Témpora de Adviento

19. Tempora de AdvientoTémpora de Adviento

Por abalra

Adviento.- (Del latín adventus, Redemptoris, llegada. Equivalente a advenimiento (de advenir venida del Redentor). Es el primer período del año litúrgico cristiano, que consiste en un tiempo de preparación para el nacimiento del Salvador. Su duración es de 21 a 28 días. Esta celebración ocupa cuatro domingos anteriores al 24 de diciembre, día de la Navidad. El término se usa aludiendo preferentemente a la venida o llegada de Jesucristo, su nacimiento. Más propiamente la venida del Hijo de Dios en forma humana. Fue al principio una práctica de la iglesia luterana y de la católico romana; iglesias que desde entonces han observado el adviento como parte del Calendario eclesiástico tradicional. Esta observancia comenzó a mediados del siglo VI.

            El advenimiento marca el principio del Año Eclesiástico o Año Cristiano, en casi todas las confesiones cristianas. Durante este período los feligreses se preparan para celebrar la conmemoración del nacimiento de Jesucristo y para renovar la esperanza de la Segunda venida de Cristo Jesús, al final de los tiempos.

Durante el adviento, se prepara en cada hogar, y no solo en la iglesia una corona de ramas de pino, llamada Corona de Adviento con cuatro velas, una por cada domingo de adviento, y una vela central. Las estaciones del Año Cristiano son siete: Adviento, Navidad, Epifanía, La Pascua, resurrección, Pentecostés y del Reino. La estación de Adviento termina con la llegada del 24 por la mañana y forma una unidad con la navidad y la epifanía. El color que se usa en este tiempo es el morado o púrpura. El sentido del Adviento es avivar en los creyentes la espera o segunda venida del Señor.

Desde el Primer domingo hasta el día 16 de diciembre -que se inician nuestras noches invernales-, tiene un marcado carácter escatológico mirando a la venida del Señor al final de los tiempos. Desde el 17 al 24 de diciembre, es la llamada “Semana de Nochebuena”, y se orienta a preparar más explícitamente la venida, de Jesucristo y la Navidad. En esta época, se usa el simbolismo del árbol, del pesebre, los foquitos multicolores, los aguinaldos, las piñatas, los regalos y la Corona de Adviento, entre otros.

ADVIENTO HISTÓRICO. Es la espera en que vivieron los pueblos que ansiaban la venida del Salvador. Va desde Adán hasta la encarnación, abarca todo el Antiguo Testamento. Escuchar en las lecturas a los profetas, nos deja una enseñanza importante para preparar los corazones a la llegada del Señor. Acercarse a esta historia es identificarse con aquellos hombres que deseaban con vehemencia la llegada del Mesías y la liberación que esperaban de Él.

ADVIENTO MÍSTICO.- Es la preparación moral del hombre de hoy a la venida del Señor. Es un adviento actual. Es tiempo propicio para la evangelización y la oración que dispone al hombre, como persona, y a la comunidad humana, como sociedad, a aceptar la salvación que viene del Señor. Jesús es el Señor que viene constantemente al hombre. Es necesario que el hombre se percate de esta realidad, para estar con el corazón abierto, listo para que entre el Señor. El Adviento, entendido axial, es de suma actualidad e importancia.

ADVIENTO ESCATOLÓGICO.- Es la preparación a la llegada definitiva del Señor, al final de los tiempos, cuando vendrá para coronar definitivamente su obra redentora, dando a cada uno según sus obras. La iglesia invita al hombre a no esperar este tiempo con temor y angustia, sino con la esperanza de que, cuando esto ocurra, será para la felicidad eterna del hombre que aceptó a Jesús como su Salvador. Esta celebración manifiesta cómo todo el tiempo gira alrededor de Cristo, el mismo ayer, hoy y siempre; Cristo el señor del tiempo y de la historia.

