EDITORIAL

EDITORIAL
Otro virus por combatir

En algunos estados de la República ya se ha declarado el semáforo naranja, que permitirá reanudar parcialmente la actividad económica y comercial, después de casi 3 meses de políticas públicas de distanciamiento social que paralizaron muchas de las actividades sociales. La Iglesia Metodista de México ha sido obediente a dichas disposiciones, en todo el territorio nacional, manteniendo cerrados sus templos y evitando cualquier reunión que implique conglomerados humanos.

Nuestras iglesias han tenido que hacer, cada una en su contexto y circunstancia, una reflexión sobre su quehacer cotidiano. Al inicio, como muchas otras comunidades sociales, han tratado de replicar las actividades “normales”, pero ahora usando las múltiples bondades de las plataformas digitales de comunicación. Ello ha generado una reflexión genuina sobre lo primordial –o no- que representa reunirnos físicamente para cumplir con el propósito que nuestro Señor ha encargado a este pueblo llamado metodista como elemento actuante de su Iglesia en el mundo.

En pandemias pasadas, la humanidad ha pasado por diversas reacciones desde el estupor inicial ante la enfermedad, hasta la búsqueda de culpables. Y generalmente estos presuntos culpables se encuentran en las minorías, en los “raros” o en los más débiles: en la Edad Media en Europa, se acusó a los judíos; en la antigüedad se llegó a acusar de ciertas enfermedades a las mujeres; en siglos más recientes, a los “antihigiénicos pobres” y a los “negros”. Ahora, a los “chinos-come-ratas-y-murciélagos”. Y ya en sus formas más refinadas, a los científicos que son parte de una confabulación mundial para reducir la población mundial; o a miembros de “sectas iluminadas” que buscan crear un nuevo orden mundial, para mantener cerrados los templos como una obra del anticristo.

En nuestro México, seguimos viendo la muerte por no ser disciplinados, por no usar tapabocas, por no alimentarnos bien. La ignorancia, la falta de solidaridad, la inconsciencia, son nuestros flagelos desde tiempos inmemoriales, más allá del gobernante en turno. Estos son sólo algunos síntomas de ese otro virus que no solo afecta nuestros cuerpos, afecta nuestras almas.

Pareciese que hemos dejado que las autoridades civiles definan qué NO hacer, pero ¿qué SÍ vamos a hacer? Uno de los riesgos en los que estamos inmersos, hoy por hoy, es que el culto cristiano en tiempos de pandemia ha dejado claro que hoy lo que importa es comunicar, no necesariamente hacer comunidad. El mensaje, en muchos casos, pareciera ser más importante que el autor del mensaje.

Combatamos ese otro virus. Más allá de protocolos sanitarios, reflexionemos y propongamos, no seamos pasivos. El Evangelio es más trascendente que simples precauciones sanitarias.

En estos días, aumenta a nivel mundial la crispación e indignación por la trágica muerte de George Floyd en los Estados Unidos. Las protestas que han estallado en todo Estados Unidos, junto con manifestaciones a gran escala en numerosas ciudades de todo el mundo, dan testimonio del profundo anhelo de la humanidad por el amor, la justicia, la reconciliación y la paz.

Diversos órganos denominacionales metodistas han señalado que la iglesia está llamada a ser la luz del mundo y la sal de la tierra, haciendo un llamado para que las iglesias de todo el mundo cuenten con los recursos y la capacidad de ser mensajeras de la unidad, la confianza y la verdad como contrapunto a las voces que promueven la división, la desconfianza y los rumores infundados.

El propio Concilio Mundial de Iglesias ha emitido una declaración en la que reitera su llamado a una transformación que ponga fin a todas las formas de racismo y discriminación racial.

Las iglesias metodistas de Estados Unidos, y de muchas partes del mundo, están expresando colectivamente su indignación junto con un llamado a que se produzca un cambio de una vez por todas en esa nación que ha tolerado el racismo violento durante ya demasiado tiempo.

No nos conformemos a esta “nueva normalidad”. ¿Qué quiere Dios que hagamos? ¿Qué haría Jesús? “Salgamos” a predicar, a enseñar, a sanar. Podemos hacerlo a la distancia. ¿Para qué queremos los templos abiertos? ¿O seguiremos cómodamente esperando a que abran los templos para seguir haciendo lo mismo de siempre?

En esta edición de El Evangelista Mexicano, estimado lector, publicamos algunos esbozos de propuestas.

Que el Señor, quien es Camino, Verdad y Vida, nos siga guiando.