Ad Perpetuam

MARIANO BELTRÁN ADAME

Reza el adagio, y reza bien, nadie sabe el bien que tiene hasta que lo ha perdido. Hoy la Agencia Funeraria Gayosso se vio abarrotada de la familia, amigos y compañeros, y hermanos de la Iglesia El Buen Pastor (Churubusco), que asistieron a las honras fúnebres, de Don Mariano Beltrán Adame. Hoy celebramos el canto a la vida, en el contexto de nuestra fe evangélica cristiana metodista; no celebramos la muerte, porque esta no es más que la puerta que se nos abre como entrada en las moradas eternas, como condición sine qua non, para conocer a ese Señor al que Don Marino supo corresponder con su adoración y alabanza en su profesión de fe; al decir del ministro oficiante, Pbro. Abner Alaniz Rangel, quien estuvo acompañado del Pastor Titular de la citada iglesia, Pbro. José Luis Oyoque.

 Hoy, este sitio, se convierte en puerta del cielo y altar a la Patria, porque hemos perdido al hombre preclaro, al ciudadano y profesionista ejemplar, a quien plugo a Dios otorgarle el don de sanidad, mediante su talento fecundo y creador, que siempre tuvo la capacidad de entender el infortunio del enfermo y prodigar lo mejor de su sabiduría en busca de la salud.

 Hoy, ciertamente estamos de luto, por la pérdida sensible e irreparable del esposo amoroso, del padre ejemplar, entregado al hogar, que supo entender que primero es Dios, siendo un cristiano a carta cabal, que después era la familia, siendo un hombre entregado al hogar y a su familia, y después era su profesión que con amorosa dedicación y pasión siempre desempeñó, ya en los ámbitos de la academia, en los de la enseñanza, con su docta cátedra a colegas de diversas latitudes tanto en el país como en el extranjero; o ya con la simple práctica de ese don que provenía de Dios, el ejercicio de la simple medicina.

 En suma, es justo decir que fue un hombre decimonónico. Hoy, nuestra Patria pierde uno de sus preclaros valores de la medicina. Tuve el gran honor de que Mariano fuese mi médico de cabecera por muchos años. Mensualmente teníamos un cita a manera de consulta, que inúmeras veces se llega a convertir en confidentes amigos de nuestros avatares, ya sea de la familia, de las esposas o de los hijos, ya del trabajo o de cualquier ámbito social y político, pues Mariano fue un hombre muy culto, y por ello me solazaba con sólo escucharlo, incluso hablando de autos y sus características. Muchas veces reír, y muchas veces la preocupación del desazón, y muchas veces escucharle decir: “Ay, Abner, que voy a hacer contigo, no has bajado de peso”.

Siempre admiré su asombrosa capacidad, para tener siempre a flor de labios el medicamento indicado, incluso el costo y el sitio en donde conseguirlo al precio más bajo. Sé que siempre tuvo la maleta dispuesta para, vía los laboratorios patrocinadores, estar presto ya sea en el país o en el extranjero, compartir sus vastos conocimientos, su versada cátedra a médicos, que ansiaban abrevar en las aguas profundas de su conocimiento médico científico.

 Disfruté de su bonhomía, pues en varias ocasiones me obsequió ropa, que con el mayor de los gustos usé; por allí quedan como testigos mudos de esta filantrópica acción, varios pantalones de uso cotidiano. Fue un hombre que supo conciliar la fe con la razón y la ciencia, sin menoscabo de la verdad científica; supo valorar la profesión de la fe cristiana Metodista, y hoy encomendamos sus restos mortales al supremo Creador y Arquitecto del universo, que como amoroso Padre lo acoge en su seno.

 ¡MARIANO BELTRAN ADAME!
¡PRESENTE EN EL CIELO!
¡DESCANSA EN PAZ!
REQUIEM POR UN SER QUERIDO.

¡Silencio y paz! ¡Fue llevado al país de la vida! ¿Para qué hacer preguntas? Su morada, desde ahora es el Descanso en la Vida Eterna, y su vestido la Luz.

¡Para siempre, Silencio y Paz! ¿Qué sabemos nosotros? Dios mío, Señor de la historia y dueño del ayer y del mañana, en tus manos están las llaves de la vida y de la muerte. Sin preguntarnos, lo llevaste contigo a la Morada Santa, y nosotros cerramos nuestros ojos, bajamos la frente y simplemente te decimos: ¡Está Bien! ¡Así sea! ¡Silencio y Paz! 

La música fue sumergida en las aguas profundas y todas las nostalgias gravitan sobre las llanuras infinitas. Se acabó en combate. Ya no habrá para él lágrimas, ni sobresaltos. El sol de justicia brillará para siempre sobre su frente, y una paz intangible asegurará definitivamente sus fronteras.

Señor de la vida y dueño de nuestros destinos, en tus manos depositamos este ser entrañable que se nos fue. Duerma su alma inmortal para siempre en la paz eterna, en tu seno insondable y amoroso, oh Padre de misericordia. ¡Silencio y paz!

Con mi afecto y respeto,
Pbro. Abner Alaniz Rangel, y familia.

abner alaniz