            La Corona de Adviento tiene su origen en una tradición que consistía en prender velas durante el invierno para representar al fuego del Dios sol, para que regresara con su luz y calor durante el invierno. Los primeros misioneros aprovecharon esta tradición para evangelizar a las personas y darle una connotación cristiana. La corona esta formada por una variedad de símbolos:

            La forma circular. El círculo no tiene principio ni fin. Es señal del amor de Dios que es eterno, sin principio ni fin, y también de nuestro amor a Dios y al prójimo que nunca debe terminar

            Las ramas verdes. Verde es el color de la esperanza y vida, y Dios quiere que esperemos su gracia, el perdón de los pecados y la gloria eterna al final de nuestras vidas. Represente la esperanza del pueblo de Israel en la venida del Salvador y Redentor. Y para nosotros representa el anhelo más importante de llegar a establecer una unión más estrecha con Dios nuestro Padre.

            Las cuatro velas. Nos hace pensar en la oscuridad provocada por le pecado que ciega al hombre y lo aleja de Dios. Después de la caída del hombre, Dios fue dando poco a poco una esperanza de salvación que iluminó a todo el universo como las velas de la corona. Axial como las tinieblas se disipan con cada vela que encendemos, los siglos se fueron iluminando con la cada vez más cercana llegada de Cristo a nuestro mundo. Son cuatro velas las que se ponen en la corona y se prenden de una en una, durante los cuatro domingos de adviento al hacer la oración en familia. Las manzanas rojas que adornan la corona representan los frutos del jardín del Edén con Adán y Eva que trajeron el pecado al mundo pero recibieron también la promesa del Salvador Universal. El listón rojo, representa nuestro amor a Dios y el amor de Dios que nos envuelve.

            Generalmente la conseja popular señala que tres velas son de color morado, que hablan del deseo de conversión y una rosa que habla de la alegría vivida con Maria, por la inminente llegada de Jesús. La vela blanca del centro es la luz de Jesús que con su nacimiento viene a iluminar definitivamente la vida del hombre.

            Sin embargo, yo me inclino más a favor de los siguientes colores: Verde, que representa la esperanza del pueblo judío en el advenimiento del redentor. Amarillo, que representa el carácter real de Jesús, el rojo, que representa el carácter redentor de Jesucristo y el morado, que representa el carácter sacerdotal de Jesús, y por supuesto la vela blanca, que nos recuerda que Jesucristo es la luz del mundo.

            Nuestra preparación no tiene que ser sólo litúrgica, sino también espiritual y moral. Llama a la conversión del corazón y a la renovación de la vida. El Adviento, es el tiempo favorable para un cambio del corazón y para dar un nuevo y decisivo paso en nuestro caminar espiritual, es conversión como preparación por la espera de Jesús. La figura de San Juan Bautista, destaca de manera especial en el Adviento. Es un compañero ideal, austero y gozoso a la vez. Como heraldo y precursor del Señor, es el único capaz de sacarnos de nuestra zona de confort, para decirnos  “¡Arrepentíos, el reino de los cielos esta cerca!” En Cristo, el Hijo eterno, Dios ha aparecido entre nosotros en forma humana, e intenta entrar en lo más íntimo de nuestras vidas, a fin de compartir su vida con nosotros. Él está a la puerta y llama, pero jamás forzará la entrada. La puerta que da acceso a nuestros corazones, solo puede ser abierta desde dentro.

            En navidad celebramos la venida en un momento concreto. Esto no plantea una dificultad especial. Pero hay otra perspectiva, la del futuro, la del retorno de Cristo en gloria al final de los tiempos. Aquí puede asaltarnos la dificultad. ¿Cómo armonizar estos diversos aspectos? Tal vez nos sorprenda y nos preguntemos por la conexión existente entre la venida de cristo que aconteció hace más de dos mil años y su retorno futuro, en una fecha conocida solo por el Padre.

Pero si reflexionamos, descubrimos que estas dos “venidas” estás relacionadas entre si y se complementan recíprocamente. Se las puede ver como dos fases o aspectos único misterio de salvación. Los padres de la iglesia fieles a la escritura, no desasociaron estas dos venidas, sino que las consideran conjuntamente y hablaron de ellas sin separar una de la otra. El termino mismo “Adviento” admite una doble significación. Puede significar tanto una venida que ha tenido ya lugar como otra que es esperada aún: presencia y espera. En el Nuevo Testamento, la palabra griega equivalente es “parusía”, que puede traducirse por venida o llegada, pero que se refiere más frecuentemente a la segunda venida de Cristo, al día del Señor.

