¿Ha Llegado la Hora del Anticristo?

¿Ha llegado la hora del Anticristo?

¿Realmente son el coronavirus, la depresión económica que viene, los cambios políticos hacia estados totalitarios y las nuevas tecnologías señales de la inminente venida del anticristo?

José Hutter

El último desafío del que quiero hablar nos lleva a un tema muy actual en nuestros días. Tiene que ver con los últimos tiempos. La escatología no es solamente un tema para expertos en los “últimos tiempos”. Todos tenemos una escatología de la misma manera como todos tenemos una teología. Lo interesante es: nuestra escatología no tiene que ver en primer lugar con el futuro, sino decide cómo enfocamos y entendemos el presente. Sobre eso quiero reflexionar en las próximas semanas.

Me gusta analizar los tiempos que corren. Tengo un interés particular en sacar conclusiones de lo que observo para tratar de identificar tendencias y modas de pensamiento para ver a dónde nos llevan. Indudablemente, lo hago con más o menos acierto.

Los que me conocen saben que me interesa especialmente el mundo de la economía y las finanzas. Con frecuencia hablo de esos temas en mi muro en Facebook.

Los lectores de mis comentarios saben que llevo advirtiendo desde hace más de diez años de este tsunami que ahora nos ha pillado de lleno. Y no estoy hablando del virus. Por supuesto nadie veía venir ese virus que se ha bautizado con el nombre espantoso de SARS-CoV-2. Y en este contexto no voy a opinar sobre eso. No soy médico y aún menos virólogo. Me falta el conocimiento de este tema para poder aportar algo que valga la pena. Ni siquiera conozco un versículo que hable particularmente de esta plaga. Lo que me parece más importante es cómo se percibe el Covid-19 y lo que va a traer. En otras palabras: en mi muro suelo hablar del impacto económico de lo que sufriremos en los próximos meses y años y que nos marcará a cada uno profundamente.

Como se trata de Facebook, muchos aportan sus comentarios y hacen una valoración escatológica de mis comentarios. Están convencidos que estamos ante el cumplimiento de los acontecimientos que llevan a la venida del anticristo y la gran tribulación.

Esta valoración me merece un profundo respeto. Pero no la comparto. Si leemos lo que muchos evangélicos publican y opinan en los medios sociales nos damos cuenta de una cosa: la mayoría -eso por lo menos me parece- está de acuerdo en una cosa: estamos ante los acontecimientos apocalípticos que se están cumpliendo delante de nuestros ojos. La llegada del anticristo es inminente. Y según el modelo escatológico también lo es el rapto de los creyentes. Y siempre hay los que destacan, como por ejemplo el analista económico y creyente evangélico Bo Polny que predice el comienzo de la Gran Tribulación para el año 2022 [1].

Son opiniones respetables, como cualquier idea que se expresa con educación, razonamiento y sin sectarismos. Pero ¿hay razones exegéticas que apoyan estas creencias? Y lo pregunto sin ningún ánimo de polémica. Y aquí tengo mis serias dudas y espero que los hermanos que no comparten mis criterios puedan aguantar mi disidencia en este tema. ¿Realmente son el coronavirus, la depresión económica que viene, los cambios políticos hacia estados totalitarios y las nuevas teconologías señales de la inminente venida del anticristo?

En la historia reciente vemos catástrofes mucho peores, por cierto la mayoría también a nivel global. Por ejemplo, en el siglo XIV, la peste mató entre el 30% y el 50% de la población en Europa. La guerra de los 30 años de 1618 a 1648 costó unos 8 millones de muertos. La famosa “gripe española” mató a unos 50 – 100 millones de personas en todo el mundo. Las víctimas de ambas guerras mundiales alcanzan 100 millones. Y allí quedan las víctimas del fascismo y del comunismo que solo en el siglo XX costaron la vida de otros 150 millones.

