Jesús Nuestro Maestro

Jesús Nuestro Maestro

Ernesto Contreras Pulido

Jesucristo inició su ministerio como Maestro, a los 30 años, cuando llamó a sus discípulos, incluyendo a los doce que llamó apóstoles. La enseñanza de Jesucristo era singular: Los judíos religiosos al escucharlo enseñar en el templo, se maravillaban diciendo: “¿Cómo sabe éste letras, sin haber estudiado?” Y la gente exclamaba: “¡Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre!” Y se admiraban de su doctrina porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas. Jesucristo dijo: “Mi doctrina no es mía, sino de Aquel que me envió y el que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, O si yo hablo por mi propia cuenta.

Jesús, al igual que los escritores sagrados, usa en sus enseñanzas, métodos didácticos como la poesía judía, los proverbios, las paradojas y las hipérboles; así como ilustraciones, comparaciones, y parábolas, usando como personajes a niños, viudas, aves, árboles, flores, etc. También, algunas veces inicio su enseñanza con una pregunta; y siempre acostumbró fundamentar sus argumentos con Escrituras del Antiguo Testamento.

Jesucristo enseñó que Él vino a cumplir perfectamente el antiguo pacto de la ley de Moisés, que nadie más pudo cumplir, y que los salvos, y miembros del nuevo Israel de Dios (formado por judíos y gentiles convertidos al cristianismo), debemos estar bajo el nuevo pacto de la gracia.

Jesús dijo: No penséis que he venido para abrogar (anular) la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido; y nosotros creemos que cuando en la cruz Jesucristo exclamó: “Consumado es,” el antiguo pacto, el de la ley y la condenación, quedó cumplido y satisfecho; y el nuevo pacto, el de la gracia y salvación por fe, quedó establecido.

El resumen de las enseñanzas de Jesús nuestro Maestro (la llamada Ley de Cristo), se encuentra resumida en el llamado Sermón del Monte (Mateo capítulos 5, 6 y 7), e incluye temas como las llamadas Bienaventuranzas (bienaventurado quiere decir inmensamente feliz); las responsabilidades del cristiano de ser “sal y luz” de la Tierra; practicar una justicia, ética, moral, y religión, superior a la del antiguo pacto; buscar primeramente el Reino de Dios y su justicia, confiando en que todas las demás cosas que Dios juzgue necesarias, nos serán dadas por añadidura; administrar los dineros y bienes materiales como buenos mayordomos de Dios, y practicar la ley de oro: “Haz a tu prójimo, lo que quieras que te hagan;” no juzgar al prójimo, reconocer al verdadero hijo y siervo de Dios, por sus frutos; amar aún al enemigo; y tener como fundamento en la vida, a Cristo, la Roca, y su doctrina.

También, Jesús enseñó a sus discípulos a orar correctamente; a confiar en que Dios siempre escucha la oración, y que a veces responde sí, a veces (cuando le pedimos algo a que a sus ojos es una víbora o piedra de tropiezo), contesta NO; y a veces nos pide que esperemos el tiempo propicio; por lo que siempre debemos terminar nuestras peticiones diciendo: “Pero no se haga mi voluntad, sino la tuya,” siguiendo el ejemplo de Jesucristo.

Por último, Él enseñó que era el Cristo (el Ungido, el Mesías, el Salvador), y dijo: Yo soy la luz del mundo, el pan de vida, la vid verdadera, la puerta de las ovejas, el Buen Pastor, el único camino al cielo; la verdad, la resurrección y la vida; el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso, y la estrella resplandeciente de la mañana.”

Y dijo: “Todo aquel que me confesare delante de los hombres, también el Hijo del Hombre le confesará delante de los ángeles de Dios y de mi Padre; mas el que me negare delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre.”

Además nos dejó enseñanzas sobre el reino de los cielos; y sobre su muerte, resurrección, el Espíritu Santo, los últimos tiempos, su segunda venida, su reino milenial, y las mansiones preparadas en gloria, para los salvos.

Jesucristo dijo: “Ustedes no quieran que los llamen Rabí o maestros; porque uno es su Maestro, el Cristo, y todos ustedes son hermanos. Y no llamen Padre a nadie en la tierra; porque uno es su Padre, el cual está en el cielo. Así, el que quiera ser el mayor entre ustedes, que sea el siervo de todos.

Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Vayan, hagan discípulos en todas las naciones, bautizándoles en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; y enseñándoles que guarden todas las cosas que les he mandado, y he aquí yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo”.

Que Dios nos conceda permanecer firmes en las enseñanzas de Jesús nuestro Maestro, que es lo que la Biblia llama, la sana doctrina. Amén, así sea.