“Noches De Paz” Durante la Primera Guerra Mundial

“Noches De Paz” durante la Primera Guerra Mundial

Alan Sánchez Cruz
Diciembre de 2018

Llegó diciembre, el mes que, para muchos, significa la mejor época del año; con sus luces y regalos, en este mes repasamos los momentos buenos y malos de un ciclo que termina. El pueblo evangélico tiene, además, un motivo de celebración en el amor de Dios que se manifestó en el nacimiento de Jesús. Claro, no fue en diciembre; aunque, es una conmemoración simbólica que permite a dicho pueblo recordar “que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores”[1] , según lo expresaba el apóstol Pablo a Timoteo.

La témpora de Adviento y Navidad alegra nuestras reuniones como Iglesia, pues nos posibilita entonar himnos y/o villancicos entrañables como “Venid, fieles todos”, de John Frances Wade; “Oíd un son en alta esfera”, de Charles Wesley; “Ángeles cantando están”, villancico francés del siglo XVIII; y el himno por excelencia: “¡Noche de paz, noche de amor!”, con letra de Joseph Mohr y música de Franz Grüber; entre otros. Hay dos detalles que hacen especial a Noche de paz en estas fechas: el primero tiene que ver con la composición del himno, y, el segundo, es una historia que se cuenta al inicio de la Primera Guerra Mundial.

El último himno al que nos hemos referido tiene su origen en Alemania. Cecilio McConnell, estudioso de los cantos evangélicos, narra la historia de esta manera:

En la Noche Buena de 1818, JOSÉ MOHR (1792-1848), pastor ayudante de una iglesia católica del sur de Alemania, fue a una velada en la escuela donde era profesor su amigo FRANZ GRÜBER (1787-1863). Mientras preparaban algunos de los números, Mohr se retiró brevemente y cuando después fue llamado a la sala para la repartición de los regalos, llevó consigo un papel doblado como un regalo para Grüber. Al abrirlo éste, leyó en voz alta la poesía que ahora es mundialmente famosa. Después, Mohr se retiró a su habitación y, pasados algunos minutos, se sorprendió al oír cantar su letra con una hermosa melodía. Salió para agradecer a su amigo por ello y Grüber le saludó: “¿No es cierto que el cántico ha llegado a ser una bonita melodía? No se pudo hacer otra cosa que cantar tu hermoso cántico. La entonación me vino de improviso y mientras tú estabas afuera, la toqué para mis amigos STRASSER, y juntos la compusimos”. Entonces, el autor de la letra y el compositor de la tonada cantaron el himno, llevando Mohr la melodía y tocando la guitarra, y Grüber cantando el bajo [2].

María E. Ewing narra la historia un tanto distinta, y la extiende. Según ella, pasaría un año para que el himno comenzara a distribuirse pues, durante 1818, la poesía quedó casi olvidada en el escritorio de Grüber. Fue hasta que Mohr llegó a su propia casa que “oyó su poesía cantada con una melodía bonita”; presumiblemente, su amigo y algunos más estaban frente a su casa entonándola. Era 1819 y el órgano de una de las iglesias rurales que Mohr atendía estaba descompuesto. En noviembre

[…] llegó un maestro para componer el órgano; invitó a Gruber [sic] a tocar algo para probarlo, después de su trabajo. Gruber tocó la melodía de “Noche de Paz”. El organista estaba tan encantado con la música y la letra que llevó una copia cuando regresó a su pueblo. Allá vivían las cuatro hermanas Strasser que formaron un cuarteto que daba conciertos en toda Alemania [3].

Las hermanas agregaron Noche de paz a su repertorio, y así se comenzó a cantar cada vez en más lugares. 1842 es el año en que fue impreso por primera ocasión, con el título de “Canto de Tirol”.

Es 1914, en México continúa la Revolución y en Europa se dirime el dominio del mundo. A pesar de las marcadas diferencias entre ambas guerras, “hay quien se empeña en argumentar que el general en jefe del bando vencedor en nuestra guerra civil asimiló correctamente las lecciones de la guerra europea, y el general en jefe del ejército vencido no entendió ni esas enseñanzas” [4], ya que su horizonte cultural fue rebasado. Pedro Salmerón Sanginés manifiesta que, aunque las dos guerras -de magnitudes dispares- se llevaban a cabo prácticamente al mismo tiempo, no hay comparación entre una y otra, considerando las diferencias en el número de muertos, sus tácticas bélicas, etc.

En Europa, el pretexto para el enfrentamiento entre la Triple Entente (Rusia, Francia y Reino Unido) y la Triple Alianza (Alemania, Imperio austro-húngaro e Italia, aunque Italia se pasó al bando contrario en 1915) fue el asesinato del archiduque Francisco Fernando, heredero al trono del Imperio austro-húngaro, en Serbia. Dicho Imperio le declaró la guerra a Serbia; guerra que se fue extendiendo poco a poco. Durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918), casi ochenta millones de personas sufrieron el azote de este enfrentamiento bélico. Aproximadamente diez millones de soldados fueron asesinados, o bien consumidos por el hambre y epidemias. Una guerra que inició ante el rechazo del imperialismo, con las grandes potencias hostigando los territorios donde, se decía, no había llegado la civilización, para tomar sus riquezas, esperaba su pronta culminación.

