La Reforma antes de la Reforma

la reforma antes de reformaLa Reforma antes de la Reforma

emmanuel

 

 

Emmanuel Vargas Alavez, Pbro.

Introducción

Parece ser que, desde sus inicios, la iglesia cristiana ha estado en necesidad de ser re-formada, de que se le “volviera a hacer”. De hecho, re-formar[1] (acción y efecto de volver a hacer) implica que se debe corregir o enmendar la conducta o hábitos de una persona u organización para que abandone esas maneras de ser que no pertenecen a su origen. Con la re-forma se busca producir ajustes en los aspectos que no están funcionando adecuada o correctamente, y se trata de mantener aquellos que sí lo hacen.

Reforma en la Iglesia Primitiva

Para que no se malinterprete lo que estoy diciendo, sólo mencionaré algunos momentos en que la Iglesia Primitiva[2] tuvo que ser re-formada. En el libro de los Hechos encontramos la descripción de la iglesia como una comunidad donde “todos los que habían creído estaban juntos y tenían todas las cosas en común”. En esa comunidad todos asistían al templo, compartían con todos, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alababan a Dios juntos y, parece ser que, esa forma de vivir les favoreció con los vecinos a su alrededor, de tal manera que la comunidad (la iglesia primitiva) crecía (ver Hch. 2:44-47).  Esa comunidad era tan unida que la descripción de Lucas[3] es que “pensaban y sentían de una misma manera”, DHH). Los creyentes eran generosos y, por lo tanto, entre ellos “no había ningún necesitado” (ver Hch. 4:32-37). Esta era la forma de ser de la iglesia cristiana en sus inicios. Entonces, ¿qué pasó?

Unos capítulos después, Lucas relata el primer incidente donde la iglesia debió hacer una re-forma. De acuerdo con el capítulo seis, parece ser que quienes hacían el reparto de los alimentos cotidianos, sentían un mayor aprecio por las viudas que hablaban hebreo y por eso les daban más comida que a las viudas que hablaban griego (6:1). La queja llegó a los apóstoles y estos tuvieron que re-formar esa práctica errada. Fue por eso que se eligieron a los diáconos y se les encargó la tarea de la repartición justa de los alimentos. Y parece ser que no había pasado mucho tiempo desde los inicios de la iglesia cristiana.

Reforma en la iglesia del tiempo de Pablo

Otro acontecimiento donde se tuvo que re-formar la práctica de la iglesia primitiva, fue con respecto a la Santa Comunión (la Cena del Señor). La práctica había degenerado tanto que Pablo intervino para re-formar (corregir) la realización de esta práctica. Basta con leer el pasaje de 11:17-34, para darnos cuenta de que la iglesia cristiana en Corintio necesitaba una urgente re-forma.

Siguiendo con la carta a los Corintios, también podríamos mencionar el asunto de los “dones espirituales”. Al igual que en el caso mencionado arriba, el asunto era que los creyentes habían distorsionado el significado y propósito original de los “dones espirituales” (ver caps. 12 y 14). En lugar de servir para la edificación del “cuerpo de Cristo” (12:7), los dones se estaban convirtiendo en motivo de disputa y presunción. Algunos creían tener mayor dignidad o jerarquía sobre los otros por “poseer” una determinada manifestación del Espíritu. Por esa razón, el apóstol aclara que ningún miembro en la iglesia está de más o tiene menor importancia que cualquier otro (vv. 12-31). Lo más importante era mantener la unión en el cuerpo de Cristo (la iglesia) y que no hubiera división alguna, sino que sus miembros se preocuparan los unos por los otros (v. 25). En realidad, los corintios necesitaban una re-forma en su manera de pensar, sentir y actuar con respecto a los dones espirituales. Debían comprender que estos eran “para edificación de la iglesia” (14:12). Y es que su práctica no correspondía con lo que ellos decían “poseer” con respecto a los dones. De hecho, en la iglesia se podían dar las diversas manifestaciones del Espíritu: salmos (cánticos), enseñanza (doctrina), hablar en lenguas o manifestar revelaciones (con su debida interpretación), pero la razón principal era que la iglesia fuera edificada, y no el “lucimiento” de los dones que, a final de cuentas, es  pura vanidad (14:26).

