EDITORIAL

1. EditorialLa libertad

“Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado. Y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí queda para siempre. Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres” (Juan 8:34-36).

“Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad” (Tes.2:12b. 13).

Los mexicanos recordamos en septiembre la gesta de Independencia iniciada en 1810 para conseguir la emancipación de España, dominación que duró 3 siglos bajo un yugo que marcó nuestra cultura, nuestra historia, nuestra vida social pero, sobre todo, nuestro ser individual, nuestra conciencia y nuestra actitud ante la vida y ante nosotros mismos.

La libertad es un bien atesorado por todos los pueblos de la Tierra, desde épocas inmemoriales. Es lo que nos permite llegar a la plenitud en todos los aspectos y cumplir nuestros más altos anhelos. En lo personal, en lo familiar, en lo comunitario. Nos da sentido, rumbo y nos permite soñar, trascender y concretar metas. Nos permite decidir nuestro propio destino.

El proceso histórico de la “Independencia de México” ha sido largo y complicado. Desde la independencia política de España iniciada en 1810 en un conflicto que desgarró al país y que fue iniciado por un grupo de criollos, mestizos acomodados y una multitud de indígenas que luchaban por sus derechos básicos ante una explotación que consumía sus vidas de manera inexorable. Ese mismo conflicto, que terminó “consumado” en 1821 por un oportunista general realista como Iturbide, asociado con el líder guerrillero Vicente Guerrero, ante un gobierno que se desmoronaba por la debilidad propia de la España que luchaba por su propia independencia ante el poder napoleónico. Un proceso que continuó todavía muchas décadas y que apenas permitió la consolidación política de nuestro país como República con la genial y liberal Constitución de 1857, pero que tuvo que sufrir constantes agresiones de las potencias mundiales de aquellos tiempos con las intervenciones estadounidense de 1846-1848 y la francesa de 1862-1867. Este proceso de lucha por la libertad continuó en el siglo XX para quitarnos ataduras ante regímenes paternalistas y, en no pocas ocasiones, autoritarios e insensibles ante los reclamos de justicia del pueblo.

Nuestra cultura ha sido influenciada por este proceso histórico en el que hemos sido esclavizados espiritualmente para delegar nuestras obligaciones en otros. El “echar la culpa a otro”, el tener un “pretexto”, el ser impuntuales, el hacer el trabajo a medias, el no hacernos responsables de nuestra propia salvación porque tenemos “una madre que nos ayuda siempre”, todo eso es muy mexicano. Esa cultura de la irresponsabilidad nos ha  llevado a ser reconocidos a nivel mundial como una sociedad en la que la corrupción es norma, donde la mentira puede ser “blanca e inocente” y en donde el que “no transa no avanza”.

Cuando Jesús habla de libertad, de la verdadera libertad, se refiere a la liberación de una esclavitud mucho más cotidiana: la esclavitud ante el pecado. No desdeña la libertad política, pero la pone en su justa dimensión. Si buscamos primero el Reino de Dios y su justicia, lo de más viene por añadidura. Pero el Reino se comienza a construir desde la conciencia del individuo desde donde el Hijo está presto a liberarnos, pero la decisión es nuestra. La corrupción comienza y termina en nuestros corazones. Las sociedades corruptas no las hacen los gobiernos corruptos, las hacen los individuos corruptos. Los gobiernos, muchas veces, son el reflejo de sus pueblos.

Reflexionemos en estas fechas que más de celebración, son una conmemoración de la lucha por la verdadera libertad. La libertad que nos hace responsables, en lo individual y en lo comunitario. Si queremos hacer de México una nación verdaderamente libres debemos trabajar, primero, por una transformación del individuo en la que se haga responsable de su propia salvación, mediante la conciencia de su propia esclavitud personal. Y después, que se convierta en agente de la construcción de ese Reino prometido en el que los valores de la solidaridad, la justicia y el amor por el prójimo sean las características tangibles de su actuar.

Permanezcamos en Su palabra y seremos verdaderamente libres.

Martin Larios Osorio

martin larios

2 comentarios sobre “EDITORIAL

  1. Buen tema, felicidades. Siendo exactos, no es posible determinar si la falta de libertad individual influye en la falta de libertad social, o si es al revés. La verdad es que los ámbitos personal y social se influencian entre sí para crear un círculo vicioso. Dios quiera que la intención de nuestro Presidente Electo de propiciar estructuras sociales menos opresivas se encuentre con la voluntad de cada mexicano de ser libre (en el caso de los cristianos, la libertad en Cristo), de modo que podamos crear un círculo virtuoso, uno que resulte en un México más bendecido por nuestro Dios.

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