EDITORIAL

deuterocanonicosLos Deuterocanónicos

Un servidor tiene bajo su responsabilidad dos grupos de discipulado semanales. En uno de ellos estudiamos el libro de Daniel, despertando especial interés entre los integrantes de la célula el Capítulo 11, que refiere varios acontecimientos que sucedieron en la época intertestamentaria. Fue así que el mismo grupo acordó que continuáramos con un estudio sobre el Primer Libro de Macabeos, reconocido como uno de los libros deuterocanónicos. Y así lo hicimos, partiendo desde hace unos tres meses.

Huelga decir que el libro no sólo resultó ser bien acogido por el grupo debido a la riqueza de su información histórica, sino también por la mucha edificación devocional debida a sus muchas conexiones con los libros canónicos y por la misma historia épica de los protagonistas de la historia, la familia de los Macabeos, quienes, armados con un gran celo por la ley y la liturgia judías y con una inquebrantable fe en Dios, derrotaron ejércitos más grandes y mejor equipados que ellos. En lo general, este libro es considerado como el primero o el segundo, compitiendo con el Eclesiástico, en el reconocimiento de ser el que más aportaciones ofrece a sus lectores, según el criterio de D. S. Rusell (1).

Esta circunstancia nos sirve como punto de partida para ofrecer en este espacio algunas conclusiones sobre el valor tan grande que representan estos libros que para los protestantes no son canónicos. Algunos somos más apologistas que otros y por ello tomamos cuantos casos nos sean posibles para hacerlos motivo de discusión. La verdad es que los deuterocanónicos no deberían ser tema de controversia, ya que no hay necesidad ni sustento para ese fin. El hecho de que la Iglesia Católica los haya elevado de manera oficial al rango de libros inspirados y canónicos dentro del clima de combate que prevalecía en los tiempos de la Reforma, no debiera despertar entre los evangélicos ninguna antipatía hacia los libros en sí. El término apócrifos, por tanto, que originalmente no tenía la connotación que hoy se le da en el sentido de “falsos”, debería ser dejado de lado porque trae mucha carga de prejuicio, prefiriendo el de deuterocanónicos, que significa “segundo canon” (el canon griego, para distinguirlo del canon hebreo) cuyo uso representa más nuestra gentileza que obligación alguna de aceptarlos como inspirados.

Tomando como fuente el pequeño pero bien concentrado libro, que es todo un banco de datos, de Gonzalo Báez-Camargo, Breve Historia del Canon Bíblico (2), podemos enlistar algunos hechos que los protestantes necesitamos tener en cuenta.

  • La primera vez que los judíos decidieron determinar cuál sería la colección de libros que integraran el Antiguo Testamento (como nosotros le llamamos), fue entre los siglos II y III a. C. Fueron judíos de Alejandría, y decidieron incluir los deuterocanónicos. Esa versión, traducida al griego, se llamó la Septuaginta.
  • La única Biblia que existía en los tiempos de Jesús y los apóstoles fue la Septuaginta que incluía los deuterocanónicos. Qué tanta importancia les dieron nuestro Señor y los apóstoles a esos libros, no lo sabemos, pero no existía entonces ninguna discusión acerca de su inspiración.
  • El 80% de las citas del Antiguo Testamento que encontramos en el Nuevo Testamento son de la Septuaginta, lo que indica el aprecio que tenían por ella los apóstoles escritores.
  • El Concilio de Jamnia, en Israel, fue celebrado hasta el año 90 d. C., donde los judíos decidieron aprobar el canon hebreo sin los deuterocanónicos.
  • Sin embargo, los cristianos siguieron usando la Septuaginta como su Antiguo Testamento, inclusive con algo de rechazo al canon hebreo, debido a que Israel había rechazado a Jesucristo. A su vez, los judíos de la diáspora aceptaron con rapidez el canon hebreo como un rechazo a los cristianos que preferían la Septuaginta.
  • La primera vez que existió una Biblia cristiana oficial fue en el siglo IV d. C., traducida al latín, la Vulgata Latina, obra de un gran erudito cristiano llamado Jerónimo. Ante el dilema de incluir o no los deuterocanónicos, muy a su pesar los incluyó, por la razón principal de que la Septuaginta estaba en el afecto de la mayoría de los cristianos de esos tiempos. Sin embargo, sabiamente agregó su opinión acerca de ellos, colocando una aclaración al principio de cada libro en el sentido de que, aunque eran libros no aprobados por el Concilio de Jamnia, por lo que él tampoco los consideraba inspirados, recomendaba la lectura de ellos para instrucción edificante pero no para la formulación de las doctrinas.
  • Lo que hoy se maneja como “prueba” de que no son inspirados, es que no hay referencias de ellos en los libros del Nuevo Testamento, cosa que nunca se manejó en la antigüedad, pues no es un argumento válido. ¿Por qué no lo es? Porque tampoco hay citas en el N. Testamento de Josué, Jueces, Crónicas, Esdras Nehemías, Esther, Eclesiastés, Cantares, Lamentaciones, Abdías, Nahum y Sofonías… y no por eso se duda de su inspiración. Y por otro lado, aunque no hay citas textuales de los deuterocanónicos, sí se pueden leer en los escritos del N. Testamento palabras, ideas y creencias que están en aquellos libros.
  • Un indicio de la importancia de la Septuaginta entre la iglesia cristiana primitiva es el hecho de que no existe hoy ningún manuscrito de ella proveniente de la nación de Israel. Los únicos manuscritos de ella disponibles son todos cristianos.
  • Cuando Juan Wyclif tradujo la Biblia al inglés en el siglo XIV, incluyó los deuterocanónicos.
  • En la Biblia que Martín Lutero tradujo al alemán, ya en plena Reforma, incluyó los deuterocanónicos, agrupándolos en medio de los dos Testamentos, junto con las notas de San Jerónimo al principio de cada uno de ellos. Este debería ser el criterio que prevaleciera en las Biblias protestantes hoy.
  • En 1546, en respuesta a la Reforma, el catolicismo resolvió en el Concilio de Trento retirar de los deuterocanónicos las notas de San Jerónimo y darles la calidad de inspirados o canónicos.
  • Casiodoro de Reina, en el siglo XVI, siendo un protestante español, tradujo a nuestro idioma toda la Biblia e incluyó los deuterocanónicos; pero además de eso, agregó referencias de esos libros en los libros del Nuevo Testamento.
  • A principios del siglo XVII, Cipriano de Valera revisó y depuró la versión de Casiodoro de Reina, pero conservó los deuterocanónicos en ella.

