La Escuela Dominical Frente al Problema de la Adolescencia

La Escuela Dominical Frente al Problema de la Adolescencia

Elisa Ortega de Osorio

Estudio presentado por la autora en el instituto Regional de escuelas dominicales verificado el 4 de junio de 1961 en la iglesia metodista de Tepepan, D.F. y publicado por acuerdo de dicho instituto y por cortesía de la Secretaría de Educación Cristiana de la Iglesia Metodista de México en 1962, declarado “Año del Crecimiento Cristiano”.

I. LA ESCUELA DOMINICAL 

La escuela dominical es un departamento de la iglesia cristiana protestante. Su estudio principal es el de la Biblia. Todas sus actividades forman parte del servicio de adoración o del culto propiamente, por tanto, todos los miembros de la iglesia deberían ser miembros de ella y asistir a todas sus sesiones. Porque, si el culto de adoración que es la parte que corresponde a la predicación tiene el aspecto dogmático, en la sesión de la escuela dominical hay, como en toda escuela y en toda clase, oportunidad de explicar de inquirir, preguntar, etc.; lo cual la hace más accesible y elástica para la mente investigadora de los que asisten a ella.

Si el objetivo principal de la escuela dominical es el estudio de la Biblia, o sea de la revelación divina, puede decirse que esta escuela hace mucho tiempo que existe, porque según se refiere, desde los tiempos de Abraham, de Moisés, de los profetas, de los reyes, de Nehemías, de Isaías, etcétera, se estudia esta misma palabra que expresa la voluntad del Señor. Más tarde, la iglesia primitiva se reúne con el mismo objeto en Jerusalén, en Antioquia, en Berea y en Cartago. Así lo hicieron en tiempo de Cristo en las sinagogas. Después, el apóstol Pablo trató de difundir este mismo estudio por correspondencia cuando enviaba sus cartas doctrinales a las diferentes Iglesias y personas que creyó necesario lo conociera.

Transcurrieron muchos años, lo que llamamos el oscurantismo, cuando después de los grandes caudillos que llevaron el evangelio a Persia, Mesopotamia, Asia menor, Grecia, Italia, Egipto, India, Ceilán y el norte de África, cuando casi Roma se convirtió con su emperador Constantino y cuando murieron 174,000 mártires en las catacumbas, se organizaron más tarde las escuelas de los catecúmenos que no prosperaron porque comenzaron a adulterar la Palabra con las prácticas católicas de ceremoniales, ritualismos, leyendas y tradiciones.

Pasaron muchos años para que el cristianismo puro volviera sobre su causa y el estudio de la Palabra del Señor fuera sencillo, claro y recto. Esto sucedió en el siglo XVI cuando, literalmente hablando, Martín Lutero el gran reformador, desencadenará la Biblia y hará que su estudio sea accesible al pueblo. En los tiempos modernos, se menciona a Roberto Raikes (1870) como el nuevo iniciador de la Escuela Dominical, trabajando especialmente con los niños, para quienes era mucho mejor el estudio de la Biblia que la vagancia en las calles de Londres en el Día Santo. Los metodistas comenzaron a organizar los estudios de la Escuela Dominical en 1738 y los bautistas en 1783 por el obispo Guillermo Fox. En 1784 se organizó la primera escuela dominical en América por el obispo metodista Francis Asbury. En 1869 se formó la Unión de Escuelas Dominicales en Londres, habiendo existido antes varias asociaciones y convenciones, hasta que al fin sólo prevalecieron dos que son: la Asociación Mundial de Escuelas Dominicales y la Asociación Internacional de Escuelas Dominicales que sostienen, fomentan y arraigan la Escuela Dominical en todo el mundo.

La Escuela Dominical, como muchas otras instituciones que nacieron siglos ha, se ha perfeccionado en su organización según las necesidades modernas, con sus métodos de enseñanza, su sistema administrativo, sus lecciones graduadas, sus directivos, su cuerpo docente, sus lugares de reunión y otras mil cosas que tiene este departamento de la iglesia que no hay tiempo ni espacio para enumerarlos, que la convierten en la escuela más perfecta, admirable y eficaz por su organización y enseñanza. Sólo puedo decir que abarca como alumnos a personas de todas las edades, desde el niño hasta el anciano, teniendo especial interés y cariño por la adolescencia y la juventud.

