EDITORIAL

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Dios no nos quiere miserables, nos quiere misericordiosos

“Porque misericordia quiero, y no sacrificio, y conocimiento de Dios más que holocaustos”.

Oseas 6:6

Dijo Jesús: “Vayan, pues, y aprendan qué significa: Misericordia quiero y no sacrificio. Porque yo no he venido para llamar a justos, sino a pecadores”.

Mateo 9:13 RV2015

Destacaron en muchos medios durante días recientes los comentarios sobre la manifestación de mujeres en protesta por la presunta violación de una joven por parte de cuatro policías en la Ciudad de México, que derivó en la destrucción de una estación del Metrobús Insurgentes, pintas en la columna del Ángel de la Independencia, la vandalización de comercios, el incendio de la sede de policía capitalina, así como agresiones y lesiones a ciudadanos, periodistas y uniformados, por parte de personas embozadas. Ello derivó en una amplia polémica sobre la validez de las razones de la protesta, por un lado, y sobre la falta de conciencia demostrada en la destrucción de infraestructura urbana y monumentos nacionales, por otro. Sin embargo, este dilema es falso. Son dos temas diferentes, pero que en un clima de crispación y frustración social, alimenta la polarización y la violencia crece sin control. Pareciera que ahora el sentido es estar luchando unas contra otros.

Inicialmente el feminismo nació con raíces sociales e ideológicas protestantes en los Estados Unidos de América, fundamentalmente en torno al derecho al voto de la mujer. Pero en las condiciones actuales, se olvida la discusión central y trascendente: la lucha por el amor, el de verdad, no sólo el erótico y sentimental. La mujer no alcanzará su auténtica imagen sin el varón. Y el varón no alcanzará su verdadera imagen sin la mujer. Necesitamos un feminismo cristiano.

Haciendo eco del llamado del hermano Pedro Tarquis, cuyo artículo compartimos en esta edición, nos preguntamos: ¿Se levantará alguna vez una voz, un movimiento, que rescate este principio en positivo, tal y como fue diseñado originalmente? El metodismo mexicano está llamado a levantar la voz, sin duda.

En la última semana de agosto, recibimos la visita del Comité Ejecutivo del Concilio Mundial Metodista, cuya reunión anual 2019 se llevó a cabo en la Ciudad de México. El CMM es presidido desde 2016 por el Dr. Jong Chun Park, pastor metodista coreano con amplia experiencia en ministerios de reconciliación en conflictos mundiales, particularmente los que se viven a raíz de la división política en la península coreana al final de la Segunda Guerra Mundial y que derivó en la sangrienta Guerra de Corea entre 1950 y 1953.

El pastor Park hizo un llamado a la Iglesia Metodista de México a “ser un poderoso agente de paz, reconciliación y justicia”. Admitió que los ministerios del metodismo a nivel mundial están orientados a zonas de conflicto: las fronteras. Pero no sólo las fronteras políticas, sino todos aquellos puntos en donde existen conflictos y asimetrías económicas, morales y espirituales. Todas esas “zonas” se convierten en fronteras. En donde existen grupos humanos en conflicto, por cualquier razón que exista, existen seres humanos oprimidos y opresores. Y allí es donde el metodista tiene que actuar. Allí es donde es necesario el amor de Cristo a favor de las personas. La predicación del evangelio desde la postura del marginado, no desde la postura del acomodado. Los hembrismos y los machismos, los niños, las mujeres en situaciones de vulnerabilidad, los pobres, los enfermos, los violentados en sus derechos humanos, los desaparecidos forzados y las víctimas de esas desapariciones (a propósito del 30 de agosto, Día Internacional de las Víctimas de las Desapariciones Forzadas, según la ONU), las personas con discapacidad, las víctimas de la impunidad judicial, la descomposición del tejido social; todas ellos son oportunidades que Dios nos da para ir a esas “fronteras” que dividen, que atemorizan y que oprimen. México es un punto de conflicto en la geopolítica mundial, particularmente en temas de migración y de interculturalización.

El conflicto entre marginado y marginador establece fronteras, visibles o invisibles. Allí es donde debe estar el pueblo metodista trabajando.

En el evangelio según Mateo (uno de nuestros libros de estudio a nivel nacional para este año), así como en los otros evangelios, abundan los relatos de sanación y, en todos ellos, hay un tema común: Jesús siempre lo hizo desde el respeto y la dignidad. Sanó a “desechables”, ignorados y a marginados. La clave de la acción sanadora de Jesús sobre ciegos, cojos y leprosos era restaurarles la dignidad. No solo eran sanados, sino perdonados. Volvían a tener la capacidad de trabajar y ganarse un salario; volvían a tener derecho a convivir en familia.

Con el ejemplo del Señor por delante, debemos trabajar en ministerios que permitan a los miserables de nuestra sociedad a perder esa condición, para pasar a ser de nuevo cabezas de la sociedad. Dios no nos quiere miserables, ni en sentido moral ni en sentido literal: Nos quiere misericordiosos. Así es como seremos verdaderos agentes de paz, justicia y reconciliación en el nombre de Jesucristo, nuestro gran reconciliador con el Padre.

¿Nuestro reto? Participar en devolver la dignidad a los marginados, a los desaparecidos, a los relegados. Pero bajo el punto de vista del amor de Cristo. La prosperidad de la nación mexicana (no sólo económica o material) se materializará en la dignidad que nos pertenece como criaturas e hijos de Dios para avanzar y florecer.

2 comentarios sobre “EDITORIAL

  1. Gracias Hermano, Excelente reflexión. El detalle es que “CADA CABEZA ES UN MUNDO”. Si en una misma familia pensamos diametralmente diferente. Imagínese usted….Muy triste a lo que se ha llegado.
    Leí dos veces su editorial , la primera velozmente y otra más calmada.
    Podría comentar punto por punto, pero me abstengo. Espero lo lean muchos que andan sembrando discordia y confundiendo .(En Facebook, no se en sus iglesias)).
    Está bien que opinemos, pero no querer imponer.
    Respeto a todos.
    Mis pensamientos son firmes desde hace años. Me tildaron de chiflada, el tiempo me está dando la razón….

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