
Día: 31 de octubre de 2017
Editorial
El Sacerdocio de todos los Creyentes
Este mes de octubre estamos de fiesta en muchos lugares de la tierra, haciendo memoria del inicio de la Reforma Protestante que, en 20017, llega a sus primeros 500 años de presencia en la historia humana. Y mientras recordamos el pasado, estamos haciendo un nuevo intento de aprender, de afirmar o descubrir algo de las grandes e innumerables lecciones de su patrimonio.
Alguien ha dicho que la doctrina sobre el sacerdocio de todos los creyentes es “la cenicienta de la Reforma”. Eso es una verdad. Para Martín Lutero este principio bíblico (1ª P. 2:9; Ap. 1:6) fue fundamental para llegar a varias conclusiones, incluyendo la más grande: que el creyente no necesita de mediadores terrenales para obtener la justificación de Dios, pues cada creyente es su propio sacerdote. Él incluyó su idea de un sacerdocio universal, con diferentes enfoques, en las tres obras reformadoras más importantes que escribió en 1520, donde concreta de un modo más maduro que en 1517, su pensamiento sobre la restauración de la doctrina cristiana. Por estos libros, entre otros escritos, fue citado a comparecer ante la Dieta de Worms en 1521, fecha para romper definitivamente con Roma y Roma con él. No obstante, este principio sobresaliente acerca de un nuevo sacerdocio, no está contemplado explícitamente entre las así llamadas “Cinco Solas”, cinco énfasis en los que se quiere resumir todo el pensamiento de la Reforma.
Jesús, el Mediador de la Justicia Venidera
Jesús, El Mediador de la Justicia Verdadera
En el marco del 500 Aniversario de la Reforma Protestante celebrándose en 2017, estamos compartiendo con nuestros lectores sermones de Martín Lutero. Eventualmente echaremos mano también de sermones de otros reformadores, en la esperanza de que nos brinden información sobre los temas bíblicos que en aquella época dominaban la mente de los héroes de la fe.
Martín Lutero
Sermón vespertino de Pentecostés.
Fecha: 28 de mayo de 1531.
Texto del Credo Apostólico:
Creo en el Espíritu Santo; la santa iglesia cristiana, la comunión de los santos; el perdón de los pecados; la resurrección de la carne y la vida perdurable.
- Nuestra justicia se basa en el perdón de los pecados logrado por Cristo.
La justicia del cristiano está oculta aún bajo el pecado.
Esta mañana oísteis hablar del Espíritu Santo. Oísteis que la tarea del Espíritu Santo es predicarnos aquella doctrina que nos muestra cómo se obtiene el perdón de los pecados. Y oísteis también que cada cristiano debe poner todo empeño en aprender este artículo del perdón; porque el querer aprenderlo sólo en el momento en que se lo necesite, resultará harto difícil, ya que entonces, Satanás y sus secuaces arremeten tan encarnizadamente contra esta enseñanza que su comprensión se hace poco menos que imposible, aun para aquel que la conoce.
El Sacerdocio de Todos los Creyentes
EL SACERDOCIO DE TODOS LOS CREYENTES
Por René Padilla
Temas: 31 de octubre, 500 años Reforma Protestante.
Para muchos de los estudiosos de la Reforma Protestante del siglo XVI, los énfasis centrales de este movimiento fueron cinco: Cristo solo (solus Christus), la Escritura sola (sola Scriptura), la gracia sola (sola gratia), la fe sola (sola fide) y la gloria de Dios sola (soli Deo Gloria). Sin embargo, hay buena base para afirmar que, además de estos énfasis fundamentales, los reformadores también dieron un lugar prominente a una doctrina que (por razones que daremos más adelante) podría ser considerada la Cenicienta tanto de la Reforma clásica como del movimiento evangélico en el momento actual. Nos referimos a la doctrina del sacerdocio de todos los creyentes, también denominado sacerdocio universal o común.
