EDITORIAL

EDITORIAL
Una pausa en el camino

Vivimos una era de “aceleración” con muchas distracciones, prisas y ansiedades. Siempre frenéticos, apresurándonos y dándonos prisa, constantemente distraídos por nuestros dispositivos digitales “omnipresentes”.

Nuestro Señor Jesucristo definió el amor como la mayor prioridad en el Reino de Dios, manifestado primordialmente en frutos de amor a nuestro prójimo. Por tanto, el amor cristiano es una cualidad de las relaciones humanas: no hay verdadero amor a Dios sino a través del amor a mi semejante. Podríamos asegurar que la prisa y el amor son incompatibles, aún más, la prisa pone fin a las relaciones humanas.

Es por ello, que es la colectividad la que prepara el camino de la redención entre Dios y la humanidad. Así también, nuestra fe nos provee gestos de esperanza en medio de nuestras tensiones. Es nuestra realidad comunitaria, aquí y ahora, con sus circunstancias actuales, la que nos invita a ser parte de este tiempo en el cuál podamos encontrar la reflexión, el arrepentimiento, el perdón, la alegría, la ternura, la rebeldía y la lucha, para nuestra liberación.

Pero, del amor solidario y comunitario se aprende y se crece. Cuando hablamos de aprender en comunidad enfatizamos las estrategias pedagógicas, pero a medida que estudiamos la Biblia, descubrimos que implica también crear el ambiente para que sea posible aprender juntos. Uno de los valores que más encontramos en la Escritura es la hospitalidad. Si entendemos este concepto como el hecho de crear una atmósfera que invite a la persona foránea a mi hogar, estaremos creando espacios en el que la gente se sienta cómoda y segura. Y esta misma seguridad es la que va a generar el deseo de compartirlo.

Si somos capaces de abrir estos espacios en nuestras comunidades metodistas, crearemos muchas oportunidades de sanar y crecer. Detrás de cada persona hay todo un mundo y, si como comunidad cristiana no somos capaces de incluir todo esto de alguna manera, el aprendizaje no se concretará. Pero cuando se crean espacios en los que la gente se siente segura, libre, querida, amada, respetada y aceptada, esto facilita mucho el aprendizaje.

Naciones Unidas ha designado el 18 de diciembre como el Día Internacional del Migrante. A lo largo de la historia, la migración ha sido una expresión valiente de la determinación individual de superar la adversidad y buscar una vida mejor. En la actualidad, la globalización ha incrementado en gran medida el número de personas que tienen el deseo y la capacidad de mudarse a otros lugares. Esta nueva era ha creado retos y oportunidades para sociedades en todo el mundo. También ha servido para subrayar el vínculo que hay entre migración y desarrollo. Pero, también ha seguido factores de incertidumbre, urgencia y complejidad. En lo personal y en lo colectivo, en lo familiar y en lo social. La Iglesia debe ser parte de esa colectividad que escucha, que abriga, que acompaña y que muestra el amor del Señor.

Frente a esta realidad social, Jesús plantea una propuesta contracultural. En su ministerio terrenal, colocó a niños y mujeres en lugares especiales, los más desfavorecidos en la estructura social de su época son elevados a lugares de dignidad. Unos, como paradigma del Reino y otras como testigos privilegiadas de la resurrección de Jesucristo. Seguir a Jesús muchas veces implicó romper con las relaciones familiares típicas. Algunos tuvieron que dejar padre y madre, es decir, la casa familiar. Jesús propone otro tipo de familia, la familia del Reino. Una familia donde ya no hay jerarquías, sino que todos somos hermanos, donde Dios es el Padre y todos somos servidores los unos de los otros.

Como sociedad, nos hemos dado calendarios civiles y litúrgicos, que marcan el fin e inicio de periodos de tiempo, abriendo y cerrando ciclos, pero siempre bajo la necesidad de hacer pausas en el camino para retomar objetivos, religarnos con Dios y con nuestro prójimo, recrearnos en Él y con aquellos. Que este fin de año sea ese momento de reflexión en tu vida.

Con en esta última edición de 2019, el equipo de El Evangelista Mexicano, te invita a que hagas una pausa en el camino. Renueva tu pacto con el Señor. Que hoy sea el tiempo de reflexión para que el próximo 2020 sea el año de bondad, de volver a nuestra libertad y de proclamar al mundo la eterna redención. Cristo te llama con amor, te ofrece Su paz y te apresura a volver a Él.