EDITORIAL

EDITORIAL
La otra pandemia

La quintaesencia de Dios nunca permitiría desastres naturales, ni epidemias, ni plagas, a fin de que los humanos le busquen. Su esencia es el amor, por lo que nos deberían interesar mayormente sus hermosas promesas, sobre todo aquellas que nos aseguran que Él está con nosotros, en cualquier condición o circunstancia.

Por ello, buscar sentido a una desgracia, a un contratiempo o a una adversidad, es un sinsentido.

Esta edición de El Evangelista Mexicano está “plagada” de reflexiones acerca de los tiempos que vivimos. Y con razón, ya que nos encontramos en una pandemia que, en sus fases iniciales, además de cobrar vidas humanas, ha trastocado los modos de vivir y sobrevivir de muchas sociedades, hasta hoy incólumes, y que parece también trastocará nuestra manera de convivir en los próximos años e impactará todos los ámbitos de nuestra vida.

Por ahora, las preocupaciones mundiales se centran en las personas y en su entorno inmediato. Pero también en las causas estructurales de la sociedad que causa, no la pandemia, sino el desastre asociado a ella. Como los impactos económicos que pudiesen venir asociados con la falta de consumo, de tránsito de personas y de intercambio de bienes y servicios. También, hemos visto preocupación con aspectos individuales, como la soledad de la persona y su entorno familiar, pero también con la economía. Y el miedo e incertidumbre que genera toda la situación, aún actos de discriminación –tan humanos- como señalar a los más vulnerables como causa de la pandemia y aún al personal de los servicios de salud. La ignorancia en su máxima expresión, aún alentada por medios de intercambio de información (que no de comunicación) que conmocionan al mundo con una verdadera “infodemia”.

Dentro de todo este ambiente caótico, hay esperanza. Jesucristo representa un mensaje que alcanza al mundo entero, a la totalidad de hombres y mujeres. Él es la Palabra máxima de reconciliación:

“Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo”.

2 Corintios 5:19

Cristo se manifiesta en las personas y su entorno inmediato. Pero también en lo que afecta el entorno. Él es la verdad acumulada. Tomó forma humana en Palestina hace 2 mil años, pero recoge en su esencia la presencia eterna y universal de Dios. Una verdad que se expresa a través del cielo y de la tierra, en las estrellas, en las aguas bañan la tierra; una tierra que nos da cobijo y alimento:

“Los cielos cuentan la gloria de Dios; el firmamento anuncia la obra de sus manos”.

Salmo 19:1

Pero Jesús es más que eso, engloba una plenitud de cosas. No sólo es lo que está alrededor nuestro, es también la reconciliación con nosotros mismos y nuestros semejantes. En palabras de Máximo García (2020):

“Todo ello está presente, pero encuentra su plenitud espiritual en la revelación suprema del Amor, acaecida en Jesús de Nazaret, que añade como signos distintivos y rasgos principales la opción por los pobres y la defensa de la justicia, en solidaridad con las víctimas. Y, además, el tercero de los signos distintivos de Jesús de Nazaret: la compasión ante la presencia insoslayable del mal y el sufrimiento humano (cfr. Mateo 25: 31-46). El objetivo es liberar al ser humano; liberarle de sí mismo, de sus propias miserias y, además, ayudarle a redescubrir las huellas del Creador en el Universo”.

En esta época, tenemos un desafío magnífico: presentar esta verdad sin las adherencias ajenas que la praxis religiosa ha creado con el paso de los siglos; presentar un genuino Jesús de Nazaret como revelación universal de Dios Creador. Un reto, que en palabras de nuestro pastor Hugo Almanza, nos llama a ser verdaderamente una Iglesia “Cristo-céntrica”, no “Templo-céntrica”.

Por eso, es importante comprender que a Dios hay que, sencillamente, a Dios los encontramos en las personas. También, entender que las pandemias no sólo son temas socio-políticos, sino también medio-ambientales. Estamos violando los límites de nuestro planeta. La acumulación de muertes por epidemias (una de ellas, la de Covid-19) sólo son indicio de que el sistema económico planetario se ha vuelto insostenible.

Algo estamos haciendo mal, cuando nuestro sistema de vida se basa en la auto-justificación, la retribución material, la gestión del resentimiento y de la auto-promoción a través de recompensas que generalmente están representadas por cualquier tipo de riqueza. No se trata de moral ni de mera política. Y más allá, en el fondo el desafío se trata de que el mensaje del Evangelio de Jesús sane la raíz del mal, y no sólo esperar confiadamente en que un virus hunda el sistema.

En su artículo de esta edición, Jacqueline Alencar nos invita a estar atentos del llamado de Cristo. A nacer de nuevo, rompiendo con todo lo caduco e inservible. Él también fue marginado, despreciado, vituperado. Fue humilde y manso. Tuvo que callar, no rebatió ni se vengó por las injurias y el acoso. Nos recuerda la historia de Zaqueo, quien rompe esquemas mentales y espirituales para seguir el modelo de Jesús. Pero después de un encuentro personal con el Maestro, un encuentro que no le permitirá seguir viviendo de la misma forma.

Hoy, Jesús está a la puerta, muy cerca, pasando por tu casa. Está en tu familia, en tu economía, en tu comunidad. ¿Acudirás a su llamado?

Y como sociedad y como Iglesia, ¿acudiremos a su llamado? Debemos atacar a la otra pandemia, la de la indiferencia ante la injusticia. Ante el sistema injusto que nos está arrastrando inexorablemente a aniquilarnos a nosotros mismos. A buscar “ganancias” en cualquier actividad que emprendemos. A destruir los sistemas ecológicos planetarios causando desastres naturales y epidemias. Esa otra pandemia que, basada en la ignorancia, nos alienta a la xenofobia y al racismo culpando a los inocentes por las enfermedades.

Jesús es la reconciliación con nosotros mismos y con los que me rodean. Mostremos compasión ante la presencia insoslayable del mal y el sufrimiento humano. Sólo así venceremos la otra pandemia.


REFERENCIA
García-Ruiz, Máximo. (2020). Jesús de Nazaret: la Verdad acumulada. Abril 9, 2020, de Lupa Protestante Sitio web: http://www.lupaprotestante.com/blog/jesus-de-nazaret-la-verdad-acumulada-maximo-garcia-ruiz/