Día: 31 de diciembre de 2018

EDITORIAL

El año de Gracia del Señor: 2019

“En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros”.

Jn. 13:35.

Ante el inminente inicio de 2019, es necesario recordar que es tiempo de la Gracia del Señor. Siempre lo es y siempre lo será. El espíritu de Dios se mueve en todo el mundo, pero especialmente en nuestro querido México. La oportunidad de servir al prójimo con amor siempre está a la puerta, pero se hace más palpable con el inicio de este nuevo año.

El metodismo, a lo largo de su historia, se ha significado por la difusión de esa Gracia. Pero no sólo en una difusión como propaganda proselitista, sino sobre todo educando como una forma de vida en santidad. La gracia que se da sólo en el auténtico conocimiento de la verdadera naturaleza del sacrificio salvífico de Cristo, siguiendo su modelo pedagógico basado en el discipulado fructífero a través del amor a nuestros semejantes.

Es por ello, que como parte del impulso misionero original, la Iglesia Metodista de México siempre impulsó a las escuelas dominicales como instrumento de transformación. Sus orígenes se remontan a la segunda mitad del siglo XVIII, cuando, durante la Revolución Industrial en Inglaterra, los domingos se sacaba de la calle a los niños que trabajaban durante la semana para alfabetizarlos y socializarlos a través de la Biblia y la educación cristiana. Siempre combatiendo las tendencias enajenantes y ultramundanas que aquejan a buena parte del cristianismo, sobre todo latinoamericano. Esa realidad sigue vigente en nuestros días, sin lugar a dudas.

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Navidad y Fin de Año 2018

CARTA PASTORAL
Navidad y Fin de Año 2018

“Dios nos ama tanto, que desde el cielo nos envió un Salvador, como si fuera el sol de un nuevo día. Él salvará a los que viven en peligro de muerte. Será como una luz que alumbra en la oscuridad, y guiará nuestros pasos por el camino de la paz” (Lucas 1: 78b -79)

A todo el pueblo metodista, a cada congregación y a todos los pastores y pastoras de la Conferencia Anual de México.

Gracia y Paz.

Aprovechando el ambiente salvífico que nos trae la Navidad les acerco el siguiente mensaje:

La espera del tiempo nuevo no es una actitud pasiva, ya que la esperanza escatológica se alimenta de las acciones concretas que anticipan el mundo justo que soñamos. Por lo tanto, debemos tener presente que el Adviento apunta hacia el carácter misionero de la Iglesia: en tanto celebra la encarnación de Cristo y aguarda su regreso, es necesario actuar como-si-ya el horizonte escatológico hubiera llegado.

El capítulo nueve del libro del profeta Isaías identifica con especial referencia a las tierras de Zabulón y Neftalí -Galilea de los gentiles-, marcadas por la aflicción, en contraste con la luz que después sobrevendrá. La oscuridad de Galilea, tierra despreciada y violentada, es símbolo de las tinieblas que hoy se ciernen sobre nuestro país, con sus pueblos y ciudades llenos de pobreza y violencia. La venida del Señor Jesús trajo una gran luz a este mundo oscuro. Sabemos que la luz que Jesús da es la luz de la vida, que nos enseña como andar y nos fortalece para lograrlo.

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Misión en la Tradición Wesleyana

La misión de la Iglesia en la tradición Wesleyana

Conferencia presentada en el curso avanzado de los pastores de la Iglesia Metodista Unida en Honduras por el Pbro. Basilio Filemón Herrera López, director del Seminario Metodista Dr. Gonzalo Baéz Camargo de la Cd. de México.

Pbro. Basilio Filemón Herrera López

1. PENSAMIENTO Y ACCIÓN SOBRE LA MISIÓN DE LA IGLESIA EN EL REV. JUAN WESLEY Y LOS METODISTAS
Estamos enfrentando como humanidad situaciones dolorosas como la migración, la pobreza, la corrupción, la desintegración familiar, el hambre, la violencia, la explotación sexual etc., Y la Iglesia de Cristo, parte de esta humanidad tiene la posibilidad de incidir en la solución de las situaciones dolorosas, la transformación de la sociedad y la eliminación de toda situación o práctica que denigra a los seres humanos.

