Jesús de nada sirve

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La controversia por causa de la verdad es un mandamiento divino
– Walter Martin

Durante siglos la historia ha sido testigo mudo de los variados errores doctrinales y lisonjas teológicas que han degenerado en muchas mentiras e inexactitudes que han llegado a ser institucionalizadas dentro de la Cristiandad. Es hora de develarlas por lo que son y desnudar su maléfico corazón.

No obstante, los esfuerzos de muchos héroes de la fe desde la época de la iglesia apostólica hasta nuestros días postmodernos, demuestran sin duda alguna que en la historia del cristianismo aparecen en especial dos de estas lisonjas y errores teológicos, como los más añejos y los más peligrosos contra los cuales la Iglesia se ha enfrentado arduamente.

La Presentación

La primera es aseverar que la persona es salva mediante obras, es decir, que se puede conseguir la salvación a través de la realización de buenas obras. Buenas obras entendidas como el fruto del esfuerzo humano para ganarse la gracia divina.

La segunda se refiere a un mito que muchos han reforzado y reproducido por siglos. Asegurar que todos somos hijos de Dios, es decir que todos inherentemente somos, a pesar de nuestra naturaleza frágil, caída y pecaminosa parte de la familia de Dios per se.

Estas dos aseveraciones son dos tergiversaciones del texto bíblico, que provocan un claro y consistente alejamiento del hombre de Dios mismo, al permitirle confiar en sus propios esfuerzos para obtener su propia redención. Como lo diría el erudito y presidente del Christian Research Institute Hank Hanegraaff “estas aseveraciones son fatalmente defectuosas’’.

Al contrario de lo expuesto en estas aseveraciones, la Biblia enseña y demuestra la total y completa necesidad del hombre por un salvador, y muestra indudablemente la ineficacia de los esfuerzos humanos por reconstruir su relación con Dios. Sencillamente, las Escrituras declaran a los esfuerzos del hombre como “trapos de inmundicia” dada su futilidad para obtener o adquirir justificación y redención por sí mismos.

Por lo tanto, amable lector, le voy a presentar y a exponer las particularidades de estas dos mentiras, estas dos mentiras que lo único que hacen es lograr que Jesús de nada sirva. Examinémoslas con cuidado y suma atención.

I. Salvación por Obras

Muchas personas hoy en día y a través de la historia han creído que una manera de acercarse a Dios es a través del servicio a los demás. Muchas corporaciones en la actualidad poseen fundaciones dedicadas a brindar alivio a uno o varios grupos vulnerables de la sociedad. Muchas otras personas lo hacen desde una perspectiva mucho más personal y directa, mediante su involucramiento en particular en lugares o asociaciones que realizan una labor social dirigida al grupo vulnerable por el que la persona siente cierta especial afinidad.

Las razones y motivaciones que guian a estas personas a unirse y dar su tiempo, esfuerzo y dinero, son tan diversas como diversas son las necesidades y los problemas de la sociedad de la que es parte.

Para muchos el ofrecerse en auxilio a otras personas, de manera personal, directa y comprometida, les provee de un sentimiento de paz, tranquilidad mental y moral y de una noción de cumplimiento de un tipo de deber o de haber saldado una deuda. Si bien, para unos estos esfuerzos representan una muestra honesta y verdadera de ayuda al prójimo, porque así lo desean, para otros estas actividades son realizadas por ideas mezquinas y egoístas, que sólo sirven al ego de quien las realiza, es decir lo hacen por lucir ante la sociedad o para obtener un tipo de reconocimiento público. Aunque si bien es cierto que el esfuerzo llevado a cabo -de corazón- para ayudar a su prójimo es siempre loable, también es más cierto que la Biblia nunca menciona que el hombre tiene la capacidad de salvarse, véase Romanos 3:23, donde el apóstol explica que “…por cuanto todos pecaron, están destituidos de la gloria de Dios.” (Énfasis añadido).

