Juan Wesley y los Alimentos: Dones de Dios para Todos

Juan Wesley y los Alimentos: Dones de Dios para Todos

Daniel A. Bruno

Sin duda el fundador del metodismo tuvo una comprensión del Evangelio tan amplia, hoy diríamos “holística”, que lo llevó a recorrer los caminos de la ciencia, la naturaleza y la economía en busca de todo aquello que pudiera beneficiar la mente, el cuerpo, el espíritu y las relaciones sociales del ser humano. Una breve muestra de ello es su acercamiento al tema de los alimentos, que realiza desde dos puntos de vista: a) los alimentos como Don de Dios para una vida saludable y b) los alimentos como producción económica distribuidos para una sociedad justa.

Los alimentos como producción económica distribuidos para una sociedad justa.

  1. Wesley escribió y resumió gran cantidad de libros de teología, filosofía y obras clásicas del pensamiento universal; sin embargo, el libro más vendido en su tiempo se llamó: Medicina primitiva, curas fáciles y naturales para la mayoría de las enfermedades. Wesley luchó contra una jerarquía sacerdotal en el plano eclesiástico, pero de igual forma lo hizo contra una jerarquía médica que se había alejado de las reales necesidades de la gente buscando sólo lucro a través de ellos. Wesley hace un llamado a volver a las curas que provee la Naturaleza y evitar caer en las redes de esos “mercenarios”. Sería tema para un artículo aparte su crítica a la medicina profesional de su tiempo y al rol que jugaban los “químicos que preparaban recetas que nadie entiende” y cuyos “componentes a veces se oponen entre ellos causando más enfermedad que salud”. En este librito, la salud está sostenida sobre la base de una buena alimentación. Para Wesley, la enfermedad es el producto de la caída, pero no la hace extensiva a toda la humanidad, sino puntualmente a la civilización occidental. Ciertos pueblos primitivos, decía, no sufren enfermedades porque poseen curas naturales provistas por los alimentos y su vida en armonía con el medio ambiente.

Sus recomendaciones están enfocadas hacia enfermedades concretas para las cuales propone dos o tres “curas” que deben probarse de manera sucesiva en casos que las primeras no den resultado. Por ejemplo, para combatir el escorbuto proponía, primero una dieta de nabos, luego agua de alquitrán (usado como conservante en los barcos), luego jugo de ortiga y raíz hervida de cizaña y hierba de ganso y en tercer lugar naranja de Sevilla o una cucharadita de jugo de limón y hierba para escorbuto. Los consejos generales tenían que ver con evitar la comida condimentada y beber mucha agua. Evitar el café y el té, “pero es bueno un poco de cerveza”. Hacer mucho ejercicio y aire fresco. Comer más verduras que carne. Leer de pie, evitar estar mucho tiempo sentado y no usar demasiada ropa. Para Wesley el cuerpo era un instrumento maravilloso dado por Dios, por lo cual debía ser cuidado para vivir mucho y poder usarlo en sus propósitos. Por eso es importante tener en cuenta la calidad y cantidad de la comida que ingerimos, decía Wesley.

Debemos siempre sentirnos livianos y con el estómago no muy lleno. Algunas sugerencias prácticas para ello. La comida en escabeche, o ahumada, o salados, son malsanas. Lo que conduce a una mejor salud es comer poco y sencillo. Para las personas que realizan trabajo intelectual ingerir alrededor de ocho onzas (250gr) de alimentos de origen animal, y doce onzas (350 gr) de vegetales, en veinticuatro horas, es suficiente. El agua es la mejor de todas las bebidas; acelera el apetito y fortalece la digestión. Las bebidas fuertes o espirituosas son un veneno lento. Los licores de malta (excepto la cerveza, o el “ale”) no son recomendables. El café y el té son extremadamente dañinos para las personas que tienen nervios débiles. La cena debe ser ligera y deben comerla dos o tres horas antes de ir a la cama. La medicina natural de Wesley basada en la alimentación, después de años de menosprecio, ha sido en parte recuperada y puesta en práctica por varios movimientos modernos de Vida Saludable, constatando la efectividad de muchas de sus sugerencias.

