La Corona de Adviento

La corona de adviento

Ernesto Contreras Pulido

La corona de adviento es una tradición que data desde los primeros siglos de la iglesia cristiana y que, de acuerdo a influencias culturales, ha experimentado varias modificaciones que han enriquecido su apariencia, simbolismo y utilidad didáctica.

Se forma con una guirnalda de pino, acomodada en círculo y adornada con motivos navideños, y con 4 velas distribuidas en su interior, alrededor de otra vela mayor central, de preferencia blanca. Las otras 4 velas pueden ser de diferente o igual color.

El verde de su guirnalda simboliza la vida y la esperanza que Dios nos ofrece; su forma circular, la eternidad de Dios y de la doctrina cristiana; el listón y adornos rojos, el amor de Dios; y la luz de las velas, simbolizan la fe y luz que Jesucristo trajo al mundo.

Se usa para ayudar a los fieles durante el tiempo de adviento (los cuatro domingos que preceden a la Nochebuena y Navidad), a prepararse para la mayor celebración de la cristiandad: El Nacimiento de Jesucristo, el unigénito del Buen Padre Celestial, nuestro gran Dios y Salvador.

Se acostumbra encender una vela en cada uno de los domingos de adviento y, en Nochebuena, una vela central que simboliza a Jesucristo. Durante el encendido, se leen versículos bíblicos alusivos a la primera venida y nacimiento de Jesucristo. Estos son sólo algunos que se sugieren; pero hay libertad parta escoger otros que cumplan el mismo propósito.

Dios habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otros tiempos por los profetas, prometió, profetizó y anunció durante cientos de años antes de su cumplimiento, el nacimiento de Jesucristo, el Salvador.

Primer domingo de adviento. Primera vela: Jesucristo prometido
Levántate, resplandece; que ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti. Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad los pueblos; mas sobre ti amanecerá Jehová, y sobre ti será vista su gloria. Y andarán los gentiles a tu luz, y los reyes al resplandor de tu nacimiento. Y a fin de que la bendición de Abraham viniese sobre los gentiles a través de Jesucristo, y para que por la fe recibiéramos la promesa del Espíritu, de la simiente del rey David, conforme a la promesa, Dios levantó a Jesús por Salvador; porque para nosotros es la promesa, y para nuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare, de tal manera que los gentiles sean coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo por el evangelio. Miren pues, que el Señor no retarda su promesa, como algunos la tienen por tardanza; sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento. Y ésta es la promesa que Él nos hizo; la vida eterna (Is. 60:1-3; Ga. 3:14; He. 13:23; Hch. 2:39; Ef. 3:6; 2 Pedro 3:9; 1 Jn. 2:25).

Segundo domingo de adviento. Segunda vela: Jesús profetizado
Los profetas que profetizaron de la gracia destinada a nosotros, inquirieron y diligentemente indagaron acerca de esta salvación, escudriñando qué persona y qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual anunciaba de antemano las glorias que vendrían tras ellos. A éstos se les reveló que no para sí mismos, sino para nosotros, administraban las cosas que ahora nos son anunciadas por los que nos han predicado el evangelio, por el Espíritu Santo enviado del cielo. Sabiendo que fuimos rescatados de nuestra vana manera de vivir, la cual recibimos de nuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de nosotros. Por tanto, el Señor mismo nos dará señal: He aquí una virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emmanuel, que traducido es: Dios con nosotros, pues en Él habita toda la plenitud de la deidad (1 Pe. 1:10 al 20; Is. 7:14; Col. 2:9).

Tercer domingo de adviento. Tercera vela: Jesucristo anunciado
Así ha dicho Jehová, Redentor de Israel, el Santo suyo: Te di por luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta lo postrero de la tierra. En Jesucristo esta la vida, y la vida es la luz de los hombres. Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo. El nacimiento de Jesucristo fue anunciado angelicalmente a José así: No temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es. Y dará a luz un hijo y llamarás su nombre JESÚS, porque el salvará al pueblo de sus pecados.

Y a María así: ¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres. No temas, porque has hallado gracia delante de Dios; y concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús, y su reino no tendrá fin (Is 55:3-5; Jn 1:1-10; Lc 1:26-38).

Cuarto domingo de adviento. Cuarta vela: preparando su venida
Consolaos, consolaos, pueblo mío, dice nuestro Dios. Voz que clama en el desierto: Preparad camino a Jehová; enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios. Que lo torcido se enderece, y lo áspero se allane. Y se manifestará la gloria de Jehová, y toda carne juntamente la verá; porque la boca de Jehová ha hablado. Y refiriéndose a Juan se dijo: Irá delante de Él (Jesucristo) con el Espíritu y el poder de Elías, para hacer volver los corazones de los padres a los hijos, y de los rebeldes a la prudencia de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto. Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado; porque irás delante de la presencia del Señor (Jesucristo) para preparar sus caminos; para dar conocimiento de salvación a su pueblo, para perdón de sus pecados, por la entrañable misericordia de nuestro Dios, con que nos visitó desde lo alto la aurora. Para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte; para encaminar nuestros pies por camino de paz (Is. 40:1-5; Lc. 1:13-17, 67, 76-79).

Nochebuena. Quinta vela: nacimiento de Jesucristo
El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz; los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos. Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre venía a este mundo; y fue hecho carne, y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad. Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado; y el principado será sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz. El nacimiento de Jesús, fue así: Y aconteció que estando ellos en Belén, se cumplieron los días de su alumbramiento. Y María dio a luz a su hijo primogénito, y le envolvió en pañales, y le acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón.

Y había pastores en la misma región, Y he aquí, el ángel del Señor les dijo: No teman; porque he aquí les doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: Que les ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor. ¡Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres! (Jn. 1:9 y 14).

Que esta sana costumbre cristiana evangélica nos ayude a celebrar felizmente la época de Adviento y Navidad.

Amén. Así sea.

Un comentario sobre “La Corona de Adviento

  1. No dudo de la buena intención de los escritores, pero y las fuentes? De donde se afirma que la corona se ocupa desde “los primeros siglos”?

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