Una pastora da testimonio de reconciliación en medio de protestas por discriminación racial
Renita Lamkin recibió el impacto de una bala de goma mientras intentaba calmar los ánimos en una manifestación en Ferguson. El debate racial vuelve tras la muerte de Michael Brown, un menor que fue abatido por la policía, a pesar de que se encontraba desarmado.
15 DE AGOSTO DE 2014, FERGUSON
Un adolescente afroamericano llamado Michael Brown recibió un disparo de la policía el pasado fin de semana. El joven, que se encontraba desarmado, falleció a causa del mismo; una noticia que durante toda la semana ha levantado protestas en todo el país, especialmente en la localidad del suceso, en Ferguson (Missouri).
Las protestas que se realizaron en la ciudad han llevado a enfrentamientos de gravedad entre manifestantes y la policía, levantando una ola de críticas a la actuación policial y de las autoridades. Tras los incidentes del martes y el miércoles, el jueves se vivió una jornada más tranquila.
En las redes sociales, se ha extendido el lema “Hand up don’t shoot!” (Manos arriba, no dispares) y ha sido tema de discusión principal durante toda la semana.
Una de las imágenes de las manifestaciones es la de la pastora Renita Lamkin, de la Iglesia Metodista Africana, que se implicó en las protestas para intentar fomentar el entendimiento sufriendo las consecuencias en su propia carne.
“Estaba en medio de la calle, entre los manifestantes y la policía, tratando de mediar entre ambos grupos. Y de repente se produjo un estallido”, cuenta al Huffington Post. Ese estallido era una bala de goma, disparada por la policía, que impactó en su abdomen.
Según contó la prensa que era testigo de la manifestación, Lamkin estaba diciendo “Jesús, Jesús, Jesús” cuando recibió el disparo.
La llamada a la reconciliación parece que ha tenido un efecto positivo en las últimas horas. “En comparación con lo de ayer, estamos en paz. Esto servirá para un mejor mañana”, dijo un residente.
Fuentes: CBN, Huffington Post, Christian PostEditado por: Protestante Digital 2014
Frente a la depresión
Esperanza para no quitarse la vida
Robin Williams falleció
el lunes 11 de agosto.
El suicidio de Robin Williams recuerda la vulnerabilidad a la que se encuentran expuestas las personas con tendencias depresivas. Pero ese es un problema del que se puede salir.
14 DE AGOSTO DE 2014, MADRID
El suicidio es una de las 20 causas más importantes de defunción en el mundo para cualquier rango de edad, con un millón de muertes cada año. Casos como el del famoso actor Robin Williams da muestra de que es un problema que va más allá del estatus económico o social de cualquier persona.
Los profesionales de la salud mental están de acuerdo en que las enfermedades mentales, principalmente la depresión y los trastornos por consumo de alcohol, el abuso de sustancias, la violencia, las sensaciones de pérdida y diversos entornos culturales y sociales constituyen importantes factores de riesgo de suicidio.
COBERTURA MEDIÁTICA “A MEDIAS”
A pesar de que hay tantos casos, el suicidio es un tema tabú que los medios silencian por el llamado “efecto imitación”. Los familiares y personas que rodean a este problema no hablan de ello, pero muchos profesionales están trabajando para que esto cambie y poder dar la vuelta a las estadísticas.
Carmen Tejedor, psiquiatra, lleva más de 30 años investigando el suicidio. En 2006 implantó un programa que redujo en un 23% el reintento de suicidio en sus pacientes. Tejedor definía al suicida como aquel que “quiere poner fin a una situación que considera intolerable. Su sufrimiento puede estar causado por varios motivos: sentirse maltratado por la sociedad, anticipar desgracias, o el grupo más numeroso, el que quiere poner fin a su sufrimiento”.
LOS MÁS AFECTADOS
Los adolescentes y los mayores de 65 años presentan la mayor tasa de suicidio consumado. En el caso de los mayores de 65 años, suele verse conectado con la soledad o enfermedad.
Plaza de Wittenberg, donde se encuentra una estatua de Lutero. / Wikipedia
Al aumentar los impuestos para los afiliados a las diversas confesiones, se han disparado las deserciones de católicos y protestantes.
11 DE AGOSTO DE 2014, BERLÍN
Una nueva regulación del impuesto eclesiástico está provocando la baja de las iglesias católica y protestante en Alemania.
Los contribuyentes registrados como creyentes de alguna de estas dos iglesias tributarán a partir del próximo año un 9% de su retención salarial. Una medida que, hasta ahora, era voluntaria, se transformará en automática a partir del próximo ejercicio. Según informó la Cadena Ser, este impuesto eclesiástico varía levemente de unos estados federados a otros.
Y esta sería una de las razones que los responsables eclesiales consideran que impulsa a muchos “registrados” a darse de baja de sus iglesias.
Estos impuestos significaron en 2013 alrededor de 5.450 millones de euros para la Iglesia Católica, mientras que la Iglesia Evangélica Alemana (EKD) obtuvo algo más de 4.840 millones de euros.
La Iglesia Evangélica, de la que aún no hay cifras oficiales, contaba en 2012 con más de 23.350.000 miembros, año en el que perdió más de 138.000 fieles, si bien esta cifra obedece a una tendencia descendente en el número de bajas, desde que en 2008 registraran un pico de casi 169.000 individuos desvinculados de la iglesia.
Cristianos ante el conflicto
Se extienden actos de oración por Israel
y por la paz
Alianza Evangélica Mundial reunió en Nueva York a líderes para acto de oración. Organizaciones pro-Israel organizan viajes. Estudiantes árabes y judíos oran juntos.
21 DE AGOSTO DE 2014, JERUSALÉN
El duro conflicto que ha repuntado en las últimas semanas entre Israel y Palestina ha llevado a que muchos cristianos en todo el mundo expresen su opinión. Entre los evangélicos, hay todo tipo de puntos de vista, desde apoyos cerrados a Israel hasta críticas a su actuación. En medio de todo ello, la Alianza Evangélica Mundial (AEM) enfatizaba la necesidad de oración, con un encuentro hace unos días en Nueva York.
Tres líderes cristianos venidos de Tierra Santa acudieron a la ciudad estadounidense para dirigir un encuentro de oración por el conflicto. El acto consistió en reflexiones de primera mano sobre el enfrentamiento, además de oraciones tanto por Israel como por Palestina y otros países de Oriente Medio, como Irak.
Participaron Charles Kopp, presidente de la Alianza Evangélica de Israel, Munir Kakish, presidente del Consejo de Iglesias Evangélicas de Tierra Santa (que repesenta a los evangélicos en los territorios palestinos) y Harry Tees, embajador de la AEM para Tierra Santa.
En su reflexión, Kopp habló sobre las diferentes interpretaciones que se dan entre los evangélicos en relación al concepto bíblico de los judíos como “elegidos”. Específicamente, habló de la importancia de reconocer que su llamado siempre ha sido a “servir”. Kopp consideró que el pueblo judío ha cumplido este llamado de muchas formas, preservando las Escrituras, dando a los profetas y finalmente al propio Mesías.
El representante de los evangélicos palestinos, Kakish, recordó que “debemos ser promotores de la paz y puentes de la paz de la misma forma en la que otros apostarían por la guerra. Debemos escuchar el lloro de los niños, mujeres y hombres, las miles de personas masacradas en Gaza, la muerte de soldados israelíes, los refugiados en Mosul que fueron forzados a dejar sus casas sin nada, los yazidíes que huyeron a las montañas… No sólo debemos alcanzar la paz, también tenemos que alcanzar el perdón”.
EEUU: MAYOR ORGANIZACIÓN PRO-ISRAEL ORGANIZA ACTOS DE APOYO
Por su parte, todo tipo de organizaciones de apoyo a Israel están lanzando iniciativas en todo el mundo. La más grande es Christians United For Israel (Cristianos Unidos por Israel), situada en EEUU y que reúne a 1,6 millones de personas. La organización ha montado decenas de encuentros en las últimas semanas, en muchos estados, como uno en Miami que reunió a 3.500 personas. La organización asegura, además, que 20.000 personas han enviado emails de protesta al presidente Barack Obama.
Energía, agua, alimentos…
Ya hemos agotado los recursos de la Tierra de todo el año
El planeta no es capaz de seguir nuestro ritmo de consumo.
Desde el día 19 de agosto estamos en “déficit ecológico”. Algunos países consumen hasta 12 veces más de lo que el medio ambiente soporta.
21 DE AGOSTO DE 2014, MADRID
¿Aguanta el planeta el ritmo de consumo de los humanos? Hace ya tiempo que los cálculos de la llamada “Huella Ecológica” nos advierten de que no. Según la organización especializada Global Footprint Network, el pasado 19 de agosto ya habíamos gastado los recursos que la Tierra puede producir en todo el año. Desde ahora hasta final de año, estamos consumiendo lo que la Tierra no puede reponer.
Se le ha llamado “Earth Shoot Day”. La iniciativa establece cada año el día a partir del cual entramos a vivir del “crédito ecológico”. En 2014, este día se ha vuelto a adelantar y se ha situado en el 19 de agosto, una jornada antes que el año pasado, que fue el 20 de agosto. El resto del año ya no nos pertenece.
“A partir de hoy gastamos más de lo ingresamos”, explica el director científico de laONG Fondo Mundial para la Naturaleza, Christophe Roturier. “Concretamente, los ingresos son los recursos naturales producidos por la Tierra. Es decir, el agua, las tierras cultivables, los bosques, los peces, todo lo que es necesario a nuestra vida en la Tierra. Pero también todo lo que la Tierra permite digerir en materia de desechos creados por el hombre. Me refiero al gas carbónico, que puede ser digerido hasta un cierto límite por los bosques, los océanos”.
