EDITORIAL

EDITORIAL

Identidad evangélica

Hoy termina el “mes patrio”, un concepto que ha resonado durante décadas en nuestro imaginario colectivo nacional y, sobre todo, en medios masivos de comunicación. En nuestro país ha sido típico pasar el mes de septiembre entre actos cívicos, homenajes, desfiles, banderines tricolores, comida típica, fiestas, gritos de independencia, etcétera. Sin embargo, acabado el mes de septiembre se acababa “lo mexicano” y volvíamos a la normalidad el resto del año. Este 2020 ha sido un septiembre atípico, sin reuniones masivas, ni fiestas, ni gritos de independencia.

Pero, realmente ¿Qué nos identifica como mexicanos? Hay muchas cosas que nos hacen únicos como mexicanos a los ojos del mundo, como nuestra valentía, solidaridad, fortaleza, alegría, ingenio; pero sin duda, lo que más nos define, son las costumbres y tradiciones asociadas a lo que comúnmente se llama el folclor. Pero, también, nos identifican cualidades que no son ningún orgullo: corrupción, violencia y discriminación son sólo algunos de los síntomas que nuestro pueblo sufre todos los días por falta de valores que nos hagan sentirnos parte de una comunidad. Como metodistas mexicanos no estamos exentos de vivirlo en nuestras propias comunidades de fe. 

Tenemos que seguir trabajando por crear, fortalecer y difundir una identidad nacional, basada en la verdadera libertad. Y en ese sentido, la libertad personal en la tradición evangélica es una de nuestras características que no podemos perder.

No hay una sola voz en todo, pero sí hay una preocupación genuina por cumplir el mandato evangélico de ser uno en Cristo. Así como Él es uno con el Padre. Esa unidad que se irradia en el amor que se tienen unos con otros. Ese es el signo distintivo del cristiano, como dice el Señor:

“Así como yo los he amado, ámense también ustedes unos a otros. En esto conocerán todos que ustedes son mis discípulos, si se aman unos a otros”.

Juan 13:34b-35 RVC

Hoy es necesario recuperar la identidad evangélica.

La preeminencia de Jesús como Señor del Reino y como eje de la historia de la redención humana que encontramos en la Biblia, nuestra norma fundamental de fe y conducta.

El sacerdocio universal de los creyentes, donde cada persona puede acercarse directamente a Dios, sin la intervención de otros. Este es el principio de igualdad que debe fortalecer nuestra identidad, porque nos llena de responsabilidad ineludible. Una de las causas de la corrupción social y la violencia en nuestra sociedad, es la irresponsabilidad de dejar en manos de otros lo que nos corresponde a cada quien.

Que nuestra identidad sea esa verdadera libertad que nos impulsa a amar y servir, por medio de la Buena Nueva para México.