Tiene la Escuela Dominical un director, secretario y tesorero, pero su director nato es el pastor de la Iglesia. También tiene admirable colección de clases graduadas para otra tanta clasificación de edades. Se ha provisto de todos los medios y recursos de la pedagogía moderna para su enseñanza; generalmente se reúne los domingos un par de horas antes del culto principal. Además de los oficiales nombrados tiene otros ayudantes para las diversas comisiones que surgen en la marcha del trabajo; tiene la clase normal para la preparación de los maestros en el lugar y hora que el director indique. Además del día especial para su estudio que es el domingo, hace referencia a otros días especiales para celebrar los como son el Día del Niño, el de la Madre, el de la Educación, el de la Temperancia, el de la Patria, el de la Pascua y el de la Navidad; además, tiene tres días muy significativos: el Día de Decisión, el Día de Promoción y el Día de la Escuela Dominical.

Mucho más podríamos decir de este excelente departamento dentro de la iglesia evangélica llamada Escuela Dominical, cuyo propósito es encaminar a todos, especialmente a la juventud a una experiencia vital con Cristo.

II. LA ADOLESCENCIA

La adolescencia es el período indeterminado de la vida de una persona, desde la época en que comienza a mostrar señales de madurez, hasta el momento en que ha llegado a la edad adulta.

Aunque la niñez es la época del crecimiento, este continúa hasta otros periodos de la vida como lo es en la adolescencia, en donde se acentúan más estas experiencias de aspectos cambiantes. Podemos decir que es la transición del paso de niño a adulto al final de la adolescencia. Estamos acostumbrados a decir que este estado de transición o de experiencias cambiantes es triste, doloroso, peligroso y tumultuoso, porque entre otras cosas es el periodo en que el adolescente se prepara para cumplir sus funciones de sexo y adultez.

Pues bien, este estado de cosas desquiciante, violento y raro, puede controlarse si se aplican las leyes sabias del vivir y las leyes cristianas del espíritu porque, el cambio no sólo afecta al cuerpo sino a la psique.

Para que el joven adolescente no sufra el impacto cruel de este cambio de vida, debe dársele una educación adecuada desde la primera infancia para que pase valiente, heroica y soportablemente este paso difícil de su desarrollo, o sea, del estado de inmadurez al de madurez porque es lo contrario, precisamente, lo que el adulto hace sin consideración con el adolescente; es decir, dejarlo solo sin preparación, sin antecedentes y sin un paliativo que alivie su situación física y moral, sumido en sus propias y muchas veces equivocadas reflexiones sobre los maravillosos cambios de su físico y de su extraña psicología ante tamaños fenómenos de su existencia.

Una educación progresiva es indispensable para que puedan obtener la libertad que anhelan en esta época y el sentido de responsabilidad que esto implica. La educación que debe dárseles hasta llegar a este estado de cosas, debe ser tan larga cuán largo es el periodo de desarrollo físico, teniendo en cuenta que una de las cosas por la que se origina el conflicto es que el desarrollo físico es diferente en las diversas partes del cuerpo mientras que sus capacidades y actitudes mentales pueden crecer o desarrollar en proporción diferente. Esto significa que el adolescente es adolescente en algunos aspectos y en otros es un niño y, en lo demás, un adulto. Esto es el cuadro del aparente desequilibrio que presenta el adolescente. Sobre todo, sus padres y maestros a veces no saben qué trato darles, si de niños o de adultos. Pues cuando el muchacho quiere libertad y responsabilidad de actos, el padre no se los concede; y si se les da, el adolescente no sabe qué hacer con ellos, porque no tiene aún seguridad de sus actos. Por eso hay que estudiar profundamente la situación de estos jóvenes para encontrar el momento oportuno de ayudarles en estos misteriosos humanos y divinos fenómenos de la vida que sale de la pubertad.