  1. El otro enfoque sobre los alimentos lo realiza desde la economía. En 1773 Wesley escribe un artículo llamado Reflexiones sobre la presente escases de comestibles (publicado en Invenio, Nº 6, Junio de 2001, pp. 146-153). Es destacable que tres años antes que Adam Smith publicara su La riqueza de las naciones, Wesley, preocupado por la escasez y altos precios de los alimentos y las consecuencias sociales que esto producía en la población, haya llegado a conclusiones diametralmente opuestas a las que llegó el padre del liberalismo económico. Wesley parte de una constatación em- pírica: Pregunto, primero, ¿por qué miles de personas están hambrientas, pereciendo de necesidad en cada lugar de la nación? Lo que conozco, lo he visto con mis propios ojos, en cada rincón del país. He conocido a gente que sólo podía comer una comida ordinaria día por medio. Conocí a una persona en Londres (que pocos años antes te- nía todas las comodidades para vivir) que recogía sobras de un basurero maloliente, llevándolas a casa para sí misma y sus hijos. Conocí a otra que recogía de la calle los huesos abandonados por los perros, para hacer sopa y poder prolongar una vida desgraciada. Escuché a un tercero declarar sin reparos: «¡En verdad estaba tan flojo y débil que difícilmente podía caminar, hasta que mi perro, no encontrando nada en casa, salió y trajo un montón de huesos! ¡Se los saqué de la boca y preparé una comida!» ¡Tal es el caso a esta fecha de multitud de gente en una tierra que mana leche y miel, con abundancia de todas las cosas: las necesarias, las cómodas y las superfluas para vivir! ¿Ahora bien, por qué es esto así? ¿Por qué toda esta gente no tiene nada que comer? Porque no tienen nada que hacer. La sencilla razón de por qué no tienen comida es porque no tienen trabajo.

A partir de allí Wesley va enlazando las causas y efectos que provocan esta calamidad. Los cereales, trigo, avena estaban caros. El pan se había ido por las nubes.

¿Por qué? El trigo, en lugar de ir a la mesa de los trabajadores convertido en pan, iba a las destilerías a convertirse en bebidas. La avena se utilizaba para dar de comer a los caballos que en ese momento se habían convertido en Inglaterra en un bien de lujo para exportación a Francia: “hay cuatro veces más caballos destinados a los carruajes y volantas particulares que lo que había pocos años atrás”. Por tanto, calcula Wesley, a menos que la avena que se cultive ahora sea cuatro veces la que se cultivó antes, no puede estar al mismo precio”.

¿Por qué son tan caros el cerdo, las aves y los huevos? Las muchas y pequeñas granjas que criaban aves y cerdos se habían monopolizado y estaban en manos de pocos granjeros a quienes no les interesaba criar cerdos y aves, sino caballos para exportar, ¡ que era más rentable! De esta manera Wesley va sugiriendo medidas para cada sector de la producción para lograr revertir el espiral de pobreza. Las medidas que encuentra son todas muy simples y de fuerte intervención estatal. El cereal debe bajar de precio mediante grandes impuestos a la destilación de bebidas; la avena debe volver a la mesa de las familias mediante el cobro de una fuerte retención a la exportación de caballos desanimando esa práctica, de esa manera se reduciría su número y por lo tanto la demanda de avena. ¿Cómo puede reducirse el precio del cerdo y de las aves? Wesley propone una reforma agraria en la que no se puede tener granjas superiores a cien libras anuales. O sea, eliminando el monopolio.

Todas estas sugerencias fueron motivo de burlas en tiempos de Wesley. Sin embargo, en el siglo posterior, el metodismo británico logró instrumentar muchas de ellas a través del partido laborista, cuya deuda a Wesley y al metodismo es ampliamente reconocida.

Wesley fue un teólogo práctico: buscó enlazar su fe con las demandas de la sociedad de su tiempo. En esta nota vimos una faceta de este método: la manera que introduce los alimentos como parte de su pensamiento teológico. En este sentido, los alimentos son para Wesley un locus teológico, o sea, un lugar desde donde hacer teología ayudado por otras ciencias (en este caso la medicina natural y la economía). Los alimentos para Wesley son, por un lado, dones de Dios para la vida plena y abundante de los seres humanos, son los frutos testigos de la gracia de Dios para con la creación; por otro lado, Wesley denuncia las estructuras que transforman estos dones de Dios naturales y vivificantes para la humanidad en mercancías sólo para pocos. Es curioso cómo en ambos casos Wesley busca soluciones y sugerencias prácticas para su buen uso y alcance y cómo en ambos casos sus coetáneos se burlaron y desestimaron sus propuestas por absurdas, ingenuas o impracticables. Hoy, sus incursiones en estas temáticas son motivo de reconocimiento y admiración.


REFERENCIA

Bruno, Daniel. (2016). Juan Wesley y los alimentos: dones de Dios para todos. Invenio, 19 (36), 169-171.