Migrantes y la Biblia

Migrantes y la Biblia

La vida eterna inicia en el momento que nos entregamos a Jesús e iniciamos una vida digna. Dios nos invita a ser luz en el camino de los migrantes, a dar de beber al sediento y de comer al hambriento

Guillermo Niño Fernández

La migración es un problema que se puede ver en la Sagrada Escritura. Les comparto brevemente algunas historias bíblicas.

El Eterno llama a Abram, posteriormente llamado Abraham, de Ur su tierra a la tierra prometida que no verá, con el objetivo de iniciar un pueblo santo (Génesis 12). Abraham, junto con su padre, esposa y sobrino fueron migrantes.

El pueblo hebreo fue esclavizado por el dictador del Faraón. La Escritura nos dice en Génesis 3 que Dios escucha el clamor de su pueblo, mira su aflicción y desciende para liberarlo. El pueblo hebreo, siendo migrante en Egipto, es violentado. La reflexión bíblica nos dice que el Eterno caminó junto con ellos y los liberó para darles la tierra prometida que había jurado a Abraham.

David, antes de ser rey de Israel, fue migrante en Jericó donde se fue a refugiar por las amenazas de muerte de parte del rey Saúl.
El mismo Señor Jesucristo siendo un recién nacido tuvo que salir de su tierra natal por la amenaza de muerte de Herodes.

Nos damos cuenta que la migración en muchas ocasiones es parte de los problemas sociales. Hoy, hermanos sudamericanos emigran de su tierra natal por las amenazas de muerte del crimen organizado, la falta de empleo y las crisis económicas, con la intención de tener una vida digna. La misión de la Iglesia es ayudar al prójimo a tener una vida eterna en el nombre de Jesús. Esta vida no inicia en el momento que Dios nos llama a su presencia; es decir, cuando fallecemos. La vida eterna inicia en el momento que nos entregamos a Jesús, es ahí donde buscamos tener una vida digna en nuestra sociedad. Hoy, Dios nos invita a ser luz en el camino de los migrantes, a dar de beber al sediento y de comer al hambriento. Que podamos ser la Iglesia del Cristo Resucitado mirando a los más vulnerables y extenderles la mano de paz y no de violencia. Por último, recordemos que muchos amigos, familiares o posiblemente nosotros hemos sido migrantes y no hemos recibido un buen trato en tierra ajena. Uno de los mandatos de Dios al pueblo hebreo en el Antiguo Testamento es ayudar al extranjero y les recuerda que ellos fueron extranjeros violentados.

Si los migrantes pasan por tu ciudad o pueblo, acércate y, en el nombre de Dios, comparte alimento y la Palabra de vida.


Tomado del Facebook de Guillermo Niño, febrero 10, 2020.

Pbro. Guillermo Niño Fernández
Pastor metodista, presidente conferencial de Testimonio Cristiano en la Conferencia Anual de México.