Todos pensaban que sería una [sic] conflicto bélico corto, que terminaría para la Navidad de 1914. Los primeros en entrar en acción fueron los alemanes, quienes emplazaron a Bélgica -país neutral- a facilitarles el paso por su territorio. Tenían el indisimulable propósito de cargar contra los franceses, conscientes de la necesidad de liquidar el problema con premura porque la reacción de Rusia también estaba en el presupuesto. Los alemanes sabían que sus posibilidades de librar con éxito una guerra prolongada (…) eran muy escasas [5].

El final tardó cuatro años en llegar, al ganar la Triple Entente y firmarse el tratado de Versalles, un año después. Sin embargo, lo que se desea destacar es lo sucedido el mismo año en que dio inicio la Guerra, y que vincula a ésta con nuestro himno.

El soldado Williams Graham, de la infantería británica que estaba desplegada a lo largo de 50 kilómetros en la frontera de Francia con Bélgica, cuenta en sus memorias un hecho singular en el crepúsculo del 24 de diciembre de 1914. Tenía semanas en una trinchera llena de lodo que le llegaba casi a las rodillas, por las lluvias. Sin percibir señales de vida, cuenta que, de repente, “empezaron a prenderse luces a lo largo del parapeto alemán. ¡Se veían árboles de Navidad improvisados, adornados con velas que se consumían lentamente en el aire glacial!” [6]. Continúa relatando sus memorias:

Luego los de enfrente empezaron a cantar ‘Stille Nacht, Heilige Nacht’. Era la primera vez que yo oía esa canción navideña. Cuando acabaron pensamos que debíamos responderles. Entonces cantamos ‘The First Nowell’. Cuando terminamos aplaudieron y siguieron con una de sus canciones favoritas ‘O Tannenbaum’. Y eso continuó. Los alemanes cantaban una de sus canciones, nosotros una de las nuestras, hasta que entonamos ‘O Come All Ye Faithful’. Finalmente los alemanes cantaron con nosotros el himno ‘Adeste Fideles’ en latín. En ese momento me dije: ‘Vamos, es realmente una cosa extraordinaria: dos naciones enemigas cantan la misma canción de Navidad en plena guerra’ [7].

Así es, el himno al que Williams Graham hace referencia al inicio de su relato es el que conocemos como “¡Noche de paz, noche de amor!”, y sirvió, con los otros cantos, como un aliciente para los soldados mientras terminaba el combate. La película Joyeux Noël -de 2005, dirigida por Christian Carion y nominada al Premio de la Academia, al Golden Globe y a un Premio BAFTA como Mejor Película Extranjera- da fe de ello. Además de entonar aquellos cantos juntos -y, puesto que gestos similares tuvieron lugar en otros frentes-, compartieron bebidas, boinas de lana tejidas, vino, pan, jamón y tabaco. En algunos lugares incluso se jugó fútbol (foot-ball o fußball, por el contexto).

Aquellos gestos hacían ver a los soldados que en ambos bandos se padecía lo mismo: temor en quienes fueron obligados a enlistarse en sus respectivos ejércitos contra su voluntad; miseria; añoranza por regresar a casa y encontrarse con sus familiares; deseo desesperado por la paz. La jerarquía militar, al tener conocimiento de los “contactos pacíficos” entre adversarios, optó por represalias, tomando tales contactos por traición. No obstante, los gestos de paz continuaron hasta que el conflicto terminó.

Es oportuno mencionar que, en otra expresión del arte como lo es la música, Paul McCartney compuso la canción Pipes of peace, en 1983 (aparece en el álbum del mismo nombre). El videoclip de esta canción está inspirado en uno de los tantos acercamientos pacíficos que se dieron a partir de la Navidad de 1914. Su coro dice: “Ayudémosles a aprender canciones de alegría en lugar de ‘Quema, bebé, quema’. Vamos a mostrarles cómo fumar las pipas de la paz”.

Por último, si quienes narran la Historia no nos mienten, este año (2018) se cumplen dos siglos del génesis de uno de los himnos más queridos del pueblo evangélico en el mundo y los primeros cien años del final de aquella que fue conocida como La Gran Guerra. Ha de ser el deseo del pueblo evangélico que haya más noches de paz y de amor en el orbe, sumándose a los esfuerzos para que esto suceda, en el lugar donde cada quien se encuentra hoy.

NOTAS

[1] 1 Timoteo 1:15 RVR 1960

[2] Cecilio McConnell, La historia del himno en castellano (Chile, Casa Bautista de Publicaciones, Segunda edición: 1968), 91-92.

[3] María E. Ewing, Historias de grandes himnos (México, CUPSA, Segunda edición: 1993), 61.

[4] Pedro Salmerón, 1915: México en guerra (México, Planeta, 2015), 320.

[5] Historia Universal Visor (Argentina, Visor Enciclopedias Audiovisuales, 2000); Tomo 7, 64.

[6] “Hermandad en las trincheras”, texto de Anne Marie Mergier para la edición de PROCESO La Gran Guerra. 1914-1918; Especial; Año 37 (México, Proceso, 2014), 32.

[7] “Hermandad en trincheras”; Op. Cit., 33.