Todos y cada uno de estos acontecimientos se entendió en su momento por algunos evangélicos como señales de los últimos tiempos. Escuchando los discursos de un Hitler, ¿quién no pensaría que había venido la encarnación del diablo mismo? Sin embargo, ni Hitler, ni Stalin, ni Mao, ni la peste o la Guerra de los 30 Años eran señales de que el arrebatamiento de la Iglesia estaba a punto de acontecer.

Es larga la lista de candidatos a anticristo. Haciendo uso de mi propia memoria recuerdo los nombres de todo y cada uno de los presidentes norteamericanos desde Carter hasta Trump , Gorbachov (que además tenía mancha en la frente), Arafat, Jomeini, Soros y Gates. Y seguro que me se me ha olvidado alguno.

Una cosa es obvia: las predicciones han fallado más que una escopeta de feria. Y esto sí que es un hecho que nos debería empujar hacia la moderación a la hora de comentar ciertos acontecimientos de nuestros días con la frase lapidaria: son señales de los últimos días.
Pero volviendo al enfoque teológico:

Es un tema interesante. Estamos hablando de nuestra escatología y cómo incide esta escatología en la visión global de cada creyente y de la Iglesia. Es precisamente nuestra escatología que nos ayuda a entender qué actitud tendremos cara al futuro.

Durante demasiado tiempo las iglesias evangélicas se han caracterizado por su abandono y retirada de todas las tareas de nuestra sociedad, empujadas por un espíritu de derrotismo. Los creyentes evangélicos en su gran mayoría han seguido a la cosmovisión que la Iglesia finalmente está destinada a fracasar en el planeta tierra: cada vez seremos menos. Y cada vez este mundo se convierte paso a paso en la antesala de la Gran Tribulación. Y por lo tanto hasta que vuelva Jesucristo la iglesia continuamente perderá terreno al enemigo. Y a los últimos de Filipinas, el Señor los arrebatará.

Según esta escatología dispensacionalista -producto teológico, por cierto, bastante reciente (siglo XIX) que goza de tanta popularidad hoy en día- vivimos en la época en la iglesia de Laodicea [2]. Se trata de una iglesia tibia que representa la mayoría de los que están en la tierra cuando Cristo arrebate a sus fieles (a su vez representados por la iglesia de Filadelfia (me refiero a la de Apocalipsis). Por lo tanto, cada nueva guerra, cada problema económico, cada fenómeno preocupante en las estadísticas criminales, cada nueva persecución de la Iglesia se ve como un progreso hacia el momento del reino del anticristo. Y parece que Mateo 24 y Lucas 21 apoyan esta visión de las cosas.3

Pero aquí viene la buena noticia: la Iglesia del Señor será arrebatada antes de que esto llegue a su peor momento. Así lo entienden muchos evangélicos en el mundo. Por lo tanto, lo único que podemos esperar es que este mundo vaya de mal en peor porque así está escrito. Por ende, cualquier programa evangélico que tenga que ver con acción social, cualquier involucramiento de un cristiano en la política, la cultura, la educación, se ve como esfuerzo inútil que solamente tiene valor testimonial puntual. Nada más. Y menos mal que algunas iglesias y creyentes se involucran en estos temas no por, sino a pesar de su escatología. Defender una política, cultura, un modelo económico y financiero por razones bíblicas se entiende como querer sacar brillo a los cubiertos del Titanic en pleno hundimiento.

Evangelizando arrebatamos la gente del infierno pero en términos de cambios en este mundo les invitamos a unirse al grupo de los perdedores. El evangelio -parece- que salva un alma pero no cambia al mundo.

