Carta de Misionera

Cartas de nuestra misionera: Misión Kakataibo en Perú

Militsa De Gyves Nájera

“Jehová guardará tu salida y tu entrada desde ahora y para siempre”.

Salmo 121:8

Amados:
Después de un largo recorrido, les escribo desde mi casa en Monterrey, en donde me encuentro con mi familia por gracia de Dios.

El 17 de febrero salí rumbo a Perú, como siempre con toda la ilusión de servir al Señor entre los Kakataibos. Aunque se escuchaban noticias sobre el coronavirus, parecía algo lejano, algo por lo que no teníamos que preocuparnos.

Así fue, comenzamos el trabajo al siguiente día de mi llegada, tuvimos algunas reuniones para el avance de la retraducción del Nuevo Testamento, trabajamos para tener listos dos nuevo libritos y tuvimos el Campamento de Jóvenes, sin duda había sido mucho por hacer, pero aun había más en la agenda. Comenzamos a prepararnos para el Club de Lectura, es una actividad en donde vienen nativos de diferentes etnias para hacer materiales de lectura en su idioma. Uno de los proyectos dentro de esta actividad era traducir algunas parábolas de Jesús, yo realmente estaba muy emocionada. Todos los hermanos llegaron el da 15 de marzo, entre ellos 3 kakataibos.

Ese día por la noche hablo el Presidente Vizcarra declarando emergencia nacional en el Perú a causa del coronavirus. El siguiente día tenían todos hasta las 8 de la noche para volver a sus casas. Así que tuvimos que enviar a los Kakataibos a sus comunidades sin ni siquiera haber comenzado el trabajo de traducción.

Sí fue un momento frustrante, pero el primer periodo cuarentena bajo Toque de Queda, era de 14 días.

Debido a que no pudimos enviar de regreso a dos hermanos de la etnia Junicuin, mientras los demás trabajaban, con ellos mi función fue cocinar, ya que no podíamos pedir alimentos al exterior y debíamos administrar los víveres que tenían que durarnos por lo menos dos semanas.

Dios siempre tiene algo para bendecirnos en medio de todo. Para el fin de semana vino Pepe Rosas, encargado de los programas para trabajos de traducción y fue muy tremendo el trabajo que pudimos realizar en esos días. Bueno, que él realizo yo solo cooperé un poco. De manera que ahora el programa puede cambiar automáticamente las traducciones al idioma de San Alejandro y pudimos ingresar varios textos para tenerlos listos. También tuve la oportunidad de revisar la historia de David y Goliat aunque aún no hemos podido hacer el librito, ya que todos los establecimientos fueron cerrados.

Nuevamente, el Presidente anunció que las medidas de aislamiento se extendían dos semanas más.

En esos días comenzó la necesidad de volver a casa, ya no podíamos hacer más ministerio. Los nativos no podían venir a la base y nosotros no podíamos viajar a las comunidades, permanecíamos en casa sólo saliendo cuando hacían falta víveres.

Llamé varias veces a la embajada, amigos hermosos en México se trataban de comunicar a Relaciones Exteriores, enviamos correos, twits, mensajes de Facebook,… todo lo que se podía para que pudieran ayudarme y no teníamos respuesta.

Era un tiempo incierto, nadie pensaba que eso iba a terminar pronto y mi presupuesto no andaba bien, al tener que comprar víveres para largos periodos de tiempo y cuando algo faltaba encargarle a alguien, ya que no había oportunidad de elegir el precio, todos estábamos comprando las cosas que había en el mercado al precio que hubiera.

Poco a poco Dios fue supliendo y también supliendo hermosos guerreros de oración que estaban abriendo los caminos desde el cielo para que hubiera una oportunidad de volver a casa, recibí muchos consejos y muchas ideas sobre qué hacer. Era un poco frustrante, ya que la situación era poco familiar para quienes estaban al otro lado del continente. Era un toque de queda, el ejército y la policía estaban por todas partes para hacer cumplir la ley, nuestros teléfonos decían en lugar de la empresa de telefonía la leyenda “No salgas de casa”.

No era tan difícil pasar los días, pero era difícil pensar en que no había manera de volver a casa, porque humanamente no la había. La embajada había sacado algunos vuelos humanitarios, pero no estuve contemplada ya que no estaba en Lima, pero no había manera de ir a Lima en medio del toque de queda.

Tuve la oportunidad de organizar un chat de WhatsApp, con más mexicanos varados en las provincias del Perú y ahí conocí a Eugenia, quien se volvería mi compañera de viaje.

Se iban abriendo oportunidades que poco después se cerraban, lo cual emocionalmente era muy desgastante. Finalmente, encontramos una oportunidad de viajar por tierra con la embajada francesa: ahora sí, estaba orgullosa de mi apellido. Como dijera mi papa, “viajé con mis parientes”. Fueron 21 horas de viaje; un viaje muy accidentado, pero en todo vimos la mano de Dios. Al llegar a Lima fuimos grandemente bendecidos por los hermanos de la Misión Bautista, quienes nos dieron hospedaje en un hermoso departamento donde pudimos esperar a ser llamadas por la embajada.

Al fin, el lunes 20 recibimos un mensaje que al día siguiente viajaríamos en el primer vuelo de repatriación. Estábamos muy emocionadas, las oraciones de tantas personas habían sido contestadas. En este tiempo tuve la oportunidad de compartir con mi compañera el poder de Dios y quien es Jesús, hablarle de lo que creo y del Dios al que amo y sirvo.

Las horas pasaron volando y, por fin, pudimos salir rumbo a la embajada y de ahí a la base aérea de la FAP (Fuerza Aérea del Perú), donde abordamos un avión de la Fuerza Aérea Mexicana, que nos trasladó a la ciudad de México.

No cabe duda que nuestro Dios es poderoso y bueno, sus tiempos son perfectos, nada escapa a su potestad. El proveyó cada cosa, Él proveyó el dinero para el viaje por tierra que fue muy costoso, Él proveyó un avión para volver a México y un boleto para ir de Ciudad de México a Monterrey.

Estoy infinitamente agradecida a cada uno de ustedes que oraron, que enviaron mensajes de ánimo, Palabra del Señor, ofrendaron y aún siguen preguntando como va todo. Las misiones no son para llaneros solitarios, las misiones son una causa común, son un llamado a la iglesia. Gracias por ser la Iglesia, por dar la milla extra en medio de la situación. No tengo con que pagar el amor que me han dado, pero ruego a mi Padre que les pague conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.

En unos días estaré escribiendo una reseña completa de todos los detalles y milagros que Dios hizo en este tiempo: cómo viajamos, las cosas que pasaron. Si estas interesado puedes enviarme una nota y lo compartiré contigo.

Peticiones de Oración
Por mi salud, llegué un poco resfriada, pero gracias a Dios voy mejorando. Y por un dolor de cintura que pienso es el cansancio y el ajetreo del viaje. Otra petición es por la cuarentena: por ahora me encuentro aislada de mi familia, que pasen pronto estos días y sean de provecho para mi vida espiritual. Y por Eugenia que ella pueda venir a los pies de Cristo.

Sirviendo con Fe al Rey.

2 comentarios sobre “Carta de Misionera

  1. Que bueno es recluirse en nuesto Dios, tener de y confianza que El esta trabajando y provee en el momento que mas necesitamos.

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