“Por tanto, a partir de hoy creamos deuda ecológica y empezamos a acumular desechos que no serán absorbidos por el Planeta”.
Objetivo: A la vista de las posibilidades nuevas que abre la genética como una de las ciencias jóvenes que nos habilita para la manipulación de los genes humanos; y de la libertad creciente alentada por el pensamiento humano y las concesiones que proveen las modificaciones a los códigos civiles para decidir sobre asuntos de la vida y la muerte, se confrontarán estas realidades con los principios bíblicos y cristianos, de modo que nos sea más fácil determinar la vía ética tanto en nuestras propias decisiones, como en nuestra orientación pastoral como consejeros en un mundo postmoderno.
Expuesto por la Mtra. Rosa María Garza Cervantes. Estudiante del Doctorado en Educación en la Universidad. Maestría en Bioética, Colegio de Bioética de Nuevo León A. C. (2009). Maestría en Educación con Especialidad en Desarrollo Cognitivo en el ITESM (1998). Licenciatura en Filosofía, con acentuación en Ciencias Humanas, en la Universidad de Monterrey (1987). Acreditación y Certificación como facilitador en Técnica Didáctica Aprendizaje Basado en Problemas en la Universidad de Maastricht, Netherlands (2001). Acreditación de Programa de Ética a través del currículum de la Univ. De Loyola. (2002). Especialidad en Tecnología Educativa en la Escuela de Graduados en Educación en el ITESM. Diplomado en Ética y Responsabilidad Social de la ANUIES (2006). Evaluadora y Supervisora de evaluadores acreditada en ÉTICA como parte del Quality Enhancement Plan (QEP) del Tecnológico de Monterrey como proyecto acreditado de la Southern Association of Colleges and Schools (SACS) (2008). Profesora acreditada para impartir el Taller de ÉTICA TRANSVERSAL para los profesores de la Vicerrectoría de Enseñanza Media de la Zona Metropolitana de Monterrey (2009). Diplomado en Docencia en el ITESM, acreditado por la Secretaría de Educación Pública. Directora General del Instituto Laurens, A. C. (julio 2011- marzo 2014). Directora del Dpto. Desarrollo Integral del Campus Eugenio Garza Sada del Tec de Monterrey (2006-2011). Presidenta de la Academia de Desarrollo Integral en la Vicerrectoría de Educación Media del Tec de Monterrey (2005 a 2010). Senadora Académica en la Vicerrectoría de Enseñanza Media (VEM) de parte del Campus Eugenio Garza Sada. (2008-2010 y reelecta para 2010-2012). Es escritora, asesora, investigadora y conferencista.
Influencias Helenistas en el Libro de Apocalipsis.
Objetivo: En vista de que los libros del Nuevo Testamento fueron escritos en el contexto de un mundo dominado por el idioma y la cultura de los griegos, y que resultaba casi imposible para cualquier escritor abstraerse de esa influencia, es posible encontrar hoy huellas helenistas en los libros sagrados del cristianismo. Para lograr en este Congreso equipar a los participantes con herramientas que les faciliten elaborar sus posturas relacionadas con el bosquejo de acontecimientos escatológicos, se explicará cómo el libro de Apocalipsis hace eco de creencias helenistas.
Expuesto por el Pbro. Jesús Caos Huerta González. Maestría en Ciencias de la Religión. (1990-1994) Seminario Metodista Juan Wesley, Monterrey N. L., Licenciatura en Teología. (2012) General Board of Higher Education & Ministry, Certificado de Educación Continua. (1994-1997) Instituto Bíblico Nazareno, Monterrey N. L., Docencia Teológica. (1994-1997) Seminario Metodista Juan Wesley, Monterrey N. L., Docencia Teológica. (2011-2014) Universidad Nacional de Estudios a Distancia (UNED), Madrid, España, Exegesis Bíblica en Clemente de Alejandría, Uso e Interpretación de los LXX en el Pentateuco. (2009-2011) misma Universidad, Máster en El Mundo Clásico y su Proyección en la Cultura Occidental. (1998–2003) Universidad Autónoma de Baja California (UABC), Ensenada, B.C., Maestría en Ciencias de la Educación. (1997) Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL) Monterrey, N. L. Estudios de Maestría en Letras Españolas. (1991-1996) Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL) Monterrey N. L., Licenciado en Filosofía. (1998-2014) Catedrático en la Benemérita Escuela Normal Estatal (BENE) Ensenada, B. C. (2004-2014) Catedrático en la Universidad Pedagógica Nacional (UPN) Ensenada, B. C. (2000-2004) Docente en varios colegios. Pastor y conferencista.
Hallazgos de la Orientación Escatológica en el Pensamiento de Juan Wesley.
Objetivo: Con el propósito de conocer los énfasis bíblicos, su importancia y su respectiva interpretación, en el pensamiento de Juan Wesley, se expondrán los signos que sus escritos nos dejan ver, como pauta que podría modelar la orientación escatológica de los metodistas de hoy.
Expuesto por el Pbro. Rubén Pedro Rivera Garza. Licenciatura en Teología del Centro Evangélico Unido; Licenciatura en Letras de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Chihuahua; Maestría y Doctorado en Ministerio de la Universidad Visión dependiente del Instituto Fuller, de California, EUA; experiencia pastoral (incluyendo la Superintendencia del Distrito Occidental) de 62 años en la Iglesia Metodista de México, AR; actual pastor del proyecto misionero metodista en El Paso, Texas, E. U. A.
Amilenarismo y Premilenarismo en el Calendario Escatológico Bíblico.
Objetivo: En vista de que como denominación los metodistas no tenemos una postura oficial respecto al orden de los acontecimientos futuros relacionados con la Segunda Venida se Cristo, se expondrán las bases de las dos posturas más conocidas, llamadas amilenarismo y posmilenarismo, para ofrecer parámetros que podrían ser útiles a los participantes para la conformación de su postura personal.
Expuesto por dos pastores: Pbro. Bernabé Rendón Morales. Bachillerato en Teología de la Comunidad Teológica de México, en el D. F. (1972); Licenciatura en Teología del Seminario Metodista Juan Wesley, Monterrey, N. L. (1999); Especialidad en Consejería Familiar y Pastoral del Brite Divinity School, en Texas, EUA (2007), con Certificación del College of Pastoral Supervision and Psycotherapy de New York, EUA (2008); experiencia pastoral de 41 años en la Iglesia Metodista de México, AR; actual pastor de la Iglesia Metodista Bethel en la Ciudad de Chihuahua.
Pbro. Rodolfo Rivera de la Rosa. Licenciatura en Teología del Seminario Metodista Juan Wesley, Monterrey, N. L. (2000); Especialidad en Consejería Familiar y Pastoral del Brite Divinity School, en Texas, EUA (2007), con Certificación del College of Pastoral Supervision and Psycotherapy de New York, EUA (2008); experiencia pastoral de 13 años en la Iglesia Metodista de México, AR; actual pastor de la Iglesia Metodista La Trinidad en Chihuahua, Chih.
Nota del Director: El siguiente documento es original del Pbro. Raúl Ruiz Ávila, pastor en la CAS y ex-obispo metodista mexicano, y nos parece que, aunque data de fecha no reciente, su pertinencia es actual. Además, nos parece interesante por la situación que refiere y el planteamiento de datos contenidos, y por ello lo presentamos al conocimiento y criterio de nuestros lectores.
PROPUESTA AL CMM DE LA RELACIÓN CON LA ICR
Durante la XVII Asamblea del Concilio Mundial Metodista en Rio de Janeiro, Brasil, del 7-15 de agosto de 1996. La Comisión Unida entre La Iglesia Católica Romana y el Concilio Mundial Metodista, presidida por el Dr. Geoffrey Wainwright por parte del CMM y el Obispo James W. Malone por la ICR, presentó su reporte, elaborado el 18 de abril de 1991, en el cual plantearon su objetivo: Estamos también ¨comprometidos a una visión que incluye la meta de tener plena comunión en fe, misión y vida sacramental¨ (pg. 4 del Reporte) presenté el siguiente planteamiento a la Asamblea en pleno:
Una persona cristiana es aquella que experimenta el amor de Dios a través de Jesucristo y es capaz de dialogar con cualquier persona a pesar de su nacionalidad, religión, afiliación política o su estatus económico o académico, etc. Felicito al Comité de Diálogo Ecuménico por su trabajo sobresaliente. Pero, tengo algunas preguntas que quiero presentar para reflexión:
La meta es ¨tener plena comunión en fe, misión y vida sacramental¨. (Reporte de la Comisión para el diálogo entre la ICR y el CMM, La Palabra de Vida pg.6.) Esto significa que queremos converger en algún punto y llegar a ser una sola iglesia. Para lograrlo……
¿Tendremos que cambiar nuestra creencia que la salvación es por la fe en Jesús solamente y creer que la salvación es sólo dentro de la Iglesia Católica Romana?
Creemos que el único vicario de Jesucristo es el Espíritu Santo. ¿Debemos cambiar para creer que el Papa es el vicario de Cristo?
Creemos que Dios, manifestado en Jesucristo y el Espíritu Santo es el único digno de culto, adoración, alabanza y servicio. ¿Debemos cambiar para adorar a las diferentes vírgenes y santos?
Creemos que Jesucristo es el único mediador entre Dios y los hombres. ¿Debemos cambiar y creer que tantos santos y vírgenes son nuestros mediadores entre Dios y nosotros?
