El Servicio Excelente

El Servicio Excelente

Dr. Ernesto Contreras Pulido
drernestocontrer@hotmail.com

La Biblia dice: Amado, fielmente te conduces cuando prestas algún servicio a los hermanos, especialmente a los desconocidos, los cuales han dado ante la iglesia testimonio de tu amor; y harás bien en encaminarlos, como es digno de su servicio a Dios, para que continúen su viaje. Porque ellos salieron por amor del nombre de Él, sin aceptar nada de los gentiles.

“Nosotros, pues, debemos acoger a tales personas para que cooperemos con la verdad. Todos dan testimonio de Demetrio y aun la verdad misma; y también nosotros damos testimonio y ustedes saben que nuestro testimonio es verdadero; porque Dios no es injusto para olvidar nuestra obra y el trabajo de amor que hemos mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndoles aún” (3a. Jn. 5-8 y 12; Heb. 6:10).

La Biblia dice: El que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace, pues la religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es ésta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo.

¡Que bendición tan grande es que la iglesia sea testigo, y dé testimonio de los que con corazón bueno, recto y sincero, retienen la palabra oída y con voluntad inquebrantable sirven a Dios con gozo, dando fruto con perseverancia! (Stg. 1:24, 26; Mt 8:15).

Eso agrada a Dios, quien dice: Anímense y edifíquense unos a otros, y les rogamos, hermanos, que reconozcan a los que trabajan entre nosotros, y nos presiden y amonestan en el Señor; y que los tengan en mucha estima y amor por causa de su obra, porque Dios pagará a cada uno conforme a sus obras: vida eterna a los que perseverando en bien hacer, buscan gloria, honra e inmortalidad (2a. Te. 5:11, 12; Ro .2:6,7).

Aunque la voluntad de Dios es que todos sus hijos se conviertan en siervos de Dios, la verdad es que la decisión de aceptar el reto de ser siervo, ministro e instrumento útil de Jesucristo, es voluntaria, y además, no debe hacerse desconsideradamente, pues implica responsabilidades y deberes que requieren de una dedicación y esfuerzo total.

Además, es importante entender que antes de pedirle a Dios que nos indique su voluntad en asuntos particulares, excepcionales, o circunstanciales, debemos estar dispuestos a vivir y cumplir la voluntad de Dios en los asuntos claramente revelados en las Sagradas Escrituras. La experiencia de millones de siervos fieles a través de la historia es que rara vez Dios manifestará su voluntad a aquellos que son negligentes, mediocres, desobedientes, irrespetuosos o fluctuantes en su vida diaria.

Además, a Dios seguramente no le impresionan los que son como “llamaradas de petate”, ni los que se conforman con “glorias pasadas”.
Si usted quiere que algún día, con justicia, se le diga también: “Amado, fielmente te conduces cuando prestas algún servicio a los hermanos”, pues más vale que decida desde hoy, aceptar el reto de ser un buen hijo, siervo, ministro de Jesucristo y un instrumento para bendición en las manos de Dios, porque la vida se va como un suspiro y como la yerba de un día.

Para ser un buen siervo de Dios, la Biblia dice que antes que nada hay que ser SALVO, pues no basta con ser creyente. Ya que la Biblia dice: Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan (Stg. 2:19).

Conozco a buen número de creyentes que nacieron en hogares cristianos y evangélicos, y que aún después de muchos años, no han hecho su decisión de aceptar a Cristo como su Salvador personal. La salvación no se hereda, ni se contagia, ni se imparte con el bautismo de infantes. La Biblia dice: A los que le recibieron, a los que creen en su nombre, le dio potestad de ser hechos hijos de Dios (Jn. 1:14).

La Biblia dice: “Si repartiera todos mis bienes para dar de comer a los pobres (como tantos supermillonarios actuales lo hacen, sin ser cristianos), y si entregara mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor”. Es decir, si no tengo a nuestro Gran Dios y Salvador Jesucristo en mi corazón, de nada me sirve. Así, antes de que podamos hacer algo trascendental para Dios, hay que ser hijo de Dios. Para ser hijo de Dios hay que creer, aceptar, recibir y confesar a Jesús como nuestro único y suficiente Salvador.

