EDITORIAL

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Tiempo de adviento: tiempo de buenas noticias

Para los cristianos, la época de adviento antes de la Navidad señalada por el calendario litúrgico, supone una época en que recordamos la razón principal de la temporada: el nacimiento del Cristo, que nos reconcilia con el Padre a través de su mensaje de buenas noticias. Ese es el evangelio de la verdad, de la justicia, de la paz y de la reconciliación. En suma, es la suprema restauración del Reino de Dios, rescatando los valores que imperaban en el mundo antes del advenimiento del pecado que rompió esa comunión entre el Creador y su creación.

El reino de Dios, que debemos recordar y proclamar, no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo. Pero todo ello no está limitado a una época del año, especialmente influenciada por la comercialización de todo, incluido el amor y las relaciones humanas, sino que debe ser una tarea permanente. Nuestro Señor Jesucristo nos enseñó que su Reino se construye todos los días, con esfuerzo, con preparación, con constancia, pero, sobre todo, con esperanza y fe en este Reino “que se ha acercado” a nosotros. Se materializa en el trato que tenemos con nuestros semejantes, especialmente con aquellos que necesitan más de ese amor que Dios provee a todos, a través ti y de mí. Dios reclama amor a Él, pero también a través del amor al prójimo:

“Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es un mentiroso; porque el que no ama a su hermano, a quien ha visto, no puede amar a Dios a quien no ha visto”.

1 Juan 4:20

Y nuestro prójimo quizá está más cerca de lo que pensamos: los débiles, los marginados, los pobres, las mujeres y las personas con discapacidad, son sólo algunos de los ejemplos que tenemos todos los días. Allí empieza nuestro ministerio de amor. Es interesante como organizaciones como las Naciones Unidas trabajan en crear conciencia en nuestras sociedades, por ejemplo, al decretar el 3 de diciembre como el Día Internacional de las Personas con discapacidad.

También, el Reino que proclamamos, trabaja y se esfuerza por detener la opresión social y la pobreza extrema, dentro de la realidad contemporánea altamente individualista y egocéntrica que se ha vuelto tan habitual en la economía mundial que refleja la idolatría en el corazón de la economía occidental dominante, cuyo simple objetivo es hacer feliz al homo economicus. Allí también tenemos mucha tarea por hacer.

Pero, sobre todo, nuestra misión es la proclamación de valores del Reino. Valores que perfeccionan a hombres y mujeres: en su voluntad, en su libertad y en su razón. Los valores nos perfeccionan de manera que nos hacen más humanos: la honradez, la fidelidad, la lealtad, la bondad, la tolerancia, la empatía, el respeto, la modestia, la solidaridad, la responsabilidad y la justicia. Es esta época de fin de año, de reflexión, de aguinaldos y de obsequios, reflexionemos sobre nuestro papel como herederos de ese Reino que debemos proclamar.

En esta edición de El Evangelista Mexicano, encontrarás interesantes reflexiones sobre nuestro papel como discípulos de aquél que nos amó primero, que nos amó siendo capaz de dar su vida para justificar nuestra naturaleza orientada hacia el mal. Es nuestro deseo, que todas nuestras conmemoraciones de esta época tengan como centro el mensaje de aquel niño que nació en Belén para cambiar el rumbo de nuestra vida.

Proclamémoslo, compartámoslo, amémonos unos a otros.