Creemos en que todos los creyentes estamos llamados a un sacerdocio universal, incluyendo las mujeres. ¿Debemos cambiar para creer que el sacerdocio cristiano es exclusivo para hombres y una élite especial y sólo ordenar hombres?
¿Podríamos aceptar la ¨transubstanciación¨ como una doctrina sacramental válida?
No creo que se pueda ¨tener plena comunión en fe, misión y vida sacramental¨ debido a temas como los mencionados y otros más. Sin embargo, considero que se pueden tener buenas relaciones en servicio. Nuestra casa, el mundo necesita corazones y manos dispuestas para restaurar, sanar y promover la justicia y la paz. Unámonos en servicio a pesar de nuestras diferencias y hacerlo en el glorioso nombre de Jesucristo, nuestro Señor y Salvador. Como sabiamente lo dijo nuestro hermano Elías Chacour anoche: ¨No usemos el nombre de Cristo para promover nuestra propia iglesia. Usemos nuestra iglesia para proclamar a Cristo y servir a la gente en su Nombre¨.
Respetuosamente
Obispo Raúl Ruiz Ávila
Agosto 1996
P.D. Elías Chacour fue uno de los oradores de la Asamblea. Él es un Cristiano Israelí Palestino, fundador del Colegio Comunitario ¨Profeta Elías¨ en Ibillin, Galilea, donde cristianos, judíos, musulmanes y drusos estudian y enseñan juntos. En 1993 recibió el Premio por la Paz del Concilio Mundial Metodista por sus esfuerzos en promover la paz.
COMENTARIOS A MI ESCRITO:
Mis planteamientos fueron ignorados y no discutidos por la asamblea. Mis paisanos callaron, y a través de Donald English (Moderador del CMM) y Joe Hale (Secretario Ejecutivo del CMM) me llegó el recado, posterior a la Asamblea, de parte de Juan Pablo II de que sentía mucho las palabras negativas del Obispo Raúl Ruiz de México.
Felicito a los evangélicos de Italia que han tenido el valor de plantear que las intenciones de la ICR no son bíblicas y promueven un ecumenismo falso y anti bíblico.
Felicito al Evangelista Mexicano por mantenernos bien informados. Gracias por el número del 15 de agosto que me motivó a enviar este documento al periódico.
Dietrich Bonhoeffer, fue un pastor y teólogo luterano, quien predicó también con el ejemplo. Mientras las iglesias de Alemania guardaron silencio y se sometieron al nazismo de Hitler, él lo confrontó en forma escrita y verbal.
Su resistencia al régimen resultó en su captura, encarcelamiento y ejecución el 9 de abril de 1945, apenas 21 días antes del suicidio de Hitler, y 28 días antes de la rendición de Alemania. El día anterior de su muerte había dirigido un culto con los presos. Antes de ser ahorcado, de rodillas elevó su última oración. Tenía apenas 39 años de edad.
(Seguimos publicando, parte por parte, el libro de Bonhoeffer, “El Precio de la Gracia”).
La gracia barata es el enemigo mortal de nuestra Iglesia. Hoy combatimos en favor de la gracia cara.
La gracia barata es la gracia considerada como una mercancía que hay que liquidar, es el perdón malbaratado, el consuelo malbaratado, el sacramento malbaratado, es la gracia como almacén inagotable de la Iglesia, de donde la toman unas manos inconsideradas para distribuirla sin vacilación ni límites; es la gracia sin precio, que no cuesta nada. Porque se dice que, según la naturaleza misma de la gracia, la factura ha sido pagada de antemano para todos los tiempos. Gracias a que esta factura ya ha sido pagada podemos tenerlo todo gratis. Los gastos cubiertos son infinitamente grandes y, por consiguiente, las posibilidades de utilización y de dilapidación son también infinitamente grandes. Por otra parte, ¿qué sería una gracia que no fuese gracia barata?
La gracia barata es la gracia como doctrina, como principio, como sistema, es el perdón de los pecados considerado como una verdad universal, es el amor de Dios interpretado como idea cristiana de Dios. Quien la afirma posee ya el perdón de sus pecados. La Iglesia de esta doctrina de la gracia participa ya de esta gracia por su misma doctrina. En esta Iglesia, el mundo encuentra un velo barato para cubrir sus pecados, de los que no se arrepiente y de los que no desea liberarse. Por esto, la gracia barata es la negación de la palabra viva de Dios, es la negación de la encarnación del Verbo de Dios.
La gracia barata es la justificación del pecado y no del pecador. Puesto que la gracia lo hace todo por sí sola, las cosas deben quedar como antes. «Todas nuestras obras son vanas». El mundo sigue siendo mundo y nosotros seguimos siendo pecadores «incluso cuando llevamos la vida mejor». Que el cristiano viva, pues, como el mundo, que se asemeje en todo a él y que no procure, bajo pena de caer en la herejía del iluminismo, llevar bajo la gracia una vida diferente de la que se lleva bajo el pecado. Que se guarde de enfurecerse contra la gracia, de burlarse de la gracia inmensa, barata, y de reintroducir la esclavitud a la letra intentando vivir en obediencia a los mandamientos de Jesucristo. El mundo está justificado por gracia; por eso -a causa de la seriedad de esta gracia, para no poner resistencia a esta gracia irreemplazable- el cristiano debe vivir como el resto del mundo.
Le gustaría hacer algo extraordinario; no hacerlo, sino verse obligado a vivir mundanamente, es sin duda para él la renuncia más dolorosa. Sin embargo, tiene que llevar a cabo esta renuncia, negarse a sí mismo, no distinguirse del mundo en su modo de vida. Debe dejar que la gracia sea realmente gracia, a fin de no destruir la fe que tiene el mundo en esta gracia barata. Pero en su mundanidad, en esta renuncia necesaria que debe aceptar por amor al mundo -o mejor, por amor a la gracia- el cristiano debe estar tranquilo y seguro (securus) en la posesión de esta gracia que lo hace todo por sí sola. El cristiano no tiene que seguir a Jesucristo; le basta con consolarse en esta gracia. Esta es la gracia barata como justificación del pecado, pero no del pecador arrepentido, del pecador que abandona su pecado y se convierte; no es el perdón de los pecados el que nos separa del pecado. La gracia barata es la gracia que tenemos por nosotros mismos.
La gracia barata es la predicación del perdón sin arrepentimiento, el bautismo sin disciplina eclesiástica, la eucaristía sin confesión de los pecados, la absolución sin confesión personal. La gracia barata es la gracia sin seguimiento de Cristo, la gracia sin cruz, la gracia sin Jesucristo vivo y encarnado.
La gracia cara es el tesoro oculto en el campo por el que el hombre vende todo lo que tiene; es la perla preciosa por la que el mercader entrega todos sus bienes; es el reino de Cristo por el que el hombre se arranca el ojo que le escandaliza; es la llamada de Jesucristo que hace que el discípulo abandone sus redes y le siga.
La gracia cara es el Evangelio que siempre hemos de buscar, son los dones que hemos de pedir, es la puerta a la que se llama. Es cara porque llama al seguimiento, es gracia porque llama al seguimiento de Jesucristo; es cara porque le cuesta al hombre la vida, es gracia porque le regala la vida; es cara porque condena el pecado, es gracia porque justifica al pecador. Sobre todo, la gracia es cara porque ha costado cara a Dios, porque le ha costado la vida de su Hijo -«habéis sido adquiridos a gran precio»- y porque lo que ha costado caro a Dios no puede resultamos barato a nosotros. Es gracia, sobre todo, porque Dios no ha considerado a su Hijo demasiado caro con tal de devolvernos la vida, entregándolo por nosotros. La gracia cara es la encarnación de Dios.
La gracia cara es la gracia como santuario de Dios que hay que proteger del mundo, que no puede ser entregado a los perros; por tanto, es la gracia como palabra viva, palabra de Dios que él mismo pronuncia cuando le agrada. Esta palabra llega a nosotros en la forma de una llamada misericordiosa a seguir a Jesús, se presenta al espíritu angustiado y al corazón abatido como una palabra de perdón. La gracia es cara porque obliga al hombre a someterse al yugo del seguimiento de Jesucristo, pero es una gracia el que Jesús diga: «Mi yugo es suave y mi carga ligera».
Dos veces escuchó Pedro la llamada: «Sígueme». Fue la primera y la última palabra dirigida por Jesús a su discípulo (Mc 1, 17; Jn 21, 22). Toda su vida se encuentra comprendida entre estas dos llamadas. La primera vez, al borde del lago de Genesaret, Pedro, al escuchar el llamamiento de Jesús, había abandonado sus redes, su profesión, y le había seguido confiando en su palabra. La última vez, el resucitado vuelve a encontrar a Pedro al borde del lago de Genesaret, ejerciendo su antigua profesión, y le repite: «Sígueme». Entre ambas se desarrolla toda una vida de seguimiento de Cristo. En el centro se halla la confesión en la que Pedro reconoce a Jesús como el Cristo de Dios. Tres veces, al principio, al fin y en Cesarea de Filipo, Pedro ha oído anunciar la misma cosa: Cristo es su Señor y su Dios. Es la misma gracia de Cristo la que le llama: «Sígueme», y que se revela en su confesión del Hijo de Dios.
Tres veces se ha detenido en el camino de Pedro la gracia, la única gracia anunciada de tres formas diferentes; así quedaba claro que era la gracia propia de Cristo, y no una gracia que el discípulo se habría atribuido personalmente. Fue la misma gracia de Cristo la que triunfó sobre el discípulo, llevándole a abandonar todo a causa del seguimiento, la que suscitó en él la confesión que debía parecer blasfema al mundo; fue la misma gracia la que llamó al infiel Pedro a entrar en la comunión definitiva del martirio, perdonándole así todos sus pecados. En la vida de Pedro, la gracia y el seguimiento están indisolublemente ligados. Él había recibido la gracia cara.