Pero también hay que proponerse, con la ayuda de Dios, a ser SANTO. Esto es, como decía Pablo, siervo de Jesucristo y apartado para el evangelio, consagrado y dispuesto a presentar la vida diariamente como ofrenda viva a Dios y cada uno de mis miembros a Dios, como instrumentos de justicia.

Aunque nadie es infalible y perfecto, santo es el que es puro en toda su manera de vivir, pues dice la Biblia que sólo si alguno se limpia de estas cosas (las costumbres mundanas), será instrumento para honra, santificado, útil al Señor y dispuesto para toda buena obra (2 Ti. 2:21).

Alguien que quiere ser un siervo útil de Dios debe asegurarse de que su mente y corazón han sido lavados, justificados y santificados por la Palabra de Dios, pues la Biblia nos indica que debemos estar SATURADOS POR LA PALABRA DE DIOS, cuando dice: La Palabra de Cristo (la Biblia) more en abundancia en nosotros (Fil. 3:16).

De muy poco aprovechará que prediquemos nuestras opiniones, sueños, visiones, experiencias, filosofía, teología, convicciones o experiencias, si lo que predicamos no son mensajes saturados con textos bíblicos de la Palabra de Dios.

Pablo dijo: “Ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, para que nuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios, ya que la fe viene por el oír la palabra de Dios, pues sólo la Palabra de Dios, la Biblia, es viva y eficaz y más cortante que toda espada de dos filos, que penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón (Heb. 4:12; 1 Co. 2:4,5; Ro. 10:17).

Ezequiel narra así su experiencia con Dios: Me dijo: Hijo de hombre, come este rollo, y vé y habla a mi pueblo; y abrí mi boca y me hizo comer aquel rollo, y me dijo: Hijo de hombre, alimenta tu vientre y llena tus entrañas de este rollo que yo te doy. Y lo comí y fue en mi boca dulce como miel. Y luego me dijo: Hijo de hombre, vé y habla a ellos con mis palabras.

Acuérdense que de la abundancia del corazón habla la boca. ¿La gente, al oírte platicar, dice de ti como de Pedro, cuando quería negar que era seguidor de Cristo? Dice la Biblia que los que allí estaban, dijeron a Pedro: Verdaderamente también tú eres de ellos, porque aun tu manera de hablar te descubre (Ez 1:1 al 4; Lc. 6:45; Mt 26:73).

La Biblia dice: Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que prediques la palabra (la Biblia); que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye (convence), reprende, exhorta con toda paciencia y sana doctrina, pues la promesa fiel de Dios dice: Así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mi vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié.

También, si tu propósito es llegar a ser un gigante de la fe y un buen ministro de Jesucristo, debes procurar, cada vez que vas a servir a Dios, sea predicando, o extendiendo la mano para bendecir a un prójimo con un vaso de agua fría, debes asegurarte que lo haces estando SATURADO DEL ESPIRITU SANTO, pues la Biblia enseña que sólo cuando viene sobre nosotros el Espíritu Santo, recibimos poder para ser testigos efectivos de su gracia, amor, y bendición.

A menos que pidamos cada vez que Dios nos quiera usar, la unción, bautismo, plenitud, y llenura del Espíritu Santo, lo que hagamos, enseñemos, o prediquemos a los oídos y mentes de las personas, difícilmente podrá ser sembrado por Dios en forma milagrosa en el corazón de los oyentes de tal manera que sea usado para salvar y transformar sus vidas haciéndolos cada vez mejores hijos y siervos de Dios, y cada vez más a la imagen y estatura del varón perfecto, que es Jesucristo.

Nuestra confianza de que esto es posible, descansa en la promesa fiel que dice que Él dará el Espíritu Santo a todos los que se lo pidan (Lc. 11:13).

La Biblia dice que la iglesia es como un cuerpo en que la cabeza es Jesucristo (Ef. 5:23), y que Él mismo constituyó a unos apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas, a otros pastores y maestros para que crezcamos en todo en Aquél que es la cabeza, esto es Jesucristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para irse edificando en amor (Ef. 4: 11-16).

Un buen siervo de Dios es el que pronto se da cuenta que una de las virtudes indispensables para ser instrumento útil en las manos de Dios, es ser SUMISO, como la mano dócil que ejecuta magistralmente la obra maestra de un pianista.