Hay un período de preparación para la madurez, generalmente en la pubertad que va de los 10 a los 14 años en las muchachas y de los 12 a los 16 en los muchachos. Esta época es la edad de las asociaciones y juntas de las amistades, y de los primeros amoríos deseando entrar en grupos de ambos sexos. En otros términos, se desarrolla la atracción sexual. También es esta época la del desarrollo visible físico en ciertas partes del cuerpo, ya sea del joven o de la señorita; este o esta sienten un orgullo y satisfacción por ello o un desprecio sentimiento de repulsión según la ética o educación que ha recibido en su hogar, en la escuela o en el medio ambiente donde se ha desarrollado, pero más concreta, de lo que los padres expresaron e hicieron frente a ellos en su niñez en este tiempo. El adolescente siente temores porque cree que pronto será responsable de sí mismo y no tiene la preparación de vida. Pero eso no es lo más triste de su situación; es cuando su nerviosismo aumenta a causa de las críticas, de las burlas o discriminaciones sin piedad que los demás ignorantes le lanzan, sin piedad ni consideración. Es el momento cuando dejan el hogar y se lanzan a la aventura, hay deserción del hogar y de la escuela; y sin control, quizás con malas compañías, quizá con malos consejos, cometen toda clase de actos cuyos resultados desfavorables no dan ninguna importancia, porque tuvo muy poco en su juventud.

Estas características, y otras más que el espacio no nos permite referir, forman, en síntesis, el cuadro problemático de la adolescencia que sufre, que necesita ayuda, guía y dirección; y que nosotros con la ayuda de Dios procuramos encauzar.

A esta juventud es a la que me refiero, según el tema, para ver cómo la sabia, cristiana y saludable Escuela Dominical influye para resolver el problema de la adolescencia porque tiene el secreto de la verdadera sabiduría que viene de Dios, que es el autor de la vida misma y da la solución a todos los problemas que a ella se refieren y que el mortal ignora y no quiere considerar.

III. EL PROBLEMA DE LA ADOLESCENCIA

Según los recursos con que cuenta la Escuela Dominical podrá resolverse de la siguiente manera:

A) Inquietud de la adolescencia

Se evitará esa inquietud de vida, si desde la infancia se educa al niño en todas las costumbres y leyes higiénicas de la vida; y con la enseñanza cristiana que aprende en la Escuela Dominical. Referente a este aspecto, inculcándoles los más nobles ideales poniéndole frente a los más bellos ejemplos de bondad y de entereza en esta edad, como Samuel, Timoteo, José; y el mismo niño Jesús cuyo crecimiento fue perfecto.

A este respecto, la Escuela Dominical justifica su eficacia cuando las estadísticas refieren que las tres cuartas partes de la juventud entre los 10 y 17 años han encontrado su conversión y su salvación por las enseñanzas que esta Escuela Dominical les imparte. Por eso, ella, la Escuela Dominical, llama continuamente a esta juventud y a los padres a que debieran comprender ayudando a sus hijos a entrar a sus aulas para oír la palabra. Así, se podrían evitar muchos trastornos posteriores.

B) Libertad anticipada

Los adolescentes desean una libertad anticipada. En este caso, los padres sólo deben conceder a sus hijos lo que a estos convenga. El apóstol Pablo, en sus consejos a la familia, dice “y vosotros, hijos, obedeced a vuestros padres en todo”.

La Escuela Dominical, en su propósito de hacer bien a esta juventud inconforme, puede someter a la voluntad de Dios con prácticas diarias continuas de reflexión y cordura, con humildad, que les permita vencer su inquietud con la ayuda de Dios y decir como Pablo: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”.

C) Diversidad en el desarrollo

Para resolver el problema de la diversidad en el desarrollo de la capacidad mental y física, es necesario dar la protección más amplia y el concepto más exacto de lo que significa el cuerpo humano en sus diferentes funciones y atributos, pues además del conocimiento fisiológico y cultural que el joven aprende en el aula laica, la Escuela Dominical tiene el conocimiento cumbre referente al crecimiento perfecto del individuo y la conciencia de que nuestro cuerpo es vaso escogido de Dios.

Este es uno de los temas que más preconiza la Escuela Dominical en sus enseñanzas bíblicas para las juventudes, porque así se dijo del joven que vivió en esta tierra y que dio ejemplo a todos con su vida armoniosa de perfección: el joven Cristo.

Pueden afectar todos los fenómenos físicos y psíquicos en el joven, pero, para todos, hay también una solución, un control, con la preparación de los años anteriores, la precaución en el vivir, con los recursos científicos necesarios y con la ayuda de Dios, estos jóvenes pueden encauzar la tempestad y moderar sus impulsos.