Basten estos ejemplos bíblicos para darnos cuenta de que la iglesia ha estado en necesidad de ser re-formada, casi desde sus orígenes. ¿Por qué? Especialmente porque está formada por seres humanos, es decir, personas con cualidades[4] pero también con defectos[5] de carácter[6]. Nunca debemos perder de vista que, a pesar del perdón de Dios de nuestros pecados pasados, seguimos siendo criaturas falibles[7]. Por lo tanto, no es de extrañar que la iglesia esté constantemente en necesidad de una re-forma.

La reforma antes de la Reforma

Cuando alguien es cristiano o se convierte al cristianismo, esto no lo hace ciego, sordo, mudo o pasivo. Así que la necesidad de re-forma en la iglesia ha estado presente y ha sido impulsada por quienes han visto, oído y sufrido la “descomposición”[8] del propósito de la iglesia.

Como ya lo hemos mencionado, la iglesia constantemente está en la necesidad de revisar sus creencias (pensamiento), su actuación (práctica) y su experiencia (emociones). Esto fue evidente durante la época anterior al movimiento reformista del siglo XVI. Al menos durante los dos siglos anteriores, la corrupción (la pérdida de la forma original) de la iglesia era evidente: las órdenes religiosas estaban fallando a su propósito original y sus abusos eran escandalosos; muchas autoridades religiosas eran más mundanas que la gente común; se enfatizaban más las prácticas externas como peregrinaciones, adoración de las reliquias de los santos, etc., que llevaban al fanatismo y la superstición, y se hacía muy poco para promover una espiritualidad más acertada. Así que la necesidad de re-forma era más que evidente en el tiempo antes de Lutero, mucho, mucho tiempo antes de Lutero.

Fuerzas que precedieron a la Reforma del siglo XVI

Fue durante ese tiempo que se manifestaron cuatro fuerzas que precedieron a la Reforma Protestante del siglo XVI. Entre estas fuerzas estaba el humanismo cristiano. Es decir, ese movimiento que volvió y enfatizó el estudio de la literatura clásica y la de los padres de la iglesia. Se llegó a creer que el estudio de la humanidad era el fundamento de la educación y el desarrollo personal y que de esta manera la sociedad podía tener una nueva oportunidad.   

Estos humanistas no ignoraban los abusos que se daban en la iglesia y en verdad buscaban ser cristianos honestos. Entre ellos se encontraban Erasmo de Rotterdam y Tomás More, quienes creían que el humanismo era un medio legítimo para revivir la vida y la cultura cristianas. 

La segunda fuerza fue un intento de renovación de la espiritualidad. Erasmo fue quien expresó mejor los principios de una devoción cristocéntrica de manera más personal y profunda. Esta era caracterizada por una vida de oración y meditación personal que se centraba en Cristo y en la práctica de las virtudes. Es decir, en una vida moral y la realización de actos de caridad, y no tanto en la observación legalista de las ceremonias religiosas. Esta renovación de la espiritualidad insistió en una confesión más frecuente, una más frecuente participación en la misa de parte de los sacerdotes y obispos, y una renovación de la participación en la Eucaristía (Santa Comunión).

Una tercera fuerza de renovación fue la fundación de nuevas órdenes monásticas y la transformación de las ya establecidas. Entre las nuevas se encontraba la Sociedad de Jesús (fundada por Ignacio de Loyola), la Orden Hospitalaria de San Juan, las Ursulitas (que trabajaban en hospitales, orfanatos y en la enseñanza). Entre las ya establecidas la renovación se dio especialmente entre los Dominicos y los Franciscanos Capuchinos que empujaron por una disciplina más estricta entre ellos.

Así pues, la necesidad de re-forma dentro de la iglesia cristiana medieval era más que evidente y necesaria. Pero ni siquiera los prelados o los concilios se atrevieron a realizarla de manera más efectiva y radical. Tal vez esta es la razón por la que hubo voces que se levantaron de manera más abierta y trataron de implementar una re-forma de la teología y los usos y costumbres (tradiciones) de la iglesia de su tiempo. Ahora presentaremos a algunos de ellos.   