San Cirilo de Jerusalén decía: “Anunciamos la venida de Cristo, pero no una sola –dice-, sino también una segunda, mucho más magnifica que la anterior.” “En la primera venida fue envuelto en pajas en el pesebre; en la segunda se revestirá de luz como vestidura. En la primera soportó la cruz, sin miedo a la ignominia; en la otra vendrá glorificado y escoltado por un ejército de ángeles. No podemos proyectarnos a los tiempos del Antiguo Testamento, como si esperásemos todavía un Mesías y un Salvador. La prolongada noche de la espera ha pasado ya. Nos encontramos en la plenitud de los tiempos. La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Es Emmanuel “Dios con nosotros”. Pero a pesar de todo esto, la iglesia continúa aguardando y esperando. Ella espera y ansía la plenitud de la venida de Cristo. El mundo ha sido redimido, pero la historia de la redención continúa, y continuará hasta que Cristo, el Señor, termine su tarea. El reino de Cristo en la tierra tiene que continuar.

            La Iglesia es más consciente de que esperanza descansa en el futuro. Ella mira hacia delante, hacia la restauración de todas las cosas en Cristo, a unos nuevos cielos y una nueva tierra. Sólo entonces alcanzará ella su perfección plena. Ciertamente, es muy difícil practicar la esperanza en los tiempos que vivimos. La inseguridad, la narcoviolencia, con su ola de sangre y muerte, la crisis económica y el desempleo, la impunidad y corrupción que aquejan a nuestra sociedad, incluyendo a la iglesia, y muchísimas más cosas que militan en contra de la esperanza: las críticas y ataques a la fe, los valores morales en declive, o de plano perdidos, el materialismo y la secularización, provocan desestabilización ansiedad y angustia, conduciendo hacia una incredulidad creciente, lo que hace que humanamente hablando, haya poquísimos motivos para la esperanza; pero la esperanza cristiana, no se hace en meras consideraciones humanas, sino en la bondad y el poder de Dios

Como pueblo de Dios, tenemos que poner lo que está de nuestra parte para la construcción de un mundo mejor y para preparar un camino al Señor. Ambas tareas son inseparables. Nuestra herencia Wesleyana y nuestras raíces metodistas, nos refieren a una acción de paciente espera, y a una relación íntima y trascendental como un acto de fe, en la gracia y la misericordia de Dios.

            La escritura, es terminante “velad y orad”. Es decir, nos habla de una vigilancia como una virtud importante. Vigilar significa vivir en el pensamiento de la segunda venida de Cristo. Debe ser, una actitud constante de nuestra mente, que gobernará toda nuestra conducta. Una virtud para todo momento, pero especialmente apropiada para esta tempora de Adviento. Si estamos dispuestos y preparados, en todo momento para servir a nuestros prójimos y a Dios, entonces estamos practicando la vigilancia; estamos a la espera de Cristo.

            Esta actitud de vigilancia no es algo ansiosa, sino paciente y pacifica; pero es al mismo tiempo una postura de alerta. “Somos más fuertes cuando esperamos que cuando poseemos. Cuando poseemos a Dios (o creemos poseerlo), lo reducimos a aquella pequeña cosa que conocemos y captamos de él, y lo convertimos en una ídolo… pero si sabemos que no le conocemos y si esperamos que él se nos dé a conocer, entonces somos captados, conocidos y poseídos por Él” (Paúl Tillich).

SUGERENCIAS DE TEMAS PARA LOS MENSAJES DE ADVIENTO:

Primer Domingo: La promesa de Dios para los pueblos. Malaquias 3.1-7b

Segundo Domingo: El Adviento en los mensajes proféticos. Isaías 11.1-10

Tercer Domingo: Preparándonos para el Adviento del Mesías. Lucas 3.4-6

Cuarto Domingo: “He aquí viene tu Salvador”. Isaías 62.11

Con mi afecto y respeto,    

Pastor Alaniz.

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