Editorial

editorialEl Sacerdocio de todos los Creyentes

Este mes de octubre estamos de fiesta en muchos lugares de la tierra, haciendo memoria del inicio de la Reforma Protestante que, en 20017, llega a sus primeros 500 años de presencia en la historia humana. Y mientras recordamos el pasado, estamos haciendo un nuevo intento de aprender, de afirmar o descubrir algo de las grandes e innumerables lecciones de su patrimonio.

Alguien ha dicho que la doctrina sobre el sacerdocio de todos los creyentes es “la cenicienta de la Reforma”. Eso es una verdad. Para Martín Lutero este principio bíblico (1ª P. 2:9; Ap. 1:6) fue fundamental para llegar a varias conclusiones, incluyendo la más grande: que el creyente no necesita de mediadores terrenales para obtener la justificación de Dios, pues cada creyente es su propio sacerdote. Él incluyó su idea de un sacerdocio universal, con diferentes enfoques, en las tres obras reformadoras más importantes que escribió en 1520, donde concreta de un modo más maduro que en 1517, su pensamiento sobre la restauración de la doctrina cristiana. Por estos libros, entre otros escritos, fue citado a comparecer ante la Dieta de Worms en 1521, fecha para romper definitivamente con Roma y Roma con él. No obstante, este principio sobresaliente acerca de un nuevo sacerdocio, no está contemplado explícitamente entre las así llamadas “Cinco Solas”, cinco énfasis en los que se quiere resumir todo el pensamiento de la Reforma.

Y aun más, cuando abordamos el tema de un sacerdocio general, preferimos hacerlo en su dimensión eclesiástica, es decir, lo referimos a las tareas que antes detentaba el clero para abrir espacios a los laicos en los ministerios de la iglesia. Esto está más que bien, por supuesto. Lo que no está tan bien es haber olvidado, en alguna medida, una de las conclusiones de Lutero sobre este asunto, y es que el sacerdocio cristiano se cumple en la vida diaria, fuera del templo, específicamente en el cumplimiento de los papeles de trabajo. Citemos unas líneas de A la Nobleza Cristiana de la Nación Alemana Acerca del Mejoramiento del estado Cristiano:

Un zapatero, un herrero y un labrador tienen cada uno la función y la obra de su oficio. No obstante, todos son igualmente sacerdotes y obispos ordenados, y cada cual con su función u obra útil y servicial al otro, de modo que de varias obras todas están dirigidas hacia una comunidad para favorecer al cuerpo y al alma, lo mismo que los miembros del cuerpo todos sirven el uno al otro.(1)

Y también dirá que Cristo no tiene dos cuerpos diferentes, uno eclesiástico y uno secular, pues así como hay una sola Cabeza, hay un solo cuerpo. Las tareas eclesiásticas y las funciones laborales seculares son diferentes por su función, mas no por su estatus ante Dios. Tan sacerdote sería una sirvienta con sus labores domésticas como lo es el mismo Papa. Desde un ángulo secular, el sociólogo Max Weber desarrollará este énfasis luterano en su obra La Ética Protestante y el Espíritu del Capitalismo, de donde podemos citar aquí sólo unas líneas:

Pero no sólo el sentido literal, también la idea es nueva: es producto de la Reforma. Ni en la Edad Media ni en la Antigüedad (en el helenismo de la última época) se dieron los supuestos para esta estimación del trabajo cotidiano en el mundo que implica esta idea de profesión (…) En todo caso, lo absolutamente nuevo era considerar que el más noble contenido de la propia conducta moral consistía justamente en sentir como un deber el cumplimiento de la tarea profesional en el mundo. Tal era la consecuencia inevitable del sentido, por así decirlo, sagrado del trabajo, y lo que engendró el concepto ético-religioso de profesión: concepto que traduce el dogma común a todas las confesiones protestantes, opuesto a la distinción que la ética católica hacía (…) Dios reconoce no la superación de la moralidad terrena por medio de la ascesis monástica, sino precisamente el cumplimiento en el mundo de los deberes que a cada cual impone la posición que ocupa en la vida.(2)

 

Llama la atención la observación de Weber sobre la novedad de esta idea luterana en la historia de la iglesia. Nunca antes alguien había logrado un planteamiento así. Esto es una aplicación de la instrucción de San Pablo en Col. 3:17, “Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias al Dios y Padre por medio de él.” Y, “Si pues coméis, o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios” (1ª Co. 10:31). Esta es una aportación del pensamiento reformador aplicable a la iglesia y al mundo. Nosotros no creemos que ante Dios haya diferencia entre los sericios pastorales mientras se ofician los sacramentos, y las labores del profesionista u obrero desempeñándose, por medio de la fe, en el mundo laboral. No son unos de primera y los otros de segunda categoría. Ambos son sacerdotes ante el Padre. La espiritualidad cristiana, la vocación cristiana, la santidad cristiana, el honor cristiano, el sacerdocio cristiano están también en el desempeño cotidiano de aquellos creyentes que agradan a su Señor mientras salen a la calle a tomar su lugar en el mundo 

Pbro. Bernabé Rendón M.

  • Lutero, en Escritos Reformistas de 1520, Secretaría de Educación Pública, CDMX, 1988, pág. 34.
  • Weber, Max, La Ética Protestante y el Espíritu del Capitalismo, Colofón, S. A., CDMX, 2001, pág. 91-94.

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2 comentarios sobre “Editorial

  1. Pastor Bernabé tengo una pregunta \ comentario: nosotros Como Iglesia Evangélica hablamos y decimos practicar el sacerdocio universal. Sin embargo en sin fin de ocasiones no se lleva a la práctica, ya que es el pastor ordenado quien “debe oficiar” la Santa Cena, Bautizar etc. Ahora, la iglesia Católica Romana, no promueve i cree en el sacerdocio universal y sin embargo he encontrado en comunidades diferentes en las cuales por su lejanía geográfica u otros motivos, no hay un sacerdote ordenado y las funciones se delegan a algunos otros que se han designado con anterioridad. Que me puede comentar al respecto?

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    1. Hna. Mayra, el mismo Lutero reconocía que las funciones de un ministro ordenado le son propias debido a que corresponden a su vocación. La lucha de él no era en pro de repartir funciones sin ton ni son, cada uno en su puesto correspondiente desempeña sus funciomes particulares. Su lucha era en pro del reconocimiento del valor de los laicos en igualdad con los ministros delante de Dios. Todos debían tener un mismo estatus y darle fin a la opresión de los sacerdotes sobre los laicos. Tu tema es otro. De todos modos, la IMMAR concede permisos especiales a creyentes sin órdenes pastorales cuando las necesidades así lo justifican, según lo exlica el Art. 102 del libro de Disciplina. Bendiciones.

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