Cuando Martín Lutero lanzó su reto de reforma de la Iglesia Católica Romana, no lo hizo animado por un espíritu de innovación o rebeldía, sino movido por convicciones enraizadas en la Palabra de Dios. En la doctrina de la justificación por la fe halló la base para una solidaridad inalterable de los cristianos entre sí que hacía imposible la división tradicional entre “eclesiásticos” (los clérigos) y “seculares” (los laicos). Parafraseando Gálatas 3:28 escribe: “No hay sacerdote ni laico, cura ni vicario, rico ni pobre, benedictino, cartujano, fraile menor y agustino, porque no es cuestión de este o aquel estado, grado u orden.” En sus memorables tratados de 1520 el famoso reformador elabora este concepto con una orientación predominantemente cristológica. Alega que Cristo es nuestro hermano mayor y todos los cristianos participan de la gloria y la dignidad que corresponden a esa relación como reyes y sacerdotes con Cristo. Todo cristiano es sacerdote por el solo hecho de ser cristiano. Escribe:
El Alcance Espiritual de la Reforma
El Alcance Espiritual de la Reforma

Por Raúl Ruiz Ávila
Tequisquiapan, Qro.
Conferencia Anual Septentrional
¨Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional, “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.” Ro 12.1-2 1
El dicho popular reza: “Renovarse o morir”. Así como la naturaleza se renueva año con año, también nosotros necesitamos renovarnos día con día.
En I Reyes leemos sobre 5 periodos de reforma encabezados por 5 reyes que “hicieron lo bueno delante de Jehová”: Asa (Cap. 15); Josafat (Cap. 17); Joás guiado por el sacerdote Joiada (Cap. 23); Ezequías (Caps. 29-31); y Josías (Caps. 34-35). 2
La Reforma iniciada por el Espíritu Santo a través de hombres como Juan Huss (Checoslovaquia 1369-1415), Martín Lutero (Alemania 1483-1546), Ulrico Zwinglio (Suiza 1484-1531), Juan Calvino (Francia 1509-1564), y en el siglo XVIII con Juan Wesley (Inglaterra 1703-1791), etc., fue el rayo de luz para toda la civilización, ya que rompió con la era del oscurantismo, para traer la era de la luz en todas las áreas del conocimiento humano.
Johann Tetzel, Predicador de Indulgencias
JOHANN TETZEL, PREDICADOR DE INDULGENCIAS
Por Samuel Martínez Arias
Ciudad de México, abril de 2017
Conferencia Anual de México
Johann Tetzel fue un monje dominico alemán que nació en el pueblo de Pirna, en Sajonia, Alemania, en 1465; y murió en la ciudad de Lepzig, también en Sajonia, el 11 de agosto de 1519.
Estudió filosofía y teología en la Universidad de Leipzig y obtuvo el grado de bachiller en 1487. No mucho después ingresó a la orden de los dominicos.
Hacia 1500 se convirtió en prior del monasterio de Glogau, el cual pertenecía a la provincia polaca de la orden y más tarde, a petición del provincial polaco, fue nombrado inquisidor de Polonia por el general de la orden de los dominicos, Tomás Cayetano. Tiempo después recibió el nombramiento de inquisidor de la provincia de Sajonia.
En 1503 hizo su primera aparición como predicador de indulgencias, cuando la orden de los Caballeros Teutones de Livonia —región de la costa oriental del mar Báltico ubicada en los actuales territorios de Letonia y Estonia— obtuvo un permiso primero del papa Alejandro VI —Alejandro Borgia— para predicar una indulgencia por tres años, y luego otro permiso, esta vez del papa Julio II, para predicarla por tres años más.