Los personajes de la pre-reforma

Juan Wycliffe (1376-1395). Entre estos pre-reformistas, se encuentra el inglés Juan Wycliffe quien argumentó que la iglesia en realidad no debería tener injerencia en asuntos temporales[9], y que los clérigos corruptos perdían cualquier autoridad espiritual otorgada por su nombramiento. También enfatizó la necesidad de ser guiados por la Escritura y que los fieles deberían tener el derecho de leerla en su propio idioma. Además, negaba la “transubstanciación[10]” de los elementos de la Santa Comunión (pan y vino) en el cuerpo y la sangre de Cristo Jesús.  

 Debido a estas ideas el Papa Gregorio XI ordenó el encarcelamiento y examen minucioso de sus propuestas. Pero antes de lograrlo, el Papa Gregorio murió y la iglesia occidental entró en una gran división, así que Wycliffe y sus ideas quedaron relegados. Finalmente, Wycliffe se retiró a su parroquia en Luttherworth, donde murió en 1384.

Los seguidores de Wycliffe, llamados Lolardos[11], llevaron sus enseñanzas más allá atacando la creencia en las imágenes, las peregrinaciones, las vestiduras religiosas, la confesión auricular, el celibato de los sacerdotes y los votos de castidad de las monjas. Estas enseñanzas hallaron su camino desde Oxford (base de Wycliffe) y llegaron hasta Praga (actual República Checa), donde provocaron inquietud entre los seguidores de Juan Huss. De quien nos ocuparemos en seguida.

Juan Huss  (1369-1415).  Fue profesor de filosofía en la Universidad de Praga y nombrado para encargarse de la Capilla de Belén. Casi desde su fundación, la capilla fue asociada con una interpretación radical del cristianismo, y por eso, el púlpito (la predicación) era tan importante como el altar (la Comunión, o misa). Desde el púlpito se predicaban sermones en la lengua propia del pueblo (checo) y se llamaba a vivir un cristianismo más sencillo que tenía que ver más con la humildad y la pobreza (características evangélicas), que con la mundanalidad y grandeza que estaba desplegando el papado.

Jerónimo de Praga, un amigo de Huss, había regresado de Oxford con algunos libros de Wycliffe. Huss y Wycliffe coincidían en su apreciación de la naturaleza poco piadosa del papado. Así que les fue fácil atacar al papado ya que desde 1378 se tuvieron a dos papas rivales, ¡y desde 1409 hubo tres! Incluso uno de ellos tuvo la osadía de vender indulgencias en Praga para financiar su campaña contra sus oponentes.

Para resolver este asunto del triple papado, el emperador germánico Segismundo de Hungría, convocó a un Concilio Ecuménico en Constanza (1414-1418). Juan Huss fue invitado a este concilio para exponer sus argumentos sobre la tan necesaria reforma de la iglesia. A pesar del peligro que esto representó para Huss, se atrevió a asistir por el salvoconducto que el emperador Segismundo le ofreció. Sin embargo, a las pocas semanas de haber llegado, Huss fue arrestado –con el beneplácito del emperador—pero no por sus ideas o teología, sino por desobedecer la orden papal de no predicar, de no decir misa y de presentarse en reuniones eclesiásticas públicas.

Aunque el concilio se tardó mucho para reducir de tres papas a uno, fue mucho más rápido para atacar la herejía. Las ideas de Wycliffe y Huss fueron discutidas y condenadas casi inmediatamente. A Huss se le mandó retractarse, pero este se negó si antes no le demostraban con las Escrituras[12] que estaba equivocado en sus creencias. Después de su encarcelamiento y juicio secreto, Huss fue condenado a morir en la hoguera en julio de 1415. Jerónimo de Praga, había viajado a Constanza para defender a su amigo, pero también fue arrestado y condenado a morir en la hoguera, en el mismo lugar en que fue quemado Huss, en Mayo de 1416. Para asegurarse de que no quedara nada para recordar a esos “herejes”, el concilio ordenó que las cenizas de Huss fueran esparcidas en el río Rin; también ordenó que el cuerpo de Wycliffe fuera desenterrado y quemado, y sus cenizas fueran esparcidas en un río de Inglaterra.