Los metodistas como parte de la Iglesia de Cristo y herederos del pensamiento de Juan Wesley, debemos reflexionar, analizar, dialogar y definir nuestra misión en el mundo. Justo L. González escribió:

“Si Wesley y su teología tienen algo positivo que contribuir a la vida y esperanza de nuestra América, y de la iglesia dentro de ella, un redescubrimiento de la teología de Wesley tiene ya disponibles canales naturales por los cuales esos elementos benéficos podrían fluir. Y lo contrario es igualmente cierto: si las tendencias enajenantes y ultramundanas que aquejan a buena parte del cristianismo latinoamericano nos vienen de Wesley y su teología, probablemente lo mejor será olvidarnos de Wesley, y dejar que sus escritos acumulen polvo en los estantes de nuestras bibliotecas”.

González, Justo. “Juan Wesley. Desafío para nuestro siglo”. FAIE-La Aurora.

Estoy convencido que la teología de Juan Wesley por cuanto surgió de la reflexión bíblico – teológica tiene mucho que contribuir a la vida y esperanza del mundo, pero solo será posible si desempolvamos los escritos de Juan Wesley, redescubrimos su teología bíblica y reformulamos la praxis en nuestro contexto para seguir realizando la misión de Dios.

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Sorderas del Alma

Sorderas del alma

El seguidor del Maestro, no puede tener un alma sorda, ni unas manos insolidarias, ni unos pies que no estén prestos a acudir allí donde se da ese grito.

Juan Simarro

Se ha dicho que el dolor es el “megáfono de Dios”, un grito que se expande por el mundo desde aquellos momentos del Edén. Muchos dolores, muchos gritos que surgen sin cesar en medio de un mundo doliente. Yo, estando de acuerdo con esto, veo y oigo muchos otros gritos que, quizás, también están siendo aumentados por el “megáfono de Dios”, y ante los cuales muchas veces nos hacemos los sordos, aunque se expresen con tanta fuerza que parecen querer romper nuestros tímpanos, al menos los “tímpanos” del alma.

¿Quién no oye el grito de los pobres? ¿No es, acaso, un grito también ampliado por el megáfono de Dios y ante el cual, desgraciadamente, nos hacemos los sordos? ¿Hay sorderas del alma, del corazón, de la sensibilidad? Los pobres, los oprimidos, los débiles del mundo, los explotados, vejados, humillados y ofendidos. ¿No están, acaso, en el centro de la sensibilidad de Dios? ¿No son citados como destinatarios específicos del Evangelio? ¡Cómo no va a estar su grito amplificado por el “megáfono de Dios!

Quizás es que el alma tiene una sordera selectiva. Quiere escuchar algunos de los gritos amplificados por Dios, pero otros no. Parece que donde la conciencia se endurece hasta quedar sorda, es ante ese gran escándalo humano que es la pobreza en el mundo, la opresión, el despojo de los débiles, el abandono de más de media humanidad. Señor, ¿dónde está tu grito?

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En Nuestro Lugar

En nuestro lugar

La pregunta de por qué murió Jesús es, sin embargo, central para entender el cristianismo. Es más, no comprendemos a Cristo si no entendemos su cruz.

José de Segovia

La Iglesia, desde los primeros siglos, ha mantenido que un Cristo menos que humano no podría ser el Salvador de los seres humanos.

A muchos nos gusta la Navidad porque es una historia hermosa que nos hace revivir recuerdos nostálgicos, la alegría de la infancia y el ideal de paz en la tierra. En la cruz, sin embargo, no hay nada atractivo. Muchos la utilizan como elemento decorativo, pero no deja de ser un patíbulo. Es un instrumento de ejecución, que produce una muerte horrible, cruel y sangrienta. Algo que no sólo resulta incomprensible, sino desagradable, totalmente repulsivo.

La pregunta de por qué murió Jesús es, sin embargo, central para entender el cristianismo. Es más, no comprendemos a Cristo si no entendemos su cruz. Es algo más que un símbolo. En ella está el corazón del Evangelio. En primer lugar, nos preguntamos qué queremos decir cuando hablamos del “sacrificio vicario del Hijo de Dios encarnado”.