Con la extensión del cristianismo y la secularización creciente de la Iglesia, la noción de gracia cara se perdió gradualmente. El mundo estaba cristianizado y la gracia se había convertido en el bien común de un mundo cristiano. Se la podía adquirir muy barata.
Y, sin embargo, la Iglesia romana conservó un resto de esta noción primera. Fue de enorme importancia que el monaquismo no se separase de la Iglesia y que la prudencia de la Iglesia soportase al monaquismo. En este lugar, en la periferia de la Iglesia, se mantuvo la idea de que la gracia es cara, de que la gracia implica el seguimiento. Unos hombres, por amor a Cristo, perdían todo lo que tenían e intentaban seguir en la práctica diaria los severos preceptos de Jesús. La vida monacal se convirtió en una protesta viva contra la secularización del cristianismo y el abaratamiento de la gracia. Pero la Iglesia, soportando esta protesta y no dejándola desarrollarse hasta sus últimas consecuencias, la relativizó; más aún, sacó de ella misma la justificación de su propia vida secularizada; porque ahora la vida monacal se convirtió en la proeza aislada de unos pocos, a la que no podía obligarse a la masa del pueblo de la Iglesia. La funesta limitación de la validez de los preceptos de Jesús para un grupo de hombres especialmente cualificados condujo a distinguir un nivel superior y otro inferior en la obediencia cristiana. Con esto, en todos los ataques posteriores contra la mundanización de la Iglesia, podía indicarse la posibilidad de seguir el camino del monaquismo en el interior de la Iglesia, al lado del cual estaba perfectamente justificada la eventualidad de otro camino más fácil.
De este modo, la referencia a la concepción cristiana de la gracia cara, tal como debería haberla mantenido el monaquismo en la Iglesia de Roma, se convirtió de forma paradójica en la justificación última de la secularización de la Iglesia. En todo esto, el error del monaquismo, prescindiendo de todas las falsas interpretaciones de la voluntad de Jesús, no consistió en recorrer el camino de la gracia en un seguimiento estricto; más bien, se alejó de lo cristiano al dejar que su camino se convirtiese en la proeza aislada y libre de unos pocos y al reivindicar para esta conducta un carácter meritorio particular.
Cuando Dios, por medio de su siervo Martín Lutero, suscitó en la Reforma el evangelio de la gracia pura, cara, condujo a Lutero al claustro. Lutero fue monje. Había abandonado todo y quería seguir a Cristo en la obediencia total. Renunció al mundo y emprendió su tarea cristiana. Aprendió a obedecer a Cristo y a su Iglesia, porque sabía que sólo el obediente puede creer. La llamada al convento le costó a Lutero la entrega plena de su vida. Lutero fracasó en su camino hacia Dios. Dios le mostró por medio de la Escritura que el seguimiento de Jesús no es la proeza aislada de unos pocos, sino un precepto divino dirigido a todos los cristianos. La humilde empresa del seguimiento se había convertido dentro del monaquismo en una obra meritoria propia de santos. La autonegación de los seguidores se revelaba aquí como la última autoafirmación espiritual de los piadosos. Con esto, el mundo se había introducido en medio de la vida monacal y actuaba en ella peligrosamente. A través de la huida monástica del mundo podía distinguirse una de las formas más sutiles de amor al mundo.
Lutero captó la gracia en este momento en que desaparecía la última posibilidad de llevar una vida piadosa. Vio en la caída del mundo monacal la mano salvadora de Dios, tendida en Jesucristo. Se agarró a ella, seguro de que «todas nuestras obras son vanas, incluso en la vida mejor». La gracia que se le ofrecía era cara, destrozó toda su existencia. Una vez más, tuvo que abandonar sus redes y seguir a Cristo. La primera vez, cuando entró en el convento, había dejado todo tras sí, a excepción de él mismo, de su «yo» piadoso. En esta ocasión, incluso esto se le retiraba. Ya no se guio más por su propio mérito, sino por la gracia de Dios. No se le dijo: Ciertamente, has pecado, pero se te ha perdonado todo; sigue donde estás y consuélate con el perdón. Lutero debió dejar el convento y volver al mundo, no porque el mundo fuese bueno y santo, sino porque el convento no era más que mundo.
El camino de Lutero, saliendo del convento para volver al mundo, representa el ataque más duro dirigido contra el mundo desde el cristianismo primitivo. La negativa dada al mundo por el monje era un juego de niños en comparación con la negativa experimentada por el mundo de parte del que volvía a él. El ataque venía de frente, era preciso seguir a Jesús en medio del mundo. Lo que había sido practicado como una proeza aislada, en medio de las circunstancias y facilidades particulares de la vida conventual, se convertía ahora en una necesidad y un precepto para todo cristiano que vive en el mundo. De este modo se agravó de forma imprevisible el conflicto entre la vida del cristiano y la vida del mundo. El cristiano se agarraba al mundo en una lucha cuerpo a cuerpo.
No es posible interpretar de forma más funesta la acción de Lutero que pensando que, al descubrir el evangelio de la pura gracia, dispensó de la obediencia a los mandamientos de Jesús en este mundo, y que el descubrimiento de la Reforma ha sido la canonización, la justificación del mundo por medio de la gracia que perdona. Para Lutero, la vocación secular del cristiano sólo se justifica por el hecho de que en ella se manifiesta de la forma más aguda la protesta contra el mundo. Sólo en la medida en que la vocación secular del cristiano se ejerce en el seguimiento de Jesús recibe, a partir del Evangelio, una justificación nueva. No fue la justificación del pecado, sino la del pecador, la que condujo a Lutero a salir del convento. La gracia cara fue la que se concedió a Lutero. Era gracia, porque era como agua sobre una tierra árida, porque consolaba en la angustia, porque liberaba a los hombres de la esclavitud a los caminos que ellos habían elegido, porque era el perdón de todos los pecados. Era gracia cara porque no dispensaba del trabajo; al contrario, hacía mucho más obligatoria la llamada a seguir a Jesús. Pero precisamente porque era cara era gracia, y precisamente porque era gracia era cara. Este fue el secreto del evangelio de la Reforma, el secreto de la justificación del pecador.
Sin embargo, en la historia de la Reforma, quien obtuvo la victoria no fue la idea luterana de la gracia pura, costosa, sino el instinto religioso del hombre, siempre despierto para descubrir el lugar donde puede adquirirse la gracia al precio más barato. Sólo hacía falta un leve desplazamiento del acento, apenas perceptible, para que el trabajo más peligroso y pernicioso se hubiese realizado. Lutero había enseñado que el hombre, incluso en sus obras y caminos más piadosos, no podría subsistir delante de Dios porque, en el fondo, se busca siempre a sí mismo. Y, en medio de esta preocupación, había captado en la fe la gracia del perdón libre e incondicional de todos los pecados.
Lutero sabía que esta gracia le había costado toda una vida y que seguía exigiendo su precio diariamente. Porque, por la gracia, no se sentía dispensado del seguimiento, sino que, al contrario, se veía obligado a él ahora más que nunca. Cuando Lutero hablaba de la gracia pensaba siempre, al mismo tiempo, en su propia vida, que sólo por la gracia había sido sometida a la obediencia total a Cristo. No podía hablar de la gracia más que de esta forma. utero había dicho que la gracia actúa sola; sus discípulos lo repitieron literalmente, con la única diferencia de que se olvidaron pronto de pensar y decir lo que Lutero siempre había considerado como algo natural: el seguimiento, del que no necesitaba hablar porque se expresaba como un hombre al que la gracia había conducido al seguimiento más estricto de Jesús. La doctrina de los discípulos dependía, pues, de la doctrina de Lutero y, sin embargo, esta doctrina fue el fin, el aniquilamiento de la Reforma en cuanto revelación de la gracia cara de Dios sobre la tierra. La justificación del pecador en el mundo se transformó en justificación del pecado y del mundo. La gracia cara se volvió gracia barata, sin seguimiento.
Cuando Lutero decía que nuestras obras son vanas incluso en la mejor vida y que, por consiguiente, nada tiene valor delante de Dios «a no ser la gracia y la misericordia para perdonar los pecados», lo decía como hombre que, hasta este momento y en este momento preciso, se sabía llamado siempre de nuevo al seguimiento de Jesús, al abandono de todo lo que tenía. El conocimiento de la gracia supuso para él la ruptura última y radical con el pecado de su vida, pero nunca su justificación. Significó, cuando él captó la gracia, la renuncia radical y última a una vida según su propia voluntad, con lo que se mostró verdaderamente como una llamada seria al seguimiento. Esto fue para él un «resultado», pero un resultado divino, no humano. Sin embargo, sus sucesores convirtieron este resultado en el presupuesto básico de un cálculo. Y aquí está el fallo.
Si la gracia es el resultado, dado por el mismo Cristo, de la vida cristiana, entonces esta vida no está dispensada del seguimiento en ningún instante. Si, por el contrario, la gracia es el presupuesto básico de mi vida cristiana, poseo de antemano la justificación de los pecados que cometo durante mi vida en este mundo. Puedo seguir pecando, confiado en esta gracia, puesto que el mundo, en principio, está justificado por gracia. Consiguientemente, me mantengo como antes en mi existencia cívico-mundana, las cosas siguen como antes y puedo estar seguro de que la gracia de Dios me cubre. Bajo esta gracia, el mundo entero se ha hecho «cristiano», pero bajo esta gracia el cristianismo se ha hecho mundo de una forma mucho más acentuada que antes. El conflicto entre la vida cristiana y la vida cívico- mundana queda eliminado.