El mismo Jesús aclaro que Él es el camino, la verdad y la vida, y que nadie va al Padre si no es por Él. Esta es la base del sacrificio de Cristo. Jesucristo vino a este mundo para obtener redención para el género humano, fungiendo Él como el sacrificio perfecto en la cruz ante el Padre. El sacrificio de Cristo es voluntario, vicario, suficiente, expiatorio y único. Es voluntario porque decidió dar su vida para que la humanidad tuviera otra vez comunión y comunicación directa con Dios. Es vicario porque simple y sencillamente Jesucristo tomó el lugar del pecador, se humilló a sí mismo, para que Dios lo hiciera pecado….por amor a nosotros. Es suficiente porque Cristo cumplió con todos los requisitos que la Ley Mosaica exigía para la presentación del sacrificio. Es expiatorio porque siendo Jesucristo “…el cordero de Dios que quita el pecado del mundo” según lo expone el apóstol Juan en su relato del Evangelio, Dios lo dio para que todo aquel que en él crea obtenga vida eternal. Es único porque es irrepetible y perfecto, ya no se necesitan más sacrificios, ni de Cristo mismo ni de cualquiera de los hombres.

Todo esto es visto desde una perspectiva teológica basada en la tradición judeo-cristiana. Ahora, desde una perspectiva histórica, el sacrificio de Cristo fue tan brutal que la realidad de su pasión excede la comprensión humana. Resulta incomprensible cómo es que muchos no valoran esta realidad al intentar cubrir su propia culpa con actividades filantrópicas. Todo lo que hagan o logren no tiene comparación con lo que Cristo hizo y por ende logró en el Gólgota.

Para muchos es muy difícil comprender los alcances de la Gracia, pero, eso es lo bueno, porque el justo por la fe vivirá. Cristo ya lo logró por nosotros. Él es el héroe de la humanidad. Él fue en la cruz… gracia encarnada. El único que quita culpas, cura vidas, limpia corazones y enmienda caminos es JESÚS. El medio de la justificación para los pecadores, es totalmente por fe en Cristo.

Después de la redención, después de que la persona es hecha nueva criatura a través de la salvación, es cuando el creyente producirá buenas obras como espejo de su fe y en respuesta al amor que Cristo le ha ofrecido y ha vertido en su corazón. Es entonces mediante estas obras que el hombre da testimonio del fruto del Espíritu y de la novedad de vida obtenida solo en Cristo Jesús. De este modo, y en esta luz, es que ha de entenderse apropiadamente el contexto de Santiago 2:17 que menciona que la fe sin obras es muerta, es decir, el fruto de las acciones de un corazón redimido.

La Disciplina de la Iglesia Metodista de México en su Artículo de Religión X “De Las Buenas Obras” indica: “Las buenas obras son fruto de la fe y siguen a la justificación, pero no pueden librarnos de nuestros pecados ni pueden soportar la severidad de los juicios de Dios. Sin embargo, ellas son agradables y aceptas delante de Dios por medio de Cristo, y nacen de una fe viva tan evidentemente como se conoce el árbol por su fruto.

Y en su Artículo XI “De las Obras de Supererogación”, indica lo siguiente: “No se puede enseñar la doctrina relativa a las obras voluntarias llamadas de supererogación (acciones ejecutadas sobre o además de los términos de los mandamientos de Dios) sin incurrir en arrogancia e impiedad. Pues, según ella, los hombres manifiestan no solo que dan a Dios todo lo que están obligados a darle, sino que por amor a él hacen más de lo que en rigor les exige el deber; siendo así que Cristo dice explícitamente : ‘’Cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: siervos inútiles somos… ’’

II. Todos somos Hijos de Dios

Esta es una pseudo verdad bastante cómoda, y como pseudo verdad no es más que una mentira disfrazada de verdad.
Esta falacia estriba en hacer creer a la persona que todos los seres humanos somos por el mero hecho de ser parte de la raza humana, y haber nacido en este planeta, hijos de Dios, crean o no en su existencia. Esta idea contradice muchas verdades bíblicas, así como muchas doctrinas básicas del cristianismo bíblico. La base de esta idea estriba en propagar la noción de que Dios es tan bueno que no puede separarse de su creación y por lo tanto ignorando las doctrinas y principios bíblicos sobre la creación humana, el pecado, la redención, la sustitución, la justificación y la adopción, Él mira al ser humano por encima de lo que la Biblia dice, es decir, de lo que Dios dijo, y le concede la posición de hijo sin más requisitos que el ser creación suya.