En lugar de amedrentar a los seguidores de Huss, la muerte del predicador provocó que el movimiento para reformar a la iglesia se fortaleciera y se manifestara en los llamados Cuatro Artículos de Praga: 1) La Palabra de Dios debe ser libremente examinada por sacerdotes cristianos en todo el reino de Bohemia y Moravia. 2) El venerable Sacramento del cuerpo y la sangre de Cristo Jesús debe ser dado en las dos especies tanto a los adultos como a los niños tal como Cristo lo instituyó. 3) A los sacerdotes y monjes, dado que muchos de ellos se meten en asuntos del Estado,  se les debe privar de sus bienes materiales que poseen en grandes cantidades y que los hacen descuidar su sagrado oficio; y sus bienes deben ser regresados a nosotros, para que de acuerdo con la doctrina del Evangelio, y la práctica de los apóstoles, los clérigos estén sujetos a nosotros y viviendo en pobreza, sirvan como ejemplo de humildad a otros. 4) Todos los pecados públicos que son llamados mortales, y todo otro tipo de faltas contrarias a la ley de Dios, se deben castigar de acuerdo con las leyes del país, por quienes están a cargo de ellos, para que se limpie del reino de Bohemia y Moravia la mala reputación de tolerar desórdenes. 

Aunque los husitas fueron disminuidos por la persecución, el ala más radical del  movimiento –los bohemios– continuaron su vida separados de la iglesia, y rechazaron la transubstanciación, el purgatorio y la adoración a los santos.

Juan Wessel Goesport  (1420?-1489). Aunque menos celebres que los mencionados arriba, es importante mencionar a otros personajes como este teólogo holandés, que nunca recibió órdenes ministeriales (siempre fue laico). A pesar de que permaneció dentro de la iglesia de su tiempo, tuvo ideas que se apartaban de la teología que se manejaba en ella. Por ejemplo, negó la infalibilidad del magisterio de la iglesia[13], al igual que la infalibilidad papal[14] y de los concilios de la iglesia. Consideró que las indulgencias eran simples medios externos para librarse de la censura y castigos canónicos. Aunque expuso el asunto de la justificación por la fe, muchas de sus otras creencias estaban de acuerdo con lo expuesto por la Iglesia de su tiempo (entre otras  estaban la transubstanciación, la consagración sacerdotal y la veneración de la virgen María,). Murió siendo miembro de esa iglesia, y nunca fue acusado de herejía por la Inquisición, aunque durante el siglo XVI sus escritos fueron colocados en el Index[15], por los errores[16] que contenían.

Girolamo Savonarola (1452-1498). Fue un monje dominico reformador, quien después de escuchar un sermón sobre el arrepentimiento predicado por un monje agustino, decidió ingresar al convento Dominico en Boloña. Savonarola reconoció la depravación que estaba presente en todo el ambiente del Renacimiento[17], así que se enfocó en la oración y las prácticas ascéticas[18]. Entre 1481-1482, fue enviado a predicar a Florencia (que era el centro del Renacimiento), e inmediatamente se opuso al estilo de vida pagano e inmoral que se vivía en esa ciudad. En esa, su primera ocasión en Florencia, su prédica no tuvo mucho éxito.

Savonarola fue predicador itinerante por un tiempo y enseñó en otras ciudades de Italia. Por su estudio y explicación del libro de Apocalipsis en Brescia (1486), le surgieron ideas sobre el próximo juicio de Dios sobre su propia era y la renovación que podría ocurrir en la iglesia. En 1489 regresó a Florencia y comenzó a predicar en la iglesia de San Marcos sobre el libro del Apocalipsis, lo que le atrajo una audiencia creciente y con ello también una gran influencia sobre el pueblo que le escuchaba.