Según esto, la vida cristiana consiste en que yo viva en el mundo y como el mundo, en que no me distinga de él en nada; por amor a la gracia, no me está permitido distinguirme de él ni siquiera en lo más mínimo. La vida cristiana consiste en que yo pase, en un momento determinado, de la esfera del mundo a la de la Iglesia, para asegurarme el perdón de mis pecados. Estoy dispensado del seguimiento de Jesús por la gracia barata, que debe ser el enemigo más encarnizado del seguimiento, que debe odiar y despreciar el verdadero seguimiento. La gracia como presupuesto es la gracia barata; la gracia como resultado es la gracia cara.
Asusta reconocer todo lo que aquí encontramos, la forma en que se enuncia y utiliza una verdad evangélica. Es la misma palabra de la justificación por la fe (Gnade) sola y, sin embargo, un uso falso de esta misma frase ha conducido a la destrucción total de su esencia.
Cuando Fausto, al final de toda una vida esforzándose por conocer las cosas, dice: «Veo que no podemos saber nada», nos ofrece un resultado, algo completamente distinto a si esta frase fuese dicha por un estudiante de primer curso para justificar su pereza (Kierkegaard). En cuanto resultado, la frase es verdadera; en cuanto presupuesto, es engañarse a sí mismo. Esto significa que un conocimiento no puede ser separado de la existencia en la que es adquirido. Sólo quien renuncia a todo lo que tiene, siguiendo a Jesucristo, puede decir que es justificado por la fe (Gnade) sola. Reconoce la llamada al seguimiento como gracia y la gracia como esta llamada. Pero quien, basándose en esta gracia, quiere dispensarse de seguir a Cristo, se engaña a sí mismo.
Pero, ¿no se encontró el mismo Lutero muy cerca de cometer idéntico error al interpretar la gracia? ¿Qué sentido tiene cuando dice: «Pecca fortiter, sed fortius fide et gaude in Christo» – «Peca valientemente, pero cree y alégrate en Cristo con mucha más valentía» (Enders 3, 208, l18s)? Significa: eres pecador y no podrás salir nunca de tu pecado; ya seas monje o laico, ya quieras ser piadoso o malo, no puedes escapar de las redes del mundo, pecas. Peca, pues, valientemente, basándote en la gracia que se te ha dado.
¿Se trata de una proclamación abierta de la gracia barata, de un salvoconducto concedido al pecado, de la supresión del seguimiento? ¿Es una invitación blasfema a pecar deliberadamente, basándose en la gracia? ¿Puede darse un desprecio más demoníaco de la gracia que el pecar por cuenta de la gracia de Dios que nos ha sido dada? ¿No tiene razón el catecismo católico cuando descubre aquí el pecado contra el Espíritu santo?
Para entender esto conviene distinguir entre resultado y presupuesto. Si la frase de Lutero es el presupuesto de una teología de la gracia, entonces lo que proclama es la gracia barata. Pero esta frase no hay que entenderla como punto de partida, sino como punto final como resultado, como clave del arco, como palabra última. Entendido como presupuesto, el pecca fortiter se convierte en principio ético; y a un principio de la gracia debe corresponder el principio del pecca fortiter. Es la justificación del pecado. De este modo se invierte por completo el sentido de la frase de Lutero. «Peca valientemente»: para Lutero, esto no podía ser más que un recurso último, una exhortación dirigida al que, en el camino del seguimiento, reconoce que no puede desembarazarse de su pecado y, aterrado por su vista, desespera de la gracia de Dios. Para él, el «peca valientemente» no es una especie de confirmación deliberada de su vida desobediente, sino el evangelio de la gracia de Dios, ante el cual somos pecadores siempre y en toda situación, este evangelio que nos busca y justifica precisamente en cuanto pecadores. Confiesa valientemente tu pecado, no intentes escapar de él, sino «cree aún más valientemente». Eres un pecador. Pues bien, sé un pecador, no quieras ser otra cosa que lo que eres; vuélvete incluso diariamente un pecador y selo con valentía. Pero, ¿a quién puede decirse esto, sino a quien diariamente, con todo su corazón, rompe con el pecado, a quien diariamente rompe con todo lo que le impide el seguimiento de Jesús y que, a pesar de todo, se muestra inconsolable por su infidelidad y su pecado diarios? ¿Quién puede escuchar estas palabras sin peligro para su fe, sino el que sabe que tal consuelo vuelve a llamarle al seguimiento de Jesucristo? Así, entendida como resultado, la frase de Lutero es gracia cara, la única gracia verdadera.
La gracia como principio, el pecca fortiter como principio, la gracia barata, no es en definitiva más que una nueva ley que no ayuda ni libera. La gracia como palabra viva, el pecca fortlter como consuelo en la tentación, como llamada al seguimiento, la gracia cara, es la única gracia pura que perdona realmente los pecados y libera realmente al pecador.
Nos hemos reunido como cuervos alrededor del cadáver de la gracia barata y hemos chupado de él el veneno que ha hecho morir entre nosotros el seguimiento de Jesús. Es innegable que la doctrina de la gracia pura ha experimentado una apoteosis sin igual, convirtiéndose en el mismo Dios y en la misma gracia. Siempre se repetían las palabras de Lutero, y, sin embargo, se había falseado su auténtico sentido, engañándonos a nosotros mismos. Puesto que nuestra Iglesia posee la doctrina de la justificación es, indiscutiblemente, una Iglesia que justifica. Esto es lo que se decía.
La auténtica herencia de Lutero había que reconocerla allí donde se ofreciese la gracia al precio más barato posible. La característica del luteranismo consistía en dejar el seguimiento de Jesús a los legalistas, a los reformados, a los iluminados, y esto por amor a la gracia; en justificar al mundo y convertir en herejes a los cristianos que seguían a Cristo. Un pueblo se hizo cristiano, luterano, pero a costa del seguimiento, a un precio demasiado bajo. La gracia barata había triunfado.
Pero ¿sabemos también que esta gracia barata se ha mostrado tremendamente inmisericorde con nosotros? El precio que hemos de pagar hoy día, con el hundimiento de las iglesias organizadas, ¿significa otra cosa que la inevitable consecuencia de la gracia conseguida a bajo precio? Se ha predicado, se han administrado los sacramentos a bajo precio, se ha bautizado, confirmado, absuelto a todo un pueblo, sin hacer preguntas ni poner condiciones; por caridad humana se han dado las cosas santas a los que se burlaban y a los incrédulos, se han derramado sin fin torrentes de gracia, pero la llamada al seguimiento se escuchó cada vez menos.
¿Qué se ha hecho de las ideas de la Iglesia primitiva que, durante el catecumenado para el bautismo, vigilaba tan atentamente la frontera entre la Iglesia y el mundo, y se preocupaba tanto por la gracia cara? ¿Qué se ha hecho de las advertencias de Lutero concernientes a una predicación del evangelio que asegurase a los hombres en su vida sin Dios? ¿Dónde ha sido cristianizado el mundo de manera más horrible y menos salvífica que aquí? ¿Qué significan los tres mil sajones asesinados por Carlomagno aliado de los millones de almas matadas hoy? En nosotros se ha verificado que el pecado de los padres se castiga en los hijos hasta la tercera y la cuarta generación. La gracia barata no ha tenido compasión con nuestra Iglesia evangélica.
Tampoco la ha tenido de nosotros desde un punto de vista personal. No nos ha abierto el camino que lleva a Cristo; nos lo ha cerrado. No nos ha llamado al seguimiento, sino que nos ha endurecido en la desobediencia. ¿Osaríamos decir que no es cruel y duro el que, cuando hemos llegado al lugar donde habíamos percibido la llamada al seguimiento de Jesús bajo la forma de una llamada de la gracia de Cristo, al lugar, quizás, donde nos habíamos atrevido a dar los primeros pasos por el camino de la obediencia a los mandamientos, fuésemos asaltados por la palabra de la gracia barata? ¿Podríamos escuchar esta palabra sin considerarla un intento de detenemos en nuestro camino, invitándonos a una sobriedad mundana, de suerte que apaga en nosotros la alegría del seguimiento, insinuándonos que todo esto no es más que un camino que nos hemos elegido nosotros mismos, un gasto de fuerza, de esfuerzos y de disciplinas inútiles e incluso peligrosas, ya que todo está preparado y cumplido en la gracia? La débil llama fue apagada sin compasión.
Era cruel dirigirse a un hombre de esta forma ya que, turbado por un ofrecimiento tan barato, resultaba inevitable el que abandonase su camino, el camino por el que Cristo le llamaba; y desde entonces se aferraba a la gracia barata que le impedía conocer en adelante la gracia cara. No podía ser de otra forma: el pobre hombre engañado, de repente se sentía fuerte, en posesión de la gracia barata, cuando en realidad había perdido la fuerza para obedecer y seguir a Jesucristo. La palabra de la gracia barata ha hundido más vidas cristianas que cualquier fe en las obras (Gebot der Werke).
