EDITORIAL

EDITORIAL
Modernidad líquida, fe cristiana sólida

Vivimos una era llamada “posmodernidad”. Más allá de lo moderno y, más aun, sobrepasando los conceptos clásicos de “modernidad” que se caracteriza por el consumismo extremo y la globalización, con una fluidez e indefinición constante que genera una angustia existencial, donde parece no haber sentido cuando se trata de construir nuevas cosas, ya que el tiempo y la propia modernidad impulsarán su desintegración. Lo que Zygmunt Bauman (2003) define como la “modernidad líquida”, una sociedad que vive en constante fluidez e indefinición de sus valores y perspectivas.

Así nos encontramos como raza humana navegando los mares de la incertidumbre, sin saber cómo estará la economía mañana, si estallará una crisis o no, si contaremos con trabajo, si formaremos una familia, si mantendremos la familia que tenemos bajo los modelos que consideramos buenos. Se perciben síntomas como las relaciones sociales actuales, los conflictos de identidad y el consumo excesivo trasladado a todos los ámbitos de la vida.

Es en esta época de valores “líquidos” en que se pondera más lo que sentimos y no lo que pensamos o creemos. Donde se desprecia el esfuerzo y el trabajo, y se aprecia el “éxito” y la “autorrealización”. Donde se busca explotar y manipular más la emoción y se explora menos la fe y la razón. Donde se busca acomodarse al deseo de la gente; la “gente”, así de general, sin nombre ni apellido. ¿Cuál es el gran riesgo? Convertir la verdad en un asunto de opiniones lleva inexorablemente a la pérdida de esperanza. Por eso, debemos regresar a nuestras doctrinas fundamentales emanadas de la Palabra de Dios. No siempre, el “interés popular” es coincidente con la verdad de Dios.

En esta edición de El Evangelista Mexicano y a propósito del primer mes del año 2020, hacemos reflexiones sobre la vida devocional como medio de gracia para la santidad cotidiana. Te proponemos, amable lector, que busques al Señor a través de la formación basada en su Palabra. La Biblia, en primer lugar, aderezada por la razón, la tradición histórica del cristianismo y la experiencia personal de la vida en Cristo.

Nuestra Patria vive días difíciles: la descomposición del tejido social, la degradación moral, la corrupción, la incompetencia de los gobiernos en temas educacionales y de seguridad, son sólo algunos de los síntomas. El mejor antídoto frente a ello es una vida integrada en el seno de la familia y la educación. Es imprescindible que las nuevas generaciones desarrollen lo que el psicoanalista Erik Erikson denominaba confianza básica, pero basados en la fe y valores cristianos. La vida devocional en familia puede ser un buen inicio. Todo para desarrollar actitudes personales que permitan encarar las situaciones propias de la existencia y que hoy incluyen la globalización; el relativismo; la inseguridad; la incertidumbre; el pluralismo cultural; el mosaico interreligioso.

Y para eso, la formación de la niñez y juventud es fundamental: los padres, los hermanos, la familia, la iglesia, son los primeros “otros” con los que el niño se encuentra. Tales relaciones son determinantes con los que el niño, adolescente o mayor establecerá contacto durante el camino de la vida.
Por lo mismo, debemos seguir trabajando en una pastoral de acompañamiento en el clima de violencia nacional que vivimos. Han sido particularmente dolorosos -por lo cercano- los casos del de nuestra hermana María Assaf Medina, maestra de primaria asesinada por uno de sus alumnos en Torreón el pasado 10 de enero, y del hijo de la Rev. Elizabeth Bustillo de la Iglesia Anglicana de México, desaparecido y asesinado también en días pasados. Ante tan sensible y doloroso caminar como resultado de la violencia e impunidad que vive a diario nuestro país, es muy importante orar y trabajar por todos aquellos que hoy se duelen por la pérdida, la angustia, el dolor y la desesperanza.

La cercanía de estos y otros casos nos obliga a replantearnos nuestra mirada hacia las nuevas generaciones y hacia las personas desaparecidas. Es nuestro deseo que la Iglesia Metodista de México, A.R. sea una iglesia que busca a los quebrantados, y no en una simple iglesia “quebrantada”. Es difícil convencer a la gente de que un Dios, que no ven, los ama, cuando una Iglesia, que sí ven, no pareciese importarles.

REFERENCIA
Bauman, Z. (2003). Modernidad Líquida. México: Fondo de Cultura Económica.

3 comentarios sobre “EDITORIAL

  1. Que dolorosa realidad la que plantea el último párrafo. El Señor nos mueva a modificarla. Saludos hno. Martín, excelente editorial.

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  2. Oramos fervientemente por un aviva aumento en los corazones de los cristianos metodistas para que busquen cada día más con todo su ser la santidad de vida y aún más que salgamos a las calles a buscar a todos los perdidos que Dios ama 😔

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