Este monje consiguió que el Papa le autorizara una separación para formar una congregación autónoma junto con algunos otros conventos que él ya tenía identificados. Así fue como se creó la congregación de San Marcos de la cual fue nombrado Prior. De inmediato comenzó con la reforma del monasterio con un apego más estricto a la Regla[19] de su orden dedicada a una pobreza absoluta y siguiendo lo que él consideraba el más genuino espíritu de Santo Domingo Guzmán.

La predicación de Savonarola se volvió más radical atacando a las autoridades eclesiásticas y políticas de su tiempo y lugar. El Papa Alejandro VI le “invitó” a no predicar, pero Savonarola se negó. Así que en Octubre de 1495, el Papa le prohibió predicar definitivamente. Por influencia y  presión de un grupo importante de Florencia, poco tiempo después el Papa revocó su prohibición y Savonarola fue autorizado para predicar otra vez. Sin embargo, la consecuencia para Savonarola fue que se suspendió la congregación de San Marcos y se le unió a otras para formar una nueva a partir de 1496.

Al año siguiente, Savonarola comenzó a predicar de manera más radical contra los excesos de la sociedad romana y del Papa Alejandro VI. Así que éste lo excomulgó de la iglesia por su acto de desobediencia para constituir una nueva congregación y por herejía. El Papa amenazó con castigar[20] a la ciudad si se dejaba seguir predicando  Savonarola y no se le arrestaba.

Después de un breve ataque al convento de San Marcos, Savonarola decidió entregarlo y él y dos de sus compañeros fueron arrestados, procesados tanto civil como religiosamente. Aunque el juicio estuvo plagado con muchas irregularidades, finalmente se les condenó como herejes, cismáticos y por predicar “cosas nuevas”. Una vez cumplida la sentencia (fueron estrangulados y después quemados), sus cenizas fueron arrojadas al río Arno para que no quedara ninguna “reliquia[21]” que pudiera dar fuerza a sus seguidores.

En sus sermones Savonarola hizo un llamado para la renovación de la iglesia debido a su actual corrupción política y espiritual. Habló de la inminente ira de Dios que caería sobre la ciudad y de la necesidad inmediata de arrepentimiento de parte de la iglesia. Intentó persuadir a los florentinos para que reformaran sus vidas y vivieran de manera santa y pura alejados de toda la corrupción que se había infiltrado en la iglesia y se manifestaba en la sociedad. Así que, a diferencia de lo que se pueda creer, un predicador “apocalíptico” como Savonarola, en lugar de apartarse de la sociedad para vivir en una realidad “super-espiritual”, influyó en la transformación de la sociedad de su tiempo, especialmente en la ciudad de Florencia. Algo que después, Juan Calvino (el reformador), haría en Ginebra (Suiza).

Hans Bohm (1458?-1476), fue conocido como “El tamborilero de Niklashausen”. Aunque nació en Helmstadt (Alemania), desarrolló su actividad como predicador en la población de Niklashausen donde había un santuario dedicado a la Virgen María. Bohm pertenecía a la clase social más baja de su tiempo, se dedicaba a ir de festival en festival o de iglesia en iglesia para tocar su tambor o una especie de gaita primitiva y cantar para que las parejas danzaran. Sin embargo, al oír predicar a un franciscano itinerante, fue despertado a los asuntos de la vida espiritual. Aunque no sabía leer ni escribir ni tampoco conocía bien los básicos de la fe cristiana (como el Credo), tuvo una visión de la virgen María que se apareció para llamarlo a ser predicador y le prometió darle visiones de vez en cuando. En marzo de 1476, Bohm apareció en la iglesia de Niklashausen, quemó su tambor y su “gaita” en un ritual que se llamaba “Quemazón de las vanidades”, y de esta manera expresar su total dependencia en Dios. Después, de manera muy solemne anunció que aunque antes había servido a los pecados y vanidades de la gente, ahora se convertiría en un predicador de la gracia. Su vida y su carácter impecables, le dieron fuerza a sus palabras y estas pronto se diseminaron por los lugares cercanos.