En todo lo que sigue queremos dirigimos a los que se sienten inquietos, a los que observan que la palabra de la gracia se les ha vuelto terriblemente vacía. Por amor a la verdad hay que hablar en favor de los que, entre nosotros, reconocen haber perdido el seguimiento de Cristo con la gracia barata y haber vuelto a comprender la gracia cara por el seguimiento de Cristo. Porque no queremos negar que no nos encontramos en una situación de verdadero seguimiento de Cristo, que somos miembros de una Iglesia ortodoxa que profesa una doctrina pura de la gracia, pero no somos miembros de una Iglesia que sigue a Cristo, hay que intentar volver a comprender la gracia y el seguimiento en sus relaciones mutuas. Ya no podemos eludir esto. Cada vez resulta más claro que 10 que hoy preocupa a nuestra Iglesia es el problema: ¿cómo podemos vivir cristianamente?
Dichosos los que se encuentran ya al final del camino que nosotros queremos emprender y comprenden, asombrados, lo que en realidad parece incomprensible: que la gracia es cara, precisamente porque es pura gracia, porque es gracia de Dios en Jesucristo. Dichosos los que, en el simple seguimiento, han sido dominados por esta gracia, de suerte que, con espíritu humilde, pueden glorificar la gracia de Cristo, que es la única que actúa.
Dichosos los que, habiendo reconocido esta gracia, pueden vivir en el mundo sin perderse en él; aquellos que en el seguimiento de Jesucristo están tan seguros de la patria celeste que se sienten realmente libres para vivir en el mundo. Dichosos aquellos para los que seguir a Jesucristo no es más que vivir de la gracia, y para los que la gracia no consiste más que en el seguimiento. Dichosos los que se han hecho cristianos en este sentido, los que han experimentado la misericordia de la palabra de la gracia.
Nota del director: En un número anterior uno de nuestros lectores preguntó de dónde sacó el Obispo Juan Pluma Morales la referencia que hizo en su artículo Médico de Cuerpo y Almas, sobre la Carta a Un Clérigo, de Juan Wesley. En obsequio al interés de nuestro lector, publicamos ahora esa carta, que puede ser hallada en: “Las Obras de Juan Wesley”, Tomo V, pág. 211-216.
Carta a un Clérigo
Tullamore, 4 de mayo de 1748
Reverendo Señor:
Rev. Juan Wesley
No tengo actualmente tiempo disponible ni el deseo de entrar en una controversia formal; pero me permitirá que le haga unas breves alusiones al tema de nuestra conversación de anoche.
I.
Dado que la vida y la salud son cosas de tan grande importancia, es incuestionable y fundamental que los médicos deberán contar con todas las ventajas del aprendizaje y del estudio que sea posible.
Asimismo, antes de comenzar el ejercicio de su profesión han de ser examinados por profesores competentes.
Luego de aprobar los exámenes, las personas autorizadas para hacerlo deben otorgarles el derecho a ejercer su profesión.
Mientras preservan la vida de los demás, deben disponer de los recursos suficientes para sostener las suyas propias.
Pensemos ahora en un caballero educado en la universidad de Dublin, con todas las ventajas que ello significa y que, habiendo superado todas las pruebas corrientes, ha sido autorizado a ejercer su profesión.
Supongamos que este médico se instala por unos años en un lugar determinado, pero que no logra curar; y que después de aplicar sus conocimientos a unas quinientas personas, se comprueba que no ha curado ni siquiera una, sino que, contrariamente, muchos de sus pacientes han muerto bajo su atención y que los demás están igual que antes de su llegada.
¿Condenaría usted a alguien que, teniendo algún conocimiento de medicina, como también una tierna compasión hacia los enfermos y moribundos existentes a su alrededor, trata de curar sin percibir salario ni recompensa alguna a muchos de los que el doctor no pudo sanar?
Por lo menos no los sanó (que para el caso es igual) aunque sólo fuere porque él no fue a ellos, ni ellos a él.
¿Condenaría usted a quien ha curado enfermos que el médico titulado no pudo sanar, sólo porque carece de estudios completos o de una educación universitaria? ¿Qué entonces? Sana a los que el educado y preparado no puede curar.
¿Argumentaría usted que el hecho de no ser médico debidamente autorizado le quita todo derecho a ejercer? No puedo coincidir con su opinión. Creo que es médico aquél que cura (medicus est qui medetur) y que toda persona tiene derecho a salvar la vida de un moribundo. Pero, si usted sólo quiere decir que no está autorizado a cobrar honorarios, no discuto, pues no cobra nada.
No, y me temo que, por otra parte, si usamos el idioma con propiedad, podemos coincidir en la afirmación de que no es médico quien no cura (medicus non est qui non medetur).
Es cierto que al poseer su título de doctor en medicina se le reconoce autoridad; pero, ¿autoridad para qué? Pues para curar a todos los enfermos que lo consulten. Pero (dejando de lado aquéllos que no lo hagan, cuyas vidas usted tampoco querría sacrificar inútilmente) que no cura a los que lo consultan; quien estaba enfermo sigue igual o de lo contrario ya ha partido para no verle más. Por lo tanto, su autoridad no vale nada porque no sirve para el fin que le fue concedida.
Y ciertamente no tiene autoridad para quitarles la vida, impidiendo a otro que les salve.
Tanto si intenta como se desea impedir al otro, como si le condena o le tiene aversión, queda claro para toda persona pensante que para él es más importante su salario que la vida de sus pacientes.
II- Ahora, para aplicar esto:
Dado que la vida eterna y la santidad, o sea la salud del alma, son cosas de tan grande importancia, es sumamente conveniente que los ministros, siendo por cierto los médicos del alma, gocen de todas las ventajas del saber y de la erudición.
Por la misma razón, deben someterse a los exámenes más rigurosos, realizados por profesores realmente competentes, antes de entrar en el ejercicio público de su profesión, que es la de salvar almas de la muerte.
Una vez que han superado las pruebas, deben ser habilitados para ejercer por quienes tienen el poder de conceder esa autoridad. Al respecto, creo que desde la era apostólica, los obispos han estado autorizados para hacer esto.
Y aquéllos cuyas almas ellos salven, deben, entretanto, proveerles lo necesario para su subsistencia.
Pero, pensemos también en un caballero educado en la ya mencionada universidad de Dublin, con todas las ventajas que ello implica, que luego de superar los exámenes correspondientes es autorizado para salvar almas.
Supongamos, además, que este ministro se instala por unos años en una localidad cualquiera, pero que en ese lapso no salva alma alguna ni tampoco a ningún pecador de sus ofensas. Es decir, que luego de predicar por varios años a unas quinientas o seiscientas personas, no puede demostrar que ha convertido a alguien de sus errores, mientras que muchos han muerto en sus pecados y los restantes permanecen tal como eran antes que él llegara.
¿Condenaría usted a quien, disponiendo de algún conocimiento del evangelio de Cristo, sintiendo compasión por las almas moribundas, y sin percibir recompensa temporal alguna, salva a muchas que el ministro no ha podido librar de sus pecados?
Por lo menos no las libró, y probablemente no lo hubiera hecho, pues él no iba a ellas, ni ellas le buscaban.
¿Condenaría usted a dicho predicador por no tener mayores conocimientos o una educación universitaria? ¿Y qué si salva a esos pecadores de sus ofensas, cosa que el estudioso y erudito no pudo hacer? Un campesino fue llevado ante el Colegio de Médicos de París, donde un sabio lo acosó, diciéndole: «Entiendo que usted pretende recetar a personas que padecen fiebre intermitente, pero ¿sabe usted en qué consiste esa enfermedad?» La respuesta del campesino fue la siguiente: «Sí señor, una fiebre intermitente es una enfermedad que yo puedo curar y usted no».
Usted podría: «al no ser él un ministro, carece de autoridad para salvar almas.» Pido perdón por disentir con usted en esto. Creo que es verdadero ministro evangélico, diákonos, siervo de Cristo y de su iglesia, quien oútos diakoneî, quien contribuye a salvar almas de la muerte y al rescate de pecadores de sus culpas, como también creo que cada cristiano tiene autoridad para salvar un alma que se muere, si es que puede hacerlo. Pero si usted sólo se refiere a que carece de autoridad para aceptar diezmos, estoy de acuerdo, puesto que no los recibe, sino que, así como ha recibido de gracia, da de gracia.
Ampliemos el tema un poco más. Respecto tanto del alma como del cuerpo, se puede sostener que no es médico quien no cura. Por ello me inclino a creer que las personas razonables tenderán a pensar que quien no salva almas, tampoco es ministro de Cristo.
Usted podrá decir: «Ah, pero es ordenado y por consiguiente tiene autoridad.» A esa afirmación yo le respondo: ¿Autoridad para hacer qué? ¿Para salvar todas las almas que pidan su cuidado? Ciertamente; pero (dejando de lado aquéllos que no lo hagan, que usted tampoco desearía que se perdieran), de hecho no salva a los que están bajo su cuidado. En consecuencia, ¿a qué fin sirve su autoridad? El que era un bebedor, sigue siéndolo. Lo mismo es verdad del que no guarda el domingo, o del ladrón, o del blasfemador común. Esto es lo mejor del caso, porque muchos han muerto en su iniquidad, y el Señor demandará su sangre de mano del atalaya.
Ciertamente no tiene autoridad para asesinar almas, ya sea por abandono, o por su doctrina deficiente, si no falsa, o por impedir a otros arrebatarles del incendio y llevarles a la vida eterna.
Si intenta o desea obstaculizarlo, si condena o está disgustado por ello con quien sí sana, buena razón existe para temer que considera su propio provecho más que la salvación de las almas.
