Integridad, Honestidad, Honra. UMAD Papaloapan

¿Honestidad, integridad u honradez?

Universidad Madero Papaloapan

Por Mtra. María Esther Portillo Luna

Tres valores que suelen tratarse si no de manera igual si muy semejante: Integridad, honestidad y honradez. Si bien se trata de cualidades, virtudes o valores en relación a la perspectiva de abordaje, entender plenamente sus diferencias nos obliga a remitirnos a sus raíces.

Honestidad: respeto a las buenas costumbres, a los principios morales y a los bienes ajenos e implica nuestra relación con otros sujetos.

Integridad: significa totalidad, entereza, intacto, no alcanzado por el mal. Pureza original física o mental. Alguien con un desarrollo sano y equilibrado. Armonizar nuestra palabra y nuestra acción.

Honradez: alude al honor, por tanto al que es digno de respeto por ser leal, recto y obediente y al que sabe honrar.

Hechas estas aclaraciones que delinearán el sentido de este texto, y siendo estas fechas propicias para hacer la siguiente revisión y reflexión.

En nuestro trabajo diario con jóvenes nos ocupamos de sembrar valores que enriquezcan sus vidas, muchos son los programas y líneas de trabajo pero nada más efectivo que la vivencia y como Sistema Educativo Metodista, comprendemos la importancia hoy más que nunca de velar por su observancia.

Actuares sociales generalizados parecieran empujar hacia lo contrario o lo parcial y conductas de honestidad, pueden poner a prueba la integridad por ejemplo, en el mejor de los casos, porque la realidad nos muestra abiertamente conductas populares que se estereotipan como “el que no transa no avanza” por citar algo. Así, el mayor enemigo acecha… la corrupción.

Hoy movimientos generalizados de transparencia y anticorrupción que se hacen presentes ante la necesidad de sanar nuestras conductas morales, y eso es excelente. Sin duda no podemos permanecer impávidos cuando la realidad nos supera y debemos actuar desde los diferentes frentes familia, escuela, iglesia, gobierno y demás instituciones sociales.

Ante acontecimientos de “fuego” (como los recientes sismos) que por un lado mostraron nuestra debilidad y pequeñez como seres humanos, pero que nos fortalecieron en fe al observar renacer prácticas que pusieron en evidencia nuestros valores de integridad y honestidad en la labor pública, social y desinteresada del voluntariado que se entregó a largas jornadas de ayuda para garantizar el bienestar y apoyo a los damnificados, parece sólo necesario fortalecer el concepto de la honra -lealtad, rectitud y obediencia-. Término que parece anticuado, que nos resulta demasiado fuerte y comprometedor, por su falta de uso en tiempos actuales y entre las nuevas generaciones

Pero hoy más que nunca resulta necesario y oportuno, ofrecer nuestra honra a Dios, porque permanece fiel, porque aun en el caos y ante circunstancias que no entendemos del todo nos muestra cuanto nos ama. Porque nuestras instituciones y hogares en pie dan testimonio de su protección y provisión.

Que nuestra honra mayor sea para el Señor, pero que nuestro sentido de honra a nuestros padres, autoridades y jefes se fortalezca, porque en ello radica gran parte de la salud social. Eduquemos para externar adecuada y respetuosamente inquietudes y diferencias, para cumplir compromisos y para obedecer. La obediencia es tal vez hoy más que nunca una virtud muy subjetivada, sólo estamos dispuestos a obedecer o a cumplir, si aquello que se nos ordena o encarga se ajusta a nuestros parámetros de pensamiento y si acaso lo hacemos, es cuando nosotros queremos… un hijo o un colaborar que dice pero o ahorita, es alguien que obedece subjetivamente.

¡Seamos hombres y mujeres de honor, rescatemos el poder y la coherencia de nuestra palabra!