Su fama se extendió, así que multitudes venían para escuchar a este tamborilero convertido en  predicador.  Se dice que a veces predicó a multitudes de entre veinte y treinta mil personas. Su púlpito era un barril, o una ventana en un granero, o una rama en un árbol. En su predicación denunció los pecados de los clérigos, por lo que no se debían pagar impuestos porque eran peor que los judíos. También atacó al emperador considerándolo un villano que mantenía a toda su corte a expensas de la pobreza del pueblo. Se burló del Papa, negó la existencia del purgatorio declarando que los malos iban al infierno directamente y los buenos iban directamente al cielo. Llegaría el día en que la justicia se implementaría y entonces todos –desde el emperador mismo–debería trabajar por su salario diario. También aseguró que los impuestos eran malignos y no debían pagarse y que todos los humanos eran hermanos y deberían compartir todas las cosas. Después de su sermón, la multitud se arrodilló y el bendijo a todos y les dio el perdón de sus pecados en nombre de Dios.

Cuando la predicación de Bohm se radicalizó, llamando a sus seguidores a traer sus espadas y dejar a sus mujeres e hijos en casa, entonces las autoridades mandaron a arrestarlo. Este arresto sorprendió a sus seguidores y no hicieron nada para impedirlo. Pronto se recuperaron de la sorpresa y dirigidos por caballeros de Franconia fueron al castillo de Frauenberg (donde estaba encarcelado Bohm) y lo rodearon esperando que sus muros cayeran como los de Jericó. No pasó y poco a poco se fueron desanimando hasta que todos se dispersaron. Bohm fue entonces juzgado, encontrado culpable de herejía y el “tamborilero de Niklashausen” fue silenciado (ejecutado) en Julio de 1476.     

Otros movimientos populares

Como lo hemos dicho al principio, la simiente para la reforma dentro de la iglesia, parece estar sembrada en la iglesia casi desde su concepción. Y es simiente se ha manifestado a lo largo de los años de la historia de la iglesia. Especialmente en los tiempos antes del Siglo XVI, hubo movimientos que surgieron casi espontáneamente del mismo pueblo. No fue un personaje, pero sí una idea la que movió a mucha gente que deseaba vivir un cristianismo más auténtico que el que en su tiempo se proyectaba.

Es verdad que casi todas las mujeres de aquel tiempo tenían el mismo “destino”: estar bajo la autoridad de alguien más, especialmente un varón, fuera este padre, hermano, esposo o hijo. Esa era la manera medieval y muy pocas podían escapar a ese “destino”. En cierto sentido, la vida monástica era especialmente atractiva para quienes deseaban escapar de ese destino. Así que muchas mujeres se unieron a la rama femenina de las órdenes monásticas. Especialmente la de San Francisco, llamada popularmente de las Clarisas (por Clara de Asís, fundadora de esta orden), y la de santo Domingo (dominicos). Pero los conventos tradicionales llegaron a ser insuficientes, porque se les tuvo que poner un límite a los ingresos.

Uno de los movimientos populares femeninos fue conocido como las beguinas. Estas mujeres querían vivir una vida consagrada al servicio de Dios, pero lo hicieron al margen de la estructura eclesiástica. Así que comenzaron a reunirse para vivir juntas en oración, devoción y una relativa pobreza. Esto les dio una total autonomía con respecto a los varones. Además, no deseaban vivir enclaustradas sino en la vida corriente de las ciudades donde se encontraban.

En otras palabras, no tuvieron una regla de vida, no tuvieron un santo fundador, no requirieron ni buscaron la autorización de algún Papa, no buscaron patronos, no hacían votos[22], sino una simple declaración de intenciones y podían seguir con su trabajo u oficio propios en el mundo. Su principal interés era reunirse para la oración y el estudio, pero luego se dieron cuenta de que podían realizar servicios como cuidar enfermos, asear y cuidar de las iglesias mal atendidas, podían limpiar las casas y cuidar de los ornamentos litúrgicos, y otras tareas semejantes. Lo que las caracterizó fue que siempre hacían estas tareas de manera escondida. Así pues, con la sola coherencia entre su vida y lo que decían contradecían el estilo de vida de las autoridades religiosas de aquel entonces. A la riqueza de las autoridades, ellas opusieron su pobreza; al ejercicio duro del poder de las autoridades, las beguinas opusieron su énfasis en la espiritualidad; al lujo y el dominio que exhibían las autoridades, estas mujeres opusieron su frugalidad y su profunda vida interior. Contrario a la simple ortodoxia de las autoridades, las beguinas opusieron su experiencia cristiana. 