TESTIMONIO Y MEDITACIÓN Un hombre llega muy triste hasta la Iglesia y le dice al pastor: «Pastor, vengo a que me haga un culto por mi caballo que se murió»; a lo que el pastor contesta algo molesto: «Hijo, a los animales no les hacemos cultos». «Pero pastor, es que yo quería mucho a mi caballo». El pastor ya estaba más molesto y contesta: «Me estás haciendo enojar, yo no sería incapaz de cometer semejante sacrilegio contra el Señor. Imagínate lo que pensaría la iglesia si se entera».
“Pero le digo que era muy buen caballo, nunca andaba detrás de las yeguas, solo tenía una, no llegaba tarde a casa, y es más, cuando pasaba frente a la Iglesia, caminaba despacito, despacito, como haciendo reverencia». El pastor le grita: «Ya me agotaste la paciencia, lárgate de aquí o te voy a excomulgar».
«Espere pastor, mi caballo era tan bueno, que ganó muchas carreras, me hizo tan rico, que hasta dejó este millón de pesos para su iglesia». A lo que el pastor contesta rápidamente, «Pero hijo, me hubieras dicho desde un principio que tu caballo era cristiano, pásale pronto, empezaremos de inmediato».
A pesar de la abrumadora evidencia en sentido contrario, la mayoría de la gente todavía cree que el dinero trae la felicidad y/o cambia a la gente. Gente rica que ansía ser más rica puede ser atrapada en un ciclo sin fin que sólo termina en ruina y destrucción. ¿Cómo puede usted mantenerse alejado del amor al dinero? Pablo nos da algunas instrucciones: (1) Tome conciencia que un día todas las riquezas desaparecerán (6.7, 17); (2) viva bien con lo que tiene (6.8); (3) si hace más dinero que sea sin trampas o corrupción (6.9, 10); (4) ame a la gente más que al dinero (6.11); (5) ame la obra de Dios más que al dinero (6.11); (6) comparta libremente con otros lo que tiene (6.18). (Proverbios 30:7-9 para más información de cómo evitar el amor al dinero.)
CONTEXTO DEL TEXTO
En época de Pablo se vivía el modo de producción esclavista y persistía una gran brecha social y legal que separaba a los amos de los esclavos. Pero como cristianos, los amos y los esclavos llegaron a ser espiritualmente iguales, hermanos y hermanas en Cristo Jesús Gálatas 3:28. Pablo no habló contra la esclavitud, pero dio pautas para los esclavos cristianos y los amos cristianos. Su consejo para la relación amo/esclavo puede ser aplicado a la relación empleador/empleado de hoy en día. Los empleados deben trabajar con ahínco, mostrando respeto por sus empleadores. A su vez, los empleadores deben ser justos Efesios 6:5-9; Colosenses 3:22-25 y no explotadores. Nuestro trabajo debe reflejar nuestra fidelidad y amor a Cristo.
LO QUE ME ENSEÑA EL TEXTO BÍBLICO
En la sociedad donde vivo el dinero es necesario, pero no debe ser mi prioridad.
El amor al dinero me puede llevar a disfrutar de todo, pero puedo perder mi dignidad y salvación.
Más bien debo buscar el Reino de Dios y todas las demás cosas vendrán por añadidura.
ORACIÓN
Señor gracias por lo que me has dado, pero te suplico por los que no tienen nada, ni trabajo, ni casa, ni pan para comer. Te suplico porque cambies a los poderosos y gobernantes de este modelo capitalista salvaje que hacen más pobre al pobre y al rico más rico. Permite que mi prioridad y su prioridad seas tú, que seamos cambiados para que vivamos en justicia, en paz y en amor, en tu nombre. Amén.
LOS DISCÍPULOS. Con raras excepciones, en toda congregación local no sólo hay cristianos maduros, comprometidos e involucrados como miembros útiles del cuerpo de Cristo, que es la iglesia, sino que también hay otros tipos de discípulos (creyentes y seguidores de Cristo), como los que aun son sólo simpatizantes, y los cristianos neófitos o en capacitación.
LA MINISTRACIÓN DE LOS DISCÍPULOS. La misión de la iglesia es evangelizar a todos los que pueda, dentro y fuera del templo, y edificar o discipular a los salvos, enseñándoles la sana doctrina con el fin de que la aprendan, memoricen, obedezcan e integren como norma de conducta en sus vidas diarias, de tal manera que aprendan a vivir como Dios manda en la Biblia, y como cristianos en un mundo no cristiano.
Para tal efecto, la iglesia debe organizarse para ejercer un triple ministerio:
1.COMO ESCUELA. Jesucristo dijo: «Por tanto, id, y predicad el evangelio a todas las naciones, bautizándoles en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; y enseñándoles que guarden todas las cosas que les he mandado.” Además, la Biblia dice que Él mismo puso a unos, como apóstoles, a otros, como profetas; y a otros, como evangelistas, pastores y maestros, con el fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo; y hasta que todos lleguemos en la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error (Mt 28:19-20; Ef 4:11-14).
Así, entendemos que Dios puso a la iglesia en el mundo como el mejor lugar donde, ya sea dentro de las instalaciones del templo, o en los hogares, se capacitara y edificara a los discípulos, con el fin de que cada día, aprendieran a ser mejores hijos, siervos, ministros e instrumentos de Jesucristo. Aunque la sana doctrina (enseñanza bíblica), no debe cambiar nunca, sí deben cambiarse y actualizarse los métodos de enseñanza, procurando siempre usar los mejores medios de comunicación disponibles. Debe recordarse que aprende más el maestro al preparar sus lecciones y evaluaciones; y el discípulo que durante la enseñanza, participa oyendo, viendo, hablando y escribiendo.
2.COMO HOSPITAL. Es en la iglesia, donde los discípulos deben aprender oportunamente, todas las conductas y medidas preventivas que les ayudarán a vivir como Dios manda en la Biblia , y en victoria contra el diablo, evitando caer en tentación, y sufrir las crueles consecuencias terrenales del pecado, que aunque no siempre son mortales y se pueden en gran parte remediar, siempre lastiman a los que nos rodean y frecuentemente dejan terribles cicatrices, secuelas y consecuencias, durante el resto de nuestro peregrinar terrenal.
Jesucristo dijo: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mt 11:28), y la Biblia enseña que no hay mejor lugar que la iglesia, para que los enfermos, afligidos y heridos por el enemigo (Satanás), puedan encontrar el alivio, ánimo, y salud emocional y espiritual, que necesitan.
¡Gloria a Dios! Porque nuestro Buen Padre Celestial, es el Dios de las segundas, terceras y mil oportunidades, de tal manera que cuando perdona, Él salva, sana, y restaura al pecador, haciéndolo una nueva criatura. Dice la Biblia : “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. ¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en misericordia. Él volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados (2ª Co 5:17; Mi 7:18,19).
3.COMO CUARTEL. Jesucristo dijo: Estas cosas les he hablado para que en mí tengan paz. En el mundo tendrán aflicción; pero confíen, yo he vencido al mundo (Jn 16:33); y la Biblia nos enseña que durante todo nuestro peregrinar terrenal rumbo a la patria celestial, necesariamente viviremos enfrascados en una guerra a muerte contra Satanás, sus demonios y sus siervos; y viviremos expuestos constantemente a sus terribles tentaciones, amenazas, ataques y dolorosos “dardos de fuego.”
El diablo es muy poderoso y lleno de superefectivos recursos, y tiene como propósito hurtar, matar y destruir la felicidad, integridad, salud y vida terrenal y eterna, de los hijos de Dios y sus familias; pero gracias a Dios, que nos dice: Hijitos, ustedes son de Dios, y los han vencido; porque mayor es el que está en nosotros, que el que está en el mundo (1ª Jn 4:4).
Por eso, la iglesia debe tener como ministerio predominante, capacitar constantemente a los discípulos para que vivan en victoria sobre la tentación y el pecado.
Dice la Biblia: Por lo demás, hermanos míos, fortalézcanse en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vístanse de toda la armadura de Dios, para que puedan estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo; contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomen toda la armadura de Dios, para que puedan resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes (Ef 6: 10-13).
LOS MIEMBROS ÚTILES. Los miembros de la iglesia serán útiles a Dios en la medida en que descubran, desarrollen y consagren sus talentos y capacidades al servicio de Dios; mantengan una santa o pura manera de vivir; y aprendan a vivir y trabajar en armonía con los demás miembros del cuerpo de Cristo.
La Biblia dice: Vivan sabiamente, como coherederos de la gracia de la vida, para que sus oraciones no tengan estorbo.
Finalmente, sean todos de un mismo sentir, compasivos, amándose fraternalmente; misericordiosos, amigables; no devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo, sabiendo que fueron llamados para heredar bendición. Porque: El que quiere amar la vida y ver días buenos, refrene su lengua de mal, y sus labios no hablen engaño; apártese del mal, y haga el bien; busque la paz, y sígala.
Porque los ojos del Señor están sobre los justos, y sus oídos atentos a sus oraciones; pero el rostro del Señor está contra aquellos que hacen el mal. ¿Y quién es aquel que les podrá hacer daño, si ustedes seguís el bien? Mas el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: Conoce el Señor a los que son suyos; y: Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo; así que, si alguno se limpia de estas cosas, será instrumento para honra, santificado, útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra.
Huye también de las pasiones juveniles y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón limpio invocan al Señor; pero desecha las cuestiones necias e insensatas, sabiendo que engendran contiendas. Porque el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido; que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad, y escapen del lazo del diablo, en que están cautivos a voluntad de él.
Como hijos obedientes, no se conformen a los deseos que antes tenían estando en ignorancia, sino, como Aquel que los llamó es santo, sean también ustedes santos en toda su manera de vivir; porque escrito está: Sean santos, porque yo soy santo (1ª Pd 1: 14-16; 3:7-13; y 2ª Ti 2:19-26).
