Pastoral para la Vejez (3)

Pastoral para la Vejez (3)

Los retos de una pastoral para la vejez (tercera parte)

Abner Alaniz Rangel

La comunidad cristiana puede recibir mucho de la serena presencia de quienes son de edad avanzada. ¡En cuantas familias los nietos reciben de los abuelos la primera educación en la fe! Pero la aportación beneficiosa de los ancianos puede extenderse a otros muchos campos. El Espíritu actúa como y donde quiere, sirviéndose no pocas veces de medios humanos que cuentan poco a los ojos del mundo. En una sociedad que ha desvalorizado el aporte de las personas de la tercera edad, la Iglesia tiene la oportunidad de alzar su voz y propiciar espacios de amor, alegría y descanso para estas personas. Esta labor es también la tarea pastoral

¡Cuántos encuentran comprensión y consuelo en las personas ancianas, solas o enfermas, pero capaces de infundir ánimo mediante el consejo afectuoso, la oración silenciosa, el testimonio del sufrimiento acogido con paciente abandono! Precisamente cuando las energías disminuyen y se reducen las capacidades operativas, estos hermanos y hermanas nuestros son más valiosos en el designio misterioso de la Providencia. Por eso son loables todas aquellas iniciativas sociales que permiten a los ancianos, el seguir cultivándose física, intelectualmente o en la vida de relación, ya el ser útiles, poniendo a disposición de los otros el propio tiempo, las propias capacidades y la propia experiencia. De este modo, se conserva y aumenta el gusto de la vida, don fundamental de Dios.

Recapitulando lo anterior, podemos definir a la pastoral como un ministerio de servicio o área de trabajo en la iglesia. Es un servicio fraternal hecho en y por Jesucristo a favor de nuestros ancianos, teniendo como propósito buscar lograr en ellos una vida nueva, una nueva dimensión de su humanidad con respecto al reino de Dios, para que puedan alcanzar y gozar la plenitud de la vida. Para ejercer la pastoral se requiere las siguientes condiciones: 

  1. Capacidad para el cuidado personal, tener interés y preocupación por dar seguimiento integral al anciano. 
  2. Capacidad de asesorar, dirigir, estimular, impulsar y discernir la problemática particular del anciano. 
  3. Tener en cuenta que la relación debe ser interpersonal y humanizante. 
  4. Considerar que el centro de la pastoral es la personalidad humana, y que ésta es integral, global e inagotable.

En Jesucristo encontramos el prototipo claro del pastor y en él tenemos el modelo de la vocación (Juan 10:11.14). El ministerio de Jesucristo nos describe los elementos básicos de la tarea pastoral en el ejercicio de su pastorado: 

  1. La disposición de servicio a los humildes. 
  2. El afán redentor. 
  3. La entrega personal. 
  4. La comprensión de la condición humana. 
  5. La tarea discipuladora. 
  6. La proclamación del reino al pueblo. Todos los que ejerzamos la tarea pastoral tenemos que mostrar estas actitudes fundamentales que nos dejó el Maestro Jesucristo. Por lo tanto, el núcleo de la pastoral es el Amor de Dios.

La pastoral, debe tener como finalidad, exactamente la misión que dio Jesucristo a Su Iglesia (Mateo 28:19-20). Esta finalidad está dada en la existencia de del proyecto de Jesucristo que es la implantación del reino de Dios y ese proyecto es extensivo, dilatado, global y total. Esta pastoral abarca la personalidad humana y todas sus esferas. Por lo tanto, la pastoral, debe contener la respuesta de Jesucristo a las necesidades humanas; debe contener una vocación de servicio (diakonía). (Juan 13:1-17; Lucas 22:27; Marcos 10:45); debe enfrentar al pecado en toda su dimensión que trate de obstaculizar o impedir el propósito de Dios: la redención plena del ser humano (Lucas 4:16-21). La tarea pastoral tiene como meta principal que toda persona, cualquiera sea su condición, alcance la plenitud de vida a través de la persona de Jesucristo. Todos tenemos que alcanzar esa meta (Efesios 4:13). Para que nuestro asesoramiento pastoral sea eficiente es necesario que conozcamos con exactitud la situación de la persona hacia la cual se dirige nuestra acción pastoral. Ahora bien, este conocimiento resulta complicado por dos razones: primero, por la complejidad de la personalidad humana; segundo, porque el ser humano es tan dinámico que jamás llegamos a conocer a una persona en su real dimensión.

Sin embargo, es posible alcanzar un mínimo de conocimiento que nos permita ejercer el ministerio pastoral con eficacia. Por otro lado, en esta tarea no estamos solos, trabajamos en el nombre de Dios y Él nos asiste con su gracia. Esto debemos tenerlo siempre en cuenta. Además, es vital, que la tarea pastoral deba ser ejercida por la totalidad de la comunidad de fe, la iglesia; cada uno de sus integrantes debe hacer su aporte a esa gran tarea mediante el ejercicio de los dones que le haya dado Dios. La Iglesia debería retomar la experiencia de Israel, en la cual los ancianos representaban sabiduría, experiencia y autoridad. No eran relegados a tareas secundarias, sino que asumían roles protagónicos.

Por lo anteriormente expuesto, precisa decir, que el reto para una Pastoral de los ancianos, esta en combatir la soledad de los mayores. Estudios realizados, señalan que un gran porcentaje de las personas mayores padecen el sentimiento de soledad que es debido en buena medida, a cuatro factores: 

  1. Falta de autoestima. 
  2. No contar con nadie en caso de necesidad. 
  3. Alejamiento de la familia. 
  4. Bajo nivel de recursos económicos. (5)

Ante la evidencia de todos los estudios, los expertos nos señalan siete propuestas para combatir la soledad y el aislamiento de las personas mayores, y que por supuesto, deben ser muy tomados en cuenta como parte de los RETOS DE UNA PASTORAL PARA LA VEJEZ.

  1. Tener en cuenta la diversidad de soledades. Todas las soledades no son equiparables, y la evaluación global de las personas mayores debe tener muy en cuenta el aislamiento.
  2. Pasar de “hacer por” al “hacer con”.-La riqueza del análisis cualitativo demuestra el importante papel que las personas mayores desean tener para elegir su manera de vivir.
  3. Reforzar la coordinación a nivel individual: “los asistentes sociales”. Existen lazos complejos entre salud de las personas mayores, aislamiento y soledad. Los programas de acción establecidos en este campo por los poderes públicos constituyen una buena base para atender mejor a los mayores.
  4. Fomentar las relaciones de vecindad. Recurrir a las diferentes modalidades de vecindad, podría dar a mecanismos catalizadores, que es lo que claramente desean las personas.

Con mi afecto y respeto.


Segunda parte:

https://elevangelistamexicano.org/2020/09/15/pastoral-para-la-vejez-2/