La Confesión de Belhar

confesion-belharCONFESIÓN DE BELHAR

Septiembre 1986

 Esta Confesión fue adoptada originalmente por la Iglesia Misionera Reformada Holandesa en Sudáfrica, en 1986, en protesta contra el apartheid. Otras iglesias la han adoptado, especialmente ante situaciones de crisis social. La Iglesia Presbiteriana de Estados Unidos de Norteamérica (PCUSA) está en trámites para su adopción dentro de su Libro de Confesiones. Y es, precisamente, de esta última iglesia que tomamos la versión que ofrecemos hoy.  

1.- Creemos en un Dios Trino, Padre, Hijo, Espíritu Santo quien nos congrega, protege y cuida a su Iglesia a través de su Palabra y su Espíritu. Así Dios lo ha hecho desde el principio del el mundo y lo hará hasta el fin de los tiempos.

2.- Creemos en una Santa, Universal Iglesia cristiana, la Comunión de los Santos llamados de la familia humana entera.

                                                                        Creemos

 Que la obra de reconciliación de Cristo es manifestada en la Iglesia como la comunidad de fieles que ha sido reconciliada con Dios y con el prójimo.

Por lo tanto, la unidad es un don como una obligación para la Iglesia de Jesucristo que a través de la obra del Espíritu de Dios es un vínculo de unión, simultáneamente es una realidad que deber ser perseguida, mantenida, en la cual el Pueblo de Dios debe crecer continuadamente en su búsqueda.

Esta unidad debe ser visible para que el mundo crea que la segregación, la enemistad y el odio entre los grupos y el pueblo es un pecado, el cual Jesucristo ha conquistado, consecuentemente, todo lo que amenace esta unidad no puede tener lugar en la Iglesia y debe ser rechazado.

La unidad del Pueblo de Dios debe ser manifestada activamente en una rica variedad de formas: amarnos los unos a los otros en todo lo que experimentamos, practicamos y buscamos en comunidad. Estamos obligados a darnos a nosotros mismos voluntaria y gozosamente para ser de beneficio y bendición unos a los otros.

Asimismo compartimos una sola fe, una sola vocación en una sola mente y alma. Tenemos un solo Dios y Padre, somos plenos por un solo Espíritu, bautizados en un solo bautizo, comemos un solo pan y de una misma copa bebemos, confesamos un solo Nombre, obedecemos a un solo Señor, trabajamos para una sola causa y compartimos una única esperanza, juntos hasta llegar a conocer la altura, la anchura y la profundidad del amor de Cristo. Juntos ir creciendo en la estatura del varón perfecto: Jesucristo, hacia la nueva humanidad, juntos conocer  y llevar las cargas unos a otros y así cumplir la ley de Cristo, pues nos necesitamos unos a otros, ayudándonos a crecer unos a otros. Amonestarnos y exhortándonos unos a otros, sufrir unos por otros por causa de la justicia, orando juntos, sirviendo a Dios en este mundo y juntos luchar contra todo lo que pueda amenazar y obstaculizar nuestra unidad.

La unidad sólo puede ser establecida y mantenida en libertad, nunca bajo amenaza o coacción. La pluralidad de los dones del Espíritu: capacidades, herencia, convicciones, así como también la variedad de lenguajes y culturas son por el poder reconciliador de Jesucristo oportunidades para el mutuo servicio y enriquecimiento dentro del único y visible Pueblo de Dios.

La verdadera fe en Jesucristo es la única condición para entrar en la Iglesia.

Por lo tanto rechazamos cualquier doctrina que:

Absolutice la diversidad como natural o la pecaminosa división del pueblo la cual es una forma en la que esta absolutización obstaculiza y rompe la visible y activa unidad de la Iglesia e incluso lleva al establecimiento de una iglesia dividida.

Confiese que la unidad espiritual está verdaderamente mantenida en el vínculo de la paz, mientras los fieles de una misma tradición están de hecho alienados, separados unos de otros por causa de las diferencias y en detrimento de la reconciliación.