LOS PREMIOS Y GALARDONES. Jesucristo a sus siervos y miembros fieles (útiles y productivos en el Cuerpo de Cristo, que es la iglesia), les promete premios, galardones, reconocimientos, y coronas, que repartirá cuando establezca su reino milenial.
La Biblia dice: Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo. De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí. Así que, ya no nos juzguemos más los unos a los otros, sino más bien decidamos no poner tropiezo u ocasión de caer al hermano (2ª Co 5:10; Ro 14: 10-13).
LOS FALSOS HERMANOS. Pero así como en la congregación íntima de los discípulos de Jesucristo surgió Judas, toda iglesia debe estar alerta y recordar las advertencias de las Escrituras que dicen: Guárdense de los falsos profetas que vienen a nosotros con vestidos de ovejas, pero que por dentro son lobos rapaces; porque éstos son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo. Y no es maravilla, porque el mismo satanás se disfraza como ángel de luz. Así que no es extraño si también sus ministros se disfrazan como ministros de justicia. Y aunque salieron de nosotros, no eran de nosotros; porque si hubieran sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestara que no todos son de nosotros (Mt 7:15; 2ª Co11:3-5; 1ª Jn1:19).
Jesucristo nos advirtió que hasta “el tiempo de la siega”, crecerían juntas “la cizaña y el trigo” (Mt 13:30) y que aunque el fin del diablo y sus demonios será el infierno y el lago de fuego; actualmente, sabiendo que el tiempo que les queda es poco, seguirán haciendo todo lo posible por introducir apostasías y herejías destructoras en la iglesia.
Otra vez, la oración y el permanecer unánimes siguiendo una sola regla, la Biblia , será en la iglesia, la mejor defensa contra los engaños y falsas doctrinas del diablo. Dice la Biblia : Entonces oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche. Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero, y de la palabra del testimonio de ellos; y menospreciaron sus vidas hasta la muerte. Por lo cual alégrense cielos, y los que moran en ellos. Pero ¡Ay de los moradores de la tierra y del mar! porque el diablo ha descendido a nosotros con gran ira, sabiendo que tiene poco tiempo (Ap 12:10-12).
Que Dios nos conceda el cumplir, como miembros de la iglesia, con la misión, propósito y ministerio encomendados. AMEN
Debe aceptar que el temor será su compañero siempre Él y el miedo serán inseparables.
22 DE MAYO DE 2014
Sufre el profeta verdadero al percibir una realidad que nadie más ve. Su misión no consiste en contentar a todos sino en transmitir un mensaje de parte de Dios. ¿Quién quiere ir contracorriente? Ningún ser suspira con ganas de que le miren mal, le critiquen, le expulsen, le señalen con el dedo. Cualquier persona desea ser admitida, admirada, comprendida, considerada.
El profeta verdadero sufre. Pierde el hambre y el sueño. No quiere ser elegido para dar el mensaje. Desearía huir y sabe que no debe. Ve como los demás se desentienden. Están ciegos ante la evidencia.
El profeta verdadero sufre. Se queda solo contemplando la visión certera. Su tez palidece. Su cuerpo tiembla. Entiende el mensaje y cae al suelo. Pierde las fuerzas. No puede enderezarse. Enmudece. Siente que muere ante cada predicción. Como único testigo, lo que recibe le sobrepasa. Se queda sin testigos que le acrediten.
El profeta verdadero sufre aunque es persona apreciada por Dios. Lo que este le transmite es algo indescriptible. El receptor se siente más insignificante que nunca. Ve su poca valía. Su carencia para transmitir a otros lo que debe.
¿Cómo hacerlo? Sólo la fuerza que ofrece quien da la profecía le levanta y elimina su inmovilidad. Sólo Dios Fuerte da convencimiento. Dota a su enviado. Mas esto no garantiza que sea aceptado en su entorno.
Por eso, el miedo no desaparece, de ahí que el profeta verdadero sufra. El aire se niega a penetrar en los pulmones. La espera hasta ver el cumplimiento de lo prometido se hace eterna. Se angustia. Debe aceptar que el temor será su compañero siempre. Él y el miedo serán inseparables. No obstante, el que manda la profecía da como contrapartida el valor. Se convierten en tres: el enviado, el miedo y la valentía. Un rebujado explosivo difícil de ordenar.
La suerte está echada. ¿Quién gana? Gana el Todopoderoso porque consuela, comprende y anima. Convence de autenticidad. «No temas, pues eres muy apreciado. La paz sea contigo. Ahora sé fuerte y ten ánimo». Es él quien, además, pone palabras concretas en la boca del elegido que sufre de mudez.
El profeta verdadero sufre. No busca nada para sí. Teme tanto equivocarse como tener razón.
Pero alrededor también revolotean los otros. Los que con falsedad se envanecen de ser enviados. Los que no tienen ninguna duda porque tienen claro su objetivo. Los que sin serlo se llaman elegidos. Los que pronuncian discursos vanos. Los que juegan con los sentimientos ajenos. Los que regalan palabras dulces a los que escuchan para ganarse su estima.
Reitero: no todos son llamados a ser profetas. No todos permanecen receptivos. No todos tienen el valor suficiente para recibir el prodigio.
461.- Que nuestro Dios es grande, poderoso y temible, que no hace acepción de personas, ni toma cohecho (o soborno), Deuteronomio 10:17.
462.- Que en la tierra de Israel siempre están sobre ella los ojos de Dios, desde el principio del año hasta el fin. Deuteronomio 11:11-12.
463.- Que la sangre de los animales no deberían comerla, sino derramarla en la tierra, como si fuera agua. Deuteronomio 12:16.
464.- Que si alguien invitare a otros para ir y rendir culto a dioses falsos, deberían apedrearlo, hasta que muriera. Deuteronomio 13:6-11.
465.- Que el pueblo de Israel tenía permiso de comer: todo animal que tenga la pezuña hendida, y que rumia, como vacas, ovejas, cabras, ciervos, gacelas, corzos, antílopes, etc. Deuteronomio 14:4-6.
466.- Que si un varón se vendiere para servir a otro, al llegar al año 7o salía libre, y debería recibir apoyo de su ex amo. Deuteronomio 15:12-14.
467.- Que Dios ordenó que ninguna persona se debe presentar delante de El con las manos vacías, ofrendando según Dios le bendijo. Deuteronomio 16:16.
468.- Que Dios ordenó que si alguna persona sirviere y adorare a dioses ajenos, después de estar seguros que era verdad, debería tal persona ser apedreada hasta que muriera. Deuteronomio 17:2-5.
469.- Que el libro de Deuteronomio tiene 34 capítulos y 959 versículos.
470.- Que es una abominación a Dios pasar los hijos por fuego, los adivinos, los agoreros, los sortílegos, los hechiceros, los encantadores, los magos y los que consultan a los muertos. Deuteronomio 18:10-12.
Época III, Año LXXXIII, Período 2014-2018, No. 1
Chihuahua, Chih., 15 de agosto de 2014
Esta es la primera publicación a cargo de un servidor, iniciándome en un tipo de tareas que jamás había desempeñado. Estoy tratando de nadar, pero no porque me metí a la alberca, sino porque me arrojaron en ella los delegados del XXII período de sesiones de la Conferencia General de la IMMAR. Debemos sentirnos agradecidos por el período cuadrienal que cubrió nuestro buen amigo José Donato Rodríguez Romero, con quien tuve la grata circunstancia de haber colaborado juntos en algunas comisiones nacionales de nuestra iglesia en tiempos pasados. Él es periodista, tanto por su entrenamiento como por su experiencia en ese campo, y nos tocó cosechar de él aportaciones fundamentales. Gracias, Donato, el periódico no sería lo que es si no hubieras estado tú dirigiéndolo. De todos modos, Donato seguirá vigente y activo en El Evangelista Mexicano, pues tres secciones seguirán a su absoluta responsabilidad: Intolerancia Religiosa, Noticias Internacionales, e Himnología.
Por otro lado, contaremos también con la participación sistemática de las Hnas. Lilia Palos de Ortega y Susana O. Zapata Suárez, la primera de ellas aportando bimestralmente materiales producidos por la Sociedad de Estudios Históricos de la IMMAR, y la segunda proveyéndonos mensualmente elementos interesantes del acervo de la Dirección de Archivo e Historia. Contamos con algunos colaboradores más, y confiamos en que, gradualmente, otros metodistas se sumen a este ministerio de comunicación.
Procuraremos conservar el periódico encausado como un medio de información principalmente, ya que esa es la finalidad prioritaria de un órgano informativo; claro, sin perder su aspecto formativo. El Dr. Emil Dovifat, intelectual germano de los siglos XIX-XX, dijo que “Las noticias son comunicaciones sobre hechos nuevos surgidos en la lucha por la existencia de los individuos y las sociedades”. Este hecho propició que, durante episodios de la historia humana, la necesidad inherente de los individuos por conocer los sucesos fuese aprovechada por algunos para controlar el detonador de ese mecanismo de la conducta humana, al grado de afectar la marcha de la historia.
Nosotros no pretendemos tanto, pero sí valernos de este instrumento que ha viajado junto con el metodismo mexicano durante su época de autonomía, para poner en contacto lo que pasa con los destinatarios del periódico. Al fin de cuentas, las figuras importantes no son ni el periódico ni quien lo dirija, sino los lectores que representan el ámbito de recepción. Ya veremos si logramos contar con los suficientes corresponsales, designados y/o voluntarios, ubicados en las diferentes áreas episcopales que nos ministren como fuentes frescas de información.