Editorial

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La frase que aparece como título corresponde a la empresaria y escritora Laurie Beth Jones, tomada de su libro Jesús CEO (1). Con ella quiere decir la autora que a pesar de que Jesús no apareció en el escenario de este mundo con un gran respaldo, logró colocarse como un paradigma de liderazgo. Fue algo así como decir que Jesús provenía del lado equivocado, pero que era alguien identificado con su pueblo, razón por lo que sus discípulos lo dejaron todo por él, y las multitudes le seguían sacrificando sus horas de comida para escucharle. Algunos líderes estaban sorprendidos pues le reconocían sólo como el carpintero de una población de la que nunca había salido algo bueno, Nazareth, y que su parentela era una modesta familia descendiente de su madre María. ¿De dónde sacaba él su autoridad? 

Otra manera de decir lo mismo, pero con una terminología más generalizada, es usando la dualidad centro-periferia, dualidad que se diseminó luego de que la propusiera la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe, dependiente de las Naciones Unidas) (2). Empleando esos términos, podemos decir que Jesús no llegó desde el centro, sino desde la periferia. Del centro (Jerusalén) procedían los sacerdotes, los saduceos, los fariseos, los miembros del concilio, los influyentes; el foco de la autoridad y el poder estaba allí. Pero Jesús era originario de la periferia, sin reputación, sin influencias, sin respaldo alguno. No obstante, su liderazgo fue recibido por el pueblo y reconocido con miedo por los representantes del centro. Él no era un líder impuesto al que la gente debía sometérsele bajo la presión de amenazas o de fuerzas coercitivas, pues la gente lo seguía de buena gana, reconocía en él la gracia de la verdad. Él dominaba con su sabiduría y con su amor genuino, se le percibía su honestidad, su integridad. Hasta el mismo Natanael, quien tenía contra Jesús que venía de Nazareth, tuvo que tragarse sus palabras tiempo después y reconocer que jamás había conocido a alguien así. 

Y es que el verdadero liderazgo es natural, no descansa en la investidura, no necesita del respaldo de una institución, no nace con una votación, no obliga a que las personas se le sometan, pues la gente lo sigue porque se siente segura con él. Esta clase de liderazgo de la periferia, de hombres y mujeres que llegaron del flanco izquierdo, fue el que revestía a los héroes de nuestra Independencia. Encabezaron a un pueblo que era motivado no únicamente por sus deseos de no ser más una colonia española, sino también porque los líderes de la revuelta les inspiraban con sus ideales y su valor. Era claro que ese liderazgo no llevaba en el trasfondo ni el interés por el dinero ni el del poder.

México no necesita héroes, pues tiene muchos. Cada madre que no tiene esposo, pero que sale diariamente a la calle a conseguirse un salario mínimo para alimentar a sus tres hijos, y que no sabemos cómo logra hacerlo, es una heroína. Y cada campesino que se parte el lomo de sol a sol para romper la tierra y hacerla producir, es un héroe. Los mexicanos tenemos millones de héroes que nos rodean todos los días, verdaderos ejemplos de entrega. México necesita, en cambio, líderes cuya bandera sea la honestidad y el desinterés personal. Los que nos heredaron una patria propia deseaban el bien colectivo de todos nosotros, no un país distinguido internacionalmente por su corrupción política y sus rezagos administrativos.

Aun las calamidades que nos azotan, lluvias, vientos y temblores, podrían ser sobrellevados con mayor esperanza si supiéramos que nuestros líderes nos aman y que somos una nación afortunada por tener un gobierno honrado. Pero si estos desastres sólo se suman a los otros desastres, venimos a ser dignos de conmiseración. Todos los días se suman noticias desagradables que denuncian que la clase política, por aquí y por allá, cuentan con propiedades millonarias, que adquieren para sus familiares autos de súper lujo, que espían a periodistas e intelectuales, que Pémex no es rentable (¿?), que los organismos internacionales acusan a nuestra PGR de estorbar las investigaciones para esclarecer los crímenes de estado. No sabemos cuándo ni cómo llegar a tener una clase política, entre los ejecutivos, entre las secretarías, entre los congresistas, en el sistema penal, etc., que haga todo su esfuerzo por hacer crecer a México y jamás a sus cuentas bancarias. El voto es nuestro mejor instrumento, pero no sabemos usarlo.

Una sociedad como la nuestra, aunque en circunstancias diferentes, conoció a aquel líder admirable llamado Jesús, que se resistió a ser parte de la soberbia y la corrupción de los del centro. Podía mover ejércitos humanos y legiones de ángeles en su favor, pero no lo hizo. Podía pedir ser servido y hubiera sido muy bien atendido gracias a su fama, pero prefirió servir a sus semejantes, especialmente a los más pobres, a los tristes, a los que sufrían, a los que sentían culpas ante Dios. Literalmente se despojó a sí mismo y se sometió a la autoridad de su Padre, por amor a nosotros, hasta morir cruelmente en una cruz para expiar nuestros pecados. Podemos orar por nuestro país, suplicando que al menos una proporción del liderazgo de Jesucristo pueda verse como un destello de su gracia en aquellos que hoy o mañana pretenden ser nuestros líderes. Y, eso sí, podemos todos seguir a Cristo, dejarle guiarnos reflejando su carácter, hasta el final.

Pbro. Bernabé Rendón M.

(1) Jones, Laurie Beth, Jesús CEO, Ed. Estrellas de la Media Noche, 1995, CDMX, p. 103. 

(2) Briceño Ruiz, José; Quintero Rizzuto; María Liliana; Ruiz, Dyanna de Benítez (junio de

2013). «El pensamiento estructuralista de la CEPAL sobre el desarrollo y la integración latinoamericana: reflexiones sobre su vigencia actual». Aportes para la Integración Latinoamericana. (Página web)

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2 comentarios sobre “Editorial

  1. Bien Hno. Bernabe, que gusto el mostrar el liderazgo de Jesus, visto desde la tierra, por la gente que lo conoció y oyó de el, llegando desde la periferia, del lugar de los necesitados; Esto como una referencia incuestionable, para mirar al devaluado liderazgo impuesto que vivimos hoy los mexicanos y buscar, por lo menos, algo parecido de lo que debe de ser.
    Le saludo con afecto.
    Jorge Ordóñez Rascón

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