D) Niño y adulto

¿Cuándo se es niño, adolescente o adulto? Para lo bueno, se debe ser niño; Cristo dijo: “si no os hiciereis como niños no entraréis en el reino de los cielos”. Para el mal, se debe ser adulto. ¿Qué quiere decir esto? La adolescencia, como en cualquier edad, debe ser tan santa, tan pura, tan cándida y tan sencilla como lo es la misma niñez. Pero, para rechazar las tentaciones, los actos prematuros o inconvenientes en cualquier tipo de falta, si no es que también de vicio y de pecado, se debe ser adulto. Juzgar con la reflexión del adulto, proceder con la energía del adulto, decidir como cuestión seria de adulto: “cuando yo era niño pensaba como niño hablaba como niño más cuando fui hombre hecho dejé lo que era de niño”.

La actitud y el pensamiento deben ser firmes y definidos. El tipo más preciso de niño y adulto que nos refiere la Biblia, fue el caso de José: lloró como niño cuando lo vendieron sus hermanos, pero dijo un “no” rotundo cuando se le presentó la tentación para hacerlo caer. No sólo venció los impulsos de la adolescencia, sino rebasó la meta de un procedimiento correcto.

E) El desprecio y la discriminación

El desprecio y la discriminación para el adolescente, es una de las cosas que más le perjudican. Por eso, dice el apóstol, que “nadie tenga en poco tu juventud (pero como expresando las condiciones de respeto), más se ejemplo de los fieles en palabra, en conversación”, etcétera. La personalidad humana es, y debe ser siempre, respetable, porque es la creación suprema del Autor del Universo, a quién le imprimió su soplo de vida y lo hizo un poco menor que los ángeles y le coronó de gloria y hermosura. Se cree que esta discriminación, agregada a otras causas, ha producido el desquiciamiento de la juventud actual llamados ordinariamente “los pandilleros”. La Escuela Dominical da al adolescente toda la dignidad que le corresponde; tiene, también como ya lo expresamos, la clasificación de sus lecciones y las edades, para dar a cada quien su punto de vista procurando a todos su expansión intelectual, social y moral.

F) Estudio profundo

Los padres, los maestros, y demás personas interesadas por la adolescencia, deben estudiar profundamente, a la luz de la ciencia y a la luz de la Biblia como lo hace la Escuela Dominical, cada paso en el desarrollo de estos jóvenes adolescentes desde su niñez, poniéndolo en contacto con las agencias de instrucción más ameritadas, con los centros sociales de la más alta moral, sobre todo, en la asistencia continua a la Iglesia y a la Escuela Dominical, donde se estudian los más nobles caracteres que triunfaron sobre la idolatría, como Daniel sobre el vicio; como José sobre las costumbres mundanas; como Moisés que prefirió oír la voz de Dios antes que ser llamado hijo de la hija del Faraón con toda su esplendorosa corte, a pesar de ser el centro de cultura más grande de aquel tiempo; como la reina Esther, cuya belleza fue reconocida y la usó como un propósito divino; como Rut, que tomó una decisión cuyo efecto fue grandioso a través de los siglos; como Abraham, que desafío al paganismo; y como otros muchos que fueron ejemplo de santidad, de grandeza, de éxito y de triunfo; como Cristo, que desafío a los tres tentaciones típicas de la humanidad: saciar el hambre, adquirir riquezas y ostentar poderes, desobedeciendo a Dios. Tentaciones, por las que la humanidad se debate al no poderlas vencer en el día de hoy.

Cuando se han formado dos mundos rivales, precisamente por el poder y la riqueza, no hay otro camino más eficaz para el estudio del Evangelio entre los jóvenes, que la Escuela Dominical. Porque su doctrina es la Biblia; su propósito, conducir a la gente a Cristo ayudándoles a resolver todos los problemas que se les puedan presentar, de manera muy especial, los problemas de la juventud y, en este caso, los de los adolescentes.

Creemos sinceramente que es la Escuela Dominical la que mayor y mejor atención puede dar al problema de la adolescencia; y, que si apoyamos y cooperamos con el trabajo que ella realiza, estaremos dando los pasos para la solución de este grave problema en la sociedad de hoy día.

“Sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo” (Efesios 4:15)