Que niegue que el oponer un enérgico rechazo por mantener la visible unidad como don inapreciable es pecado.

Explícita o implícitamente sostenga que la decencia o cualquier otro factor humano y social deba ser considerado en la determinación de la membresía de la Iglesia.

3.- Creemos:

Que Dios ha confiado a la Iglesia con el mensaje de la reconciliación en y a través de Jesucristo, por lo cual la Iglesia está llamada a ser la sal de la tierra y la luz del mundo. La Iglesia es llamada bendita ya que es hacedora de la paz, la Iglesia testifica de obra y de palabra el nuevo cielo y la nueva tierra en los cuales se establece la justicia.

La Palabra vivificadora de Dios y su Espíritu han conquistado los poderes del pecado y de la muerte así como también la irreconciliación y el odio, la amargura y la enemistad. La Palabra vivificadora de Dios y su Espíritu capacitará a la Iglesia para vivir en novedad de obediencia la cual puede abrir nuevas posibilidades de vida para la sociedad y el mundo.

Que la credibilidad del mensaje de reconciliación es severamente afectado y obstruida su obra bienhechora cuando es proclamado en una nación la cual confesando ser cristiana, obstinadamente fomenta la separación del pueblo sobre bases raciales promoviendo y perpetuando la alienación, el  odio, y la enemistad.

Cualquier enseñanza que pretenda por la fuerza legitimar la segregación para hacer atractivo el evangelio  y no está preparada para aventurarse en el camino de la obediencia y reconciliación e ir más allá de todo prejuicio, miedo, egoísmo, e incredulidad, rechaza el avance del poder reconciliador del evangelio, debe ser considerada ideología y falsa doctrina.

Por lo tanta rechazamos cualquier doctrina que:

 Que pretenda legitimar en nombre del evangelio o de la voluntad de Dios la segregación forzada del pueblo en grupos según su color y raza, y por lo tanto, incremente la obstrucción y debilite el ministerio y la experiencia de la reconciliación en Cristo.

4.- Creemos:

Que Dios se ha revelado así mismo como quien desea traer la justicia y la paz verdaderas entre los pueblos.

Dios en un mundo lleno de injusticia e iniquidad, Dios es el Dios preferencial del desamparado, el pobre y el excluido.

Dios llama a la Iglesia a seguir a Jesucristo de tal forma que Dios haga justicia al oprimido y le da pan al hambriento.

Para que Dios libre al preso y restaure la vista al ciego.

Dios proteja, sostenga al caído, proteja al extranjero, socorra el huérfano y a la viuda y obstruya el camino del impío.

Que la pura y perfecta religión es visitar al huérfano y a la viuda en su dolor.

Dios desea enseñarle a la Iglesia a hacer lo bueno y buscar la justicia.

Por lo tanto, la Iglesia debe defender al pueblo de cualquier forma de sufrimiento y necesidad, lo que implica, entre otras cosas, que la Iglesia debe testificar y luchar en contra de cualquier forma de injusticia, y así la justicia corra como ríos caudalosos y el derecho fluya como una fuente viva.

La Iglesia es posesión de Dios, debe levantarse donde su Señor se levante, principalmente contra la injusticia y a favor del desamparado. Siguiendo a Jesucristo la Iglesia debe ser testigo contra el poderoso y el privilegiado que con egoísmo busca su propio interés para controlar y dañar a los otros.

Por lo tanto, rechazamos cualquier ideología que:

Pudiera legitimar cualquier forma de injusticia y cualquier doctrina que se niegue a resistir dicha ideología en nombre del evangelio

5.- Creemos:

Creemos que en obediencia a Jesucristo, nuestra única cabeza, la Iglesia está llamada a confesar y hacer todas estas cosas aunque las autoridades y las leyes humanas nos lo prohíban y el castigo y el sufrimiento sean la consecuencia.

Jesús es el Señor.

Al único y solo Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo sea el honor, la gloria por siempre y siempre. Amén.