EDITORIAL

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La invitación de Dios

“Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan? […] les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios”.

Hechos 2:7, 11

El domingo 9 de junio los cristianos del mundo celebramos el Pentecostés, recordando aquellos acontecimientos de los primeros cristianos en Jerusalén y bajo la promesa del poder del Espíritu para la restauración de Su Reino, pero sobre todo, para ser testigos de Jesucristo allí, en toda la región de Judea, en Samaria y hasta lo último de la Tierra. No sólo el hecho extraordinario de que hombres hablaron en lenguas, sino de la seguridad de que Dios está con nosotros y en nosotros, para alcanzar a todos aquellos “extranjeros” ávidos de la redención de Cristo.

Pentecostés representa la iniciativa de Dios de acercarse a la humanidad y seguir creyendo en el buen corazón del hombre. Es una invitación, a través del Espíritu, a comprender que no hay barreras de lenguaje ya que nos une un proyecto común: la vida en el Reino. La igualdad es una característica importante y consecuencia del ministerio del Espíritu Santo. La invitación universal de Dios a ser partícipes de su Reino que nos une, nos identifica y nos compromete.

En los primero días de junio, se reunieron cerca de Londres, Reino Unido, alrededor de 40 personas representando a todos los continentes de las iglesias miembros del Concilio Mundial Metodista. El tema de la reunión se enfocó en el ministerio de las iglesias con personas migrantes, en países donde personas se ven obligadas a irse debido a desastres, violencia, pobreza o razones políticas. Se discutieron preguntas como: ¿Cómo responder a las necesidades humanitarias? ¿Cómo superar la xenofobia? ¿Cómo lidiar con las diferencias culturales y la desigual distribución del poder? ¿Cómo atender a la segunda y tercera generación de familias migrantes? ¿Cómo estar juntos en la misión? Retos que parecen lejanos, pero que todos los días enfrentamos. Todos nosotros, no importa si vivimos en nuestro país o ciudad de origen o en una tierra extraña, estamos unidos bajo una misma esperanza “porque aquí no tenemos una ciudad duradera, pero estamos buscando la ciudad que está por venir” (Hebreos 13:14).

También, el pasado 5 de junio se celebró el Día Mundial del Medio Ambiente como se hace anualmente desde 1974. Por iniciativa de la ONU, la celebración busca fomentar el sentido de su responsabilidad en cuanto a la conservación y la mejora del medio. Cada Día Mundial del Medio Ambiente se centra en un tema con que concienciar al público sobre un asunto ambiental particularmente apremiante. El tema para 2019 gira en torno a la “Contaminación del aire”. No es ningún orgullo saber que algunas de las ciudades con aire más contaminado en el mundo, están en México.

Como señala la propia ONU (2019), la humanidad ha adquirido un poder de transformación que ha marcado nuestra era:

“El ser humano es a la vez obra y artífice del medio que lo rodea, el cual le da el sustento material y le brinda la oportunidad de desarrollarse intelectual, moral, social y espiritualmente. En la larga y tortuosa evolución de la especie humana en este planeta se ha llegado a una etapa en que, gracias a la rápida aceleración de la ciencia y la tecnología, las personas han adquirido el poder de transformar, de innumerables maneras y en una escala sin precedentes, cuanto las rodea”.

Es imperativo, como ya lo han señalado expertos como la científica evangélica Katharine Hayhoe, que trabajemos en “tratar como iglesia la crisis climática (…), debemos aceptarlo y empezar a hablar de ello como familia y comunidad” (Soriano, 2019). Además de la discusión, que nos lleva a cuestionar los modelos económicos y de sistemas de producción dependientes de combustibles fósiles en campos tan sensibles como la energía y el transporte, debemos concientizarnos en la necesidad de transitar a economías basadas en energías limpias y renovables. En este sentido, los evangélicos debemos ser guiados por nuestras nuestra fe y discipulado en Cristo, que nos llama a cuidar de la creación de Dios y a amar a nuestros vecinos.

Necesitamos una visión para entender cómo honrar a Dios preocupándonos por su planeta y amando a nuestro prójimo, no solo hoy sino de forma intergeneracional. Y no solo a nuestros vecinos geográficos, sino también a los que lo son de forma global, “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio” (2 Timoteo 1:7). Tenemos que tomar medidas (pues tenemos poder), debemos amar y debemos retarnos a luchar con la ciencia y la verdad de la situación (pues tenemos dominio propio y conocimiento).

Que el Espíritu Santo nos inunde, nos llene y nos mueva a llevar este mensaje a todos y cada uno, para que cada quien, en su propia “lengua” entienda que puede ser parte de este Reino magnífico y se sienta unido, identificado y comprometido. Para que todos, podamos ser sabios admirando las maravillas de Dios:

“Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos. Un día emite palabra a otro día, y una noche a otra noche declara sabiduría”.

Salmo 19:1-2

NOTAS

ONU. (2019). Día Mundial del Medio Ambiente 5 de junio. Junio 15, 2019, de Organización de las Naciones Unidas Sitio web: https://www.un.org/es/events/environmentday/

Soriano, Jonathan. (2019). Necesitamos reducir las emisiones de carbono para proteger la creación de Dios. Junio 5, 2019, de Protestante Digital Sitio web: http://protestantedigital.com/sociedad/47146/Necesitamos_reducir_las_emisiones_de_carbono_para_proteger_la_integridad_de_la_creacion_de_Dios