Navidad y Fin de Año 2018

CARTA PASTORAL
Navidad y Fin de Año 2018

“Dios nos ama tanto, que desde el cielo nos envió un Salvador, como si fuera el sol de un nuevo día. Él salvará a los que viven en peligro de muerte. Será como una luz que alumbra en la oscuridad, y guiará nuestros pasos por el camino de la paz” (Lucas 1: 78b -79)

A todo el pueblo metodista, a cada congregación y a todos los pastores y pastoras de la Conferencia Anual de México.

Gracia y Paz.

Aprovechando el ambiente salvífico que nos trae la Navidad les acerco el siguiente mensaje:

La espera del tiempo nuevo no es una actitud pasiva, ya que la esperanza escatológica se alimenta de las acciones concretas que anticipan el mundo justo que soñamos. Por lo tanto, debemos tener presente que el Adviento apunta hacia el carácter misionero de la Iglesia: en tanto celebra la encarnación de Cristo y aguarda su regreso, es necesario actuar como-si-ya el horizonte escatológico hubiera llegado.

El capítulo nueve del libro del profeta Isaías identifica con especial referencia a las tierras de Zabulón y Neftalí -Galilea de los gentiles-, marcadas por la aflicción, en contraste con la luz que después sobrevendrá. La oscuridad de Galilea, tierra despreciada y violentada, es símbolo de las tinieblas que hoy se ciernen sobre nuestro país, con sus pueblos y ciudades llenos de pobreza y violencia. La venida del Señor Jesús trajo una gran luz a este mundo oscuro. Sabemos que la luz que Jesús da es la luz de la vida, que nos enseña como andar y nos fortalece para lograrlo.

El niño de Belén es el centro de la luz que vino al mundo como el Sol de justicia. Dios no llega como gran conquistador y gobernante, lo cual sería reflejo de nuestras aspiraciones, sino en la forma de un bebé. El pequeñito de Belén es la inesperada revelación de Dios: vulnerable, necesitado de los demás, tierno. En esa vulnerabilidad está su fortaleza y su gloria, pues Dios ha decidido volverse humano.

Dos milenios después, en la esperanza del Apocalipsis, esperamos la irrupción del Señor frente a la maldad y sus representantes. Mientras lo hacemos, recordamos que una noche el mundo se iluminó con la llegada del Príncipe de la paz, por lo que soñamos y trabajamos teniendo presente que:

Navidad es presencia de la luz en nuestra historia como la aurora. En una paradoja, nuestro mundo sigue siendo inundado por la oscuridad de la injusticia y la violencia, provocando daños que ponen en riesgo la vida de la creación. Con todo, esa Luz llega hasta nuestra vida para ser nuestra referencia y poder caminar en las incertidumbres de nuestro tiempo. Esa luz de Navidad es el símbolo del “Dios con nosotros”, del Cristo que es por-mí, por-nosotras, por-nosotros.

Navidad es abrir los brazos para hospedar. En estos tiempos donde a todo extraño se le convierte en enemigo, el misterio de Navidad habla del Dios que acompaña a quienes viven en soledad y tristeza. Navidad recuerda la responsabilidad de la Iglesia frente a las vidas que sufren el desprecio y el abandono, ya sea quienes sobreviven en precariedad económica o quienes son relegados a las salas y recámaras de las casas por su edad o discapacidad.

Navidad es el misterio de Dios que se vuelve humano, demasiado humano. Se vacía en el cuerpo para habitar entre su creación. Su humanidad le hizo vulnerable, pero en amor prefirió la fragilidad humana a la gloria celestial. El ser humano ha sido enseñado para buscar la grandeza y el poder, la mayor de las veces a costa de quienes son más débiles y no pueden competir. El Dios encarnado en Jesucristo -el Dios-Bebé- nos exhorta a voltear hacia los lugares y las personas que se han convertido en invisibles a los poderosos de este tiempo. Ahí, en lo precario, sigue naciendo Jesucristo.

Navidad es el milagro de amor de un Dios que es infinito y se hace niño indefenso. Es entonces el encuentro entre lo inmenso y lo pequeño, entre el Omnipotente y la debilidad. Navidad es creer en la vida porque Dios ha apostado por ella. Navidad es alegrarse y asociarse al canto de los ángeles que decía “Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres”.

Al celebrar como comunidad creyente, unamos nuestras voces para proclamar la alegría que invade los corazones de toda persona que confía en el amor de Dios. Ese amor pleno y transformador nos ha de sustentar en nuestro peregrinar y así lograr nuestra vocación: ser pueblo que imite a Dios como sus hijas e hijos.

Amada Iglesia: que vuestra esperanza sea renovada y que la alegría de saber que “Dios con nosotros” nos acompaña nos devuelva la pasión y el gusto de ser y vivir cristianamente.

¡Feliz Navidad y bendecido año 2019!

¡Gloria por siempre a Cristo!

Obispo Moisés Morales Granados
Conferencia Anual de México