Debido a la libertad con que estas mujeres vivían, a que con su estilo de vida exhibían la miseria moral y espiritual de las autoridades eclesiásticas y, especialmente, porque expresaban sus experiencias espirituales en la lengua vernácula[23], las beguinas empezaron a ser vistas con desconfianza y ser perseguidas. Para librarse de la persecución algunas entraron a conventos más tradicionales, otras se diseminaron y una que otra fue juzgada por la Santa Inquisición y quemada en la hoguera. 

Los taboritas, son llamados así porque establecieron su fortaleza en el poblado llamado Tabor en Bohemia. Este grupo representa al ala más radical de los Husitas. Creían en la igualdad bajo la ley tanto para el noble como para la gente común, en la distribución equitativa de la riqueza y la propiedad comunitaria. También consideraban que las decisiones se debían hacer por un concilio electo más que directamente por un noble. Los taboritas consideraban que el clero no era necesario, que la interpretación bíblica debía ser un asunto individual (personal). Realizaban sus cultos de Comunión en las colinas y sus hijos eran bautizados en ríos y estanques. Finalmente los taboritas fueron vencidos por sus propias divisiones internas.    

 Conclusión 

A través de este breve recorrido por los pre-reformistas, nos damos cuenta de que la semilla de la re-forma de la iglesia siempre ha estado presente, porque es necesaria. En ocasiones puede ser que los líderes se radicalicen a tal grado que también pierdan de vista la primera intención: darle una nueva forma a la iglesia cuando ésta ha sufrido una prolongada descomposición. Es importante notar que no es cuestión de re-formar las doctrinas solamente. Por lo que hemos visto, tanto la doctrina como la práctica de la iglesia confluyen y tanto es necesario reformar una como la otra.

En este tiempo, podríamos preguntar: ¿Tenemos una sana doctrina (Tit. 2:1)? ¿Cuál es nuestra práctica? ¿Se ajustan a la enseñanza del Evangelio? De la respuesta que demos a estas preguntas podremos deducir la necesidad que tenemos de una re-forma de nuestra propia denominación. Que Dios nos provea del discernimiento para encontrar su voluntad en estos tiempos cuando la sociedad y la iglesia parecen estar en un bache enorme. Amén 

[1] Esta palabra está compuesta por dos términos procedentes del latín el prefijo “re” que significa “repetición” y “forma” que significa imagen, aspecto. Por la tanto, la palabra reforma está relacionada con cambiar o modificar algo de forma total o parcial. En las sociedades, doctrinas o creencias humanas es común que estén en constantes cambios, es por ello que las reformas suelen presentarse en cualquier organización y servicios por ejemplo las reformas financieras, económicas, religiosas, sociales, etc.

la reforma lo que busca es cambiar algo que está considerado errado dentro de un gobierno u organización, procurando un mejoramiento de manera gradual y continua… la reforma busca un mejoramiento en el sistema sin llegar a la sustitución o desplazamiento,

La reforma propone un cambio paulatino, progresivo en las estructuras de una determinada organización. Básicamente se producen algunos ajustes en aquellos aspectos que no están bien, que no funcionan correctamente, y se mantienen aquellos que sí lo hacen, por ello mismo debemos aclarar que la reforma no implica un cambio radical, total, absoluto de algo.

[2] Aunque algunos autores recientes han desechado este término, por considerarlo insultante (interpretándolo como rudimentario o poco desarrollado), aquí lo usaré como perteneciente o relativo a los orígenes o primeros tiempos de algo.

[3] Se considera a Lucas como el autor tanto del Evangelio como del libro de los Hechos. Estos son tratados escritos por el mismo autor en dos tomos.

[4] Atributos positivos en una persona.