Para entender lo que esto significa, tenemos que darnos cuenta de que estamos ante la pregunta que tanta gente se hace, cuando se le presenta la fe cristiana: ¿cómo puede ayudarnos hoy la muerte de un hombre hace dos mil años? Todos admiramos a personas que sufren incomprensión, traición y muerte, por fidelidad a una buena causa. Podemos aceptar la cruz como un noble acto de autosacrificio, pero ¿qué es eso de un sacrificio vicario? Y ¿por qué del Hijo de Dios? ¿No basta que sea simplemente un hombre?
La muerte de Jesús no es sólo un buen ejemplo, sino el pago de la deuda que costaba nuestro rescate.

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Es Tiempo de la Gracia

Es tiempo de la Gracia

Dr. Ernesto Contreras Pulido

¡Qué bendición es ser cristianos! Salvos de la eterna condenación, libres de la esclavitud del pecado, y herederos de todas las promesas eternas que Dios ofrece a sus hijos gratuitamente. Y todo, sólo porque la Biblia dice que Cristo nos amó y se entregó a sí mismo por nosotros, derramado su preciosísima sangre, al morir sacrificado en forma cruel, con sus manos y pies horadados y clavados en la cruz del monte Calvario, para después resucitar, venciendo la muerte, y garantizando así que el que en Él cree, aunque esté muerto vivirá.

Dios en la Biblia dice: Porque ciertamente todos los sacerdotes de antaño, estaban día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca podían quitar los pecados, pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, de ahí en adelante, esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies. Porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados. Y lo mismo atestigua el Espíritu Santo, que añade: Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones, pues donde hay remisión de pecados, no hay necesidad de más ofrendas por el pecado.

Dios dice que por ello, Jesucristo es el Testigo Fiel, el Primogénito de los Muertos (el primero de los humanos engendrados que resucitó con cuerpo glorificado), y el Soberano de los reyes de la tierra que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre, y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre. Por tal amor con que nos amó, ¡A Él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos! Amén (Ap. 1:5, 6).

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¿Qué Debe Contener la Predicación Wesleyana?

¿Qué debe contener la predicación de quienes se apellidan herederos de la tradición wesleyana?

Miguel Ulloa Moscoso *

Los Artículos de fe de la tradición metodista declaran: La Iglesia visible de Cristo es una congregación de fieles en la cual se Predica la palabra pura de Dios, y se administran debidamente los sacramentos (Artículo XIII. De la Iglesia) Bajo esta definición de iglesia, el metodismo histórico y el pentecostalismo tradicional, en alguna de sus expresiones, ha definido el sentido protestante de la Palabra, que en el caso wesleyano, siendo fieles a la tradición anglicana, está en una relación directa con los Sacramentos.

La tradición reformada, específicamente en Calvino, pondrá especial sentido en la predicación de la Palabra, por ello el púlpito pasó a ser el centro del altar protestante en las reformas litúrgicas que impulsó el calvinismo y otros movimientos. A diferencia de los sacramentos donde las iglesias han establecido rituales y formulas específicas de acuerdo a sus énfasis doctrinales, la predicación ha quedado a la libre interpretación y revelación de quien “expone la palabra”. En muchos casos, la predicación cristiana evangélica tradicional, invoca fuertemente al llamado a la experiencia de Dios, al cambio de vida, a dejar el pecado, e incluso el normar algunas conductas amparadas en la sana doctrina y en la “correcta interpretación de la palabra”. Estos asuntos son expresiones nacidas en el contexto de la reforma y la declaración de la Sola Escritura.

Versando a Karl Barth, en su obra “Introducción a la Teología Evangélica”, él menciona que el conflicto se genera en que no toda predicación protestante de por sí es predicación evangélica. A propósito de esto, la predicación de Juan Wesley y los primeros predicadores/as laicos/as del naciente movimiento metodista tenía como propósito primero llamar a los oyentes al arrepentimiento y a que las personas creyeran en Jesús.

Ante esta última declaración, es necesario recoger y releer el sentido que tomó la predicación wesleyana en su momento de origen, a lo menos podemos identificar, siete conceptos que no deberían estar ausentes en un púlpito de una iglesia metodista o de tradición wesleyana.

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