Larga Lucha de Martín Lutero

lucha-matin-luteroNo fue sencillamente que un buen día Lutero abriera la Biblia en el primer capítulo de Romanos, y descubriera allí que “el justo por la fe vivirá”. Según él mismo cuenta, el gran descubrimiento fue precedido por una larga lucha y una amarga angustia, pues Romanos 1:17 empieza diciendo que “en el evangelio la justicia de Dios se revela”. Según este texto, el evangelio es revelación de la justicia de Dios.

La respuesta que encontró Lutero fue sorprendente. La “justicia de Dios” se refiere a que la “justicia” del justo no es obra suya, sino que es don de Dios. La “justicia de Dios” es la que tiene quien vive por la fe, no porque sea en sí mismo justo, o porque cumpla las exigencias de la justicia divina, sino porque Dios le da este don.

La “justificación por la fe” quiere decir que tanto la fe como la justificación del pecador son obra de Dios, don gratuito. Para Lutero el bautismo infantil es prueba clara de que la gracia se da y recibe sin ningún requisito.

Lutero comenta acerca de su descubrimiento, “sentí que había nacido de nuevo y que las puertas del paraíso me habían sido franqueadas. Las Escrituras todas cobraron un nuevo sentido. Y a partir de entonces la frase ‘la justicia de Dios‘ no me llenó más de odio, sino que se me tornó indeciblemente dulce en virtud de un gran amor”.

Lutero parece haber sido un hombre relativamente reservado, dedicado a sus estudios y a su vida espiritual. Cuando por fin decidió que había llegado el momento de lanzar su gran reto, compuso noventa y cinco tesis (asuntos), que debían servir de base para un debate académico. Lutero clavó sus famosas noventa y cinco tesis en la puerta de la iglesia del castillo de Wittenberg.

El Papa León X exigió que Lutero se retractara por lo menos de 41 de esas tesis, pero el monje alemán, ya famoso en toda Europa, rechazó esta exigencia públicamente en la Dieta de Worms de 1521, jugándose la vida. Afirmó: “Pruébenme, con las Sagradas Escrituras, que estoy equivocado, y me retractaré, si no es así, que Dios nos ampare”. Era el paso definitivo para lo que luego sería la Reforma Protestante. Su convicción y afirmación para la posteridad: “Sólo Fe, Sólo Escritura, Sólo Gracia, Sólo Cristo, Sólo a Él la gloria”.

El mundo cristiano, y el no cristiano, le deben a la Reforma muchos privilegios que antes no tenían. Antes de la Reforma, el pueblo no podía tener libertad de conciencia. Antes de la Reforma, el pueblo no tomaba parte en la adoración o el culto. Después de la Reforma, los que conocieron la verdad abandonaron los dogmas y los credos anti bíblicos que antes no podían discutirse sin la amenaza de la excomunión.

Ahora debemos y podemos conservar las herencias de dicha Reforma, pues han hecho bien a todas las naciones que han sido alcanzadas. Con la Reforma vino la grandeza de los pueblos; con ella se destruyeron la superstición, la incredulidad, la injusticia y la tiranía. Le damos gracias a Dios por hombres tan valerosos como Juan Wicliff, Juan Huss, Martín Lutero. Felipe Melanchthon, Ulrich Zwinglio, Juan Calvino y Juan Knox.

Tomado del boletín dominical de la IMMAR El Divino Redentor, Col. Peralvillo, Ciudad de México.

Pastor: Pbro. Rafael Murillo Paniagua.

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