[5] Carencia o imperfección moral en una persona.

[6] Conjunto de rasgos distintivos que identifican a una persona.

[7] Que puede equivocarse a pesar de sus buenas intenciones, que puede fallar para alcanzar la meta. Es decir, estamos en propensión de cometer pecados, aunque deberíamos procurar no caer en ellos.

[8] El término más usado es corrupción, que significa “alterar y trastocar la forma de algo”, o “echar a perder, dañar o pudrir algo”.  Por lo tanto, la forma original de algo se ha perdido, alterado, o trastornado.

[9] Recordamos la famosa “Donación de Constantino”, en el que supuestamente el emperador Constantino había donado (otorgado) al papa Silvestre (314-335) y a sus sucesores, tanto el poder espiritual como temporal de sus territorios. Después se descubrió que había sido un documento falso, escrito en el siglo VIII por un monje desconocido. Pero desde entonces influyó mucho en la manera en que se reconocía la superior autoridad papal no sólo en asuntos espirituales sino también del gobierno de las naciones o estados.

[10] La transubstanciación, es un dogma de la Iglesia Católica Romana que establece la mutación literal del pan en el cuerpo y el vino en la sangre de Cristo Jesús. 

[11] del alemán occidental que significa “murmurar”, tal vez por su manera de desarrollar su culto que se basaba principalmente en la lectura de las Escrituras.

[12] Esto nos recuerda lo que el mismo Lutero haría en la dieta de Worms.

[13] El dogma de que, para aclarar o establecer alguna doctrina o práctica religiosa, la Biblia no es la única fuente, sino que a su lado está la tradición o revelación oral. En otras palabras, una autoridad competente debía existir para resolver las controversias e interpretar la Biblia. Esta autoridad era la del magisterio viviente de la iglesia.

[14] El dogma de que cuando el Papa enseña algo sobre la fe o la moralidad ex cathedra (desde su posición como pastor y maestro de todos los cristianos católico-romanos), entonces posee la cualidad de ser infalible (sin falla o error), debido a que es el mismo Redentor quien desea que su iglesia sea dotada con esa enseñanza que, además será irreformable.

[15] El nombre completo es: Index  librorum prohibitorum, la Lista de libros prohibidos. Era un catálogo de libros cuya lectura estaba prohibida para los fieles católicos. Los libros podían ser puestos en el Index por decreto de la Santa Inquisición, por la Sagrada Congregación  del Index, o por el mismo Papa.  

[16] Error: se considera que es el producto de la ignorancia, y consiste en afirmar algo como cierto cuando es falso, o viceversa.

[17] La recuperación de la cultura clásica, especialmente de origen griego, y la recuperación de la escultura, pintura, arquitectura que se había perdido durante más de mil años en la civilización occidental.

[18] Ascetismo: Ejercicio y práctica de un estilo de vida austero y de renuncia a placeres materiales con el fin de adquirir unos hábitos que conduzcan a la perfección moral y espiritual.

[19] Leyes o normas que se deben seguir en una orden religiosa.

[20] Se arrestaría a los mercaderes y se les confiscarían todos sus bienes. Recordemos que en aquel entonces el Papa también tenía una autoridad política emparejada con la autoridad eclesiástica.

[21] Reliquia: parte del cuerpo o cualquier objeto que pertenecieran a un santo y se considerara digno de veneración.

[22] Voto: promesas que se hacían a Dios, a la virgen o un santo, eran irreversibles e incluían asuntos como la pobreza, castidad y obediencia absoluta a las autoridades religiosas.

[23] Recordemos que en aquel entonces el idioma oficial de la iglesia era el Latín. Aunque tuvo un desarrollo un poco lento, para el siglo VI el latín ya se había convertido en el lenguaje oficial de la iglesia. Así que todo lo referente a la iglesia –teología o liturgia—debía escribirse o ser expuesto en ese idioma. El uso de las lenguas vernáculas para leer la Biblia o disputar cuestiones religiosas debía ser el latín. Las 95 tesis de Lutero fueron escritas en ese idioma, tal como se esperaba que fuera.