentadas por la población, por lo que al escuchar detonaciones, casi inmediatamente revisamos redes sociales para identificar el área donde esta ocurriendo, y evitar movernos hacia esos lugares; cuando las situaciones ocurren cerca de donde nos encontramos, buscamos refugio, y esperamos. Los enfrentamientos normalmente duran unos cuantos minutos, de manera que a la media hora la gente puede volver a sus actividades normales. Narrarlo así es demasiado simple; me costó mucho entender esa dinámica, pero nos acostumbramos. Ese es el problema justamente: Nos Acostumbramos. La gente esta acostumbrada a la violencia. Es “normal” escuchar detonaciones; es “normal” que haya situaciones; es “normal” que en cerca de tu casa haya enfrentamientos durante la noche o madrugada… Los miembros de mi congregación (y yo mismo) tenemos historia tras historia de como estuvimos en alguna “situación”, y Dios nos libró de ella.