El lado más dañino de este concepto es que hace que ni la Biblia ni sus doctrinas son importantes ni necesarias. Se basa en un crudo e ignorante sentimentalismo que deja al que lo escucha atolondrado por sus vacuas razones, que apartadas de todo basamento bíblico no engendran más que perdición, desesperación, pecado, culpa, alejamiento y un desconocimiento de toda verdad bíblica de titánicas proporciones. Cuando se les presenta la verdad bíblica, a veces, es muy pesado que la entiendan.

El aseverar como una realidad irrefutable que todos somos hijos de Dios, es sugerir que Dios es inconsecuente, mentiroso, e incongruente consigo mismo.

Si todos somos hijos de Dios, se rompe con la doctrina del pecado y a todos nos absuelve de culpa alguna y peor aun hace innecesaria la novedad de vida en Cristo. Esto haría fútil el sacrificio de Cristo. Romanos 3:23 indica claramente que: “Por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios”. Si bien el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios en su aspecto moral, es el pecado, esa propensión innata a realizar lo malo, lo inadecuado, lo indebido, lo que la Biblia claramente señala como prohibido lo que lo aleja de Dios. De este modo se crea una barrera entre Dios y el hombre, un Dios Santo no puede convivir con el pecado del mismo modo que zapatos enlodados no pueden entrar en un ambiente limpio y carente de mancha alguna.

La realidad del pecado es que el hombre per se está más inclinado al mal que al bien y esta es una condición que no puede evitarse y como una enfermedad, necesita una solución. Si todos somos hijos de Dios el sacrificio en la cruz es inútil, innecesario y una locura total. ¿Para qué se necesitaría a un salvador? ¿Para salvarnos de qué?

Jesucristo vino para traernos redención, esa oportunidad de perdonarnos de nuestras fallas y maldades, siendo nuestra sustitución en la cruz, proveyendo de ese único modo justificación de nuestra naturaleza caída ante Dios, habiendo sido limpiados por su sangre. Juan 1:12 y 3:16 nos indican a gritos que a los que creyeron en Él les dio potestad de ser hechos hijos de Dios, y que a eso vino al mundo, a reconciliarnos con Dios, siendo ese camino reconciliatorio, diciendo “…yo soy el camino, la verdad y la vida, nadie viene al Padre si no es por mí”.

Creer en Cristo logra que seamos hijos del Padre. Somos llamados hijos de Dios por su amor hacia nosotros tras nuestra aceptación de la salvación obtenida por Cristo en el Calvario. Adopción, del griego huiothesia, significa ubicación como hijo, no denota relación, sino posición. Todos los cristianos obtienen la posición de hijos y el derecho de ser llamados hijos en el momento en que el Espíritu confirma esta realidad plenamente.

La idea de que todos somos hijos de Dios evita una historia de redención y niega una experiencia de salvación para el hombre. En Gálatas el apóstol señala que Dios envió a Cristo a fin de que fuésemos adoptados por Dios y hechos coherederos con Cristo. El mismo apóstol señala a la iglesia en Roma que el Espíritu da testimonio al nuestro de que somos hijos de Dios, y que hemos sido justificados gratuitamente por su gracia, esperando la adopción, es decir, nuestra ubicación como hijos de Dios. La verdad divina en las Escrituras expresa que fuimos adoptados por medio de Cristo, que por su sangre tenemos el perdón de pecados, o sea la redención.

Nosotros sólo somos considerados hijos de Dios en virtud de la relación que Cristo tiene para con nosotros como salvador.

La Iglesia Metodista en su Artículo de Religión IX ‘’De la Justificación del Hombre’’ nos dice: “…somos tenidos por justos delante de Dios solo por los meritos de nuestro Señor y Salvador Jesucristo mediante la fe, y no por nuestras propias obras o por nuestro merecimiento. Por lo cual la doctrina de que somos justificados solamente por la fe es saludable en grado sumo y conforta en gran manera.

Así concluimos este artículo, con una clara y contundente exposición de dos falacias que deben ser detenidas. Estas dos falacias deben ser sustituidas por la verdad bíblica. Logrando esto, evitaremos que Su nombre sea vituperado y que la práctica de estas falacias sigan gritando que Jesús de nada sirve.

daniel_mendoza