Revelaciones vs Biblia

revelacion biblia Al Inicio de la Reforma Protestante surgieron todo tipo de incidentes que ponían a tambalear al naciente movimiento. Uno de ellos le sucedió a Melanchton, fiel discípulo de Lutero. Cerca de la frontera Bohemia, llegaron tres laicos diciendo que eran “enviados del Señor” y que habían tenido “íntimas conversaciones con el Todopoderoso”. Grandes multitudes de personas eran atraídas a escucharles cada día. “Nosotros seremos guías y descanso a estas pobres almas que vagan sin rumbo”, decían. No necesitaban la Biblia, sino que confiaban en el Espíritu. “Si la Biblia fuera importante, Dios la hubiera dejado caer directamente desde el cielo.” Melanchton los escuchó lleno de asombro y conmovido escribió a Martin: “Apenas puedo deciros cuán profundamente conmovido me hallo. Pero deseo que se encuentren contigo Martin, para que tú puedas juzgarlos”.

 En ese momento, no eran pocos los campesinos que tenían “sueños” y “visiones”, una creciente división estaba surgiendo a causa de esta atracción hacia lo aparentemente profundo y espiritual. Martin había escrito ya sobre este problema:

“Este no quiere oír de Bautismo, y aquel niega el sacramento, otro pone un mundo entre este y el último día. Algunos enseñan que Cristo no es Dios, algunos dicen esto, otros dicen eso; hay tantas sectas y credos como hay cabezas. Nunca un campesino es tan grosero como cuando tiene sueños y fantasías, él se considera inspirado por el Espíritu Santo y que debe ser un profeta.” De Wette III, 51 citado en el libro de O´Hare [Los Hechos sobre Lutero], p. 208.

“Los nobles, los citadinos, los campesinos, todos entienden el Evangelio mejor que San Pablo y yo; ellos ahora son sabios y se consideran más conocedores que todos los ministros.” Walch XIV, 1360 citado en el libro de O´Hare, ibíd., p. 209.

Martin era diligente y agudo en el estudio de las escrituras, se dice que podía citar cualquier parte del Antiguo y Nuevo Testamento de memoria. Estaba totalmente persuadido de lo que pasa cuando las Escrituras son dejadas de lado. Martin había llegado al esclarecimiento de una poderosa realidad en su etapa temprana de reformador: “Dios conserva la experiencia de la salvación y de la santidad de generación en generación por medio de un libro”. (Todo el que me conoce y lee esto, sabe que no concuerdo con el Martin que terminó tomando el poder en su mano y usándolo contra sus “adversarios”).

Él contestó sencillamente a Melanchton: “El hombre que quiere oír hablar a Dios, que lea las santas escrituras, cada cual debe rogar a Dios con toda seriedad para que nos sea dado el recto entendimiento de su santa Palabra pura, en vista de que bajo un príncipe tan poderoso y dios de este mundo, el diablo, no somos capaces en modo alguno de conservar ni la fe ni la palabra de Dios. Por lo contrario, debe estar presente el poder divino para protegerla y, como ruega con mucho acierto el Salmo 12, diciendo: ‘Las palabras de Dios son limpias, purificadas siete veces. Tú, Señor, las guardarás y nos protegerás de esta generación para siempre. Cercando andan los malos cuando los viles son exaltados’. Si nos gloriamos en tener la palabra de Dios y no nos preocupamos por conservarla, pronto estará perdida, pues los hombres una y otra vez son atraídos por lo que brilla. Debes saber que el diablo suele adornar tales cosas insignificantes para atraerse la atención de la gente para que pierdan de vista los verdaderos artículos principales y, en cambio, se queden mirando boquiabiertos, la mayoría de ellos tienen mil visiones y ninguna Biblia”.

  • Selección del libro Contra los Profetas Celestiales, de Martín Lutero.

Edgar Pacheco