Esta escatología de la derrota se basa en mi opinión en un falso concepto de la espiritualidad. Según este concepto neo-platónico tan popular hoy en día entre algunos evangélicos vemos al hombre como a un ser que no se involucra en cosas terrenales. Mejor no pensar demasiado o usar la capacidad racional e intelectual. El cristiano en términos generales se le percibe como un perdedor. Pero un perdedor de Dios. Es la razón por que abunda tanto la predicación de un evangelio simplicista (que no es lo mismo que simple) e infantil en círculos evangélicos en todo el mundo. Y también es la razón del impacto escaso o nulo del evangelio en países donde el número de evangélicos llega a un porcentaje de dos dígitos: está ligado a una escatología de la derrota que solo prepara a los creyentes a aguantar y esperar el rapto. Y dicho sea de paso: las dictaduras de cualquier tipo y tinte político normalmente no tienen problemas con una Iglesia que se ha retirado a sus cuatro paredes para esperar tiempos mejores.

Sin embargo, la enseñanza de la Biblia de la “espiritualidad” es bien distinta. Cuando la Biblia usa el término “espiritual” se refiere al Espíritu Santo. Y esta idea normalmente sale en el contexto de obediencia a los mandamientos escritos en la Biblia. Una persona espiritual no es una persona que está encima o apartada de los problemas de este mundo, flotando en el aire, escuchando voces misteriosas y teniendo experiencias místicas.

Somos llamados a ganar este mundo para Cristo en todos los sentidos.Una persona espiritual es una persona que hace lo que la Biblia dice según Romanos 8:4-8. Pero eso significa que un cristiano se involucra en este mundo en vez de aislarse de él. Ser espiritual significa ejercer la autoridad que Dios nos ha dado. La confesión básica de la fe cristiana es que Jesús es el Señor (Romanos 10:9.10). En términos de espiritualidad cristiana y de lo que Dios requiere del cristiano no hay ninguna razón para retirarnos de este mundo. Además lo que nosotros podemos ofrecer es mejor y más revolucionario que cualquier idea política.

Personalmente, no creo en la escatología de la derrota, ni me convence. Me anima además que los reformadores opinaban lo mismo. El cristiano está llamado a vencer y a ganar este mundo para Cristo en todos los sentidos. Y como vimos esto no se lleva acabo asumiendo posturas seculares o directamente socialistas si no basándonos en las leyes y la ética de la Biblia. No estamos hablando de un optimismo ciego sino más bien de una seguridad sólida, basada en la Escritura.

Son las puertas del Hades que no prevalecerán contra la Iglesia, y no al revés. Son los discípulos de Cristo que deben y pueden dar de comer a los pobres y no el Estado (Marcos 14:7). Son los seguidores de Jesucristo que son sal y luz de la tierra y no políticos oportunistas de mente cerrada y sus programas sociales. Son los creyentes que deben enseñar lo que es un sistema bancario que no se basa en el fraude. Para poner solo algunos ejemplos.

Lo digo al inicio de esta pequeña serie sobre la escatología: ni será el Covid-19 el final de la humanidad, ni tampoco será la madre de todas las crisis económicas que nos viene encima después el precursor de la Gran Tribulación. La vida seguirá. Cualquier crisis es una oportunidad. Dependerá de los creyentes si ahora ocupan su lugar (Cristo ya está en el suyo, no hace falta que se lo pidamos), hacer valer sus capacidades, influencias y su poder sobrenatural. Cristo nos ha llamado a conquistar la tierra con valentía y no a quedarnos inmóviles y paralizados como un conejo ante la serpiente.

NOTAS

  1. https://usawatchdog.com/gods-trump-cycles-continue-bo-polny/
  2. La identificación de las siete iglesias del Apocalipsis con siete épocas de la historia de la Iglesia es tan extravagante como es infundada exegéticamente.
  3. De la interpretación histórica de ambos capítulos hablaremos en el curso de esta serie.

REFERENCIA
Hutter, José. (2020). ¿Ha llegado la hora del Anticristo? Abril 8, 2020, de Protestante Digital Sitio web: https://protestantedigital.com/teologia/51743/ha-llegado-la-hora-del-anticristo