Y para no seguir, evitando muchos datos que podríamos rescatar, terminemos diciendo que el retiro de los deuterocanónicos junto con las notas de San Jerónimo, a pesar de haber sido incluidos por los reformadores y por las versiones originales de Reina Valera, sucedió hasta el siglo XIX, en razón de una fuerte presión económica que ejerció un grupo de iglesias conservadoras a la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera. En honor del cristianismo primitivo y de nuestra herencia protestante, es deseable que volvieran a incluirse esos libros, junto con las aclaraciones que Jerónimo y Lutero hicieron al principio de cada uno de ellos. Pero mientras es o no es, nos permitimos recomendar su lectura, guiándonos por el precepto de San Pablo de escudriñarlo todo y retener lo bueno (1a. Ts. 5:21).

Pbro. Bernabé Rendón M.

  • Rusell, D. S., El Período Intertestamentario, Casa Bautista de Publicaciones, El Paso, 1999, pp. 74-78.
  • Báez-Camargo, Gonzalo, Breve Historia del Canon Bíblico, Ediciones Luminar, CDMX, 1979, pp.33-73

 bernabe-rendon

6 comentarios sobre “EDITORIAL

  1. Te falta mucho celo de Dios. La leyenda de la Septuaginta con sus libros apócrifos que solamente benefician al catolicismo es lo que ha favorecido al ecumenismo y que se hagan versiones corruptas de la Biblia. Cuando Pablo escribió 1 Tesalonicenses no existía mas que cristianismo pero ya andaban por ahí muchos falsos maestros. Cuando uno lee un libro no inspirado por Dios se inicia un dialogo con el autor, en el que la mente retiene todo lo escrito como una fotografía y no es posible quitar lo impreso. Es como tomar un vaso de agua en el que se deposita un poco de veneno y al tomarla nuestro aparato digestivo retendrá lo bueno y desechará lo malo sin saber las consecuencias graves que esto nos traerá. Los elogios a la Septuaginta son los mismos que los católicos hacen pero esto es mentira. Es la Septuaginta la que cita al Nuevo Testamento. Saludos.

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    1. Hno. Jesús, gracias por su honesta reacción, misma que respetamos. En este Editorial citamos dos obras de autores evangélicos (no católicos), pero hay mucho más. Permítanos recomendarle la lectura de alguna (s) de ellas. Bendiciones.

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  2. excelente comentario y una muy buena recomendacion que debemos tomar en cuenta..
    saludos Pastor desde Chihuahua, chih.

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  3. Considero que deben verse como libros meramente de referencia, como cualquier libro histórico o literario; como apéndices, precisamente porque no constituyen base para nuestra doctrinal

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    1. Exacto, Ma Elena, esa es la idea. Si el pueblo de Israel no los acepta como inspirados, debemos respetar esa decisión puesto que el Antiguo Testamento lo recibimos de ellos. La opinión de San Jerónimo fue salomónica, recomendando su lectura, pero no para establecer doctrina alguna. Bendiciones.

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