EDITORIAL

1. EditorialEl valor de nuestra Disciplina

(Ante la proximidad de la celebración de la XXIII Conferencia General de la IMMAR, del 18 al 26 de mayo de 2018, en la Ciudad de Querétaro, transcribimos este artículo, de la autoría del Pbro. Bernabé Rendón M., publicado originalmente en un libro).


Contamos con un manual que expresa lo que los metodistas mexicanos queremos juntos. Es un testimonio de nuestro deseo de convivir en armonía, expresión de nuestra voluntad hacia la unidad. En ocasiones no estaremos de acuerdo con alguna de sus cláusulas, pero sabremos que representa el criterio de la mayoría, lo cual nos hará aceptarla dejando de lado la inconformidad. Por madurez cristiana y por simple principio lógico, sabemos que la parte no es más que el todo; así que optamos individualmente por el todo, logrando de este modo convivir con el resto según el consenso, dando lugar a la tolerancia.

Este manual recibió originalmente (en 1930) el nombre de Disciplina, nombre tomado del libro correspondiente de la Iglesia Metodista de los Estados Unidos de Norteamérica. No fue Juan Wesley, sino los metodistas norteamericanos quienes le dieron ese nombre. En 1938, sin embargo, la Iglesia Metodista de México le cambió el nombre por el de Constitución; para luego, en la Conferencia General de 1946, volver de nuevo al nombre de Disciplina, tal como permanece hasta hoy.

Contar con un recurso así es asunto indispensable en toda organización humana saludable. Una agrupación religiosa donde no haya alguna especie de manual de procedimientos, con la pretensión de que sólo así se dará  lugar a la dirección directa del Espíritu Santo, estará condenada al liderazgo unilateral y frecuentemente arbitrario de una a dos personas al frente de ese grupo. Otros peligros que le amenazarían son la improvisación, y la falta de congruencia en el tratamiento de los asuntos cuando éstos se repitieran, lo que desembocaría normalmente en desacuerdos y discordias.

La iglesia cristiana misma, desde su nacimiento, necesitó de un orden básico que estuvo representado por el grupo apostólico que Jesucristo dejó, para dar paso luego a un aumento en el esquema organizacional con la selección de los siete administradores para las mesas en Jerusalén (Hch. 6:1-7). Este pasaje bíblico nos mostrará que ya para entonces debían contar con diáconos para las mesas (v. 2), como con diáconos para la palabra (v. 4). Más tarde, la organización de la iglesia se volvería más compleja (1ª Tm. 3:1-13; 5:1-22) y necesaria (Tit. 1:5). La vida debe ser canalizada ordenadamente para que sea benéfica. La vida sin causes se podría tornar destructiva. De hecho, la vida misma demanda organización. Si hay vida, hay movimiento, y éste exigirá orden. Nuestra Disciplina es la respuesta a esa demanda.

Recordemos, para no tener que ofrecer algunos de los muchos ejemplos que hay, que el Antiguo Testamento también nos presenta la provisión que Dios reveló para la organización de la nación de Israel, incluso con muchos detalles y especificaciones, consistente en normas tanto para el ámbito civil como el religioso y familiar. Así, mediante un proyecto teocrático, el Señor intentaba evitar un desorden como el referido en Jue. 17:6; 21:25, “Cada uno hacía lo que bien le parecía”. Para cualquier agrupación humana sería una maldición tener que convivir del modo que este pasaje describe. En cambio, un Dios sabio y previsor como el nuestro, no podía enviar a su pueblo a poseer el territorio que les había dado, dejando los aspectos de su organización a la suerte de la espontaneidad, sino que le entregó una guía de conducta mejor que la subjetiva tradición oral, una debidamente escrita por mano de Moisés, como lo menciona Dt. 12:1, “Estos son los estatutos y decretos que cuidaréis de poner por obra en la tierra que Jehová el Dios de tus padres te ha dado para que tomes posesión de ella…”

Los metodistas mexicanos no pretendemos equiparar la Disciplina con la Biblia, pues sería no más que una ridícula ocurrencia. La Biblia es la Palabra inmutable de Dios, donde los asuntos eternos nos son revelados mediante la inspiración que un Dios también inmutable concedió a los escritores de ella. Pero la Disciplina, que tiene que ver con el aspecto temporal del Reino de Dios, es perfectible porque es mutable. Desde el año 1930, no hemos celebrado una Conferencia General que no modifique la Disciplina, y estamos seguros que en el futuro no habrá una asamblea legislativa donde no se le hagan todavía más cambios. La razón de esto no es sólo porque la Disciplina sea perfectible, sino por una razón todavía más grande: Porque Dios está con nosotros en cada Conferencia General, pues es invocado sincera e intensamente buscando su guía para que podamos adaptar la Disciplina a las necesidades y realidades cambiantes de la iglesia y del mundo.

Así pues, el motivo principal de los cambios constantes no es la búsqueda de la perfección, sino la adaptación. Los cambios no obedecen a un desacuerdo entre un Dios inmutable y nosotros, sino a los acuerdos que intentamos ir tomando con el Espíritu Santo para que se dé “la remoción de las cosas movibles, como cosas hechas, para que queden las inconmovibles” (He. 12:27). Estamos de acuerdo con esto, y por eso, después de cada reunión legislativa, podemos decir con mucha confianza: “Ha parecido bien al Espíritu Santo y a nosotros…” (Hch. 15:28).

La historia del metodismo original nos da consciencia de que una de las cualidades más importantes de aquel movimiento de renovación inglés fue su genio organizativo. Esta cualidad explica por qué otros movimientos de renovación de la misma época, igualmente genuinos y ardientes, no subsistieron. Nuestra Disciplina actual es una señal de que no hemos perdido ese genio.

Inclusive, recientemente nos sorprendió que cuando el Estado Mexicano, como parte de su plan de modernización, publicó en 1992 la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público, estableció como requisitos para que una agrupación religiosa obtenga el registro constitutivo de Asociación Religiosa, aspectos considerados en nuestra Disciplina desde mucho antes y en el mismo orden.

Por ejemplo, se pidió demostrar el arraigo, cosa prevista en nuestra Síntesis Histórica. Se pidió la enunciación de las bases fundamentales de la doctrina, también previstas en nuestros XXV Artículos de Religión. Se pidió una descripción de los órganos de gobierno, organización interna y normas de disciplina interna; cosas todas previstas y bien explicadas en la Disciplina para esa fecha. Parecía como si la H. Cámara de Diputados estuviera definiendo los requisitos para las A. R. tomando como modelo la Disciplina metodista. No sabemos si fue así; pero si no, por lo menos aceptaremos indiscutiblemente que se trató de una coincidencia. Pero entonces tendremos que decir que para que se diera semejante coincidencia, se necesitó que hayamos trabajado administrativamente bastante bien durante todos los años previos a 1992. Esto significa que para la fecha de la publicación de la citada Ley, teníamos ya los metodistas un libro de lo mejor en su género.

  • Tomado de:

Libro Conmemorativo, 75 Años de Vida Autónoma de la IMMAR, 1930-2005

Varios autores, CUPSA, Ciudad de México, 2005, pág. 252-254. 

bernabe-rendon 

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