Pero también, el siervo de Dios debe aprender a ser SUFRIDO, pues mucha veces aun cuando con el mejor esfuerzo se siembra amor, servicio y fidelidad, se recogen las espinas del desprecio, repudio y rechazo, el látigo de la indiferencia y el puñal de la ingratitud. Por eso la Biblia advierte que todos los que quieran vivir piadosamente en Cristo Jesús, padecerán persecución (2 Ti. 3:12); y que en el mundo tendremos aflicción, por lo que debemos vivir confiados en que a final de cuentas gozaremos el suave aroma del éxito y el dulce sabor de la victoria, porque Cristo dice: Yo he vencido al mundo (Jn 16:33).

Así, todo siervo aprobado del Señor Jesús debe estar dispuesto a vivir, sufrir y batallar valientemente por Cristo, sabiendo que Cristo le dice: “Eres bienaventurado cuando por mi causa te vituperen (se burlen de ti), persigan y digan toda clase de mal, mintiendo. ¡Gózate y alégrate, porque tu galardón es grande en los cielos, ya que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en ustedes ha de manifestarse! (Mt. 5:11,12; Ro. 8:18).

Por último, debe ser también un SIERVO FIEL, pues la Biblia dice: Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios (Lc. 9:62), ya que a los tibios, Dios los vomitará de su boca, y los cobardes, tendrán su parte en el lago de fuego (Ap. 3:16; 21:8).

A Ezequiel, Dios también le dijo: Les hablarás mis palabras, te escuchen o dejen de escuchar. Y es que no siempre la familia, la congregación o el auditorio, aprecian, desean, reciben y agradecen nuestro servicio. Pablo dijo: Antes fuimos tiernos entre ustedes, como la nodriza que cuida con ternura a sus propios hijos. Tan grande es nuestro afecto por ustedes, que hubiéramos querido entregarles no sólo el evangelio de Dios, sino también nuestras propias vidas; porque han llegado a sernos muy queridos.

Cualquier pastor y siervo fiel de Dios le podrá contar testimonios de cuántas veces es cierto que nadie es profeta en su tierra y que muchas veces cuando les decimos a los oyentes: “No tengo oro ni plata, pero lo que tengo les doy. Por ejemplo, se tocar la guitarra, cantar, hacer y declamar poesías, enseñar la sana doctrina, predicar, hacer escritos y audiovisuales, la gente nos ha dicho: “¡Ay, mi hermano! Lo siento mucho, pero nada de eso queremos recibir de usted, así que si quiere puede asistir a nuestra iglesia y venir a nuestras reuniones y a la escuela dominical. Pero, por favor, le vamos a agradecer que permanezca sentadito y calladito”. La verdad es que no podemos dejar de decir lo que hemos visto, oído y aprendido de Jesucristo. Es raro, pero a veces tenemos que ir, como Pablo a servirles a otros que nos ruegan diciendo: “¡Ven a nuestra congregación y bendícenos con tus servicios!”.

Mi papá, en su poesía a las enfermeras, escribió:

“Habrá duras pruebas para tu entereza:
Gente que te hiera sin haber razón.
No desmayes nunca, sigue con firmeza
Al clímax supremo de tu vocación.
Y no quieras siempre pedirle a la vida
Grandes recompensas, medallas y honor.
El hombre es mezquino y pronto se olvida:
Te paga desprecios cuando das amor.
Si anónima quedas llegado tu invierno,
Y nadie se duele de tu soledad,
¡No te vayas triste! ¡Hay un Dios Eterno
Que habrá de premiarte en la eternidad!”

Que bendición es haber tenido maestros que a pesar de ser igual de pecadores e imperfectos como ustedes y yo, un día, después de haberse arrepentido y aceptado la gracia salvífica de Jesucristo, fueron fieles hasta la muerte, siendo usados poderosamente por Jesucristo durante toda su vida por lo que seguros estamos que recibirán la corona de la vida.

Que Dios nos conceda, como ellos y el apóstol Pablo, llegar al final de la carrera diciendo: He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida. (Fil. 3:12-17; 2 Ti. 4:7-8). ¡Gloria a Dios!

REFERENCIA
Contreras-Pulido, Ernesto. (2019). El servicio excelente. Febrero 18, 2019, de Instituto Virtual Cristiano Sitio web: http://media.wix.com/ugd/0317a1_cb05ea4089ca443f7ca1f0a6f45b3b70.pdf