Voz Episcopal – A un Año de los Sismos 19/Sep

8. Voz episcopal - A un año de los sismos 19 sepA un año del sismo que fracturó nuestras comunidades

Discurso pronunciado por el Dr. Moisés Morales Granados, Obispo de la Iglesia Metodista en la Conferencia Anual de México, el 19 de septiembre de 2018 con motivo del Día Internacional por la Paz en el mundo


Estimadas hermanas y estimados hermanos, todos unidos hoy bajo el signo de la Vida,

El salmista preguntó: “Si fueren destruidos los fundamentos, ¿Qué ha de hacer el justo?” (Sal. 11.9). Hoy, al recordar cómo fueron removidos los cimientos de la tierra en esta ciudad y buena parte de nuestro país, también nos preguntamos por la justicia y la paz. Hace un año, lo mismo que hace 33 también la tierra se cimbró y vimos como grandes edificios quedaron en ruinas, nos enteramos de la muerte de muchas personas y fuimos impactados cuando el ruido se mezcló con el silencio. El atroz movimiento de la tierra no sólo causó lo anterior, también reveló escandalosas verdades: el poder de la corrupción, de la ilegalidad y de la ganancia económica estaban por encima de la seguridad y la vida de quienes habitaban o trabajaban en los edificios colapsados. La riqueza de unos fue el ataúd de decenas o cientos.

Tales eventos han sido metáfora para revelar cómo algunos injustos condenan a muerte a muchos. Los poderes económicos y políticos corruptos requieren de víctimas que vivan en precariedad para que unos pocos puedan gozar de grandes privilegios. El mundo ha sido dividido entre vidas que no merecen ser lloradas y vidas blindadas; entre existencias que pasan invisibles y otras que reciben toda la atención; entre comunidades que son desplazadas y obligadas a vivir en miseria y grupos que lo tienen todo. Los fundamentos de la humanidad llevan mucho tiempo bajo un continuo sismo: un perpetuo terremoto que toma la vida de millones. Cuando los fundamentos se mueven, cuando los cimientos de la vida se convulsionan, entonces se sabe que la vida de muchos es dejada en abandono.

En medio de ese terremoto perpetuo estamos las mujeres y hombres de buena voluntad provenientes de diferentes tradiciones y contextos, pero que nos unimos bajo el signo de la Vida. Hemos comprendido que en medio de nuestra diversidad nuestro mayor compromiso es con la vida, en especial con la que está condenada por los poderes de la muerte. Mujeres y hombres de tan diversas y amadas tradiciones nos unimos bajo el signo de la Luz para poder iluminar un mundo que está sumergido en las tinieblas del egoísmo, la injusticia y la violencia.

Frente a la precariedad de la vida, ese frágil evento que sucede entre respiraciones y parpadeos, todas y todos nos descubrimos como hermanos: una misma familia que camina unida en el peregrinar de nuestro tiempo. Juntos, bajo el signo de la Vida y de la Luz, hemos de descubrir que la justicia es el cuidado mutuo y la abogacía por las causas de quienes son violentados; juntos hemos de encontrar que nuestras sabidurías son verdadera riqueza para un mundo marcado por la bestia del consumo; juntos hemos de revelar que la paz sólo puede ser resultado de la realización cotidiana de la justicia.

Hace un año los cimientos de la tierra se movieron y hace siglos que los fundamentos de la justicia se tambalean cada vez con mayor fuerza. Hace 33 años también descubrimos que frente al poder de la tierra somos frágiles, sea cual fuere nuestra espiritualidad y posición social. Sin embargo, hay esperanza, la cual no está depositada en los grandes poderes, sino en la férrea voluntad de la gente por vivir. Así como hace 33 años unos bebés fueron sacados de las ruinas de un hospital y ahora viven, así hemos de seguir luchando contra todo pronósticos y con toda determinación para encontrar esperanza y vida, aún en medio de los escombros de una sociedad violentada. La encomienda no es fácil, pero hemos de realizarla con corazones renovados y manos unidas, con nuevas fuerzas y esperanza, con tenacidad y con amor hacia la creación. Estamos juntos en un viaje que nos requiere mantenernos como familia, aprendiendo y enseñando juntos, en la construcción de un mundo en el que quepan todos los mundos.

Que la fuente de la Vida nos permita existir en plenitud.

¡Gloria por siempre a Cristo! Amén.

moises morales granados