EDITORIAL

Tiempo de paz y amor

“Más el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho. La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” (Juan 14:26-27).

Hace poco más de 100 años el mundo se encontraba convulsionado por el término de una las guerras más destructivas y nefastas en la historia de la humanidad: la Primera Guerra Mundial. Si bien, este conflicto se verificó en suelo europeo, las consecuencias políticas, económicas y sociales repercutieron en todo el planeta.

El anhelo de paz provocado entonces por el caos circundante nos recuerda que el motivo de la temporada navideña es el amor de Dios que se manifestó en el nacimiento de Jesús. Ese amor transforma corazones, vidas y sociedades. En épocas de angustia Dios derrama de su Espíritu para hablar a nuestra conciencia sobre ello. Sin miedo, sin angustias y en completa paz. Hoy es tiempo de paz, porque el fruto del amor es la paz.

Desde los ámbitos más personales e íntimos, hasta la esfera del quehacer mundial, vivimos llenos de noticias de conflicto, intolerancia, discriminación, odios y exclusión. Pero siempre tenemos alguien con quien compartir el amor de nuestro Señor. En esta edición compartimos diversos testimonios de que es más bienaventurado dar que recibir en los diferentes ministerios de la Iglesia Metodista de México, a lo largo y ancho de nuestra Patria. Nuestro prójimo está más próximo de lo que a veces pensamos. Lo tenemos a lado y, a veces, no nos damos cuenta.

Recordamos nuevamente y como cada temporada navideña, que la razón de la celebración es Jesús ya que por Él recibimos la gracia y la verdad (Jn. 1:17). Proclamamos que la verdadera transformación de México y del mundo se logrará sólo a través de Cristo, manifestado en el amor que profesan y demuestran sus verdaderos discípulos: aquellos que permanecen en Él y en sus mandamientos.

Es mi deseo y de todo el equipo de redacción del Evangelista Mexicano que esta temporada sea un recordatorio de nuestro compromiso para vivir una vida en Jesucristo como fruto de una fe viva, no escenificada. Que el amor y la paz de Jesucristo reine en tu corazón, querido lector, en esta Navidad y siempre.

Martín Larios Osorio