Las 95 Tesis de Lutero
LAS 95 TESIS DE LUTERO
Disputa acerca de la determinación del valor de las indulgencias (*)
| En 1517 fray Martín Lutero envió al arzobispo de Magdeburgo, Alberto de Brandeburgo, una carta pidiendo se pusiera fin a los abusos en la predicación de las indulgencias en la diócesis e instándole a una controversia sobre el tema. Adosaba sus 95 tesis sobre las indulgencias que aquí presentamos. En la carta el fraile agustino le decía al arzobispo:
«Perdóname, reverendísimo padre en Cristo y príncipe ilustrísimo, que yo, hez de los hombres, sea tan temerario, que me atreva a dirigir esta carta a la cumbre de tu sublimidad… Bajo tu preclarísimo nombre se hacen circular indulgencias papales para la fábrica de San Pedro, en las cuales yo no denuncio las exclamaciones de los predicadores, pues o las he oído, sino que lamento las falsísimas ideas que concibe el pueblo por causa de ellos. A saber: que las infelices almas, si compran las letras de indulgencia, están seguras de su salvación eterna; ítem, que las almas vuelan del purgatorio apenas se deposita la contribución en la caja; además que son tan grandes los favores, que no hay pecado por enorme que sea, que no pueda ser perdonado aunque uno hubiera violado —hipótesis imposible— a la misma Madre de Dios; y que el hombre queda libre, por estas indulgencias, de toda pena y culpa. ¡Oh Dios Santo! Tal es la doctrina perniciosa que se da, Padre óptimo, a las almas encomendadas a tus cuidados. Y se hace cada vez más grave la cuenta que has de rendir de todo esto. Por eso, no pude por más tiempo callar… ¿Qué hacer, excelentísimo prelado e ilustrísimo príncipe, sino rogar a tu Reverendísima Paternidad se digne mirar esto con ojos de paternal solicitud y suprimir el librito e imponer a los predicadores de las indulgencias otra forma de predicación, no sea que alguien se levante por fin, y con sus publicaciones los refute a ellos y a tu librito, con vituperio sumo de tu Alteza? Desde Wittenberg, 1517, en la vigilia de Todos los Santos. Martín Lutero, agustiniano, Doctor en Sagrada Teología.» (1) ¿Cuál fue la situación concreta que motivó el escrito? Ya desde 1507 el Papa Julio II había concedido una indulgencia a quien colaborara con su limosna en la construcción de la nueva basílica de San Pedro. El Papa León X renovó dicha indulgencia en 1514. Pero lo que tal vez suscitó el malestar en Alemania fue el permiso otorgado a Alberto de Brandeburgo para predicar la misma indulgencia, solamente que con otros fines. El arzobispo había contraído una copiosa deuda con los conocidos banqueros Függer que le habían adelantado dinero para poder hacerse de una tercera diócesis, Maguncia. El dispositivo ideado para saldar la deuda fue que la mitad de las limosnas recogidas en la predicación de la indulgencia irían a parar a manos de los banqueros, y la otra mitad iría a las arcas de la Cámara Apostólica. Este hecho, sumado a una teología equivocada sobre los efectos de la indulgencia en los muertos (se decía en la predicación popular, «No bien cae la limosna en el cestillo, el alma sale del purgatorio»), inflamó a toda Alemania. Históricamente debemos ser críticos sobre la tradición que hace a Lutero clavando las tesis en la puerta de la iglesia de Wittenberg.(2) Más bien el motivo de la difusión de las tesis hay que explicarlo por la respuesta que daban a un verdadero anti-romanismo presente en todos los estamentos de la sociedad alemana. |
La Venta de Indulgencias y la Basílica de San Pedro
La venta de indulgencias y la Basílica de San Pedro
Daniel Escorza Rodríguez
Pachuca, Hgo.
Conferencia Anual Septentrional
Para el imaginario evangélico mexicano, el concepto de la “venta de indulgencias” forma parte de un estigma en contra del clero romano que comenzó en la Reforma del siglo XVI. La venta de indulgencias es probablemente la querella religiosa del protestantismo más influyente y uno de los aspectos de la corrupción de la Iglesia católica romana que más combatió fervientemente el monje agustino Martín Lutero. El objetivo de este texto es revisar históricamente el contexto y la importancia de las indulgencias cuyo producto se dedicó a la construcción de la Basílica de San Pedro, en Roma, durante las primeras décadas del siglo XVI. En un segundo momento nos vamos a referir a esta construcción y su relación con el concepto de templo y de lugar sagrado y finalmente haremos referencia al significado cultural de estos acontecimientos para nuestros días.
I.-
Como se sabe, la Basílica de San Pedro es quizá el templo más importante de la catolicidad romana, ya que en este recinto se realizan las principales ceremonias del Papa. Aun cuando en Roma existen otras tres basílicas papales (la de San Juan de Letrán, la de San Pablo Extramuros y la de Santa María la Mayor) la de San Pedro es quizá la más visitada y la más emblemática del poder papal y de la iglesia católica romana. Seguir leyendo «La Venta de Indulgencias y la Basílica de San Pedro»
