EL NIÑO PRÓFUGO
Siguiendo el calendario cristiano, continuamos con las celebraciones navideñas, que culminarán el Día de la Epifanía. Este vocablo griego significa en español “manifestación”. Desde luego que se refiere a las manifestaciones de Dios al mundo por medio de Cristo. Según nuestro calendario, con Epifanía queremos referirnos a tres momentos en que Cristo manifestó a Dios: Primero, cuando se manifestó a los gentiles, los magos del Oriente; luego, cuando se manifestó a Israel en su bautismo; y finalmente, cuando se manifestó a sus discípulos por medio de su primer milagro en Caná. Estos días destacamos la primera manifestación divina entre los humanos, recurriendo a los magos como personajes que nos ayudan a considerar aquella gloria revelada.
Hablamos mucho de los aspectos positivos y coloridos de la historia de los magos para destacar la estrella misteriosa, la adoración de los magos, el significado de los regalos ofrecidos, la percepción intuitiva que aquellos hombres extranjeros tuvieron sobre el nacimiento de Jesús, en contraste con los judíos carecientes de toda expectativa mesiánica. Pero estamos pasando por alto un hecho sobrecogedor y sin colorido, una fase sombría de aquella historia sobre la infancia del Señor, y es que la visita de los magos lo convirtió en un prófugo cuando su paso por Jerusalén despertó la ira y celos de Herodes. María y José tuvieron que tomar inesperadamente al niño y huir hacia Egipto.
Aún hoy se conserva en la Ciudad de El Cairo, junto a una sinagoga judía, el templo conmemorativo de la estancia de aquella familia en ese país, llamado Templo de Abu Serghis (a la memoria de Sergio y Baco, dos cristianos martirizados en Siria), perteneciente a la Iglesia Cristiana Copta de Egipto. Tomando como base el relato bíblico de Mateo 2, se escribieron en la edad temprana de la iglesia versiones fantasiosas sobre la infancia de Jesús, incluyendo su estancia en la tierra egipcia. Para El Evangelio Árabe de la Infancia, por ejemplo, el bebé Jesús hizo el milagro de liberar a un muchacho de tres años de edad, endemoniado, tan sólo con la colocación de uno de sus pañales sobre la cabeza del poseso (1), aparte de otras obras extraordinarias. Este Evangelio apócrifo describe a la familia viajando siempre de una ciudad a otra en Egipto. Por otro lado, el Evangelio de Tomás, otra obra apócrifa antigua, pero más respetada que la anterior durante los siglos III y IV, menciona que la familia de Jesús se estableció en la casa de una viuda, donde permaneció hasta su regreso a Israel (2).
Lo cierto es que ese episodio registrado durante la encarnación del Verbo divino entre los humanos, representa un aspecto de la degradación contra su honor. Él y sus padres terrenales no pueden vivir en paz los primeros años de su manifestación, en casa, entre las visitas de los familiares, rodeando al bebé de cuidados. Tienen que ir a tierras desconocidas, sufriendo la dureza de ser extranjeros sin hogar, padeciendo hostilidades y carencias. Así el Dios encarnado está colocado no solamente entre los pobres, sino también entre los prófugos que huyen del poder de un tirano criminal que los obliga al destierro. Esto es lo que San Pablo asegura que sucedió cuando el poderoso Dios escogió la debilidad para vivir en ella entre nosotros, pues “se hizo pobre, siendo rico…” (2ª Co. 8:9). Sí, mientras F. Nietzsche convoca al género humano al modelo del superhombre, el Altísimo Dios ha venido en forma de siervo comprometiendo su obediencia hasta el horror de una cruz.
El niño de la Navidad, expatriado, estuvo en la suerte de todos aquellos palestinos que aún no encuentran la alegría de una patria, pues fueron obligados a vivir fuera de sus tierras por la soberbia hebrea respaldada por las fuerzas militares y económicas estadounidenses, quienes, tomados de la manita han desafiado vez tras vez las resoluciones de la ONU. El niño refugiado en Egipto vivió lo que viven los millones de sirios pidiendo asilo donde sea, y son tantos que Amnistía Internacional dice haber ya perdido la cuenta, pero sí saben que cuatro millones han sido acogidos en cinco países cercanos a Siria, y que más de 762,000 están llegando a Europa por mar. La misma organización nos habla de 60 millones de refugiados en lo general en el mundo de hoy (3). En los EUA, los votantes decidieron que la xenofobia los gobierne ya a partir del próximo 20 de enero. Se calcula que entre los latinos que viven trabajando allí, siete millones son mexicanos. Si logran echar fuera sólo al 5% de ellos, pronto tendremos por lo menos a 350,000 compatriotas migrando hacia nosotros, sin empleo, algunos sin casa. Los tiranos como Herodes siguen provocando la migración de familias, con todo el dolor, hambre, soledad, impotencia, pérdida de identidad que esto significa.
En México, cosas que no son de risa nos esperan de manera asegurada para el 2017. Nuestro gobierno que en campaña electoral nos prometió que el presupuesto familiar subiría, y que eso se reflejaría en el bolsillo de los mexicanos, nos mintió también en eso. Entre tanta notificación de alza en los precios de la gasolina, del impuesto predial aumentado, de seguir gravando a algunos Estados con un impuesto que no existe en ninguna otra parte del mundo porque es simplemente injustificable, como lo es la tenencia de los automóviles, y la subsecuente escalada de precios que afectará la canasta básica.. para muchos la única nota grata en estos días lo fue el XV Años de Rubí. En serio, ¿qué México tendremos para cuando venga la ola de repatriados?
Que aquel Jesús de Nazareth, quien conoció la atemorizante situación de vivir como un refugiado, nos ayude a todos. Para Dios es fundamental que demos de comer al hambriento y cubramos al desnudo. Hay que ser parte, en algún grado, si no de la solución, al menos del alivio. La oración es necesaria, pero no es suficiente. La iglesia de Jesucristo debe estar sensibilizada hacia los migrantes. Y que él se compadezca de la humanidad por hacernos tanto daño unos a otros. Como Juan, desde su mundo en crisis, también nosotros hemos de rogar: “Sí, ven, Señor Jesús” (Ap. 22:20).
Pbro. Bernabé Rendón M.
- Evangelios Apócrifos, Col. Sepan Cuántos, Ed. Porrúa, México, 2001, pág. 65-73.
- De la Peña, Ernesto, Las Controversias de la Fe, Los Textos Apócrifos d Santo Tomás, Ed. ALAMAH, México, 1999, pág. 82.
- Refugio – Amnistía Internacional.
https://www.es.amnesty.org/en-que-estamos/temas/refugio/


Excelente articulo.
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Gracias, Obispo, por tu apreciación. Bendiciones.
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Glorioso es nuestro Padre, pues ha puesto sus ojos en un siervo fiel. Felicidades Pastor Bernabe Rendon. En horabuena por su cargo. Bendiciones.
Gracias por esta orientacion, no sabe como me hace falta y no precisamente para el FB, para nuestro estudio Biblico semanal de grupo. Feliz 2017!
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Gracias, Hna. Amezcua, y felicidades por desempeñarse como cristiana a través del mejor modo: Un grupo de discipulado. Siga así, y viva un bendecido año 2017.
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